Mostrando entradas con la etiqueta recuerdos olvidados. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta recuerdos olvidados. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de septiembre de 2026

Santiago de las Vegas en 1893

1 ¡TOME LA PALABRA!

Autor: Osvaldo Jiménez Vázquez, Arqueólogo

El presente texto parte de cuatro estampas literarias sobre Santiago de las Vegas escritas por el deportista e intelectual Wenceslao Gálvez y Delmonte (Matanzas, 1867 ─ La Habana, 1951) y publicadas en el libro Costumbres, sátiras, observaciones. (1) 


Wen Gálvez, como solía firmar sus escritos, es una de esas figuras olvidadas de la cultura cubana. Pertenece a la tradición del béisbol del siglo XIX, siendo un notable jugador de short stop y un bateador de respeto, campeón de bateo en la temporada de 1886, jugando para el club Almendares, con excelente promedio de 345. También forma parte de la saga de la literatura insular. Es autor de la primera historia del béisbol en Cuba. (2, 3) 

Nuestras investigaciones arrojaron que Wen Gálvez y su esposa, Amelia Moreira, residieron en Santiago de las Vegas en 1893, ejerciendo este como abogado en el Juzgado Municipal. Habitaban un inmueble situado en la calle Amargura (hoy calle 11), entre Cacahual (calle 14) y Desamparados (calle 18). Esto se colige de una de las estampas, donde Gálvez expone: “El cementerio está situado al final de la calle donde vivo. Desde la ventana veo todas las tardes su portada de hierro oxidado y sus paredes negras”. 

viernes, 24 de julio de 2026

¿Circularon trenes eléctricos por Santiago de las Vegas?

0 ¡TOME LA PALABRA!

Autor: Dr. Arturo Chi Maimó, MSc. 

En las primeras cuatro décadas del siglo XX existieron  tres líneas eléctricas suburbanas en la Habana: las de Guanajay, Güines y Rincón. El 12 de noviembre de  1906, la Havana Central Railroad Company comenzó a explotar el ferrocarril eléctrico suburbano, de aproximadamente 50 kilómetros de longitud, que conectaba el muelle de Paula con Guanajay. En febrero de 1907 se abre un segundo servicio de transporte público con 32 kilómetros que iba de la estación Arsenal hasta San José de la Lajas. Un mes después los trenes circularían hasta Güines por una prolongación de 19 km. Esta línea, que totalizó 51 Km de longitud, se conoció como Línea Eléctrica de Güines.

lunes, 5 de mayo de 2025

El Comité de Gobierno Municipal: Una iniciativa adelantada a su tiempo en Santiago de las Vegas

2 ¡TOME LA PALABRA!

Autor: Ing. Arsenio J. Alemán

Antecedentes que deben ser conocidos

Corre el año 1940. Año de elecciones en Cuba. Acaba de ser aprobada una nueva Constitución. El ambiente político está en su apogeo.

En Santiago de las Vegas deben celebrarse elecciones para ocupar el cargo de Alcalde y también deben elegirse los nuevos concejales. Hay varios candidatos y múltiples partidos involucrados en el proceso.  La campaña electoral es intensa. Los candidatos con más posibilidades fueron el representante del PRC(A), Benjamín “Mino” Rodríguez Camero y el representante de Acción Republicana, Dionisio Manuel Martínez. Resultó electo “Mino”.

jueves, 20 de octubre de 2022

Apuntes sobre el ciclón del 1926 en Santiago de las Vegas

1 ¡TOME LA PALABRA!

Por Ing. Arsenio J. Alemán Agusti | Santiago de las Vegas.

Uno de los huracanes que azotaron Cuba en el siglo XX y de relevancia por los daños causados fue el acaecido en 1926.

Ocurrió el 20 de octubre de ese año y azotó fundamentalmente la Isla de Pinos (hoy Isla de la Juventud) y la entonces provincia de La Habana (que es hoy la actual provincia de La Habana más parte de la actual provincia de Artemisa y la actual provincia de Mayabeque).

Según datos ofrecidos por el entonces Observatorio Nacional (hoy Instituto de Meteorología) tuvo vientos sostenidos de 193 kilómetros por hora, (sería hoy clasificado como de categoría 3 en la escala Saffir-Simpson de 5 posibles), causando estragos en infinidad de edificios e innumerables casas destruidas y un saldo estimado de unas 650 víctimas fatales en el país.

Santiago de las Vegas fue castigado por dicho huracán, según aparece reportado en la prensa de la época.

