CONSIDERACIONES Y ANÁLISIS DE CARÁCTER HISTÓRICO, SOBRE LA FIGURA DEL CORONEL JUAN DELGADO GONZÁLEZ, JEFE DEL REGIMIENTO DE CABALLERÍA "SANTIAGO DE LAS VEGAS" DEL E.L.
PARTE 5
SOBRE LA COOPERACIÓN ENTRE LAS FUERZAS
Estas son las tituladas indisciplinas y desobediencias de las que puede acusarse a Juan Delgado. Aunque de todos modos resulta importante señalar que las divergencias recogidas jamás entorpecieron el desempeño de la guerra en la Habana, donde a pesar de las difíciles condiciones que ya hemos descrito, las acciones se mantuvieron sin dar tregua al enemigo por más de dos años, hasta el término de las hostilidades.
Otro mentís rotundo a la "tendencia a operar solo", que Miró atribuye a Juan Delgado, lo tenemos cuando apreciamos la disposición de este jefe mambí a la cooperación, cada vez que se requirió su concurso y/o el de sus hombres para acciones conjuntas, de acuerdo con la táctica frecuentemente utilizadas por los Regimientos de La Habana. Antes ya hemos mencionado el ataque al poblado de Bejucal por fuerzas coligadas de Castillo y Delgado, a las órdenes del primero. Por cierto, después de esta incursión Castillo expresó: "Juan Delgado y Bergés hicieron prodigios de valor. (15).
También de marzo, pero de 1897, es la comunicación que Delgado dirige a Rodolfo Bergés, uno de los jefes de escuadrón de su regimiento, para que "se ponga a las órdenes del General Castillo, con la fuerza a su digno mando" (16).
Tampoco se muestra remiso Juan Delgado a cumplir las órdenes de Castillo cuando, atendiendo a los requerimientos de este último, de que "diera un golpe de audacia que hiciera hacer estremecer el integrismo en Santiago de las Vegas", atacó a esta bien fortificada población.
No menos cooperativo se mostró con los jefes de otros regimientos. Dos sonadas acciones en la Habana lo fueron el macheteo del Batallón de San Quintín, en Maurín, el 27 de junio de 1897 y el ya mencionado ataque a Marianao, en julio del propio año. Ambos hechos los ejecutaron mancomunadamente los hombres de los regimientos "Goicuría" y "Santiago de las Vegas", mandados por sus destacados jefes Baldomero Acosta y Juan Delgado, respectivamente.
De estos hechos resulta difícil extraer la conclusión de que el comportamiento del joven coronel habanero se ajustara al patrón que Miró Argenter quiere imponerle.
Notas:
(15) Ver Gerardo Catellanos, ob. cit. Pág. 101-102
(16) Citado por Rodolfo Bergés en "Cuba y Santo Domingo". Pág. 112, La Habana, 1905.
Fin de la quinta parte.
PARTE 6
CORAJE E INICIATIVA VS. COBARDÍA Y MENTIRAS
En San Pedro hubo conductas insólitas de desmoralización en personas cuyo historial y grados no permitían siquiera imaginar, como son los casos de Pedro Díaz y Miró. Y si tan sorpresiva fue la actuación de estos durante el combate, mayor perplejidad causa lo que hicieran posteriormente, cuando el General Díaz se presentó ante el General en Jefe como el héroe que, al menos en este combate, no fue; aceptando inclusive un ascenso al grado de Mayor General, con la anuencia de Miró, quién de hecho contribuyó sobremanera con su respaldo al progreso de esta impostura.
Miró trató posteriormente de justificar su proceder ante un prestigioso oficial del Ejército Libertador, el coronel Manuel Piedra Martell, participante en la acción de San Pedro y perfecto conocedor de lo que Pedro Díaz y Miró Argenter habían hecho o dejado de hacer allí, y a quién por tanto no podían pasar gato por liebre. Conversando privadamente con Piedra Martell, Miró llegó a atribuir la paternidad de esa idea nada menos que al propio Generalísimo Máximo Gómez. (17).
