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martes, 6 de diciembre de 2016

La brujería en Santiago de las Vegas

2 ¡TOME LA PALABRA!

 Por Leonardo Gravier | Coral Gables, FL

Mi amigo Carlos Valiente Romero a menudo nos relata anécdotas o nos deleita con música extraída del baúl de sus recuerdos”. Yo tengo dos baúles: el baúl de los buenos recuerdos y el baúl de los recuerdos malos.

El relato que hago a continuación fue extraído del baúl de los recuerdos malos; y fue malo porque causó una  gran preocupación a mis padres, y dejó en mí una fijación que me persiguió toda mi vida — aunque por mi corta edad no me percatara de la peligrosidad en aquel momento—.

Estudiaba yo mis primeros grados en la Escuela #2, a cuadra y media de mi casa y que dirigía desde hacía poco tiempo el Dr. Eduardo González. Mi maestra era la inolvidable Isabel Bancells.

Un día apareció en la rejilla del postigo de una de las puertas de la calle de mi casa, un anónimo; estaba escrito con  letra cursiva y a lápiz en papel de estraza. El contenido era muy preocupante —aunque en estos tiempos parezca una broma—. Advertía a mis padres que unos “negros brujos” habían acordado secuestrar al más pequeño de sus hijos para utilizar sus entrañas en prácticas de su religión. Yo, como era el más pequeño —tendría seis años—, sería el blanco de aquella fechoría. Mis padres se horrorizaron. De inmediato, mi padre llevó el anónimo al juez municipal y se tomaron medidas con la Guardia Rural y la Policía local. Hubo varios guardias, vestidos de paisanos, colocados en las esquinas de mi cuadra. Mi hermano, mayor que yo, fue advertido de su rol como el protector más cercano a mí. Yo estaba ajeno a lo que acontecía, pero sabía que algo estaba pasando. Mi padre me llamó una noche, me sentó en la sala de mi casa y me contó todo; insistió en el peligro que yo corría y la razón por la que me debía cuidar de conocidos y desconocidos, evitar salir a la calle sin compañía y sin ambages me detalló los casos reales que habían ocurrido en Cuba y el final que tuvieron los niños víctimas de aquellas prácticas atávicas. Estos casos habían sido publicados en detalle en todos los periódicos de Cuba y en libros de estudiosos de la criminología. El efecto de aquella conversación fue terrorífico para mí. Mis días fueron pasando con mucha vigilancia por parte de mis familiares y hasta del Director de la Escuela Dr. Eduardo González. Yo vivía muy asustado.
     
Dos semanas después, a pesar de la vigilancia en los alrededores de mi casa, apareció un segundo anónimo colocado (tal vez de madrugada) en la misma rejilla del postigo. Esta vez el anónimo revelaba la identidad del supuesto raptor. El hombre fue detenido y llevado al Cuartel de la Guardia; dos días estuvo bajo intenso interrogatorio. Se concluyó que el hombre no tenía ninguna relación con el plan, si es que alguna vez hubo un plan. Había tres posibilidades: o bien el autor del anónimo quería por algún motivo causar una gran preocupación a mis padres; o quería crearle al supuesto raptor un problema por motivos desconocidos; o la menos probable, hubo un plan que no se pudo llevar a cabo y se dio por terminado. No obstante, el hombre se fue de Santiago y no regresó hasta pasado varios años. Yo ya de joven lo conocí.
     
Pasado aquel mal rato por parte de todos, nunca más volvimos a recibir anónimos o a tener sospechas de alguna otra persona, blanca o de color.
     
Antes de continuar este artículo es importante aclarar ciertos conceptos discutidos, para evitar malas interpretaciones de mis ideas.

El más importante de los conceptos es el concepto de “religión”. El mismo ha sido interpretado conceptual y etimológicamente de distintas maneras desde tiempos de la antigua Roma o en los teólogos posteriores. Lo importante del término es aclarar que en mi opinión, religión es la comunión o relación entre la razón y el espíritu  del hombre y su Creador. Esa interpretación que el ser pensante tiene del ser único “per se”, de aquel cuya esencia es la existencia misma, lo que nunca empieza ni termina, es lo que constituye una religión. La idea de Dios es inmanente en el hombre, pero la tendencia ha sido la de aceptar la forma de creer basado en meditaciones, revelaciones o conclusiones de los antecesores. Por tanto, la idea se funde en las organizaciones dedicadas al estudio y práctica de la doctrina que se formó. Esa institucionalización crea las distintas confesiones—monoteístas, politeístas, panteístas, etc.
     
