jueves, 27 de agosto de 2026

PARTE 4 - LA CAÍDA DEL TITÁN

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CONSIDERACIONES Y ANÁLISIS DE CARÁCTER HISTÓRICO, SOBRE LA FIGURA DEL CORONEL JUAN DELGADO GONZÁLEZ, JEFE DEL REGIMIENTO DE CABALLERÍA "SANTIAGO DE LAS VEGAS" DEL E.L.

PARTE 4 

DESACIERTOS E INEXACTITUDES 

Hay que referirse a las varias inexactitudes en que incurre el General Miró Argenter en su ya mencionada obra cumbre "Crónicas de la Guerra" sobre la actuación de Juan Delgado y sus supuestas irresponsabilidades y otras faltas, tanto antes del combate de San Pedro como durante el mismo. 

Ampliamente se ha escrito sobre lo incierto de muchas de las afirmaciones de Miró.  No obstante, a pesar de las múltiples y precisas rectificaciones que se le han hecho, todavía hoy día, por desgracia, se recurre a este libro como fuente más autorizada para el estudio de lo ocurrido en San Pedro.  Esto nos obliga, una vez más, por lo menos a mencionar cuestiones que han recibido con anterioridad pormenorizada atención.  A saber: que Delgado no tuvo que ver con la deficiente exploración hecha por los cubanos; ni tuvo entre sus responsabilidades la elección del lugar del Campamento; ni que fuera Jefe de Vigilancia del mismo; ni que desobedeciera las órdenes de Maceo en medio del combate, en un flanco en el que no estaba presente  ( el flanco derecho de los cubanos), ya que se mantuvo combatiendo desde los primeros momentos en el flanco izquierdo, cuando dirigiendo una vigorosa contracarga junto a Alberto Rodríguez, pusieron en fuga a los soldados españoles, expulsándolos del campamento, lo que impidió ─ y no un milagro, como señala en la entrevista el Lic. Leal Spengler─, que el enemigo llegara al sitio donde estaba Maceo en su hamaca. 

En estos momentos no recordamos que en algunas de las versiones dadas por los participantes en las acciones de San Pedro ─ a excepción de Sánchez Figueras ─ exista declaración alguna que avale las apreciaciones de Miró.  Por el contrario, en los casos en que se refiere a ello, son unánimes en señalar que correspondía a Andrés Hernández, del Regimiento "Goicuría", la responsabilidad de oficial de día, y por tanto a cargo del servicio de exploración que, debió encomendar a hombres pertenecientes a las fuerzas de la zona en que lógicamente estaba enclavado el Campamento, así como la protección del mismo. 

Es más, el propio Miró en la versión que emitió desde el campamento de Palma Larga en Las Villas, a una semana de los tráficos acontecimientos, escribió: 

"(........) El General llamó entonces a mis informantes, conferenciando con ellos sobre el particular indicado; pero como al mismo tiempo, el Comandante Andrés Hernández, encargado ese día del servicio de exploración, trajo la noticia de que por aquellos entornos no había novedad, pues una columna que había salido de Hoyo Colorado se encaminaba manifiestamente a Punta Brava (....)  (9) 

Respecto a las "indisciplinas" y desavenencias con otros jefes, así como el "afán de operar solo" que le imputa Miró a Juan Delgado, merecen un espacio mayor. 

Sería adoptar una actitud romántica, idealizante, si afirmáramos que en nuestra provincia no existieron divergencias de pareceres o celos por prestigios ajenos; o rivalidades y ambiciones de mando.  Pero sería también oportuno preguntarse si fue este un fenómeno exclusivo de La Habana y si se limitó a la Guerra del 95.  El estudio objetivo de nuestras guerras emancipadoras nos muestra cómo, lamentablemente, estos hechos estuvieron presentes desde muy temprano, afectando en ocasiones a figuras de muy ilustre abolengo mambí. 

Limitándonos al caso de Juan Delgado, podemos apreciar de qué manera Miró en sus "Crónicas" acusa al Jefe del Regimiento "Santiago de las Vegas" de ser "(.......) un jefe de escuadrón aguerrido y audaz, pero voluntarioso y amigo de operar por su cuenta".  También lo acusa de no querer obedecer a los Coroneles Silverio Sánchez y Ricardo Sartorio. (10). 