La solidez de las edificaciones de Santiago de las Vegas en aquel entonces no fue suficiente como para resistir los embates del furioso viento. De esa forma múltiples moradas de trabajadores quedaron destruidas. Igualmente afectó la Casa Consistorial, incluyendo el reloj que exhibía en su torreta frontal, dejó prácticamente inservible el edificio del Centro de Instrucción y Recreo y los edificios en los que se encontraban los talleres de despalillados de la firma J. Echavarría y Cía., quedando inútiles para sus funciones. El carro fúnebre de la localidad quedó totalmente destruido. Igualmente quedaron en el suelo los muros del cementerio local; resultó igualmente dañado el matadero, el alumbrado del parque Juan Delgado y el reloj de nuestra Iglesia Parroquial. El pueblo quedó sin electricidad y sin comunicación telefónica. No hay reportes de fallecidos al paso del ciclón en nuestro pueblo.

El Ayuntamiento creó dos comisiones especiales de trabajo: una para realizar un inventario de casas arrasadas y otra para realizar un censo de familias necesitadas de auxilio.

De igual manera, el Sr. Alcalde, Cmdte. Ignacio Castro Ruiz, entregó personalmente al Sr. Presidente de la República un mensaje solicitando auxilios, demanda que fue atendida por la Secretaría de Gobernación.

lunes, 10 de octubre de 2022

10 de octubre: Centenario de la Banda Municipal de Música de Santiago de las Vegas

0 ¡TOME LA PALABRA!

Compilación y redacción: Arsenio J. Alemán Agusti | Santiago de las Vegas.

Banda Municipal de Música. Fotografía de 1922 

10 de octubre de 2022. Se cumplen 100 años de la creación de la Banda Municipal de Música de Santiago de las Vegas. 

Cuando nos referimos a una Banda de Música debemos entender que ese término se refiere a un esquema concreto de agrupación musical formada básicamente por instrumentos de viento y percusion y su existencia data de tiempos muy antiguos. Textos de civilizaciones tales como la hebrea, egipcia, china refieren la existencia de agrupaciones de instrumentos de viento y de percusión que servían para acompañar los cultos religiosos y los combates. Las bandas pueden clasificarse según su formato y función social. La Banda Municipal de Música de Santiago de las Vegas, fue y es una banda civil  cuya función básica es la realización de conciertos y el entretenimiento, lo que no le impide participar en ceremonias oficiales, militares o religiosas. Su carácter público viene dado porque fue creada y ha sido sostenida financieramente por una institución gubernamental. 

Grandes maestros compusieron música para estos formatos de bandas con instrumentos de viento y percusión, como las Tres Marchas Militares de Beethoven. Verdi, como director, presentó en 1828 su Obertura para Banda. Y en nuestro país, Amadeo Roldán estrenó, en 1930, sus Rítmica V y Rítmica VI, dando inicio al movimiento de composiciones cubanas para ese tipo de agrupación. 

jueves, 24 de junio de 2021

Recuerdos olvidados: Los espejos de los abuelos

1 ¡TOME LA PALABRA!

por José Alberto Balido | Madrid, España

Memphis CVB
Últimamente estoy recordando mucho a mi querida Abuela Nana (Altagracia Pérez Álvarez, 1905-1999) y los cuentos de su niñez. Hoy poniéndome la mascarilla contra la COVID frente al espejo de la entrada, siento su voz diciéndome que en casa de sus abuelos, cuando alguien fallecía, tapaban todos los espejos. ¿Por qué? No sabía decirme. Alguna costumbre cuyos orígenes se remontaban a la época de los ancestros.

Pero, ¿qué ancestros? Recordaba haber leído alguna vez que los judíos, al fallecer un familiar, velaban los espejos durante el período de shiva, o luto, hasta el entierro, presuntamente para desalentar la vanidad en ese momento de duelo y permitir que los sobrevivientes concentrasen su dolor en el difunto.

¿Seríamos criptojudíos en mi familia? 

jueves, 3 de junio de 2021

Un recuerdo olvidado: One, Two, Three, Aleerie

4 ¡TOME LA PALABRA!

por José Balido Hernández | Madrid, España

One, two, three, aleerie, 
Four, five, six, aleerie, 
Seven, eight, nine, aleerie,
Ten, aleerie over ball.

Siendo yo niño, me contaba mi dulce Abuela Nana (Altagracia Pérez Álvarez, 1905-1999) que recordaba de su lejana niñez que en la escuela pública en Santiago de las Vegas, donde solo llegó hasta el segundo grado, le enseñaron a contar en inglés con una cancioncita que yo entendía como "one, two, three, a lady...". Esta se cantaba a la vez que se hacía rebotar una pelota que luego se pasaba por debajo de una pierna alzada, luego la otra, y así sucesivamente. 


