martes, 1 de septiembre de 2026

La caída del Titán: Partes 5 y 6

0 ¡TOME LA PALABRA!

CONSIDERACIONES Y ANÁLISIS DE CARÁCTER HISTÓRICO, SOBRE LA FIGURA DEL CORONEL JUAN DELGADO GONZÁLEZ, JEFE DEL REGIMIENTO DE CABALLERÍA "SANTIAGO DE LAS VEGAS" DEL E.L. 

PARTE 5 

SOBRE LA COOPERACIÓN ENTRE LAS FUERZAS 

Estas son las tituladas indisciplinas y desobediencias de las que puede acusarse a Juan Delgado.  Aunque de todos modos resulta importante señalar que las divergencias recogidas jamás entorpecieron el desempeño de la guerra en la Habana, donde a pesar de las difíciles condiciones que ya hemos descrito, las acciones se mantuvieron sin dar tregua al enemigo por más de dos años, hasta el término de las hostilidades. 

Otro mentís rotundo a la "tendencia a operar solo", que Miró atribuye a Juan Delgado, lo tenemos cuando apreciamos la disposición de este jefe mambí a la cooperación, cada vez que se requirió su concurso y/o el de sus hombres para acciones conjuntas, de acuerdo con la táctica frecuentemente utilizadas por los Regimientos de La Habana.  Antes ya hemos mencionado el ataque al poblado de Bejucal por fuerzas coligadas de Castillo y Delgado, a las órdenes del primero.  Por cierto, después de esta incursión Castillo expresó: "Juan Delgado y Bergés hicieron prodigios de valor. (15). 

También de marzo, pero de 1897, es la comunicación que Delgado dirige a Rodolfo Bergés, uno de los jefes de escuadrón de su regimiento, para que "se ponga a las órdenes del General Castillo, con la fuerza a su digno mando" (16). 

Tampoco se muestra remiso Juan Delgado a cumplir las órdenes de Castillo cuando, atendiendo a los requerimientos de este último, de que "diera un golpe de audacia que hiciera hacer estremecer el integrismo en Santiago de las Vegas", atacó a esta bien fortificada población. 

No menos cooperativo se mostró con los jefes de otros regimientos.  Dos sonadas acciones en la Habana lo fueron el macheteo del Batallón de San Quintín, en Maurín, el 27 de junio de 1897 y el ya mencionado ataque a Marianao, en julio del propio año.  Ambos hechos los ejecutaron mancomunadamente los hombres de los regimientos "Goicuría" y "Santiago de las Vegas", mandados por sus destacados jefes Baldomero Acosta y Juan Delgado, respectivamente. 

De estos hechos resulta difícil extraer la conclusión de que el comportamiento del joven coronel habanero se ajustara al patrón que Miró Argenter quiere imponerle. 

Notas: 

(15) Ver Gerardo Catellanos, ob. cit. Pág. 101-102

(16) Citado por Rodolfo Bergés en "Cuba y Santo Domingo". Pág. 112, La Habana, 1905.

Fin de la quinta parte.

PARTE 6 

CORAJE E INICIATIVA VS. COBARDÍA Y MENTIRAS 

En San Pedro hubo conductas insólitas de desmoralización en personas cuyo historial y grados no permitían siquiera imaginar, como son los casos de Pedro Díaz y Miró.  Y si tan sorpresiva fue la actuación de estos durante el combate, mayor perplejidad causa lo que hicieran posteriormente, cuando el General Díaz se presentó ante el General en Jefe como el héroe que, al menos en este combate, no fue; aceptando inclusive un ascenso al grado de Mayor General, con la anuencia de Miró, quién de hecho contribuyó sobremanera con su respaldo al progreso de esta impostura. 

Miró trató posteriormente de justificar su proceder ante un prestigioso oficial del Ejército Libertador, el coronel Manuel Piedra Martell, participante en la acción de San Pedro y perfecto conocedor de lo que Pedro Díaz y Miró Argenter habían hecho o dejado de hacer allí, y a quién por tanto no podían pasar gato por liebre.  Conversando privadamente con Piedra Martell, Miró llegó a atribuir la paternidad de esa idea nada menos que al propio Generalísimo Máximo Gómez. (17). 

