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lunes, 7 de septiembre de 2026

Santiago de las Vegas en 1893

1 ¡TOME LA PALABRA!

Autor: Osvaldo Jiménez Vázquez, Arqueólogo

El presente texto parte de cuatro estampas literarias sobre Santiago de las Vegas escritas por el deportista e intelectual Wenceslao Gálvez y Delmonte (Matanzas, 1867 ─ La Habana, 1951) y publicadas en el libro Costumbres, sátiras, observaciones. (1) 


Wen Gálvez, como solía firmar sus escritos, es una de esas figuras olvidadas de la cultura cubana. Pertenece a la tradición del béisbol del siglo XIX, siendo un notable jugador de short stop y un bateador de respeto, campeón de bateo en la temporada de 1886, jugando para el club Almendares, con excelente promedio de 345. También forma parte de la saga de la literatura insular. Es autor de la primera historia del béisbol en Cuba. (2, 3) 

Nuestras investigaciones arrojaron que Wen Gálvez y su esposa, Amelia Moreira, residieron en Santiago de las Vegas en 1893, ejerciendo este como abogado en el Juzgado Municipal. Habitaban un inmueble situado en la calle Amargura (hoy calle 11), entre Cacahual (calle 14) y Desamparados (calle 18). Esto se colige de una de las estampas, donde Gálvez expone: “El cementerio está situado al final de la calle donde vivo. Desde la ventana veo todas las tardes su portada de hierro oxidado y sus paredes negras”. 

lunes, 5 de mayo de 2025

El Comité de Gobierno Municipal: Una iniciativa adelantada a su tiempo en Santiago de las Vegas

2 ¡TOME LA PALABRA!

Autor: Ing. Arsenio J. Alemán

Antecedentes que deben ser conocidos

Corre el año 1940. Año de elecciones en Cuba. Acaba de ser aprobada una nueva Constitución. El ambiente político está en su apogeo.

En Santiago de las Vegas deben celebrarse elecciones para ocupar el cargo de Alcalde y también deben elegirse los nuevos concejales. Hay varios candidatos y múltiples partidos involucrados en el proceso.  La campaña electoral es intensa. Los candidatos con más posibilidades fueron el representante del PRC(A), Benjamín “Mino” Rodríguez Camero y el representante de Acción Republicana, Dionisio Manuel Martínez. Resultó electo “Mino”.

viernes, 3 de mayo de 2019

La Cruz Verde

6 ¡TOME LA PALABRA!

Por Ing. Arsenio J. Alemán Agusti | Santiago de las Vegas

Hay un rincón en nuestro pueblo, conocido por todos los que nacimos en Santiago de las Vegas y hemos vivido aquí, por todos los que echamos raíces en y queremos a Santiago, por los que nos hemos apropiado a través de los años de las enseñanzas de nuestros padres y abuelos, de sus tradiciones, leyendas y valores.

Me refiero a la Cruz Verde, ese pedacito del terruño enclavado en las calle Cero y 13, de nuestro Santiago y por donde cruzan a diario hoy centenares de personas que se dirigen a la diversidad de repartos y comunidades construidas en los últimos 50 años entre Santiago de las Vegas - Managua - Cuatro Caminos, y que de manera indiferente miran al monumento que allí se levanta sin siquiera detenerse a intentar averiguar de que trata el mismo.

Quizás también mucho de nuestros hijos y nietos, vivan o no en Santiago de las Vegas, tampoco conozcan de la Cruz Verde, por lo que vamos a brindar  información sobre dicho monumento.

Francisco Montoto, expone como resultado de sus investigaciones lo siguiente:

«Hace muchos años, Adolfo Cortada publicaba una leyenda sobre la Cruz Verde, atribuyéndola a un romance de amor desgraciado y tanto, que tuvo como resultado la muerte violenta del galán en manos del padre de la damisela en el mismo lugar donde se encuentra enclavada la cruz, colocada allí, según la leyenda de Cortada, para perpetuar la memoria del galán que pagó en moneda de vida su sincero amor.

»Bonita leyenda.....pero leyenda al fin.

»La historia es otra. En el lugar que ocupa la iglesia existía, antes de construirse ésta, una ermita donde se adoraba la Santa Cruz, bajo cuya advocación estuvo el pueblo incipiente hasta muchos años después.

»Cuando comenzó la construcción de la iglesia, cuya primera piedra se colocó el 18 de febrero de 1694, el pesar y el júbilo se apoderaron de los vecinos que constituían la pequeña masa de población.

»Pesar, porque necesariamente habría que destruir la pequeña ermita que sirvió, para desde ella, elevar sus plegarias a Dios y júbilo, porque iban a ver ampliadas las naves acogedoras de sus ansias espirituales para orgullo de sus corazones y regocijo de sus almas devotas.

»La Cruz Verde se encuentra en el lugar que hoy ocupa desde mucho antes de la fundación del pueblo, que como se sabe ya, quedó constituido el día 3 de Mayo de 1749, día precisamente de la Santa Cruz.

»Al avanzar las obras de construcción de la iglesia hubo que destruir la ermita antes mencionada, pero los vecinos del Barrio del Este, que lo constituían los vecinos que habitaban las casas que hoy forman las manzanas comprendidas por las calle 15, 0, Cruz Verde y 2 y la comprendida por las calles Cruz Verde y 2 en el tramo que se prolonga hasta la carretera de Managua y que en aquella época era bohíos, pocas de tabla y teja y alguna de adobe, los vecinos de ese Barrio, decimos, fervorosos adoradores de la Santa Cruz,se la llevaron con ellos para adorarla y reverenciarla, ya que estimaban al parecer, que la Cruz era más de ellos que de la  misma iglesia.  Es de entonces que data el emplazamiento de la Cruz Verde en aquel lugar.

»Podemos decir, pues, que la Cruz Verde ocupa tal sitio desde principios del siglo XVIII ………»

Hasta aquí lo que nos interesa resaltar del trabajo del historiador Montoto, sin dejar de mencionar que asegura que los datos que informan de este tema fueron tomados de los archivos de nuestro Ayuntamiento y del Archivo de nuestra Iglesia Parroquial por él mismo.