Sobre éstos aspectos, ¿cuál era la opinión del Brigadier Adolfo del Castillo, Jefe de la Brigada Centro y por tanto jefe inmediato de Delgado?. 

A fines de abril o principios de mayo de 1897, Castillo se dirigió por escrito al Jefe de la División en los siguientes términos: 

"Según noticias el Coronel Juan Delgado ha recibido una carta u oficio del General en Jefe en que le expresa que solo el Jefe del Departamento de Occidente podrá dar órdenes e instrucciones al interesado, y que por tanto éste, o sea (sic) el Sr. Delgado dependerá directamente del Mayor General, ciudadano José Ma. Rodríguez".  "Hace cinco días que tengo mi campamento con este regimiento, y tengo el gusto de manifestar a Ud. que a pesar de todo, he observado una obediencia o sumisión satisfactoria. (.....)" (11). 

Otro documento revelador, también proveniente de Castillo es la carta que dirigió, en junio 3 de 1897 a Fernando Figueredo delegado del Partido Revolucionario Cubano en la Florida, en la que sale al paso de un mal intencionado artículo publicado por la prensa integrista, que hablaba incluso de enfrentamientos armados entre las fuerzas de éste Brigadier y las de Juan Delgado.  En esta carta, después de "suplicarte que desmienta del más enérgico  modo las infames aseveraciones  de la prensa española de La Habana" que informaba que "a consecuencia de haberse batido mutuamente las partidas de Castillo y Delgado, han resultado varias presentaciones y dispersión de estas partidas", pasa a explicar cómo el grado de desarrollo del Ejército Mambí hacía inadecuado el calificativo "partidas" aplicado a estas fuerzas y agrega:  "quisiera que los extraños a nuestra organización conocieran que no es posible que nos combatamos, porque el respeto, la disciplina y la subordinación son las dotes que más abundan en nuestro Ejército.  El ciudadano Juan Delgado, Coronel Jefe del Regimiento de Caballería "Santiago de las Vegas" a quien hace referencia el suelto en cuestión, es un obediente subalterno.  Ud. comprenderá que, si hubiera incurrido en faltas punibles, hubiera sabido aplicarle todo el rigor de nuestras leyes, sin necesidad de apelar a los medios violentos, que con perversa intención acusa la publicación española (....) (12). 

¿Significa esto que pueda afirmarse categóricamente que jamás Juan Delgado tuviera disensiones con su Jefe Castillo? No. Lo cierto es que, al igual que entre otros jefes en esta y otras provincias si se produjeron diferencias. 

En su libro "Aclaraciones Históricas", Miguel Delgado recoge una de esas divergencias.  En ocasión de haberse recibido una expedición con pertrechos de guerra, Delgado no estuvo de acuerdo con la distribución de los mismos hecha por Castillo.  Considerando injusta la repartición se negó a recibir lo asignado por su jefe.  En el futuro el Regimiento "Santiago de las Vegas" se nutrió de lo que era capaz de suministrarse a sí mismo con sus acciones. (13). 

¿Desobediencias de Juan Delgado? Sí.  Cuando se intentó colocar al frente del Regimiento "Santiago de las Vegas" a Charles Aguirre, sobrino del Jefe de la División, sin que hubiese razón alguna y estando muy lejos Aguirre de poseer las virtudes de mando y otras que si concurrían en Delgado.  Fermín Valdés Domínguez en su Diario y con fecha 22 de abril de 1896, expresa al respecto: 

"(....) Hoy he hablado con Pujols, un ayudante que trae el Masó y nos contó la valiente y digna manera de morir de Pancho Varona, y a la vez, me pintó las cobardías de Charles Aguirre, a quién José María tuvo la debilidad de nombrar Coronel en Comisión para ir a organizar el Regimiento Santiago de las Vegas, con el que tanto se destaca el Teniente Coronel Baldomero Acosta (....)" (14) 

Notas: 

(9) José Miró Argenter: "Muerte del General Antonio Maceo". Pág. 16 y 17. Las Villas. 1896.