Definitivamente, digámoslo sin sonrojo, fue Juan Delgado el único jefe mambí que en el fragor del combate, al enterarse del derrumbe moral y de la ausencia de la alta oficialidad en el teatro de operaciones, se dirigió a Ricardo Sartorio, el otro Coronel presente, para coordinar acciones a tomar y ante las respuestas dubitativas que recibe se encara al resto de la tropa y pronuncia una encendida arenga que, según testigos presenciales, terminaba del siguiente tenor: - ¡El que se sienta cubano y tenga valor, que me siga! (18). 

Y cuando parte con el grupo que lo sigue, Juan Delgado iba convencido firmemente de que el cuerpo de Maceo (herido o ya cadáver), se encontraba en manos de los españoles, desconociéndose en ese momento que fuerzas iban a encontrar y que resistencia se les opondrían.  El grupo mambí realizó disparos que fueron contestados por los españoles, no pudiéndose precisar si quienes respondieron el fuego formaban parte del desprendimiento del grueso del ejército enemigo (los 5 hombres dedicados al despojo de los cadáveres) o eran fuerzas españolas que protegían la retirada de la infantería. 

Por ello apuntamos que no resulta fácil, al momento de escribir la historia, sustituir el protagonismo de los verdaderos héroes, y mucho menos que ese innoble propósito se sostenga a través del tiempo, pues la verdad siempre se abriría paso, finalmente. 

Véanse, si no, las agudas observaciones que hicieron en fecha ya tan lejana como el año 1949 los veteranos integrantes del Regimiento Santiago de las Vegas.  Ellos se preguntaron:  "Si los Generales no hubieran reconocido tácitamente que Juan Delgado había sido el hombre de esa acción, ¿le hubieran permitido que se opusiera (o indicara) que el cadáver de Maceo no se enterrara en la llanura como ellos querían, por temor a caer en poder del enemigo, y que fuera él quien indicara lugar y familiar que debía hacerlo? (19).  Esta idea fue retomada por Miguel Delgado en su libro ya citado, cuando escribió: "(......) que fue Juan Delgado quién halló los cadáveres y quien dio la voz de alerta para que terminara la velación, y quien se opuso a que los cadáveres se enterraran en el radio de Govea, como querían sus compañeros (....). Si Juan Delgado, no hubiera sido "el hombre" en San Pedro, ¿se le hubiera permitido que lo indicara y lo dispusiera todo? (20). 

Finalmente, no queremos dejar de expresar, contrariamente a los conceptos vertidos en la entrevista al culto historiador Leal Spengler, que ha dado motivo a estas mal hilvanadas cuartillas, que no compartimos la tesis del "encuentro" que le atribuye a la acción de Juan Delgado y sus hombres en San Pedro, frente a la del "rescate" sostenida por numerosos historiadores y por participantes en la acción, cuando logran llegar a los cuerpos sin vida del Lugarteniente General Antonio Maceo y de su Ayudante de Campo Francisco Gómez Toro y los trasladan al cuartón de Bobadilla donde se velan tan preciosos restos, para posteriormente encontrarles segura sepultura en las lomas del Cacahual. 

Sin el ánimo de abrir de nuevo una antigua polémica, nos vemos obligados a decir que ha llegado el momento de que se constituya una Comisión que investigue los detalles de la gesta heroica protagonizada por Juan Delgado, y se escriba el libro que ya se hace necesario, para que en el ya próximo Centenario de la caída del Titán se arroje definitiva luz sobre la acción bélica ya referida. 

NOTAS: 

(17) En Manuel Piedra Martell: Mis Primeros Treinta Años. Pág. 427 y 430. La Habana, 1979.

(18) Los Veteranos de Santiago de las Vegas, participantes en el rescate unánimente expresaban que el término preciso empleado por Delgado fue: "(...) el que tenga coj (....)"

(19) Ver artículo "Refutando Apreciaciones del señor Leopoldo Horrego sobre el combate en que cayera el General Maceo", en Bohemia de 25 de diciembre de 1949, firmado por un grupo de veteranos del Regimiento Santiago de las Vegas, participantes en los acontecimientos.