La religión es diferente a las creencias no relacionadas con Dios.  Aunque yo creo que cada persona tiene su propia religión, los antropólogos y los teólogos solo consideran una religión, las creencias compartidas.
     
La santería es definida por la Real Academia Española de la Lengua (RAE) como un sistema de cultos que tiene como elemento esencial la adoración de deidades surgidas del sincretismo entre creencias africanas y la religión católica. Es originaria de Cuba.

La llaman santería porque utiliza las ideas traídas de África con las imágenes y vida de los santos católicos. Por tanto, la santería—término que tuvo una intención despectiva—, es una religión con el mismo estatus que las más reconocidas y numerosas en países no-africanos.
     
Fue traída a América por los negros bozales esclavos, pero se ha extendido a todos los países de habla hispana y el resto de Europa. Es una continuación de la religión yoruba de Nigeria. Nunca ha practicado sacrificios humanos, pero sí de animales o partes sin vida de seres humanos (huesos o fetos)

La santería cree en un dios universal y en los orichas, que son deidades dedicadas a distintas actividades y con distinto ámbito. Ha sido practicada en Cuba desde que los esclavos burlaron la prohibición de la religión yoruba, haciéndoles creer a los amos que creían en los santos cristianos y sus imágenes. Sus creyentes abarcan desde los más humildes hasta los más encumbrados (profesionales, hombres de negocios, artistas, deportistas y hasta jefes de Estado).Practican un bautismo propio, además del bautismo cristiano. Creer en la santería es incompatible con ser católico. Es una religión politeísta como lo fue la de la antigua Grecia—que tenía a Zeus a la cabeza rodeado de múltiples dioses—. El sacerdote de la comunidad de creyentes es el babalao.
     
El ñañiguismo o Sociedad Secreta Abakuá es una fraternidad secreta de hombres que se afincó en Cuba a principios del Siglo XIX. Sus primeros miembros, eran negros de Calabar en África (carabalíes); creció como protección de aquellos esclavos contra los abusos y las barbaries de sus amos españoles. Se esparció entre los negros nativos de Cuba, esclavos o no, los mulatos y unos pocos blancos. No constituía una religión.

El abakuá sólo admite hombres que hayan demostrado virtudes muy encomiables. No obstante, en la práctica sus miembros incurrieron en un alto índice de criminalidad. Ha habido mucha desinformación con respecto al ñañiguismo  debido al secreto que de su organización siempre han mantenido. En los Código Penales de la República de Cuba nunca ser ñáñigo fue un delito, ni un agravante oficial, aunque en los tribunales de justicia ser ñáñigo tenía una connotación negativa. Sus miembros son blancos, negros, humildes o potentados y el ser ñáñigo no es incompatible con ser miembro de la religión católica.
     
La brujería es definida por la RAE como “el conjunto de prácticas mágicas o supersticiosas que ejercen los brujos y las brujas”. La brujería no es una religión y según las creencias de los africanos que la practican se basa en una fuerza mágica espiritual transmitida por almas de personas ya fallecidas o manes de antepasados. Se puede usar para hacer el bien (magia blanca) o para hacer el mal (magia negra). Está formada por un conjunto de prácticas esotéricas tendientes a causar un resultado usualmente perjudicial a otra persona para demostrar poder o sabiduría profética. En términos generales, la brujería es maligna, es independiente de las razas o nacionalidades y gran parte de las veces utilizan como motor principal el sacrificio o muerte de un ser humano o un animal. Como magia negra o hechicería es repudiada por la Biblia y por el Corán.

A diferencia de la santería o el ñañiguismo, ambos de origen africano, la brujería abunda más fuera del continente africano.

Desde tiempos remotos la brujería o hechicería existe en Grecia y Roma (Circe, Medea, la Estirge, etc); el aquelarre de las brujas en Walpurgis; las “brujas de Salem” las “brujas de Zagarramurdi”, y tantos más. La brujería se ha practicado en Asia y Latinoamérica, y en todos ha sido repudiada y perseguida— como el “Malleus Maleficarum” de Alemania o la Demonomanía de Bodino en Francia—.

La brujería que se practicaba en Cuba provenía de África y se concentraba en el infanticidio. Aunque había brujos de la raza blanca, la gran mayoría de los brujos eran negros. Este infanticidio tenía fundamentos de prácticas y rituales demoníacos o diabólicos; aunque tuviera el mismo efecto que el infanticidio por motivos de “eugenesia” —filosofía que defiende la mejora de los rasgos raciales usando métodos selectivos  o repulsivos—. La eugenesia era parte de las leyes del sabio legislador Licurgo y se llevaba a cabo abandonando o despeñando a los niños deformes desde el monte Taigeto.