Como tantos cuentos de mi abuela, quedó grabado en mi memoria, pero luego con el tiempo y la distancia, cayó en el olvido... hasta que, un día no hace mucho, viviendo yo en Madrid y sin saber por qué, irrumpió esa melodía sencilla en mi mente. 

miércoles, 22 de mayo de 2019

Recuerdos de pequeñas cosas

4 ¡TOME LA PALABRA!

por Giselle Balido | Miami, Florida

Mi querida abuela Nana
Como diría la canción del cantante catalán Joan Manuel Serrat...

A veces, los recuerdos llegan de repente, sin avisarnos, sin una razón aparente y sin una historia que los conecte; son simplemente memorias aleatorias que surgen espontáneas, quién sabe por qué. Sólo sé que muchas veces durante el día o la noche, cuando menos me lo espero, de mi Santiago de las Vegas me vienen a la mente…

Las manos de mi abuela Nana rociando la montaña de sábanas blancas recién quitadas de la tendedera, antes de plancharlas…

La cafetera, una especie de aro de metal con un colador de una lona gruesa, donde se colaba el café, que caía en un jarrito de metal…

Las tacitas pequeñitas donde se servía el café, y las señoras y señores que, antes de beberlo (aún no sé por qué) vertían un poco de café en el platico…


El Parque Viejo. Imagen de la colección de Leonardo Gravier.
El silencio casi sagrado que se sentía en el Parque de la Glorieta, con su linda fuente española…

El color azul intenso del añil que se usaba para lavar la ropa…

La cazuela honda de sopa de pollo ¡con la pata de la gallina flotando entre las papas y las cebollas!

El señor que pasaba con un latón cuadrado, recogiendo sobras “para el cochinito”…

El sillón de Gerónimo el limpiabotas, que lo recuerdo muy adornado, como un trono, donde me gustaba sentarme para ver todo desde su “altura”…

Después de una buena lluvia, el agua que corría por la zanja en las calles y los barquitos de papel que a los niños nos gustaba echar a navegar en ella…

Las novelitas de Corín Tellado y de vaqueros, que prestaban por cinco centavos, colgadas de una cuerda en la casa de "La Niña Govín" (así se le llamaba a la señora) y los papalotes de colores brillantes como gemas, con colas largas llenas de lacitos, que colgaban alto en la pared…

A Pedro, del chinchal de Delia, moliendo la caña para hacer guarapo…

La sonrisa contagiosa de “Bigote” el bodeguero, y a Emilio “el chino” leyendo un periódico en su idioma con unos símbolos que a mí se me hacían indescifrables…

El gofio con leche que me preparaba abuela Alicia y las latas de leche condensada que hervía mi abuela Nana para hacer dulce de leche…

www.hlebopechka.ru
Esa curiosa cinta de la hoja del plátano que mi abuelo Gabriel le ponía a cada barra de su delicioso pan, y que quitábamos antes de comerlo…

Los pececitos de colores nadando en los estanques del chino Siam, y la sala de su casa, llena de sus pinceles y paletas con colores, donde hacía sus pinturas…

El tamborileo de la lluvia golpeando un techo de zinc...y el olor fresco después de la lluvia.

En fin, tantos recuerdos queridos que, como bien dice Joan Manuel Serrat en su canción “Pequeñas cosas”, “acechan tras de la puerta… y nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve”.

¿Qué recuerdos pequeños tiene usted de su vida en Santiago de las Vegas en su época de oro? Haga click en "¡Tome la palabra!" y cuéntenos.


miércoles, 27 de febrero de 2019

Un recuerdo especial de 'Nena Fo'

3 ¡TOME LA PALABRA!

por Giselle Balido | Miami, Florida

Hay momentos en nuestra vida que, por algún motivo que desconocemos, se nos graban en la memoria para siempre. Eso fue lo que me ocurrió hace más de 50 años en Santiago de Las Vegas. Recuerdo que era un día soleado. Yo estaba en la puerta de mi casa, tal vez esperando por mis compañeros de aventuras: Rosita y Gisela, Toñito, María del Carmen…, cuando sentí una algarabía, un cantico repetitivo y burlón entre gritos y carcajadas. Unos niños (nunca los había visto antes) gritaban “¡Nena Fo, Nena Fo!”, alrededor de una figura algo regordeta, que vestía una especie de bata de casa ancha y corta, creo que estampada. “¡Nena Fo, Nena Fo!”, gritaban los niños, saltando y bailoteando a su alrededor. La figura se alzó la saya, desafiante, y esto provocó que los niños se rieran más. 

Aquella escena, que tenía algo de circense, por un momento se me hizo cómica. Pero solo por un momento. Algo hizo que no me uniera al coro. No recuerdo cómo terminó ese breve episodio, pero la imagen de aquella mujer alzando su saya en desafío, usando la única “arma” que tenia para defenderse, me dejó inmóvil y, la verdad, confundida y triste. 