Esta cruz, cuenta la tradición de viejos vecinos, fue originalmente de madera; al transcurrir los años, casi a fines del siglo XIX, fue sustituida en el culto por una de hierro, la misma que llegó hasta 1956, bajo la custodia, por un período de casi medio siglo, de esa piadosa mujer que se llama Manuela Izquierdo Arteaga, después de haber estado durante varios años al abrigo del hogar de los esposos D. Benito Rodríguez y Dña. Gertrudis Gómez, viejos vecinos de la Cruz Verde[1], al ser arrancada de su sitial en los días que precedieron a la independencia política de Cuba de la influencia de España.

Según cuentan fueron manos españolas que construían trincheras para repeler el avance de los mambises que operaban en los alrededores, las que la arrancaron, pero también fueron manos españolas las que del suelo la recogieron, para entregarla al cuidado de los esposos Rodríguez-Gómez, con la intervención de Doña Josefa Amestoy; fueron las manos de D. Manuel García González, las que recogieron  la Cruz y la entregaron a D. Benito Rodríguez, para su custodia, bajo la cual estuvo, hasta que por la propia señora Amestoy fuera entregada a Manuela Izquierdo, quien con amor, veneración y fervor la conservó hasta 1956, tanto cuando estuvo emplazada sobre su gradería de piedra antes de la parcelación del Reparto "Lídice", como después guardándola en su domicilio.

El monumento actual fue construido en 1956 por la iniciativa, tenacidad sin desmayos y el dinámico entusiasmo de los miembros de la Unión No. 75 de los Caballeros Católicos de Cuba, radicados en la parroquia de Stgo. de las Vegas y que tuvieron en Ignacio Díaz y Enrique Garbalosa sus mas pujantes propulsores.

Consiste en una Cruz modelada en granito color verde y emplazada entre cuatro columnas que sostienen a modo de dosel una placa monolítica en forma también de cruz. Una tarja de bronce expresa lo que ocurrió en ese lugar.

La cruz de hierro quedó depositada en el Museo Histórico Local de la Asociación "Más Luz" al ser sustituida en el monumento levantado por la de granito. Hoy se conserva en el Museo Municipal de Historia.

La erección del monumento en la Cruz Verde, recoge y perpetúa una añeja tradición en la historicidad cristiana de nuestro pueblo.

“Los pueblos que no erigen monumentos públicos, para rendir tributo a sus mártires, a sus héroes o sus tradiciones, son pueblos ausentes de espiritualidad, mudos antes su propia historia, que semejan un campo desolado y estéril, donde no se empina un árbol ni florece un rosal”, apuntaba Rubén Pérez Chávez.

El monumento de la Cruz Verde fue posible por el aporte de todos, mediante suscripción pública y con la cooperación de la Alcaldía, dando una prueba del alto sentido de cooperación latente en la comunidad santiaguera, para todo lo que significara grandeza material y espiritual, en marcha hacia el progreso y enaltecimiento de sus valores.

Se inauguró el 3 de mayo de 1956, en ocasión del 257 aniversario de la constitución de nuestro cabildo.

La Revista Antorcha refleja así la ceremonia de inauguración:

«Comenzaron los festejos con una peregrinación, que partiendo de la Casa Consistorial, se dirigió primero al lugar donde naciera el fundador de nuestro pueblo, Sr. Miguel Macias y en la placa erigida allí se colocó una ofrenda floral; despues hasta la Iglesia Parroquial, de donde partiera la procesión con Nuestra Sra. del Rosario (la misma imagen que adornara el altar de la primera iglesia de nuestro pueblo), hasta el lugar donde se inaugurara el monumento erigido.


»La Cruz Verde fue develada por el Padre Vicente Jovaní y bendecida por el mismo.  En este lugar hicieron uso de la palabra el Alcalde Municipal Sr. Gerardo Castro Martínez y la Sra. Manuela Izquierdo Arteaga, la que por un Diploma concedido por nuestro Ayuntamiento fue nombrada Celadora y Guardián de la mencionada cruz.

»Los actos terminaron con una misa de campaña oficiada por el Padre Vicente Jovaní, junto al monumento.  El Padre Jovaní pronunció un brillante y sentido sermón, exponiendo ante todos los presentes un relicario que contenía un fragmento de la cruz divina y santa, donde expirara nuestro Señor Jesucristo y que fuera traída por él, desde los Santos Lugares que visitó en su último viaje.»

Me apropio de las palabras de Rubén Pérez Chávez:

«La Cruz Verde debe salvarse y perpetuarse, porque para nosotros tiene un doble simbolismo: el de la historia y el de la tradición.

»Como símbolo histórico nos señala el lugar donde años atrás se congregara un grupo de seres humanos para fundar una comunidad y dar carácter de permanencia a un sentimiento gregario de solidaridad que se basaba en la esperanza de alcanzar una vida tranquila, laboriosa y progresista.

»Como símbolo de tradición nos recuerda que a través de los años nuestros antepasados, nuestros abuelos y nuestros padres, hicieron de la Cruz Verde un punto de conjunción donde las familias se reunían para estrechar lazos de vecindad que consolidaban entre ellos aquellas inquietudes y aquellos afanes que tanto propendieron al progreso de la ciudad y que hoy parecen estar en crisis entre nosotros.

»Por encima de creencias religiosas, de doctrinas sociales y de prejuicios infecundos y desalentadores, todos los vecinos deben cooperar al éxito de esta bella iniciativa que no será solamente el triunfo de los Caballeros Católicos, sino la victoria del amor a una tradición que es orgullo y honra de Santiago de las Vegas, porque no nos recuerda episodios aciagos de nuestra historia, ni fija un lugar que traiga a la mente el recuerdo de hechos que debiéramos olvidar, sino que señala a propios y extraños aquel rincón donde un día seres animados de nobles ideas y anhelos de progreso, se reunieron junto a una cruz, viendo en ella el símbolo de la redención, del amor y de la paz entre todos los seres humanos, para rogar por el progreso de la nueva comunidad y por la felicidad de todos.»