En África creen que los órganos de los niños tienen poderes curativos y los sacrifican para curar a otras personas. No son sacrificios de índole religiosa. En Tanzania son perseguidos y asesinados los niños albinos, porque utilizan las partes de su cuerpo en rituales y pociones. Se cree que los huesos de estos niños tienen poderes mágicos.
     
Por último, en Cuba no se practicó el homicidio por primera vez con la llegada del hampa africana. Ya en la etapa precolombina, el agresivo pueblo caribe, navegaba los mares antillanos practicando, según dicen los estudiosos, antropofagia o canibalismo con los pacíficos taínos y siboneyes.

En Santiago de las Vegas nunca hubo casos de sacrificios humanos, aunque cuando jugábamos en el Parque Viejo viéramos restos de sacrificios de animales, con “kilos prietos” en la forma que requería la creencia de los brujos. Los muchachos se alertaban unos a otros advirtiendo no tocar aquello puesto que era “brujería”. Algunos más arriesgados tomaban las monedas “con la mano izquierda”. Yo que recorría el pueblo y era amigo de blancos y negros, cristianos, judíos  y santeros, fui invitado a varios “toques bembé”. Iba con toda la curiosidad y respeto que la ocasión requería en los días señalados por su creencia sincretista; allá nunca vi tambores batá sino tumbadoras e imágenes de la Virgen de Regla, San Lázaro o Santa Bárbara. Bebí junto con ellos el ron o aguardiente que se pasaban unos a otros y vi mujeres con el “santo” o trance donde se hablaba palabras en castellano mezcladas con un argot o jerga desconocida. Todo terminaba tarde en la noche como termina una celebración entre amigos.

En aquella época —años 1954 y 1955, —yo no pensaba que, a pesar del incidente de los anónimos a mis padres, en Cuba hubiese casos de brujos homicidas; pensaba que mi caso había sido una broma malvada y una precaución extrema de mi padre. ¡Qué gran sorpresa me llevé al comenzar a estudiar Derecho y al informarme!

En mis dos primeros años en la Escuela de Derecho de la Universidad de La Habana, puse mucho interés en las asignaturas de Antropología Jurídica y de Política Criminal; leí libros y artículos sobre la criminalidad de los brujos en Cuba y visité varias veces el Museo Montané en la Escuela de Ciencias. Me interesaron mucho los libros  escritos por los sabios cubanos doctores Fernando Ortiz e Israel Castellanos, en especial el tratado de Ortiz (con preámbulo del gran maestro positivista de criminología el italiano Cesare Lombroso): Hampa Afro-Cubana. Los negros brujos.  La cátedra de Antropología Jurídica estaba muy influida por el positivismo; en el laboratorio de Antropología Jurídica teníamos que hacer, mediciones craneométricas y aprender los rasgos fisiognómicos de los “criminales  natos”. Los tres grandes del positivismo (Lombroso, Enrico Ferri y Raffaele Garofalo) eran ampliamente revisados. Se concentraban en el castigo al delincuente más que en las prevenciones a la sociedad. Se estudiaban los rasgos  físicos porque se pensaba que esos rasgos revelaban una predisposición para el delito por su conformación biológica. Los convictos delincuentes afro-cubanos eran detenidamente estudiados. El Museo Montané tenía suficiente material para llevarse una impresión de la relación del delito con la raza, la nacionalidad o la religión.
     
Más me atraían las teorías del Marqués de Beccaria (Del delito y de la pena) que abogaba por el principio de la proporcionalidad —debe existir una proporción entre delito y pena, las penas no deben de ser arbitrarias o exageradas —; él era contrario a la pena de muerte— yo también siempre lo he sido — y se interesaba más por la prevención del delito mediante la educación y persuasión. Sí creía que el criminal incorregible debía ser excluido de la sociedad para siempre (cadena perpetua sin derecho a amnistía o indulto). Fue muy influenciado por enciclopedistas como Montesquieu, Voltaire, Rousseau y Locke. Muchos códigos penales europeos tomaron como fundamento las ideas de Cesare Beccaria.
     
Las primeras grandes rebeliones contra la corona española que tuvieron lugar en Cuba con éxito fue la de los negros bozales (nativos de África y esclavizados en la América). Estos esclavos rebelados contra el abuso de sus amos, se escapaban —con más éxito del que habían tenido los aborígenes de la isla, que fueron exterminados—, se convertían en cimarrones y formaban colonias de prófugos llamadas por los españoles “palenques” (le llamaban “quilombos” en Brasil ). En estos palenques podían practicar libremente sus costumbres y ritos religiosos hasta ser capturados por los  “rancheadores” (cazadores de negros cimarrones). En la medida que abusaban los blancos españoles de Cuba de aquellos sufridos africanos, aumentaron los cimarrones, se unieron a ellos los esclavos nacidos en Cuba de padres africanos, creció la población de esclavos y se afincaron y multiplicaron las costumbres y creencias. Como parte de estas creencias venía la brujería, muy propia de África, con el ejercicio de todos sus ritos.
     