No recuerdo si alguna vez pregunté por ella; pero la grabé en mi mente. En realidad, nunca más supe de Nena Fo. Y sin embargo, a lo largo de más de medio siglo, muchas veces, en los momentos menos esperados, me llega a la mente ese estribillo burlón “¡Nena Fo, Nena Fo!” Y siento indignación y una profunda tristeza al imaginar su soledad, tal vez su pánico al sentirse acorralada, sin saber por qué. 

En mi mente, Nena Fo se volvió un personaje mítico, como el Boo Radley de “Matar a un ruiseñor” que, al final de esa historia que encierra una gran injusticia, nos devuelve el sentido de asombro de la niñez y nos llena el corazón de dulzura.

¿Padecería de una enfermedad mental? Su insólita reacción al acoso de los niños parece indicarlo. ¿O sería simplemente una persona eccéntrica? Hace poco pregunté sobre ella. Se sabe que vivía en el humilde barrio conocido como "El Rancho Grande", más allá de la línea del ferrocarril, y que salía por las tardes en busca de comida en unas latas que llevaba junto con sus hijos Conradito y Zenaida, y que tanto mi querida abuela Nana como su vecina e íntima amiga Irma Romero le daban de lo que les quedaba de sus comidas familiares, entre otros santiagueros bondadosos. 

“¿Nena Fo?”, me dijo otra persona, con una sonrisa que empezaba a ser burlona. “Se maquillaba más que nadie en el pueblo…” Y me la imaginé en la mañana, frente al espejo, tratando de “ponerse linda”. ¿Pensaba que así sería más aceptable? ¿Acaso soñaba con el amor? Porque no solo los lindos y los “aceptables” sueñan; todos, en alguna cámara secreta del corazón, soñamos con la ilusión con la que un niño espera los Reyes Magos. ¿Qué soñaba ella para su única y preciosa vida? ¿Alguna vez lo encontró? De todo corazón ruego que sí. 

¿Por qué ha persistido Nena Fo en mi memoria? Quizás porque a pesar de haber salido de Cuba a los 11 años y de haber vivido toda mi vida en “el Norte”, nunca he dejado de sentirme extranjera; tal vez porque sé lo que es ser la niña nueva en la escuela, sentir las miradas curiosas sobre mí, o porque recuerdo lo frustrante que era no poder expresarme como hubiera querido. O simplemente porque todos, alguna vez, nos hemos sentido como Nena Fo. 

Escribo esto porque, no sé por qué, no quiero olvidarla. Y quisiera que otros, si la recuerdan, lo hagan con el respeto y la dignidad que siempre mereció. 

sábado, 2 de abril de 2016

Los pulgares de mi abuela

12 ¡TOME LA PALABRA!

por José Alberto Balido | Miami, Florida

Los pulgares de mi abuela. Insólito tema, sin lugar a dudas, pero hoy los recordé y sentí ese vacío tan particular que nos deja la pérdida de un ser querido, por mucho tiempo que haya pasado. Cerrando los ojos, la vi meciéndose en su sillón, con su mirada plácida que reflejaba quizás una profunda paz espiritual. O una profunda saudade, como dicen los gallegos de Galicia. Nunca lo sabremos. Y más abajo, en su amplio regazo, sus dedos entrelazados. Piel de cebolla, un anillo de amatista de su madre que alguien trajo de Cuba... y sus pulgares girando, siempre girando en torno a un eje imaginario en una carrera sin fin hacia el próximo momento, al son del crujir de la madera sobre las baldosas.

Altagracia Pérez Álvarez
(1905-1999)
¿Por qué lo hacía? Esas manos que sintieron, que quisieron, que criaron y acariciaron y consolaron y cocinaron y plancharon, infinitos movimientos que tejieron en el aire de Santiago de las Vegas y de Miami la historia de su vida; esas manos reducidas a esto, a ese inexplicable e interminable girar. A los niños nos hacía gracia; una manía boba de viejos. Y hoy, a pocos años de la edad que tenía mi querida abuela Nana cuando yo llegué al mundo, entiendo que esos movimientos eran quizás el único escape de la energía embotellada de toda una vida de recuerdos. Una ansiedad sedentaria, por decirlo así.

¿Sería la suya la última generación que disfrutó de ese ocio, de esa vida más lenta que hacía posible su gracioso girar? Los pulgares de las generaciones posteriores no tendrán tiempo, adictos al embrujo de las tabletas y los smartphones. Nadie recordará que hubo una vez un mundo donde la comunicación era de cara a cara y las personas se visitaban, y había tiempo suficiente para placeres tan simples como el hipnotizante girar de los pulgares; y así perderemos para siempre, si no hemos perdido ya, esta costumbre. Nadie recordará.