Termino con las palabras de Jesús Ángel Puig:

«Madera, hierro, granito; ha sido en la historia distinta la materia constitutiva del sagrado símbolo, pero la esencia espiritual ha sido, es y será solo una, la esencia de la devoción de un pueblo por un sagrado símbolo de amor, de bondad y de justicia: el símbolo de la Cruz. 

»Símbolo que amaban los fundadores de nuestra ciudad y que veneraban devotamente, como amaban y veneraban a la sagrada imagen de Nuestra Señora del Rosario, con la misma unción y el mismo respeto con que nosotros hoy, en medio de la rudeza del mundo actual, veneramos a nuestros Santos Patronos Santiago Apóstol y Nuestra Señora de las Mercedes.»

Es el propio Puig, intelectual y poeta santiaguero el que dedica el siguiente soneto a la Cruz Verde:

               CRUZ VERDE

Viejo arrabal de mi ciudad querida
en ti pasé mis años sin dolores,
desengaños arteros y traidores
no habían clavado en mí su cruel mordida.

Viejo arrabal, la aurora de mi vida
levantó en ti su sol, sembró sus flores,
el iris de la fe dio sus colores
y el ala surcó el aire sin herida.

Y en este laberinto que hoy me encierra
tu recuerdo de entonces no se pierde,
preciosa callecita siempre amada....

Surge la perspectiva de la sierra,
la humilde bodeguita y la Cruz Verde
por altos eucaliptus sombreada.

____________________________________  

[1] A la cuadra comprendida en calle 13 entre calle 2 y Cero, se le conoce como cuadra de la Cruz Verde, lo que fue ratificado por un acuerdo de la Cámara Municipal, en 1956.

Fuentes consultadas:

  1. Fina García, Francisco. La Cruz Verde. En Revista Antorcha, Año XI, No. 5, Marzo 30 de 1956.
  2. Inauguración del monumento erigido en la Cruz Verde. Revista Antorcha. Año XI, No. 7, Mayo 30 de 1956.
  3. Montoto, Francisco. La Cruz Verde. En Revista del CIR. Año III, No. 10.  Marzo 15, 1937.
  4. Pérez Chávez, Rubén. La Cruz Verde. En Revista Antorcha, Año X, No. 10 Agosto 30 de 1955.
  5. Puig, Jesús Ángel. Devoción Cristiana. En Revista Antorcha,  Año XI, No. 9, julio 30 de 1956.
  6. Puig, Jesús Ángel. "Cruz Verde" en poemario Mis Versos, Santiago de las Vegas, 1965.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Viejos recuerdos de Santiago de las Vegas, No. 8

1 ¡TOME LA PALABRA!

por Gerardo Buría | Miami, Florida

“Los achaques que ahora padecemos, son el premio por llegar a viejos”.

Yo recuerdo siempre con cariño nuestra niñez y también nuestra juventud, los años de noviazgo y de matrimonio. Al casarnos adquirimos nuevos deberes y responsabilidades y en la mayoría de las casas (hay excepciones), todas las salidas semanales las hacíamos acompañados de nuestras esposas.


No hay que ser muy viejos para recordar que puestas así las cosas, acostumbrábamos a liberarnos los domingos por la mañana y reunidos varios amigos salíamos a tomarnos unos tragos, acompañados de sabrosos saladitos y en franca camaradería, comentábamos los últimos chismes y le arrancábamos las tiras del pellejo a otros, antes de irnos a la tanda del cine o la pelota.

Década 1950: En el Bar 000, Roselló, Amado Herrera (Maninito), Ismael Balido y Miguel A. Pozo (Miguín). 
El Rincón Criollo y otros restaurantes de la loma, La Dominica, La Central, Gervasio, El Royalty, los 3 Villalobos, el Blue Sky, Los Tres Ceros, el Paso, el Kioskito del parque, Manolo Narciandi, Luis Fey, Lizardo Fernández, y otras bodegas de los barrios, recibían la visita de esos grupos de amigos los domingos en la mañana. Otros preferían ir a la vecina Bejucal donde en muchísimos lugares se podía conseguir el lechón asado, los chicharrones, las masas de puerco, la jutía asada o en fricasé, el conejo y tantas cosas que se me hace la boca agua.

1947: El Bar Los Villalobos
Eran costumbres sanas de esos viejos tiempos y que quizás ahora parezcan ridículas, pero que nosotros recordamos siempre con la nostalgia de que ya nunca volverán. ¿No lo crees tú así?

* * *
Pelayo Domínguez
Y hay que ser viejo, pero viejo de verdad, para recordar a Pelayo Domínguez, que con una bocina de mano, usando la boca, sin amplificadores a pleno pulmón, anunciaba en las esquinas del pueblo los establecimientos que le pagaban por el mismo y que supongo no representaba mucho económicamente. Pelayo era muy querido por todos y representaba una de nuestras figuras más populares.

Ya menos viejos, podemos recordar a Cruz García, que con una habilidad tremenda para la propaganda, preparó un pisicorre con amplificadores y unas bocinas en el techo del mismo. Todo funcionaba eléctricamente y lo mismo anunciaba por las calles, que alquilaba sus equipos para toda clase de fiestas y bailes, mítines políticos, etc. Cruz García perfeccionó y modernizó ese tipo de propaganda en nuestro pueblo, pero a Pelayo lo recordaremos siempre como el precursor de la misma. ¿No lo crees así?

Ca. 1958: El famoso "pisicorre" de Cruz García.
***
¿Te acuerdas?

Amambrocha to, matarile, lire, lire,
amambrocha to, matarile, lire, lo.
¿Qué quería usted?, matarile, lire, lire,
¿qué quería usted?, matarile, lire, lo
Yo quería una de sus hijas, matarile, lire, lire,
yo quería una de sus hijas, matarile, lire, lo.

¿Lo recuerdas? Entonces mi hermano, tú eres viejo, pero viejo de verdad. 

[Nota del editor: ver artículo publicado sobre el origen de esta canción.]