Ya en el siglo XIX, el gobierno español había prohibido el ejercicio de la brujería y del ñañiguismo —a pesar de que en 1863 se les permitió a los blancos pertenecer a los cabildos de ñáñigos—. No obstante, al independizarse Cuba, las costumbres de los africanos y de algunos hijos de africanos se hicieron más fáciles de practicar. Estas prácticas africanas fueron identificadas como satánicas o diabólicas ya que en África era notoria, la costumbre de realizar sacrificios humanos. La brujería fue considerada como equivalente a la temida hechicería o magia negra. El Gobierno Interventor, por Orden Militar, creó la oficina de identificación de criminales con objeto de tener más control sobre estos grupos.
     
La verdadera criminalización de estas sectas comienza en los primeros años del siglo XX cuando aún quedaban africanos que no habían podido liberarse de sus prácticas originales. Siempre las víctimas eran niños, ya que los brujos africanos los consideran más puros y dúctiles. En nuestros días en la República del Congo, los niños aterrorizados no quieren salir a las calles por la cantidad de infanticidios para prácticas de los brujos congoleños. Ver también: Las creencias como factor criminógeno. Muti: El infanticidio ritual en África (Archivo del crimen).
     
En 1904 comienzan los homicidios con la violación y muerte en julio, de la Niña Celia de 10 años.
     
En el mismo año, en Güira de Melena, asesinan y extraen los órganos de la Niña Zoila.
     
La Niña Luisa es asesinada y sus vísceras arrancadas en 1918 en Alacranes, Matanzas.
     
También en Matanzas son asesinados o sacrificados los niños Onelio García (1915) y Marcelino López (1919).
     
En 1923 es asesinada la Niña Cuca y en la Provincia de Matanzas, 17 niños son asesinados en distintos lugares y fechas.
     
A partir de esta fecha se detienen los asesinatos de niños; tal vez porque los brujos africanos ya habían muerto por vejez o enfermedad y los cubanos de padres africanos que no estaban en total acuerdo con la sociedad  o con los sacrificios humanos se habían unido al ñañiguismo. Ya los brujos buscaban para sus ritos, cadáveres o parte de personas recién enterradas en los cementerios o animales (preferiblemente las aves o chivos).
     
The Miami Herald publicó el 23 de marzo de 2012 la noticia de que unos agentes de aduanas en el Aeropuerto de Miami, habían encontrado varios fetos humanos en el equipaje de dos mujeres que retornaban de La Habana, Cuba. Los fetos debían ser entregados a personas en Miami que se dedicaban a prácticas de brujería. Los fetos, varón y hembra, fueron detectados cuando los Rayos X los descubrieron en un pomo sellado. Los médicos determinaron que ambos fetos eran de 20 semanas y que ninguno era viable (no podían vivir y fueron abortados). Las mujeres confesaron haber recibido el pomo con los fetos de un babalao en La Habana. No fueron instruidas de cargos por el Fiscal del Estado; ningún nombre fue revelado.
     
Según los artículos publicados en los infanticidios cometidos en Cuba a principios del Siglo XX  y muchos incluidos en el tratado de Fernando Ortiz, los asesinos o cómplices de estos hechos eran todos africanos o afro-cubanos.
      
El más famoso por haber sido discutido por Fernando Ortiz en sus libros y por haber recibido gran publicidad de la prensa, fue el de la Niña Zoila. Sólo comentaremos este caso por haber ocurrido cerca de Santiago y para no hacer muy extenso este escrito. Los otros casos aparecen en distintos sitios web en internet ampliamente comentados.
     

El 11 de noviembre de 1904, la Niña Zoila de 22 meses de edad, desapareció de la finca de sus padres en Güira de Melena. Se dijo que había sido secuestrada por unos negros brujos del Cabildo Congo Real en El Gabriel; que la habían matado para usar su sangre y su corazón para curar a Juana Tabares. Las autoridades basándose en información del Alcalde de Güira y otras evidencias arrestaron a Taita Bocú (Domingo Bocourt, arriba), a Julián Amaro y a José Cárdenas. Junto al anciano lucumí Bocú arrestaron en aquel aquelarre de brujos africanos a Ruperto Ponce, Adela Luis, Pilar Hernández Padrón, Jacobo Arenal y Modesta Chiles, todos africanos. También apresaron a los afro-cubanos  Victor Molína, Pablo Tabares, Dámaso Amaro, la ya mencionada Juana Tabares, Laureano Díaz y Francisca Pedroso.