(10) José Miró: Crónicas de la Guerra. 3ra. Edición. T III, pág. 229.  La Habana, 1943.  Adviértase que Miró identifica a Delgado como Jefe de Escuadrón, responsabilidad de mando inferior a la que realmente tenía, así como espera de él acatamiento a oficiales a los que no tenía por qué subordinarse.  Todo esto ratifica lo dicho sobre la ignorancia de Miró respecto a la organización militar en La Habana.

(11) En Miguel Delgado, ob. cit. Pág. 106, quién dice copiarla del Archivo Nacional.  Aunque no se expresa, para ser que el subrayado es de Miguel Delgado.

(12) Citado por Gerardo Castellanos, en "Adolfo del Castillo, en la Paz y en la Guerra". Pág. 109-110, La Habana, 1922.

(13) Miguel Delgado, ob. cit. Pág. 107.  El autor no revela la fuente. Nosotros suponemos sean los testimonios de los veteranos del Regimiento "Santiago de las Vegas", ya que conocíamos tal anécdota por escucharla en las tertulias del Círculo de Veteranos de esta localidad.

 (14) Fermín Valdés Domínguez, ob. cit. T-III. pág. 317.  Como es sabido, el Jefe del Regimiento "Santiago de las Vegas", desde su fundación hasta su muerte, lo fue el Coronel Juan Delgado, por lo que la mención de Baldomero Acosta es un error, atribuible a confusión de nombres.

Fin de la cuarta parte.


martes, 25 de agosto de 2026

PARTE 3. LA CAÍDA DEL TITÁN

0 ¡TOME LA PALABRA!

 

CONSIDERACIONES Y ANÁLISIS DE CARÁCTER HISTÓRICO, SOBRE LA FIGURA DEL CORONEL JUAN DELGADO GONZÁLEZ, JEFE DEL REGIMIENTO DE CABALLERÍA "SANTIAGO DE LAS VEGAS" DEL E.L. 

PARTE III 

ENCONOS Y RENCILLAS 

Existen aún otros factores no menos influyentes en la génesis del fenómeno que analizamos, referidos a los criterios adversos a Juan Delgado.  Estos factores son, quizás, aún más deplorables.  Nos referimos a los antagonismos personales. 

Como hemos comentado antes, el Coronel Silverio Sánchez, al mando en comisión de la Brigada Sur de La Habana a principios de diciembre de 1896, se consideraba con méritos suficientes para sustituir al General Aguirre en sus funciones como jefe de la División. Movido por esta ambición, tan pronto se produce la burla de la Trocha por Maceo y sus acompañantes, se acerca a Miró, con quien tenía relaciones de amistad, para pintarle un cuadro desastroso de la situación de la guerra en la provincia de La Habana, achacando tal estado de cosas a insuficiencias de Aguirre.  En esta oportunidad, también se expresó peyorativamente de jefes como Baldomero Acosta y Juan Delgado (6) 

En el caso específico de Delgado, no debe desconocerse que en Silverio Sánchez existía un resentimiento por el grave altercado tenido con el joven Coronel habanero durante la acción de Montes de Oca, el 4 de diciembre de 1896, a tres días de San Pedro.  Basta leer el "Diario de Campaña" atribuido a Sánchez Figueras, reproducido en varios números sucesivos del periódico "La Discusión", durante el mes de diciembre de 1915 en la sección "Efemérides de la Revolución" a cargo de Enrique Ubieta, para apreciar el grado de encono con que se refiere Sánchez Figueras no sólo  a Juan Delgado, sino a todo el Regimiento "Santiago de las Vegas", a quienes llega a acusar de uno de los estigmas más denigrantes que podían ser aplicados a un luchador por la independencia: el de comportamiento  cobarde en combate (7) 