***
"Deseo una docena de “posturas de gallina” y una libra de “carne triturada” para alimentar a mis gemelos". Eran unas de sus muy peculiares expresiones, y no hay que ser muy viejo para recordarlo; se trata de Francisco Simón Valdés (derecha), escritor, poeta y periodista, cariñosamente conocido como Panchito y que también editaba el periódico Géminis. ¿Lo recuerdas? Seguro que sí.

***
A - abanico, ala, araña, aro. E – espejo, estribo, estrella, erizo. I – imán, iglesia, ingenio, ídolo. O – ojo, oreja. U – una, urna, uvas.

Eran las primeras páginas del libro primero de lectura “El nuevo lector cubano” de Carlos de la Torre y Huerta, refiriéndose a las vocales de nuestro abecedario con unas ilustraciones indicando la disposición de la boca para la emisión de los sonidos. Este libro era oficial en nuestras escuelas públicas y seguramente con el mismo recibiste tú las primeras enseñanzas.

***
Chiyo, chisoy, chisan, chitia, chigue, chiro.

Esta es la jerigonza que usábamos cuando jovencitos y no queríamos que nuestras conversaciones fueran escuchadas por otras personas que la desconocían. Quizás tú la usaste muchas veces y para eso, mi amigo, tienes que ser viejo, pero viejo de verdad. ¿No lo crees así?

Ca. 1955: La iglesia de Santiago de las Vegas y el Parque Juan Delgado.
¿Conoces tú alguna iglesia con una puerta frontal y dos laterales que salen a la misma calle? Adivinaste, viejito, pues la pregunta es demasiado fácil para nosotros los santiagueros. Es la iglesia de nuestro pueblo, cuyas tres puertas principales salían a la calle 4, frente al Parque Alberro por la calle 15, otra frente al Parque Juan Delgado, y la otra frente a la Ferretería Garrigó y al lado de la Jefatura de Sanidad, siendo quizás la única que exista con esa peculiaridad. Interesante verdad.

¿Lo sabías tú?

domingo, 30 de octubre de 2011

La Ferretería "Romero"

8 ¡TOME LA PALABRA!

por A. Roger Balbi Barceló

A los santiagueros, que aún quedamos para recordar el pasado; a los que somos viejos, pero viejos de verdad, como dice el amigo Buría; pregunto:

¿Quién no visitó ese lugar llamado “Ferretería Romero”, también conocida como “la Ferretería de Felito”?

Para comprar uno de los artículos más usados en el embellecimiento de nuestro hogar, una lata de pintura “Sherwin Williams”, atraídos por el anuncio de este producto diseñado en la fachada del establecimiento, donde se veía simbólicamente una lata de pintura derramando su contenido sobre una bola representando la Tierra y la frase escrita: “Cubriendo la Tierra”, anuncio que aún vemos en negocios que distribuyen esta pintura aquí en Miami.

Este anuncio estaba pintado en la misma esquina del edificio, en la popularísima esquina de 4 y 11, pero la característica del mismo era que las paredes al unirse no lo hacían en ángulo de 90°, sino que tenían una pared esquinada en forma diagonal (ángulos de 45°) que unía a ambas, era ahí donde se veía con mas atracción, los símbolos del anuncio.

La “Ferretería Romero”, además de distribuidores de estas pinturas, era a su vez representante de la marca RCA Victor, fabricantes de los famosos radios y tocadiscos que hacían en nuestro pueblo, con su uso, en esa época, una manera de entretenimiento. El símbolo de esta marca era el famoso “perro frente a un fonógrafo” y la frase “La Voz del Amo”. Su representante en la Isla lo era la conocida compañía Humara y Lastra, establecida en la capital. También, en la ferretería se vendían artículos de fotografía.

En el interior del local, sus anaqueles contenían una gran variedad de latas de pinturas de colores surtidos, herramientas y toda clase de instrumentos y piezas disponibles, para realizar las actividades de la vida diaria, en este tipo de comercio.

“Romero”, apellido que honró a este negocio y a nuestro pueblo, era el apellido de la familia formada por los hermanos Félix y Clemente Romero Guillermes. La esposa de Félix, llamada María, la de Clemente, de apellido Velasco, había fallecido prematuramente, siendo joven.

Ambos hermanos eran miembros del Centro de Instrucción y Recreo (CIR), pero había una diferencia entre ellos: mientras Clemente dedicaba su tiempo libre a lo social, Félix lo dedicaba más a los servicios religiosos, por ser miembro muy activo de la iglesia metodista, donde los jueves se reunían los llamados “Mayordomos” (grupo de hombres mayores) donde planeaban sus actividades y los domingos, los servicios acostumbrados, en la mañana y en la noche.

Félix y señora no tuvieron la dicha de tener hijos, pero los veían en sus sobrinos, hijos de Clemente; ellos eran “Meneco”, el mayor, que era mecánico, empleado en el aeropuerto de Rancho Boyeros, llamado en aquellos tiempos “la Curtiss”, nombre de la compañía constructora del mismo; Fausto, quien ocupo distintos cargos en el “CIR”, era casado con María, con la cual tuvo dos hijos, Faustico y Eduardo; María era una hija adoptiva de Belisa Herrera y su esposo, el señor Barroso. Sobre el señor Barroso, como nota informativa, debo indicar que este formaba parte del grupo de choferes que en la piquera de autos, situada al lado del Kiosko de Berardo, zona aledaña a la Iglesia Católica, con sus automóviles daban servicio privado de viajes a sus clientes a cualquier lugar solicitado.