(20) Miguel Delgado, ob. cit. Pág.67.  El entrecomillado es del autor. 

Fin de la sexta parte.


jueves, 27 de agosto de 2026

La caída del Titán: Parte 4

0 ¡TOME LA PALABRA!

CONSIDERACIONES Y ANÁLISIS DE CARÁCTER HISTÓRICO, SOBRE LA FIGURA DEL CORONEL JUAN DELGADO GONZÁLEZ, JEFE DEL REGIMIENTO DE CABALLERÍA "SANTIAGO DE LAS VEGAS" DEL E.L.

PARTE 4 

DESACIERTOS E INEXACTITUDES 

Hay que referirse a las varias inexactitudes en que incurre el General Miró Argenter en su ya mencionada obra cumbre "Crónicas de la Guerra" sobre la actuación de Juan Delgado y sus supuestas irresponsabilidades y otras faltas, tanto antes del combate de San Pedro como durante el mismo. 

Ampliamente se ha escrito sobre lo incierto de muchas de las afirmaciones de Miró.  No obstante, a pesar de las múltiples y precisas rectificaciones que se le han hecho, todavía hoy día, por desgracia, se recurre a este libro como fuente más autorizada para el estudio de lo ocurrido en San Pedro.  Esto nos obliga, una vez más, por lo menos a mencionar cuestiones que han recibido con anterioridad pormenorizada atención.  A saber: que Delgado no tuvo que ver con la deficiente exploración hecha por los cubanos; ni tuvo entre sus responsabilidades la elección del lugar del Campamento; ni que fuera Jefe de Vigilancia del mismo; ni que desobedeciera las órdenes de Maceo en medio del combate, en un flanco en el que no estaba presente  ( el flanco derecho de los cubanos), ya que se mantuvo combatiendo desde los primeros momentos en el flanco izquierdo, cuando dirigiendo una vigorosa contracarga junto a Alberto Rodríguez, pusieron en fuga a los soldados españoles, expulsándolos del campamento, lo que impidió ─ y no un milagro, como señala en la entrevista el Lic. Leal Spengler─, que el enemigo llegara al sitio donde estaba Maceo en su hamaca. 

En estos momentos no recordamos que en algunas de las versiones dadas por los participantes en las acciones de San Pedro ─ a excepción de Sánchez Figueras ─ exista declaración alguna que avale las apreciaciones de Miró.  Por el contrario, en los casos en que se refiere a ello, son unánimes en señalar que correspondía a Andrés Hernández, del Regimiento "Goicuría", la responsabilidad de oficial de día, y por tanto a cargo del servicio de exploración que, debió encomendar a hombres pertenecientes a las fuerzas de la zona en que lógicamente estaba enclavado el Campamento, así como la protección del mismo. 

Es más, el propio Miró en la versión que emitió desde el campamento de Palma Larga en Las Villas, a una semana de los tráficos acontecimientos, escribió: 

"(........) El General llamó entonces a mis informantes, conferenciando con ellos sobre el particular indicado; pero como al mismo tiempo, el Comandante Andrés Hernández, encargado ese día del servicio de exploración, trajo la noticia de que por aquellos entornos no había novedad, pues una columna que había salido de Hoyo Colorado se encaminaba manifiestamente a Punta Brava (....)  (9) 

Respecto a las "indisciplinas" y desavenencias con otros jefes, así como el "afán de operar solo" que le imputa Miró a Juan Delgado, merecen un espacio mayor. 

Sería adoptar una actitud romántica, idealizante, si afirmáramos que en nuestra provincia no existieron divergencias de pareceres o celos por prestigios ajenos; o rivalidades y ambiciones de mando.  Pero sería también oportuno preguntarse si fue este un fenómeno exclusivo de La Habana y si se limitó a la Guerra del 95.  El estudio objetivo de nuestras guerras emancipadoras nos muestra cómo, lamentablemente, estos hechos estuvieron presentes desde muy temprano, afectando en ocasiones a figuras de muy ilustre abolengo mambí. 