Jamás nadie con anterioridad, ni después, había acusado a Juan Delgado y a sus fuerzas de cobardía.  Al contrario, de boca de hombres de probada valentía-- que serían incapaces de atenuar esta falta en caso de haber existido -- como Dionisio Arencibia, Fermín Otero o Enrique Loynaz del Castillo, entre otros, sólo escuchamos frases laudatorias en extremo, respecto al valor que en todo momento demostró Juan Delgado; un valor por encima de la media de

heroísmo, que cotidianamente se hacía presente en los campos de batalla, un valor que ellos, héroes también, juzgaban superior al propio.  Y cuando esto decían, con los ojos llameantes de admiración, nosotros comprendíamos que no se trataba de modestia personal, o las frases diplomáticas que se reservan a un Jefe muerto en acción de guerra para poder llegar a la verdad. 

No es nuestro afán destruir ninguna de las figuras que, de uno u otro modo, a veces con las debilidades propias de los hombres, coincidieron en la noble tarea de luchar por la independencia de la Patria; pero sí queremos sacar en claro cuál fue el verdadero comportamiento de Juan Delgado, antes, durante y después de la acción de San Pedro, y para ello no nos queda otra alternativa que remover estos rescoldos que, a veces, nos queman las manos, pero que hay que apartar para poder llegar a la verdad. 

Sobre los acontecimientos de Montes de Oca existen otras versiones bien distintas a las de Silverio Sánchez.  Cotéjese lo dicho en las páginas del diario "La Discusión", atribuido a Sánchez Figueras, con la versión ofrecida por los entonces sobrevivientes del Regimiento "Santiago de las Vegas", participantes también en aquel combate.  En síntesis, tal versión plantea lo siguiente: 

En Montes de Oca, zona norte del municipio Bauta, también se produjo una sorpresa a las fuerzas mambisas allí concentradas en espera de Maceo.  Como es frecuente que ocurra en tales casos, aún en los ejércitos más experimentados del mundo, se produjo un desconcierto y desorganización inicial.  Juan Delgado, como era usual, reaccionó vigorosamente y acudió a un procedimiento extremo para salvar la situación: machete en mano comenzó a propinar planazos a diestra y siniestro a los soldados cubanos que se retiraban, único modo de conjurar el pánico y reorganizar las fuerzas.  También ordenó a sus oficiales subalternos que impidieran, incluso por la fuerza, la retirada de sus tropas. Estas acciones afectaron no solo a los hombres de Delgado, sino también a los de Sánchez Figueras y aún a la persona de ese propio Coronel, quien vio, interrumpida su retirada por impedírselo un oficial del Regimiento "Santiago de las Vegas".  Silverio Sánchez se molestó por esto y posteriormente pidió a Juan Delgado que castigara al oficial que había desconocido su persona y grados.  Juan Delgado lamentó el incidente, pero se negó a cumplimentar lo solicitado por Sánchez Figueras, alegando que, en su opinión era el único modo de proceder, dadas las circunstancias.  Los ánimos se caldearon y tuvo que intervenir el Coronel Alberto Rodríguez, quién se llevó aparte a Juan Delgado para evitar males mayores.  Los veteranos del Regimiento "Santiago de las Vegas", plantean que, a partir de ese momento, Rodríguez y Delgado no se separaron más, tanto por el afán de Rodríguez de que el incidente quedara zanjado, como por la mutua simpatía que experimentaron estos dos valientes.  Los autores del artículo donde se recoge esta versión, estimaron que "en este incidente está el origen, aunque no de las intrigas contra el General Aguirre, si de los informes que predispusieron a Miró" (8) 

NOTAS: 

(6) Según Cadalso, en la extensa cita que Miguel Varona hace en su libro "La Guerra de Independencia de Cuba", Silverio Sánchez fue inclusive sometido a Consejo de Guerra por el General Aguirre, a fin de que respondiera por sus actos.  Varona, Ob. cit. T.II, pág. 1148.

(7) Ver principalmente los números del periódico "La Discusión" que corresponden a los días 6 y 8 de diciembre de 1915.

(8)  Ver "Aclaraciones sobre el Combate de San Pedro", por un grupo de veteranos del Regimiento "Santiago de las Vegas", participantes en las acciones de Montes de Oca y San Pedro.  Revista Bohemia, 19 febrero de 1950.