Circa 1950: Choferes de la piquera de máquinas de Santiago de las Vegas. 
De pie en séptimo lugar, el Sr. Barroso. A la izquierda al fondo, el Kiosko de
Berardo, y a la derecha el portal de la Ferretería Garrigó.
El otro hijo lo era Luciano, quien estaba de gerente en la ferretería. Éste era casado con una joven de Bejucal; y sus hermanas, Esther y Anita, ésta última la menor de todos los hermanos, la mimada, por ser la más pequeña de la familia; su mamá lo fue la hermana de María, Adolfina, casada con Clemente, en su segundo matrimonio, quien había enviudado, años antes; Esther fue la esposa de Luis Álvarez, empleado de confianza del señor Santos Lucio, distribuidor de la Cerveza Cristal y del servicio diario de suministro de hielo. Luis, en su camión, entregaba los pedidos de cervezas y los bloques cristalinos, que eran colocados, tanto en las neveras comerciales como en las hogareñas, para conservar los productos que necesitaban de este refrigerio. En esa época no abundaban los refrigeradores, además, no todos tenían la posibilidad de adquirirlos. El matrimonio de Esther y Luis tuvo dos hijos: Luisito y Esthersita.

Siguiendo mi relato de la ferretería, aparte de Luciano contaban como empleado de confianza con Miguel Domínguez, muy atento y servicial y en ocasiones, Fausto, quien como decimos, a veces daba la mano como ayuda, cuando pasaba por el lugar. Él fue maestro de las llamadas Escuelas Rurales, creadas en el primer gobierno de Fulgencio Batista. Miguel Domínguez, años después, trabajó para la Compañía Cubana de Electricidad.

En el área de la calle 11, al lado del comercio, se encontraba la vivienda de estas dos familias.

A una cuadra de esta ferretería, en la calle 13 esquina a calle 4, se encontraba la Ferretería Garrigó, también conocida como "La Barcelonesa", con muchos años de establecida. Aquí no podríamos aplicar la palabra “rivales”: ambos comercios eran de respetar, y entre ellos, nunca se supo que existieran discordias o malos deseos que los perjudicaran mutuamente. Eran cordiales negociantes.

Al leer este relato, a algunos lectores de los que quedamos de esa época le vendrán a la mente recuerdos vividos, los cuales podrán aportar a este sitio. Los invitamos a colaborar, ya que siempre quedan datos que no agregamos, quizás por ignorarlos, también otros conocidos, no mencionados, para que el lector se entusiasme y agregue sus conocimientos, ampliando el tema.

viernes, 15 de julio de 2011

Viejos recuerdos de Santiago de las Vegas, No. 7

2 ¡TOME LA PALABRA!

por Gerardo Buría / Miami, Florida

Yo estimo, ojalá esté equivocado, que al Santiago de las Vegas de nuestra juventud no lo vamos a ver más. Volveremos a nuestro pueblo, pero éste no será ya el mismo; las costumbres han cambiado, y la mayoría de nuestras amistades se han mudado o han desaparecido. Encontraremos la población más o menos igual en lo que es el casco de la misma, pero completamente diferente en su esencia, en su naturaleza y quizás hasta en esa misma alegría tan característica nuestra.

Quizás yo idealizo esos recuedos, pero creo que Uds., viejitos que me soportan, les ha de pasar lo mismo en la mayoría de los casos. Cuántas veces sueño con esos viejos tiempos y me imagino regresando de La Habana en guagua. Había rutas para escoger: la 76, la 51, o la 36, por la avenida del Cacahual, la 31 y la Especial o Verde por la Víbora o quizás la 50 que nos traía de Marianao o sus playas adyacentes. ¿Lo recuerdas?

El Pozo de la Estación Experimental Agronómica era una de las primeras impresiones santiagueras, después la misma Estación, el Monumento a los Tabaqueros (a la derecha), la velería, la bodega de Manolo Narciandi, El Paso de Mayito Brito, el garage de Lito ya en la entrada de la calle 2, tan resbaladiza cuando estaba lloviendo; la botica de Argelio Pita, la bodega del chino Manuel, la entrada a la finquita de Neno Suárez, la peluquería de Helio Orovio, la tintorería Siofpa de Lito Rodríguez, la florería de Capelo, el laboratorio de Osvaldo Díaz, los muros de la quinta de Gallol, el edificio donde estuvo la Escuela Primaria Superior en sus comienzos, la panadería de Castañeda, la bodega de Mongo, el laboratorio de Raúl de la Torre, la lavandería del chino Siam, la carpintería de Pujúa, la notaría de Israel Prieto, la consulta de Cuco Marrero y la de Jorge Ramírez, la barbería de Valiente, la quinta de Ramoncito Marrero, la bodega del chino Emilio Chong, la bodega de Berardo, la notaría de Matías Millá, la bodega La Cubanita, el Bar Royalty, la notaría de José R. Sánchez, el depósito de la Cerveza Cristal de Santos Lucio, nuestro Parque Juan Delgado, la Espada, el Blue Sky, el jardín Dracena de mi suegro Nenito Ferrás, la Junta de Educación, y el Jardín Begonia en 2 y 17, en la curva de Pajarito, donde años atrás doblaban las guaguas y veíamos entonces el garage de Joaquín Gómez y Constantino López; el taller de Benjamín Pérez y Carlos López; el garage de Vivo; la casa de las “jimagüitas del zapote”, la bodega La Campana, el Colegio Gacio en el Reparto Tessie, la botica de Fabiola, la herrería de Arsenio González, la entrada de la finca de los Jiménez, la mueblería de Juan Cura, la bodega de Honorato, antigua de Pendás, la Fábrica de Lozas Cubana, la ferretería de Perico y ya doblando la calle 10 para llegar a la Terminal de Ómnibus, las casitas de Triana.

Para recordar este emocionante viaje, hay que ser viejo, pero viejo de verdad y al mismo tiempo sentir la nostalgia de nuestro pueblo y por lo menos soñar en que lo podremos efectuar nuevamente. ¿No lo deseas tú?

Hay que ser viejo, pero viejo de verdad, para recordar las vegas de tabaco en nuestro pueblo. Yo reconozco no ser lo suficiente para eso, aunque he leído mucho sobre las siembras de tabaco y los muchos chinchales y escogidas que existieron en el pueblo. Sí, recuerdo las escogidas de tabaco que se hacían en la finca situada en la calle 1 y 10, en terrenos que después fueron de la Estación Experimental Agronómica y donde con Pepito Bedía, gran amigo mío, trabajamos muy jovencitos despalando tabaco; era un “part time”.