Limitándonos al caso de Juan Delgado, podemos apreciar de qué manera Miró en sus "Crónicas" acusa al Jefe del Regimiento "Santiago de las Vegas" de ser "(.......) un jefe de escuadrón aguerrido y audaz, pero voluntarioso y amigo de operar por su cuenta".  También lo acusa de no querer obedecer a los Coroneles Silverio Sánchez y Ricardo Sartorio. (10). 

Sobre éstos aspectos, ¿cuál era la opinión del Brigadier Adolfo del Castillo, Jefe de la Brigada Centro y por tanto jefe inmediato de Delgado?. 

A fines de abril o principios de mayo de 1897, Castillo se dirigió por escrito al Jefe de la División en los siguientes términos: 

"Según noticias el Coronel Juan Delgado ha recibido una carta u oficio del General en Jefe en que le expresa que solo el Jefe del Departamento de Occidente podrá dar órdenes e instrucciones al interesado, y que por tanto éste, o sea (sic) el Sr. Delgado dependerá directamente del Mayor General, ciudadano José Ma. Rodríguez".  "Hace cinco días que tengo mi campamento con este regimiento, y tengo el gusto de manifestar a Ud. que a pesar de todo, he observado una obediencia o sumisión satisfactoria. (.....)" (11). 

Otro documento revelador, también proveniente de Castillo es la carta que dirigió, en junio 3 de 1897 a Fernando Figueredo delegado del Partido Revolucionario Cubano en la Florida, en la que sale al paso de un mal intencionado artículo publicado por la prensa integrista, que hablaba incluso de enfrentamientos armados entre las fuerzas de éste Brigadier y las de Juan Delgado.  En esta carta, después de "suplicarte que desmienta del más enérgico  modo las infames aseveraciones  de la prensa española de La Habana" que informaba que "a consecuencia de haberse batido mutuamente las partidas de Castillo y Delgado, han resultado varias presentaciones y dispersión de estas partidas", pasa a explicar cómo el grado de desarrollo del Ejército Mambí hacía inadecuado el calificativo "partidas" aplicado a estas fuerzas y agrega:  "quisiera que los extraños a nuestra organización conocieran que no es posible que nos combatamos, porque el respeto, la disciplina y la subordinación son las dotes que más abundan en nuestro Ejército.  El ciudadano Juan Delgado, Coronel Jefe del Regimiento de Caballería "Santiago de las Vegas" a quien hace referencia el suelto en cuestión, es un obediente subalterno.  Ud. comprenderá que, si hubiera incurrido en faltas punibles, hubiera sabido aplicarle todo el rigor de nuestras leyes, sin necesidad de apelar a los medios violentos, que con perversa intención acusa la publicación española (....) (12). 

¿Significa esto que pueda afirmarse categóricamente que jamás Juan Delgado tuviera disensiones con su Jefe Castillo? No. Lo cierto es que, al igual que entre otros jefes en esta y otras provincias si se produjeron diferencias. 

En su libro "Aclaraciones Históricas", Miguel Delgado recoge una de esas divergencias.  En ocasión de haberse recibido una expedición con pertrechos de guerra, Delgado no estuvo de acuerdo con la distribución de los mismos hecha por Castillo.  Considerando injusta la repartición se negó a recibir lo asignado por su jefe.  En el futuro el Regimiento "Santiago de las Vegas" se nutrió de lo que era capaz de suministrarse a sí mismo con sus acciones. (13). 

¿Desobediencias de Juan Delgado? Sí.  Cuando se intentó colocar al frente del Regimiento "Santiago de las Vegas" a Charles Aguirre, sobrino del Jefe de la División, sin que hubiese razón alguna y estando muy lejos Aguirre de poseer las virtudes de mando y otras que si concurrían en Delgado.  Fermín Valdés Domínguez en su Diario y con fecha 22 de abril de 1896, expresa al respecto: 

"(....) Hoy he hablado con Pujols, un ayudante que trae el Masó y nos contó la valiente y digna manera de morir de Pancho Varona, y a la vez, me pintó las cobardías de Charles Aguirre, a quién José María tuvo la debilidad de nombrar Coronel en Comisión para ir a organizar el Regimiento Santiago de las Vegas, con el que tanto se destaca el Teniente Coronel Baldomero Acosta (....)" (14) 

Notas: 

(9) José Miró Argenter: "Muerte del General Antonio Maceo". Pág. 16 y 17. Las Villas. 1896.