Fin de la tercera parte.

jueves, 20 de agosto de 2026

PARTE 2 - LA CAIDA DEL TITÁN

0 ¡TOME LA PALABRA!

CONSIDERACIONES Y ANÁLISIS DE CARÁCTER HISTÓRICO, SOBRE LA FIGURA DEL CORONEL JUAN DELGADO GONZÁLEZ, JEFE DEL REGIMIENTO DE CABALLERÍA "SANTIAGO DE LAS VEGAS" DEL E.L.
 
PARTE 2: 
 
ADAPTARSE PARA NO PERECER 
 
Lo primero que debe decirse es que estas opiniones adversas que refleja Miró Argenter sobre la conducta de Juan Delgado no tienen un solo hecho aislado como causa.  Al contrario, existieron distintos acontecimientos, en tiempo y circunstancias diversas, que al concatenarse crearon las condiciones propicias para el surgimiento y extensión de un juicio de esta naturaleza, por parte de personas cuya ética, al menos aquí, se resintió.
 
En primer término, nos referimos a las peculiares condiciones existentes en la provincia de La Habana, con poblaciones fortificadas ubicadas a relativamente cortas distancias unas de otra; con vías de comunicación, incluido el ferrocarril, más desarrolladas que en otras provincias, con un servicio de teléfono heliógrafo más eficaz que en el resto del país, con una llanura compartimentada por cercas de alambres de púas o de piedra, que dificultaban grandemente los ejercicios de la caballería cubana, tradicionalmente el arma más eficaz de los libertadores; con una concentración muy alta de militares españoles y guerrilleros que, además, podían ser prontamente movilizados y transportados, llegado el caso; y finalmente, con dificultades para las tropas cubanas de poder abastecer alimentos a grandes núcleos de soldados.
 
En tales circunstancias, los métodos de organización y mantenimiento de la guerra en esta provincia no podrían ser los mismos que en el resto del país.  Los que ignoraron esto pagaron bien caro su error, como fue el caso de la Brigada Oriental del Coronel Esteban Tamayo, casi aniquilada por las derrotas sucesivas encajadas al pretender operar en "columna cerrada".  Algo parecido le ocurrió a la fuerza de Juan Bruno Zayas, a pesar de que contó con la ayuda de Aguirre, General Jefe de División de La Habana, quien inclusive puso a la disposición de aquel a algunos de sus jefes más destacados, Juan Delgado entre ellos.
 
La experiencia rápidamente enseñó a los patriotas habaneros cuál era la táctica más adecuada, que es lo que hoy se conoce como "guerra de guerrillas", con la correspondiente fragmentación de los regimientos y asignación de misiones a Escuadrones de los mismos, produciéndose concentraciones mayores sólo en caso de acciones importantes.  El ataque al poblado de Bejucal el 8 de marzo de 1897, por fuerzas mancomunadas del Coronel Castillo, Jefe de la Brigada Centro y Juan Delgado; o el ataque a Marianao por hombres de los regimientos "Goicuria" y "Santiago de las Vegas", el 28 de julio de ese mismo año, son buenos ejemplos al respecto.  Llevadas a efecto estas operaciones las fuerzas mambisas se disgregan de nuevo rápidamente. 
 
Esta forma de operar "sui generis", no siempre fue comprendida por mambises habituados a combatir en otros territorios, con otras peculiaridades, y a quienes posiblemente se les antojara tal proceder como anárquico.  Del libro de Miguel Varona Guerrero, quien fuera Ayudante militar del Generalísimo, copiamos lo siguiente:
 
"De esta forma estratégica peculiar de las fuerzas militares habaneras en el año 1896, poco conocía el Gral. José Miró Argenter, cuando en los primeros días de diciembre del propio año formó equivocado juicio desfavorable de ellas, atribuyendo a sus jefes y oficiales ambiciones por ascensos militares, pugnas y falta de eficiencia". (1)
 