Sí, tengo que reconocer que el sector tabacalero era una de las industrias que más ayudó económicamente a la población, y yo recuerdo los despalillos Cuban Land en la calle 4 entre 7 y 9 y El Capitolio de 13 y 12, donde laboraban cientos de jovencitas cooperando al sostenimiento del hogar de sus padres. Después los años fueron pasando y esas jovencitas se convirtieron en señoras de sus casas, pero seguían al pie del barril, ahora luchando bravamente en el sostenimiento de sus propios hogares.

Despalilladoras de la "Cuban Land". Al centro reconocemos a la Sra. Rosa Cao (sonriendo), e inmediatamente detrás de ella (junto a la pared), a la Sra. Alejandrina Ortega, a la que cariñosamente se le conocía en nuestro pueblo por el sobrenombre de "Nena La Chambelona" . 
Celín Buría
Yo creo que al hablar de Santiago de las Vegas, en ningún caso se puede ignorar a las despalilladoras, abnegadas y luchadoras mujeres que eran una genuina representación nuestra y que siempre deben ser recordadas con cariño y como un orgullo de nuestra población. Quizás sean muy pocas las familias santiagueras que no puedan blasonar de haber tenido una despalilladora entre sus familiares más cercanos y en mi caso particular, tuve muchas tías en esas labores, además de ser mi padre, Celín Buría (a la izquierda), lector de la Fábrica de Tabacos La Corona, en La Habana, durante muchísimos años hasta su retiro.

¿Y tú, viejito, como veguero, no recuerdas haber estado ligado a ese sector en alguno de sus muchos aspectos? ¡Seguro que sí!

***

¿SE ACUERDA USTED?

¡Ese gallo, cómo canta! No hay que ser muy viejo para recordar al gallito del vecino en nuestro pueblo. Estoy seguro que son muy pocos los santiagueros, que en un momento determinado no pudieron disfrutar de un gallo cantando por la madrugada en casa de algún vecino o en la propia. Al leer estas líneas seguramente recordarás al gallito de fulano o de mengano, y en lo mucho que jo… todas las mañanas retando a sus rivales con su canto, que para muchos era un deleite y para otros una tortura. Pero sinceramente, todos quisiéramos pasar por eso nuevamente: despertarnos una mañana al cantío de un gallo en nuestro querido pueblo. ¿No lo deseas tú? ¡Seguro que sí!

***

Y hay que ser viejo pero viejo de verdad para recordar la Cafetería El Cafetal de Luis del Amo y Rubén Pérez Chávez, en la calle 11 entre 4 y 6; pero viejo, pero viejo de verdad para recordar cómo se llamaba la finca de los Jiménez en la calle 16, donde después estuvo el Reparto La Especial.

¿Lo recuerdas? “Finca Triana”.

***

Y no hay que ser muy viejo, pero sí tener buena memoria, para recordar la Sociedad Aliados Chinos (a la izquierda), que se encontraba en el edificio situado en la calle 4 entre la Escuela Pública de Niñas No. 1 y la tintorería de Julio. Quizás te acuerdas de ella, pero seguramente no recuerdas que se llamaba Asociación de Aliados Chinos. ¿Lo sabías tú?

***

Mario Temes, "Neneíto"
En aquellos viejos tiempos nuestros, había en nuestro viejo Santiago muchos barberos de calidad y clase indiscutible: Joseíto Rey, Mario Simón, Vigil, “Biajaca”, Flores, Belarmino Valiente y otros, muchos que ahora no recuerda mi ya vieja memoria, formaban parte de ellos. Sin embargo, en mi época juvenil surgieron dos jóvenes Fígaros que acapararon rápidamente a casi toda la juventud santiaguera; me refiero a Isidrito Castro, que comenzó en un modesto local en 3 y 4, y nuestro querido Mario “Neneíto” Temes, que muy jovencito ya estaba realizando sus creaciones en el local que le fue construido por su padre en la calle 11 entre 10 y 12, con un modesto sillón y otro más modesto y duro banco de madera, donde se sentaban a esperar su turno sus ya muchos clientes. ¿Te acuerdas de Neneíto?

Circa 1950: Reunión para la creación del Sindicato de Barberos de Santiago de las Vegas.


***

El anuncio de hoy: Imprenta Mikleff. Toda clase de impresos y efectos de escritorio.

Publicado originalmente en la revista "El Cacahual". Republicado con permiso del autor.

domingo, 12 de junio de 2011

Murciélagos y camiones

4 ¡TOME LA PALABRA!

por Raúl Rodríguez Vega

Corrían los años 40 del siglo XX, cuando en Santiago de las Vegas se formó un grupo de trabajadores con caracte-rísticas muy especiales: unos diez fornidos obreros, sin jefe ni patrón, pero sí con mucha disciplina para el trabajo.

Los susodichos trabajadores se reunían cada mañana en la parada de los ómnibus de la calle 2 y 1. En ese lugar todo camión que llegaba a Santiago con su carga de sacos, latones, y otras mercancías, se detenía a contratar a los estibadores para descargar sus mercancías en los respectivos establecimientos para los que eran destinados.  Este grupo, que duró muchos años, establecía la tarifa según lo que manipularan.

Imagen de la colección de José L. Plasencia.
Entre estos Hércules santiagueros recordamos a Emilio Fina García y a José Plasencia González (a la izquierda, con un refresco en la mano), el más joven del grupo, al cual, por manipular sacos de más de 300 libras y realizar esfuerzos sobre-humanos en pleno desarrollo, con el tiempo se le arquearon las piernas. Otro de los cargadores fue el nombrado y famoso “Fogote", quien de día cargaba mercancías y de noche proyectaba películas en el Teatro Minerva (Santiago tenía dos proyeccionistas: “Fogote” y Oscar Tuero en el Teatro Popular del Centro de Instrucción y Recreo).

En esa época los principales propietarios de camiones de transporte eran: Manuel Hevia, de la calle 3 entre 8 y 10; Amores, de 15 entre 4 y 6; y Alejandro Viera y su hijo Adalberto (Nenito), de la calle 8 entre 15 y 17.