Bocú designó a Molina para seleccionar la víctima y cometer el asesinato. Molina obtuvo la ayuda del antiguo esclavo Ruperto Ponce. Mataron a Zoila y extrajeron la sangre, el corazón y las entrañas que Bocú, con el sobrante se puso a procesar y vender como amuletos y remedios. José Cárdenas escondió los restos de Zoila cerca de un aserradero. Sólo Bocú y Molina fueron condenados y ejecutados como brujos; los demás fueron condenados a penas de cárcel o absueltos. Muchos dijeron que “el asesinato de la niña blanca Zoila era para curar a las niñas negras, Adela y Juana”.

En 1906 la pena de muerte fue abolida en Cuba; por tanto, Bocú y Molina fueron los únicos brujos ejecutados por este asesinato. En los demás casos, muchos murieron víctimas de suicidio o fueron encarcelados por muchos años.
     
Debe señalarse que actualmente, Cuba está entre los sietes primeros países con más brujos del mundo; lista que encabeza la República Democrática del Congo, seguida por Haití.

lunes, 27 de julio de 2009

Un aporte al incidente del "Kimbo"

2 ¡TOME LA PALABRA!

por Leonardo Gravier / Coral Gables, Florida No pude sustraerme al leer los artículos escritos sobre el Kimbo o Quimbo, de contribuír con parte de lo que yo supe de tal incidente. Todo lo escrito en los artículos anteriores resume muy apropiadamente la personalidad del Kimbo. En cuanto a su homicidio yo tengo una versión diferente. Como se ha dicho el Kimbo, en cualquier proceso legal criminal, hubiese tenido el agravante conocido en el Derecho Penal cubano por “matonismo”. Este agravante fue introducido en Cuba por un magistrado de la Audiencia de Matanzas, Diego Vicente Tejera. Además de sus exigencias de dinero o de favores bajo amenaza de daño físico o moral, el Kimbo era un homosexual muy peligroso. Se enamoraba de los hombres y trataba de violar aún a los que no eran homosexuales. En aquella época en un pueblo con mentalidad provinciana, anticuada y “machista” en extremo, el ser homosexual era un baldón. Los que lo eran, lo mantenían en secreto y el que alguien revelara ese secreto, exponía al homosexual al bochorno público. De ahí, que el Kimbo mantuviera a muchos amenazados y les “cobrara el barato”, que era como chantajearlos. Muchos santiagueros fueron víctimas de este delincuente y matón. Un día se apareció a mi casa Aniceto Díaz, con su hijo Humberto (que le decían Neneno). Le contó a mi padre [el abogado Gabriel Gravier] que el Kimbo se había enamorado de Neneno, que lo tenía asediado y que el pobre muchacho no podía vivir en paz. Neneno no era homosexual; era un muchacho rubio de ojos azules, buen porte y simpático. Era hermano de Eladio Díaz, que era esposo de mi tía Piedad Gravier (hermana de mi padre). Aniceto le suplicó a mi padre que hablara con el Kimbo para que dejara en paz al muchacho. Mi padre aceptó intervenir en el asunto dada la relación familiar existente. Habló con el Kimbo y le explicó que su empecinamiento con Neneno terminaría mal, puesto que el joven no aceptaba el chantaje ni la intimidación, aunque no era físicamente capaz ni tuviera la habilidad de pelear contra aquel “negrazo”. El Kimbo le contestó a mi padre : —Docto, no se meta en esto que esto es cosa mía na má—. Así me lo contó mi padre. El Kimbo continuó asediando a Neneno y mi padre le aconsejó a Aniceto que mandase al muchacho a otro pueblo (fuera de Santiago) hasta ver si al Kimbo se le olvidaba el capricho. La cosa no dió resultado. El Kimbo averiguó de alguna forma el paradero y allá lo fue a buscar; el Neneno tuvo que huir y regresar a Santiago. Ante la inacción de la policía, Aniceto fue a ver de nuevo a mi padre y le relató lo que había sucedido y las denuncias hechas a la policía. Mi padre le dijo a Aniceto ya en tono irritado: —Si esto continúa, que se busque un revólver y si el Kimbo lo ataca, que lo mate antes que ser él la víctima. Yo lo defenderé por defensa propia. El Neneno consiguió un revólver, aprendió a disparar y anduvo con el arma siempre cargada y debajo del cinto. La muerte del Kimbo según me contaron fue de la siguiente forma: Se encontraron el Kimbo y Neneno frente a la botica del Dr. Fina. El Kimbo venía del Ayuntamiento y Neneno iba a la altura de la caballeriza del Ayuntamiento (al lado de la casa de José Manuel Sánchez). Al ver al Kimbo, Neneno sacó el revólver. El Kimbo levantó el brazo, unos dicen que con un cuchillo en la mano, otros sin cuchillo y diciendo con el brazo en alto: —“No dispares”—. Dos o tres tiros le entraron debajo del brazo por la axila que le penetraron el tórax, tal vez el corazón o los pulmones. El Kimbo cayó en la acera herido de muerte. Muchos dijeron que hubo policías o guardias rurales que dispararon; no obstante, las heridas fueron casi a “boca de jarro” y en el lado del tórax debajo de la axila. No creo que hubo policías o guardias involucrados en el homicidio, puesto que tal intervención hubiese convertido la defensa propia en un asesinato premeditado y alevoso. La defensa adujo como era de esperar, defensa propia, y la penetración de los proyectiles ayudaba a presentar el cuadro del ataque con el cuchillo en la mano y listo para atacar. El Neneno salió absuelto en la Audiencia de la Habana. Así terminó la saga matonil del Kimbo a manos de un muchacho pacífico pero decidido. Fue una gran lección para potenciales guapetones.