Parece ser que a este "equivocado juicio desfavorable" contribuyeron ciertas informaciones tendenciosas e intrigas, promovidas por el Coronel Silverio Sánchez Figueras, "el jefe de una de las cuatro Brigadas Habaneras, aspirante al mando de la División, quien, por su mayor acercamiento al Lugarteniente General Antonio Maceo, y por tanto de Miró, su jefe de Estado Mayor, cometió el abuso de confianza de falsear la verdad, para lograr dicho mando" (2)
 
Las particularidades de la Guerra de La Habana, impusieron aún otros procederes. En su paso relámpago por esta provincia a principios de 1896, Gómez y Maceo no dejan de advertir estas realidades y así, sin renunciar por completo a una estructura vertical de los mandos del ejército en "Cuerpo de Ejército", "Divisiones", "Brigadas", "Regimientos" etc., otorgaron mandos especiales a determinados jefes para operar en sus zonas con mayor flexibilidad y grado de independencia relativa.  Tal es el caso de Juan Delgado, nombrado por el propio Gómez, como “Capitán Reclutador de la comarca (....) como zona especial a tu mando, pero agregado al Estado Mayor y bajo mis órdenes directas" (3).
 
Por cierto, en el caso de Juan Delgado no deja de ser interesante el hecho de que, con fecha marzo 31 de 1897 el Generalísimo, desde su Cuartel General, dirige una comunicación a este Coronel en la que ratifica su decisión. Casi al final de la misiva en que responde al pésame de Delgado por la muerte de su hijo Panchito, dice: "Con las mías recibirá usted instrucciones, cuando sean necesarias, del Mayor General José Ma. Rodríguez, Jefe del Departamento de Occidente. (4)
 
Otros notables ejemplos de oficiales al mando directo de Maceo en este caso, fueron los de Baldomero Acosta, Jefe del Regimiento "Goicuría", y Juan Bruno Zayas.
 
Haber mantenido esta relación dialéctica entre la organización vertical de los mandos del ejército y a un tiempo conceder cierto grado de autonomía a los jefes, sin que esto redundara en perjuicio de la disciplina, parece haber sido uno de los méritos del Gral. Aguirre al frente de la División de La Habana.  Del trabajo del General Aguirre en la organización y sostenimiento de la guerra en la provincia de La Habana había criterios favorables en el Cuartel General, como puede apreciarse en la nota escrita por Fermín Valdés Domínguez en su Diario, el 22 de enero de 1897, después de conocer la muerte de este General. La nota dice: "Hemos sentido mucho la muerte de Aguirre, a pesar de las murmuraciones de los envidiosos, que cuentan que tienen por allá sus fuerzas vida cómoda; todos afirman que están muy ordenadas y disciplinadas.  Aguirre ha sido una pérdida". (5).
 
Notas:
(1) Miguel Varona Guerrero: La Guerra de Independencia de Cuba. Tomo II, pág. 1146, La Habana. 1946.
(2) Apreciación hecha por José Cadalso Cerecio, quién fuera Comandante del Regimiento Santiago de las Vegas y participante en todas las jornadas a las que hacemos referencia.  Recogida por Miguel Varona Guerrero, obra citada, pág. 1147.  Aunque aquí Cadalso no menciona su nombre, se está refiriendo al Coronel Silverio Sánchez Figueras como autor de tales "intrigas".  Esto está más diáfanamente expresado en un artículo posterior del propio Cadalso, publicado en la Revista Bohemia, del 19 de febrero de 1950, con el título de "Aclaraciones sobre el Combate de San Pedro".
(3) Documento publicado en 1943 por los veteranos del Regimiento Santiago de las Vegas, citado por Eladio J. González Ramós en su libro "El Coronel Juan Delgado y el Regimiento Santiago de las Vegas", premio Biografía en el Concurso de Historia 1ro. de Enero de 1975. La Habana, 1978, pág. 27.
(4) Ver Miguel Delgado: "Aclaraciones Históricas", 2da. Edición. La Habana, 1953, pág. 111.
(5) Fermín Valdés Domínguez:  Diario de Soldado, t. III, págs. 60-61, La Habana. 1975.
 Fin de la segunda parte.