Como dato curioso, aún hoy es un misterio el porqué a este grupo de estibadores le decían "los murciélagos". ¿Lo sabe usted?

martes, 3 de mayo de 2011

Una vieja tradición santiaguera: El 3 de mayo, festividad de la Cruz Verde

2 ¡TOME LA PALABRA!

por Carlos Valiente Romero / Tampa, Florida

De entre las muchas tradiciones que nuestro pueblo siempre mantuvo, una de las más antiguas era aquélla que cada tres de mayo celebraba la festividad conocida entre los santiagueros como los festejos de la Cruz Verde (en el calendario católico, la Invención o hallazgo de la Santa Cruz, desde 1960 celebrada el 14 de septiembre por decreto de S.S. el Papa Juan XXIII con el título de "Exaltación de la Santa Cruz").

Esta remota tradición de nuestra entonces incipiente población tuvo su origen en la segunda mitad del siglo XVII junto a la ermita que levantaron los primeros pobladores de Santiago de las Vegas en lo que era un rústico templo de tablas y guano que fue construido precisamente en la unión de las calles 13 (tramo conocido como “La Cruz Verde”) y la calle 0. Esta edificación precedió a la erección del templo católico actual, cuya primera piedra fuera colocada por el célebre Obispo Diego Evelino de Compostela, el jueves 18 de febrero de 1694.

La celebración de esta fiesta religiosa consistía en un acto ceremonioso y reverente, cuyos festejos se limitaban a una misa e iluminación del pequeño monolito con velas de cera que partiendo de su base en doble hilera se iban colocando a lo largo de la calle 13, llegando en ocasiones a extenderse por dicha calle hasta el Cuartel, situado en el cruce con la calle 18.

Una figura popular que por muchos años fué vecina de la Cruz Verde era la de “Manuela la barbera”, persona que con muchos años ya sobre sus espaldas, con gran vehemencia y dedicación se ocupaba de la organización de este tradicional evento donde, contando con la ayuda de su hija de nombre Carola y su nieta Carolita junto con otros residentes del barrio, lograba la donación de docenas y docenas de velas que al atardecer de cada tres de mayo un buen grupo de jóvenes y mayores le ayudaban a encender, creando un espectáculo devocional difícil de ser olvidado por todos aquéllos que en alguna que otra oportunidad fuimos testigos.

Los años han transcurrido y con ellos han dejado de existir muchas de las cosas bellas de nuestro pasado que, como la evocadora tradición que aquí rememoramos, nos hace recordar algo que no han logrado borrar las circunstancias y el tiempo en el corazón y el sentimiento de los santiagueros que ven en la Cruz Verde, un trozo del alma soñadora y cristiana de nuestra población de antaño.


Circa 1940: Sentada sobre el viejo monumento conmemorativo de la Santa Cruz, aparece la niña María M. Pérez, hija amantísima del Sr. Emilio Pérez y su bondadosa esposa Dulce, vecinos por muchos años de la calle 13 en la cuadra conocida como la Cruz Verde. Al mismo tiempo señalamos, para aquéllos que puedan recordarlo, que el Sr. Emilio Pérez fue profesor y propietario de la conocida “Academia Pérez” que impartia clases de Mecanografía y Taquigrafía en el propio domicilio que ocupaba junto con su familia en la acera norte de esa cuadra, muy cerca del monumento a la Cruz Verde, que aquí aparece. Finalmente se destaca en la parte posterior de la fotografía la frondosa vegetación de la entonces colindante finca “La Fidelina”, también conocida como la finca de “Seigle” años antes del gran crecimiento urbanístico que ocurriría con la creación de los repartos Lídice, Villanueva, Aurora y Nueva Aurora, proyectos que se llevaron a cabo como resultado de la construcción de la Doble Vía al Cacahual en los mediados y finales de los 1940 y que definitivamente ampliaron los límites de nuestra ciudad mucho más allá de su contorno histórico. Imagen de la colección de Isabel Fernández.

Circa 1951: Dos jóvenes santiagueros sorprendidos en el acto de colocar un grupo de velas ante el monolito de la Cruz Verde, que en ese entonces aún se mantenía erecto en su original ubicación, no obstante el encontrarse en el mismo centro de la recién abierta extensión de la calle 13, resultado de la rápida urbanización del nuevo reparto Lídice a finales de los 1940. Poco después de esta fotografía y por acuerdo del Ayuntamiento de nuestra ciudad, el viejo monolito de la Cruz Verde fue reemplazado con un nuevo y pequeño monumento al lado de la nueva calle, el cual aún hoy permanece recordando a las nuevas generaciones el gran significado histórico del lugar que el desarrollo urbano reemplazara. Imagen de la colección del Dr. Alfredo Escarano.

miércoles, 13 de octubre de 2010

233 años de calles santiagueras

2 ¡TOME LA PALABRA!

Hoy 13 de octubre se cumplen exactamente 233 años desde aquel feliz día del otoño de 1777 en que el Cabildo de Santiago de las Vegas decidió nombrar las calles del pueblo y numerar sus casas. Quizás usted se pregunte porqué es digno de conmemorar el aniversario de algo tan normal, tan ordinario como que las calles tengan nombres; ¿acaso hay calles anónimas en el mundo? Pues sí que las hay, tanto que incluso hoy en algunos países latinoamericanos le pueden decir a usted que la panadería que busca está a "300 metros al norte del quiosco de Pancho". Es, indiscutiblemente, una forma arcaica y algo romántica de comunicar la ubicación de un negocio o domicilio; pero si el que busca la dirección no sabe dónde está el quiosco de Pancho, se quedó sin pan, y el panadero se quedó sin vender. Es por esto que celebramos la precoz decisión del Cabildo, que supo reconocer que el progreso requiere organización, y mucho antes de su tiempo, puso a nuestro querido pueblo a la par de cualquier ciudad europea o norteamericana, con pintorescos nombres que bautizaban nuestras calles con color y espíritu. Para los que no hayan leído este artículo, publicado en Santiago de las Vegas en Línea el 13 de octubre del 2008, aquí lo reproducimos para su deleite e información.