domingo, 26 de julio de 2009

La trágica historia de "El Kimbo"

3 ¡TOME LA PALABRA!

por Raúl Rodriguez Esto que narro fue una gris etapa vivida en Santiago de las Vegas a finales de los años 30 del pasado siglo; no conocí al personaje, pero la tradición oral así lo refleja. El "Kimbo" era un negro de más de seis pies de estatura y más de 200 libras de peso. Era guapetón y presumía de repartir galletas a cualquiera; le cobraba el barato a algunas gentes cogiéndole el dinero, alegando que era para brindarle protección. Comía en las fondas del pueblo y no pagaba, además de tener algunas casas de gente pacífica y bien económicamente donde comía o almorzaba sin invitación alguna. La gente del pueblo lo evitaba, pues según plantean hasta los militares le temían. “El Kimbo” campeaba por su respeto; era el ogro del pueblo, pero a todos les llega su día y su ultima guapería fue con un pacífico santiaguero cuyo nombre no recuerdo. Así las cosas, el pacífico santiaguero por alguna razón discutió con el Kimbo y éste, como acostumbraba abusar de los supuestos más débiles, con mucho alarde y guapería barata, gritó a voz en cuello para que todos lo oyeran que lo mataría, que estaba ofendido y que no lo quería ver más en Santiago de las Vegas, siendo la sentencia final que o le entregaba dinero, o moriría. El pobre hombre, al parecer, no tenía salvación posible. Ante tantas amenazas, como es natural, el hombre acudió ante las autoridades y planteó su situación, ya que corría peligro su vida, y las autoridades lo orientaron. Al día siguiente, transitando el hombre cerca de las calles 11 y 6 le salió a su encuentro el Kimbo, que parecía una fiera (pensando, sin duda alguna, coger “mangos bajitos”). El amenazado no titubeó ni por un instante, ni le tembló la mano cuando de su revólver sonaron dos disparos que impactaron en la humanidad del agresor. El gran y temido Kimbo cayó al pavimento. Por demora al socorrerlo, fue cadáver lo que llegó a la casa de socorro. En el juicio se aplicó la defensa propia por los antecedentes penales del muerto, y no cumplió condena el presunto matador. La versión popular, sin embargo, es algo diferente: al hablar el amenazado con la policía, éstos prometieron brindarle protección. El día de los hechos, situaron francotiradores en la azotea del Ayuntamiento y en algunos tejados aledaños, siendo éstos los que verdaderamente le dispararon al Kimbo. Y luego, al caer el malhechor, nadie lo quiso ayudar para que muriera y por fin llegara la tranquilidad al pueblo. Así termino la triste historia del Kimbo, al menos la versión que yo conozco; quizás alguien tenga más que decir.