(10) José Miró: Crónicas de la Guerra. 3ra. Edición. T III, pág. 229.  La Habana, 1943.  Adviértase que Miró identifica a Delgado como Jefe de Escuadrón, responsabilidad de mando inferior a la que realmente tenía, así como espera de él acatamiento a oficiales a los que no tenía por qué subordinarse.  Todo esto ratifica lo dicho sobre la ignorancia de Miró respecto a la organización militar en La Habana.

(11) En Miguel Delgado, ob. cit. Pág. 106, quién dice copiarla del Archivo Nacional.  Aunque no se expresa, para ser que el subrayado es de Miguel Delgado.

(12) Citado por Gerardo Castellanos, en "Adolfo del Castillo, en la Paz y en la Guerra". Pág. 109-110, La Habana, 1922.

(13) Miguel Delgado, ob. cit. Pág. 107.  El autor no revela la fuente. Nosotros suponemos sean los testimonios de los veteranos del Regimiento "Santiago de las Vegas", ya que conocíamos tal anécdota por escucharla en las tertulias del Círculo de Veteranos de esta localidad.

 (14) Fermín Valdés Domínguez, ob. cit. T-III. pág. 317.  Como es sabido, el Jefe del Regimiento "Santiago de las Vegas", desde su fundación hasta su muerte, lo fue el Coronel Juan Delgado, por lo que la mención de Baldomero Acosta es un error, atribuible a confusión de nombres.

Fin de la cuarta parte.


martes, 25 de agosto de 2026

La caída del Titán: Parte 3

0 ¡TOME LA PALABRA!

 

CONSIDERACIONES Y ANÁLISIS DE CARÁCTER HISTÓRICO, SOBRE LA FIGURA DEL CORONEL JUAN DELGADO GONZÁLEZ, JEFE DEL REGIMIENTO DE CABALLERÍA "SANTIAGO DE LAS VEGAS" DEL E.L. 

PARTE III 

ENCONOS Y RENCILLAS 

Existen aún otros factores no menos influyentes en la génesis del fenómeno que analizamos, referidos a los criterios adversos a Juan Delgado.  Estos factores son, quizás, aún más deplorables.  Nos referimos a los antagonismos personales. 

Como hemos comentado antes, el Coronel Silverio Sánchez, al mando en comisión de la Brigada Sur de La Habana a principios de diciembre de 1896, se consideraba con méritos suficientes para sustituir al General Aguirre en sus funciones como jefe de la División. Movido por esta ambición, tan pronto se produce la burla de la Trocha por Maceo y sus acompañantes, se acerca a Miró, con quien tenía relaciones de amistad, para pintarle un cuadro desastroso de la situación de la guerra en la provincia de La Habana, achacando tal estado de cosas a insuficiencias de Aguirre.  En esta oportunidad, también se expresó peyorativamente de jefes como Baldomero Acosta y Juan Delgado (6) 

En el caso específico de Delgado, no debe desconocerse que en Silverio Sánchez existía un resentimiento por el grave altercado tenido con el joven Coronel habanero durante la acción de Montes de Oca, el 4 de diciembre de 1896, a tres días de San Pedro.  Basta leer el "Diario de Campaña" atribuido a Sánchez Figueras, reproducido en varios números sucesivos del periódico "La Discusión", durante el mes de diciembre de 1915 en la sección "Efemérides de la Revolución" a cargo de Enrique Ubieta, para apreciar el grado de encono con que se refiere Sánchez Figueras no sólo  a Juan Delgado, sino a todo el Regimiento "Santiago de las Vegas", a quienes llega a acusar de uno de los estigmas más denigrantes que podían ser aplicados a un luchador por la independencia: el de comportamiento  cobarde en combate (7) 

Jamás nadie con anterioridad, ni después, había acusado a Juan Delgado y a sus fuerzas de cobardía.  Al contrario, de boca de hombres de probada valentía-- que serían incapaces de atenuar esta falta en caso de haber existido -- como Dionisio Arencibia, Fermín Otero o Enrique Loynaz del Castillo, entre otros, sólo escuchamos frases laudatorias en extremo, respecto al valor que en todo momento demostró Juan Delgado; un valor por encima de la media de

heroísmo, que cotidianamente se hacía presente en los campos de batalla, un valor que ellos, héroes también, juzgaban superior al propio.  Y cuando esto decían, con los ojos llameantes de admiración, nosotros comprendíamos que no se trataba de modestia personal, o las frases diplomáticas que se reservan a un Jefe muerto en acción de guerra para poder llegar a la verdad. 