Pero yo sí recuerdo, como recuerdo una noche que me llamó a su habitación, ya en el crepúsculo de su larga vida, presintiendo el fin que se acercaba, sólo para preguntarme: "¿Tú no me vas a olvidar?" Por eso he escrito este insólito "recuerdo olvidado", mi querida abuela Nana: porque no te vamos a olvidar. Ni a ti ni a tus dulces dedos, ni a tu mundo que ya no volverá.

martes, 10 de noviembre de 2015

Cecilio, el negro jutiero

4 ¡TOME LA PALABRA!

por Leonardo Gravier | Coral Gables, Florida

Entre los animales de la fauna cubana, recuerdo muchos que eran famosos por su exotismo y escasez; muchos a punto de extinción (como el almiquí). Muchos sirvieron de alimentos a los aborígenes cubanos y a los mambises; otros fueron beneficiosos a la agricultura— tales como el majá de Santa María (el boa cubano) o el jubo—. Pero el más solicitado por los cubanos desde la colonización hasta nuestros días, fue un roedor, fitófago, de la familia capromyidæ que estaba compuesta por ocho especies: la jutía. De éstas, las más buscadas eran la conga (capromys pilorides, abajo derecha) y la carabalí (Mysateles prehensilis, abajo izquierda). La conga era la más codiciada por su tamaño (podía tener más de  19 libras) y por ser más dócil y fácil de atrapar por vivir en cuevas no muy profundas. La carabalí era más ligera, difícil de atrapar  (vivía en los árboles altos) y era agresiva. Siempre andaban en grupos.


Muchos extranjeros que conocían por referencia a Cuba, habían oído hablar de la jutía. Los esclavos, en tiempos coloniales eran expertos en atraparlas y les transmitieron los nombres de sus etnias: conga o carabalí. Yo nunca tuve la oportunidad de saborear una jutía, pero sí oía los cuentos de un peón de albañil en una fabricación que hacía mi padre al lado de mi casa (Ceferino). Éste en los fines de semana, subía a las lomas que rodeaban a Santiago a cazarlas. Siempre iba acompañado de su perrito, experto en atraparlas y con cicatrices de antiguos combates con las jutías. Los perros de pequeño tamaño eran los que se usaban en la caza.

Ceferino nos brindó una que otra jutía, para que yo la probara (yo era un niño en esa época), pero mi madre siempre se negó a aceptar tan generosa oferta. Mi padre sí la había comido varias veces. Me contaba que un día trajeron a Santiago a Don Eduardo Ortega y Gasset, abogado e influyente político español, exiliado en La Habana a principios de la década del cuarenta. Hermano del conocido filósofo Don José y amigo y compañero de letras del gran Don Miguel de Unamuno.

Don Eduardo vino a Santiago —ignoro dónde prepararon el manjar—, especialmente a comer jutías. Me contaba mi padre que quedó impresionado con la jutía conga que le habían preparado, así como con nuestro pueblo y su hospitalidad que ya conocía. Don Eduardo decía que le había gustado más que los conejos que era una de sus comidas favoritas.

Pasaron muchos años. Demarest's hutia.jpg Aquí en Miami, mi padre recordó a un negro nacido en aquel Santiago del Siglo XIX; pasaba por su casa, siendo mi padre un niño, y era un experto cazador de jutías. Aquel buen hombre, de escasos recursos económicos, llamado Cecilio, había entrenado a un perrito, diestro ya en el oficio de su dueño, a cazar jutías. Mi padre me contaba que él lo veía pasar para la loma, mas no lo veía al regreso por ser ya tarde y él estar ya durmiendo. Sólo por referencia de sus hermanos sabía el resultado de la expedición.

Recordando a aquel experto cazador, solamente armado de su experiencia y de su perrito, compuso mi padre, Gabriel M. Gravier el siguiente poema.

El negro jutiero
Existe en mi recuerdo,
como en el agua rizos,
un personaje raro
que conocí de niño.
Confieso candoroso,
que de recuerdos vivo.

Corresponde a un sujeto
sin relieve, sencillo,
quizá ni lo recuerden
coetáneos amigos.
Me remonto a los tiempos
que indican el principio
de los saudosos días
con que despuntó el siglo;
generales, doctores,
rimbombantes políticos
brujos y curanderas,
clérigos y mendigos,
aquella noble fauna
del folklórico estilo.

Mas, pongamos el lente
directo al objetivo;
que el comentario ceda
su paso al albedrío

Una figura extraña,
las dos cosas, repito,
sujeto y predicado,
con nombre y adjetivo.
Era como un fantasma,
casi “un aparecido”
que solo por la tarde
con su blando sigilo
y su “jolongo al hombro”
-parece que lo miro-
pasaba hacia “la loma”,
accesible por trillos
que sólo conocían
terneros y guajiros.
Estrafalario, mudo;
de yute iba vestido
si a tal se le llamara
al haz aquel de ripios.