Antiguamente las calles de Santiago llevaban pintorescos nombres, como los que se encuentran en cualquier ciudad colonial española. Gracias a la Historia de Santiago de las Vegas de Francisco Fina García, sabemos que fue en la sesión del Cabildo celebrada el 13 de octubre de 1777 que se decidió numerar las casas de la población y poner nombres a las calles; lo que desconocemos es el momento y motivo por el cual las autoridades municipales más de un siglo después decidieron cambiarlos por los números que usamos hoy. Podemos suponer que, concluida la guerra emancipatoria, se consideraran demasiado “españoles” los nombres, y se creyera que el uso de los números fuera señal de ciencia y progreso; pero es indiscutible que no es igual decir “vivo en la calle 2 entre 9 y 11” que decir “vivo en la calle Habana entre San José y Amargura”. Es nuestro ferviente deseo que algún día un futuro gobierno municipal coloque placas en cada esquina, a la usanza colonial y española, con los bellos nombres de antaño y los prácticos números modernos. Sería una gran pérdida permitir que esta romántica parte de nuestro pasado cayera en el olvido. ¿En qué calle vivía usted? ¿Le gusta más el nombre colonial, o el número de hoy?
1 - Guásimas
2 - Habana (porque conducía a la capital)
3 - Palmar (por un grupo de palmas al final de la calle)
4 - Refugio (porque brindó refugio a los habaneros durante la toma inglesa de la Habana)
5 - Lagunas (porque conducía a la laguna de la finca La Leona)
6 - San Francisco
7 - Santa Ana
8 - Macías (por don Miguel Macías, principal fundador del pueblo)
9 - San José
10 - San Miguel
11 - Amargura
12 - San Salvador
13 - Santiago de Compostela (como homenaje al Obispo Diego Evelino de Compostela)
14 - Cacahual (porque conducía a la finca de este nombre)
15 - Santo Cristo
16 - San Dimas
17 - San Pablo de Govea (porque conducía a dicho lugar)
Algunas de las calles sin explicación fueron nombradas en honor a varios santos, como era costumbre en esa época. Además, el Parque Nuevo o de Juan Delgado se conocía como la Plaza del Mercado, y el Parque Viejo o Martí, se conocía como la Plaza de Armas.

domingo, 25 de julio de 2010

La esquina de 4 y 11

6 ¡TOME LA PALABRA!

por Leonardo Gravier / Coral Gables, Florida

“Si París tuviese la Canebière, sería una pequeña Marsella”. Con esta frase hiperbólica de los marselleses quería enfatizar Alejandro Dumas, en “El Conde de Montecristo”, el orgullo y el patriotismo de éstos por su ciudad. La Canebière era una calle muy popular y concurrida que atravesaba Marsella desde el puerto hasta el otro extremo. Si yo fuese a celebrar nuestras virtudes desmesuradamente con el mismo talante del marsellés, diría que si La Habana hubiese tenido una esquina como la de 4 y 11, hubiese sido un pequeño Santiago de las Vegas.

La esquina de 4 y 11 – tan santiaguera como la misma imagen del Patrón Santiago – era un cuadrado que tenía en cada vértice un negocio privado. En uno, el bar y cafetería “La Central”; en el otro, el puesto de frituras y helados del chino “Bigotes”; en el otro la ferretería de Felito Romero, y el cuarto, se pasaron de mano el espacio, desde la botica de Gallol, hasta una tabaquería y otros pequeños negocios. Siempre recuerdo la pintura en una pared de la ferretería de Felito Romero, anunciando la pintura Sherwin–Williams; era una lata de pintura derramándose sobre el globo terráqueo con un letrero que decía: "Cubren la Tierra”.

El pueblo entero desfilaba por esa esquina en un momento o en otro. Las guaguas paraban en la esquina y había una piquera de autos de alquiler frente al billar de Freire. Por las noches, antes de ir a los cines del Centro o del Casino, se hacía una parada para conversar con algunos amigos. Siempre había grupos discutiendo o admirando las bellas muchachas que pasaban camino al Parque Nuevo. La heladería de los chinos o el bar La Central, con una vidriera que daba a la calle 4 para la venta de billetes de lotería y otras chucherías, siempre estaban llenas. A media cuadra de las esquinas, había otros negocios : un billar; dos barberías; la mejor imprenta que además vendía efectos escolares y de oficina; una fuente de sodas (“la Caficola”); un tren de lavado y una tintorería; un puesto de chicharritas y otro de batidos; tres salones sociales y un centro obrero; otra heladería y un cine.

Si no era una cosa era otra, pero había atractivo suficiente para que aquella confluencia tuviese asistentes a toda hora.


Grupo de jóvenes en la esquina de 4 y 11; en cuarto lugar, el autor.

Los domingos las reuniones empezaban desde temprano en la mañana. Unos discutían sobre el juego de béisbol que tendría lugar en la tarde; otros de la película de la noche anterior, y casi todos esperando el desfile de bellas muchachas que salían de la misa que terminaba a media mañana en la iglesia de la otra esquina. Algunos jóvenes esperaban a sus enamoradas para escoltarlas hasta sus casas a la salida de la misa – una de las pocas oportunidades de pasear con una novia sin la presencia de una chaperona. El tema que siempre se discutía, hubiese o no ambiente electoral, era el de política, tanto nacional como internacional; el santiaguero siempre estaba muy bien informado por la gran cantidad de periódicos y estaciones de radio que lo inundaban de noticias.

En las épocas de fiestas del pueblo, se adornaban los postes con pencas de palmas o con guirnaldas de triángulos de colores que iban de una calle a la otra, y que alegraban el ambiente o anunciaban un baile u otro evento. Todas las procesiones religiosas pasaban por medio del gentío de devotos o curiosos de la esquina.

Nunca hubo una esquina en Santiago de las Vegas tan concurrida y alegre como la de 4 y 11. Yo sin ser marsellés, no hubiese cambiado la esquina de 4 y 11 por la esquina de Prado y Neptuno de La Habana.