No es nuestro afán destruir ninguna de las figuras que, de uno u otro modo, a veces con las debilidades propias de los hombres, coincidieron en la noble tarea de luchar por la independencia de la Patria; pero sí queremos sacar en claro cuál fue el verdadero comportamiento de Juan Delgado, antes, durante y después de la acción de San Pedro, y para ello no nos queda otra alternativa que remover estos rescoldos que, a veces, nos queman las manos, pero que hay que apartar para poder llegar a la verdad. 

Sobre los acontecimientos de Montes de Oca existen otras versiones bien distintas a las de Silverio Sánchez.  Cotéjese lo dicho en las páginas del diario "La Discusión", atribuido a Sánchez Figueras, con la versión ofrecida por los entonces sobrevivientes del Regimiento "Santiago de las Vegas", participantes también en aquel combate.  En síntesis, tal versión plantea lo siguiente: 

En Montes de Oca, zona norte del municipio Bauta, también se produjo una sorpresa a las fuerzas mambisas allí concentradas en espera de Maceo.  Como es frecuente que ocurra en tales casos, aún en los ejércitos más experimentados del mundo, se produjo un desconcierto y desorganización inicial.  Juan Delgado, como era usual, reaccionó vigorosamente y acudió a un procedimiento extremo para salvar la situación: machete en mano comenzó a propinar planazos a diestra y siniestro a los soldados cubanos que se retiraban, único modo de conjurar el pánico y reorganizar las fuerzas.  También ordenó a sus oficiales subalternos que impidieran, incluso por la fuerza, la retirada de sus tropas. Estas acciones afectaron no solo a los hombres de Delgado, sino también a los de Sánchez Figueras y aún a la persona de ese propio Coronel, quien vio, interrumpida su retirada por impedírselo un oficial del Regimiento "Santiago de las Vegas".  Silverio Sánchez se molestó por esto y posteriormente pidió a Juan Delgado que castigara al oficial que había desconocido su persona y grados.  Juan Delgado lamentó el incidente, pero se negó a cumplimentar lo solicitado por Sánchez Figueras, alegando que, en su opinión era el único modo de proceder, dadas las circunstancias.  Los ánimos se caldearon y tuvo que intervenir el Coronel Alberto Rodríguez, quién se llevó aparte a Juan Delgado para evitar males mayores.  Los veteranos del Regimiento "Santiago de las Vegas", plantean que, a partir de ese momento, Rodríguez y Delgado no se separaron más, tanto por el afán de Rodríguez de que el incidente quedara zanjado, como por la mutua simpatía que experimentaron estos dos valientes.  Los autores del artículo donde se recoge esta versión, estimaron que "en este incidente está el origen, aunque no de las intrigas contra el General Aguirre, si de los informes que predispusieron a Miró" (8) 

NOTAS: 

(6) Según Cadalso, en la extensa cita que Miguel Varona hace en su libro "La Guerra de Independencia de Cuba", Silverio Sánchez fue inclusive sometido a Consejo de Guerra por el General Aguirre, a fin de que respondiera por sus actos.  Varona, Ob. cit. T.II, pág. 1148.

(7) Ver principalmente los números del periódico "La Discusión" que corresponden a los días 6 y 8 de diciembre de 1915.

(8)  Ver "Aclaraciones sobre el Combate de San Pedro", por un grupo de veteranos del Regimiento "Santiago de las Vegas", participantes en las acciones de Montes de Oca y San Pedro.  Revista Bohemia, 19 febrero de 1950.

Fin de la tercera parte.