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Ampliando sobre el facineroso “Kimbo”
por Carlos Valiente Romero / Tampa, Florida El facineroso personaje "El Kimbo", aparte de los "atributos" que se desglosan en el escrito de Raúl Rodríguez, era principalmente conocido entre la juventud masculina (teenagers), como un depravado que, según las historias, bajo amenazas pretendía y algunas veces conseguía, violar jóvenes y menores a los que mantenía en su control bajo intimidación. Éste es el caso de la historia de marras. Los hechos ocurrieron en nuestro pueblo circa 1935 o principios de 1936, siendo alcalde de facto el Teniente del Ejército de apellido Busquet, que según escuché muchas veces era un pundonoroso militar que ejerció su interina posición con gran efectividad en aquellos "tiempos revueltos" que sobrevinieron a la caída del gobierno dictatorial de Machado agravado, aun más, por la crisis económica mundial de los años 30. El joven de la historia y “ejecutor” del Kimbo era de una familia de apellido Díaz muy conocida por su establecido buen nombre en todo nuestro pueblo. El hecho, como se narra, efectivamente ocurrió en la calle 11 casi esquina 6, para ser exactos en la acera de la Farmacia Santa Mariana del Dr. Juan Fina y como se relata por la versión popular la intervención del Teniente Busquet y algunos militares bajo su mando eliminó para siempre a este maligno y corrupto “guapetón” ...... despreciable figura de nuestra sociedad de aquellos tiempos.
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Nota del editor: De Santiago de las Vegas nos han llegado más detalles del caso, basados en charlas con personas que recuerdan si no la época misma, los primeros rumores al respecto del caso del Kimbo. Dicen que fue en la misma estación de policía donde le entregaron el revólver al muchacho, pero que fueron, como cuenta Raúl Rodríguez, los francotiradores los que le dispararon al Kimbo, quedando así absuelto el joven. Dicen además que el Kimbo tenía mala reputación moral, siendo de dominio público que tenía la afición o el gusto de sostener relaciones con los homosexuales del pueblo, y acosaba sexualmente a los muchachones bonitillos. Presumiblemente ésa era la causa de la obstinación que presentó frente al muchacho del relato, ya que lo deseaba y tenía al muchacho desvelado. Eso, además de todo lo descrito en el relato, puede haber sido una de las principales razones por la que la Policía decidió acabar con el Kimbo y también de que el hecho en sí mismo resultara más que una conmoción, un alivio para el pueblo. Es interesante, y quizás revelador, notar que en los documentos de la época disponibles en la biblioteca en Santiago, no aparece nada sobre este hecho; quizás lo hayan silenciado, o no hayan llegado recortes a nosotros por pérdida, destrucción o falta de conservación. No es una historia ni bonita ni feliz, pero es una parte más de la historia de nuestra ciudad. Y aunque a la luz del siglo XXI y de una sociedad democrática no deja de ser repugnante la práctica de ajusticiar a alguien sin previo juicio, más repugnante, evidentemente, era el comportamiento del Kimbo. El propósito de Santiago de las Vegas en Línea no es juzgar a nuestros antepasados; es simplemente grabar, para hoy y para mañana, cómo fue la vida en nuestro querido Santiago.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Un Crimen en Santiago

0 ¡TOME LA PALABRA!

Hoy tenemos, queridos lectores, el placer de informarles que siguen visitando y participando en nuestro "pueblo virtual" personas de todo el mundo. Como podrán ver en la imagen a la izquierda haciendo clic sobre ella, en las últimas horas hemos tenido, además de visitas de personas en Miami, otras de Momoxpán (Puebla) México, de San Francisco, de Hong Kong, de Anchorage (Alaska), y hasta de Little Rock, Arkansas (¿serán Bill o Hillary?). Ayer, de lugares tan distintos como Buenos Aires, Bowling Green (Ohio), y Torrance (California); y hace unos días, una persona de la ciudad de Shah Alam, ¡en Malasia! pasó unos 5 minutos en el sitio. ¿Serán santiagueros? ¿O simplemente curiosos? Los que nos visiten de otros países y se deseen identificar, nos encantaría que nos saluden mediante el enlace "¡Toma la palabra!" que aparece debajo del título de cada artículo.

 Queremos además compartir con ustedes un relato de la vida real, un terrible crimen que ocurrió en Santiago de las Vegas hace más de 60 años y que estremeció al pueblo. ¿Habrá entre ustedes alguien que lo recuerde? Si quiere añadir detalles o recuerdos suyos a esta historia, sólo tiene que hacer clic arriba donde dice "¡Toma la palabra!" para contárnoslos. Ahora, tranque bien la puerta (¿recuerda las trancas que protegían nuestros hogares?), siéntese cómodo con un buen café humeante, y prepárese para...

UN CRIMEN EN SANTIAGO 
Una Historia Verídica

por Ismael Balido Pérez

Voy a contar una historia de un crimen cometido en Santiago de las Vegas hace muchos años. Si la memoria me es fiel creo que debe haber ocurrido a principios de la década del 1940. Víctima de este horrendo crimen fué un señor llamado Sixto Mestre que vivía en unión de su esposa, en la calle 2 esquina a 9 (la calle 9 desembocaba en el frente mismo de esta casa). El que narra este suceso vivía en esa época dejando dos casas por el medio de la del Sr. Mestre. Según se decía el Dr. Mestre había estudiado medicina, pero no la ejercía debido a que su primer paciente había fallecido y se retiró.