Definitivamente, digámoslo sin sonrojo, fue Juan Delgado el único jefe mambí que en el fragor del combate, al enterarse del derrumbe moral y de la ausencia de la alta oficialidad en el teatro de operaciones, se dirigió a Ricardo Sartorio, el otro Coronel presente, para coordinar acciones a tomar y ante las respuestas dubitativas que recibe se encara al resto de la tropa y pronuncia una encendida arenga que, según testigos presenciales, terminaba del siguiente tenor: - ¡El que se sienta cubano y tenga valor, que me siga! (18).
Y cuando parte con el grupo que lo sigue, Juan Delgado iba convencido firmemente de que el cuerpo de Maceo (herido o ya cadáver), se encontraba en manos de los españoles, desconociéndose en ese momento que fuerzas iban a encontrar y que resistencia se les opondrían. El grupo mambí realizó disparos que fueron contestados por los españoles, no pudiéndose precisar si quienes respondieron el fuego formaban parte del desprendimiento del grueso del ejército enemigo (los 5 hombres dedicados al despojo de los cadáveres) o eran fuerzas españolas que protegían la retirada de la infantería.
Por ello apuntamos que no resulta fácil, al momento de escribir la historia, sustituir el protagonismo de los verdaderos héroes, y mucho menos que ese innoble propósito se sostenga a través del tiempo, pues la verdad siempre se abriría paso, finalmente.
Véanse, si no, las agudas observaciones que hicieron en fecha ya tan lejana como el año 1949 los veteranos integrantes del Regimiento Santiago de las Vegas. Ellos se preguntaron: "Si los Generales no hubieran reconocido tácitamente que Juan Delgado había sido el hombre de esa acción, ¿le hubieran permitido que se opusiera (o indicara) que el cadáver de Maceo no se enterrara en la llanura como ellos querían, por temor a caer en poder del enemigo, y que fuera él quien indicara lugar y familiar que debía hacerlo? (19). Esta idea fue retomada por Miguel Delgado en su libro ya citado, cuando escribió: "(......) que fue Juan Delgado quién halló los cadáveres y quien dio la voz de alerta para que terminara la velación, y quien se opuso a que los cadáveres se enterraran en el radio de Govea, como querían sus compañeros (....). Si Juan Delgado, no hubiera sido "el hombre" en San Pedro, ¿se le hubiera permitido que lo indicara y lo dispusiera todo? (20).
Finalmente, no queremos dejar de expresar, contrariamente a los conceptos vertidos en la entrevista al culto historiador Leal Spengler, que ha dado motivo a estas mal hilvanadas cuartillas, que no compartimos la tesis del "encuentro" que le atribuye a la acción de Juan Delgado y sus hombres en San Pedro, frente a la del "rescate" sostenida por numerosos historiadores y por participantes en la acción, cuando logran llegar a los cuerpos sin vida del Lugarteniente General Antonio Maceo y de su Ayudante de Campo Francisco Gómez Toro y los trasladan al cuartón de Bobadilla donde se velan tan preciosos restos, para posteriormente encontrarles segura sepultura en las lomas del Cacahual.
Sin el ánimo de abrir de nuevo una antigua polémica, nos vemos obligados a decir que ha llegado el momento de que se constituya una Comisión que investigue los detalles de la gesta heroica protagonizada por Juan Delgado, y se escriba el libro que ya se hace necesario, para que en el ya próximo Centenario de la caída del Titán se arroje definitiva luz sobre la acción bélica ya referida.
NOTAS:
(17) En Manuel Piedra Martell: Mis Primeros Treinta Años. Pág. 427 y 430. La Habana, 1979.
(18) Los Veteranos de Santiago de las Vegas, participantes en el rescate unánimente expresaban que el término preciso empleado por Delgado fue: "(...) el que tenga coj (....)"
(19) Ver artículo "Refutando Apreciaciones del señor Leopoldo Horrego sobre el combate en que cayera el General Maceo", en Bohemia de 25 de diciembre de 1949, firmado por un grupo de veteranos del Regimiento Santiago de las Vegas, participantes en los acontecimientos.
(20) Miguel Delgado, ob. cit. Pág.67. El entrecomillado es del autor.
Fin de la sexta parte.