El negro jutiero,
-lo exhumo del olvido-
no me acuerdo del nombre,
si Julián o Cecilio,
acompañar se hacía
de su leal perrito,
un sato amaestrado
a no emitir ladridos,
por excelente técnica
triunfante del oficio.
Era un violín callado
por el hambre y el frío.
Dostoyevsky pondría
en ellos sus atisbos;
tal vez hasta Durero,
entre rasgos sombríos,
nos daría en plumilla
la luz de aquel motivo,
y nuestro Landaluce
no se hubiera perdido
de llevar a sus óleos
un San Lázaro vivo
despertando oraciones
de sentimentalismo;
como Goya el maestro
de rostros nunca vistos
en los famosos cuadros
por la intención vacios.

El negro jutiero
(su nombre era Cecilio),
al recuerdo horadando
con precisión lo fijo,
la eufonía descubre
el tono junto al ritmo
vivía de la caza
distinta de los ricos.

Ya de tarde en la noche
con santo regocijo
al pueblo regresaba
con el botín magnífico:
seis o siete jutías
desolladas, divino
menú, “carabalíes”
o “congas” es lo mismo.
Con vino de barrica,
plátano verde frito,
hacían la boca agua
al contar un suspiro.
Lo más sabroso era
asarlas en espicho.
Ortega y Gasset, alto
con júbilo me dijo:
“esto es manjar de dioses,
grandioso animalillo;
de ratón se disfraza
por defensa de instinto,
pero el inteligente
que sabe el contenido
lo descubre y lo caza;
el bocado es divino;
no en balde los mambises
le rendían un rito…”

¡Oh negro jutiero,
en el recuerdo mío
trasunto de un quijote
formado en amasijo
de silencio y miseria
entre su propio olvido!
Desde mi cumbre triste,
igual que cuando niño
te nombro y te saludo
y en tu memoria brindo.

Hace ya muchos años
que a la muerte te has ido;
pero cuando me vaya
quizás no haya un amigo
que con voz conmovida
evoque lo que he sido…

¡Los desterrados somos
sombras en un abismo!

domingo, 11 de octubre de 2015

¡Estás gordísimo!

1 ¡TOME LA PALABRA!

por José Alberto Balido | Miami, Florida

"¡Estás gordísimo!"

Estas palabras, que hoy en día pueden provocar una crisis existencial en cualquier hombre o mujer que valore su salud o apariencia, en aquel Santiago de las Vegas del ayer fue un cumplido que se ofrecía con las mejores intenciones. Era una forma de decir que te veías bien, fuerte, saludable, hermoso... a diferencia de aquellas pobres personas a quienes la vida había deparado el cruel destino de ser "flacos".

¡Cuántas veces escuché la dulce voz de mi Abuela Nana pronunciar estas palabras sobre algún feliz coterráneo o coterránea! Este "recuerdo olvidado", provocado por este viejo anuncio encontrado entre la papelería de Santiago de las Vegas en línea, no es difícil de entender: en su mundo ya lejano, no todos disponían de los medios para alimentarse adecuadamente, y la delgadez era fácil de asociar con temibles enfermedades que consumían el cuerpo. Estar "rellenito" era, por lo tanto, señal de salud, prosperidad y belleza, y ¿quién no querría todo eso para sí y sus seres queridos?

No es un fenómeno puramente cubano, por supuesto; en sociedades como la china, donde la miseria y la hambruna existieron desde los tiempos del Emperador Amarillo, aún hoy, en medio de la prosperidad que ha florecido en ese país, persiste la costumbre de preguntar, al encontrarte con un amigo, Ni ch'ih pau lo ma? — ¿Ya has comido?

Por suerte (para el fabricante), los santiagueros de entonces disponían de tónicos y jarabes como el Carnol para combatir la preocupante delgadez, en aquellos casos en que la sabrosa comida cubana no era suficiente para producir los diámetros deseados. Este producto, al parecer de origen canadiense, se vendía en otros mercados para combatir resfriados, lo cual nos hace dudar seriamente de su eficacia; lo que no dudamos es que no fueron pocos los cubanos que en su momento confiaron en él para intentar aumentar su peso.