Era una persona que vivía como un recluso encerrado en su casa; salía en muy raras ocasiones, siempre vestido con un traje de dril 100 blanco, con sombrero de “jipi-japa”, a veces a comprarle dulces a Augusto Romero o a la bodega de Emilio Chong y tal vez alguna que otra vez a alguna fonda a comprar comida, ya que a veces lo veía con una cantinita pequeña, pero todas sus salidas eran breves y regresaba rápidamente a encerrarse en su casa.

Se decía de él que tenía propiedades y una buena posición económica, así como que era muy tacaño. No le abría la puerta a nadie. Si alguien le tocaba a la puerta él le contestaba asomándose a una ventana enrejada que tenía. Yo recuerdo que a veces iba a pedirle que me regalara los “muñequitos”del domingo, ya que él recibía el periódico “El Diario de la Marina” y él me los echaba por debajo de la puerta para no abrir ésta. Él era un hombre pequeño, delgado, que caminaba encorvado e imagino que cuando ocurrieron los sucesos que voy a narrar debe haber tenido más de 60 años de edad. 

En esa época los patios de las casas de la calle 2, desde la entrada del pueblo como quien viene de Rancho Boyeros hacia Santiago terminaban en el platanal de la finca “La Caridad”, ya que por ese entonces no existía la Doble Vía al Cacahual (es necesario aclarar este dato para que el lector pueda imaginarse y situarse mentalmente en el lugar). Un día se presentó en la casa del Sr. Mestre un hombre vestido de militar, esto es, vestido con un uniforme de la guardia rural y le tocó a la puerta y al asomarse el Sr. Mestre a la ventana le dijo que había un ladrón en la finca tratando de brincar el muro de la casa del Sr. Mestre para robarle. El Sr. Mestre se apresuró a abrirle la puerta al supuesto militar, asustado ante lo que le decía éste, y fué ése el error que le costó la vida, pues en realidad el ladrón era esa persona disfrazada de militar que usó ese truco para lograr que le abriera la puerta, ya que sabía que se encontraba solo porque la señora del Sr. Mestre había ido a la Habana a visitar a un familiar (se decía que era un hijo que tenían que vivía allá).

Al regresar la señora por algún motivo no podía abrir la puerta de la calle y fué a mi casa a buscar ayuda y dió la casualidad que mi padre se encontraba allí y fué con ella y logró abrirle la puerta. Cuando entraron se encontraron a Sixto muerto, asfixiado con una toalla que le habían metido en la boca para que no gritara. Mi padre llevó a la señora para mi casa y me dijo a mí que fuera a la estación de policía, que estaba situada en la calle 6 entre 11 y 13 y que les dijera que acudieran al lugar ya que se había cometido un crimen. Si la memoria sigue ayudándome, creo que en esa época era jefe de la policía el entonces teniente Buenaventura Canales (padre de Mario Canales, quien escribió en este sitio el 29 de agosto), quien por cierto hizo una labor investigadora tremenda ya que logró identificar al asesino, naturalmente auxiliando al Buró de Investigaciones que radicaba en la ciudad de la Habana, pues un chofer de autos de alquiler (cuyo nombre omitimos, aunque ya es fallecido) que hacía piquera en el parque Juan Delgado le contó que él había llevado a una persona desconocida para él, vestido de militar y que lo había dejado en los alrededores del cementerio de Santiago.

A partir de ahí y con la descripción del sujeto se empezaron a seguir pistas y se identificó al “santero”, esto es, la persona que vigilaba los hábitos de la víctima y pasaba la información a los ladrones. La señora del Sr. Mestre, con la ayuda de la policía, desenterró varias latas del patio donde habían miles de pesos en monedas de oro, así como en dinero de circulación oficial y también se encontraron, metidas entre las páginas de los libros que el Sr. Mestre poseía, miles de pesos de la época de la Colonia, que ya no tenían valor oficial y solamente para los coleccionistas, dinero que se pensó que el Sr. Mestre ya ni se acordaba que tenía. Según la señora los ladrones pudieron llevarse muy poco o casi nada, pues al parecer el Sr. Mestre no reveló los lugares en que tenía escondido el dinero. Este fué un caso que conmovió a la comunidad, ya que en muy raras ocasiones había sido ésta testigo de un crimen tan brutal.