¿Recuerda o tomó usted alguna vez el Carnol? ¿Cómo era? ¿A qué sabía? Y lo más importante de todo: ¿funcionó?

miércoles, 25 de junio de 2014

Celebramos 7 años de Santiago de las Vegas en línea

20 ¡TOME LA PALABRA!

por José Alberto Balido | Miami, Florida

Un 25 de junio hace siete años, sentado como hoy frente a una pantalla en blanco, tecleé las primeras palabras que lanzarían este sitio:


Con esa simple frase y la ilusión de conservar lo mejor de nuestro pueblo, lanzamos esta gran historia de Santiago de las Vegas en su época de oro que aún hoy — a pesar de las dificultades que en los últimos meses han ralentizado el ritmo de publicación — entre todos seguimos escribiendo con nuestros recuerdos, nuestras fotografías... y con mucho amor.

Quisiéramos marcar este hito desempolvando uno de esos "recuerdos olvidados" que en otras ocasiones hemos resaltado en este sitio para no perder los pequeños momentos cotidianos que jamás incluirán en los libros de historia, pero que felizmente hallan su hogar aquí. Me refiero, por raro o sorprendente que pueda parecer, al silbido de mi padre, co-fundador de Santiago de las Vegas en línea — o mejor dicho, a un silbido especial que usaba para llamar a su pequeño "rebaño" cuando sus hijos estábamos lejos.

En mi mente lo recuerdo claro, como si lo estuviera oyendo, un sonido agudo que me sonaba algo así como "¡fuííííí-fiú-ÍÍÍÍÍ!" con una cadencia muy particular. Alguna vez lo comparé con el Capitán von Trapp de la famosa película "The Sound of Music", que también silbaba para llamar a sus hijos; pero en general no pensaba mucho en esa forma de silbar tan característica, ni en su significado. Había nacido escuchándolo, era parte incuestionable de mi mundo, como el dulce canto de la lluvia una tarde de verano.

No hace mucho, sin embargo, me tropecé con un mini documental en Youtube sobre el silbo gomero, el rarísimo idioma silbado de Gomera, una de las Islas Canarias. Lo que más me impactó fue el primer silbido que se escucha en el video, cuyo significado parece ser algo así como "¡hola!", y que es casi idéntico al de mi padre. Después de cinco años sin su presencia física, me emocioné al oírlo, por supuesto, y también me hizo preguntarme si habría alguna conexión entre los dos. Sin poder demostrarlo a ciencia cierta, creo que es lógico concluir que es más que probable: como buenos cubanos, somos en gran parte de ascendencia canaria. De esas africanas islas, de la influencia y mestizaje de sus originales habitantes bereberes los guanches con los invasores españoles, proviene nuestro acento — y, al parecer, el silbido que tanto oí en mi casa. Le invito a ver este ameno e interesante vídeo, cuyos inolvidables personajes seguramente le harán sonreír.



Concluyo silbando frente a la pantalla el antiguo saludo de los guanches, llamando esta vez yo a mi padre, esperando que dondequiera que esté, me pueda escuchar.

¡Feliz aniversario a todos!

sábado, 16 de febrero de 2013

Recuerdos olvidados: Un dulce digno de Drácula

8 ¡TOME LA PALABRA!

por José Alberto Balido | Miami, Florida

Imagen: Maderibeyza | Flickr
Hace unos días, hablando con un colega sobre el tavuk göğsü, un popular dulce turco (derecha) elaborado con pechugas de pollo, expresaba la arqueada virtual que me producía la idea de un postre a base de carne. No es tan diferente, me indicó el colega, de los pastelitos de carne cubanos con su rico hojaldre dulzón; y además el susodicho plato turco es primo lejano del menjar blanc de los catalanes o manjar blanco de los españoles, todos derivados de una misma antigua receta romana. Tuve que admitir que tenía algo de razón, y yo soy el primero en apreciar el encanto de un buen pastelito de carne con su exquisito punto dulce; pero aún así, le aseguré que ni el tavuk ni el menjar jamás cruzarían el umbral de mis labios.

¿Y qué tiene que ver todo esto con Santiago de las Vegas? Pues sí, estimado lector, sucede que poco tiempo después me vino uno de esos recuerdos fugaces que queremos conservar en la nueva sección Recuerdos olvidados, lanzada el mes pasado y que hoy con mucho gusto, por decirlo así, retomamos.

Nos contaba nuestra querida Abuela Nana (Altagracia Pérez Álvarez, 1905-1999), que cuando era niña y se mataba un puerco, se solía recoger la sangre del pobre animal sacrificado, hervirla, añadir azúcar, y hacer un dulce de ella — cosa que a un niño amante de los Twinkies y los Reese's Peanut Butter Cups parecía una barbaridad digna de un cromañón. ¿Dulce de sangre? ¡Ni que fuéramos Drácula!

Imagen: Antoine | Wikimedia Commons
El recuerdo, como tantos, cayó en el olvido, hasta que la reciente conversación sobre el tavuk göğsü lo resucitó. Tan pronto pude, me dirigí a la internet, donde aprendí que no es un fenómeno exclusivamente cubano. El "dulce de sangre cuajada" se conoce en diversas culturas y con distintos nombres, como el sanguinaccio dolce de la Italia meridional (izquierda), que se suele comer en época de Carnaval y se prepara nada menos que con chocolate.

La mayor sorpresa, sin embargo, llegó al hallar una receta en el excelente sitio www.cubacocinarecetas.com, que con el permiso de su amable dueño, el chef Fernando García Fajardo, residente en España, hoy reproducimos; no porque creamos que ya nadie la vaya a preparar, pero sí por conservar este dulce trozo de nuestra historia — que, por cierto, jamás probaría. ¿Lo probaría usted?
Receta: Dulce de sangre cuajada
1 cucharada de sal
4 tacitas de café llenas de galleta en polvo
½ libra manteca
½ libra almendras peladas y picadas
1 cucharadita de canela en polvo
1 ½ libra azúcar prieta
Agua bien caliente
Preparado el puerco para sacrificarlo, se pone debajo de él un recipiente hondo, conteniendo un poco de agua caliente y la sal, de modo que la sangre caiga en el agua. Se bate seguido, según cae la sangre. Se la añade la galleta en polvo, la manteca, las almendras y la canela. Se cocina a fuego muy lento, por espacio de 2 ½ a 3 horas o hasta que se evapore el agua. Se le escurre la manteca y se le añade el azúcar. Se cocina revolviendo hasta que el azúcar se disuelva y el dulce tenga punto.
¡Buen provecho!

miércoles, 9 de enero de 2013

Recuerdos olvidados: La tía Caridad

9 ¡TOME LA PALABRA!

por José Alberto Balido | Miami, Florida

"Recordando el pasado para construir el futuro", constante lema de este sitio desde su fundación hace más de un lustro ya, es más que un sueño práctico, por decirlo así, de conservar lo mejor de nuestra historia municipal para un futuro que inevitablemente llegará. Es también — hemos de confesar — una misión puramente sentimental, un eterno deseo de evitar la despedida final de nuestros seres queridos; algo así como sentarnos una vez más en las piernas de la abuela y escuchar sus dulces cuentos de tiempos que ya no volverán. Conservar, en fin, tanto los grandes momentos históricos, como los pequeños recuerdos cotidianos, aquéllos que con mayor facilidad desaparecen en las brumas del tiempo precisamente porque nos parecen banales, pero que, a su propia manera, tanto pueden revelar.

Con esta segunda meta — la cotidiana, la sentimental — como propósito de Año Nuevo, hoy lanzamos una nueva sección de Santiago de las Vegas en Línea: "Recuerdos olvidados", paradójico nombre que honra la frágil naturaleza de estas memorias. Para empezar, resucitamos hoy un personaje que por sus trágicas circunstancias, muy pocos recordarán.

La tía Caridad

De niño, en mi casa de la calle 2, No. 218, en Santiago de las Vegas, una cosa curiosa me llamaba la atención, tanto que, años después, su enigmática imagen me visitaba en el momento menos pensado. Muy alto en el muro sur del patio (quizás no tan alto, considerando mi estatura en aquel entonces), había un casquillo o roseta de porcelana, un "socket", como le diríamos en el mejor Spanglish, sin bombillo, tal como aparece en la interpretación "artística" a la derecha, creada para darle una idea de lo que yo en mi mente veía.

¿Por qué, entre todos los recuerdos que pudieran sobrevivir una turbulenta niñez marcada por la salida de Cuba a los cinco años, quedaría ese socket privado de su función vital de alumbrar? Cosas de niño, hemos de suponer, pero me aventuro a pensar que representaba para mí una suerte de misterio: ¿a quién alumbraría en la noche, y cuándo, y por qué?

Emilia Cobo Casals, 1947
Un buen día, en uno de esos momentos que la imagen me visitó estando en compañía de mi padre, Ismael Balido Pérez, por fin le pregunté, ansioso de resolver de una vez por todas el gran misterio. Esto fue lo que me contó: siendo él niño — estamos hablando de la decáda de 1930 — y viviendo en la acera opuesta de la calle 2, en esa casa vivía su abuela Emilia Cobo Casals. Tenía una hija, Caridad, que padecía de una grave enfermedad mental. Estuvo internada en Mazorra, pero al final Emilia decidió tenerla en casa. Como a Caridad le daban ataques de furia y violencia, y resultaba peligrosa tanto para sí misma como para las personas a su alrededor, Emilia construyó un cuarto, por no decir celda, en el patio de la casa, con barrotes en puertas y ventanas, y una cama de hierro atornillada al piso, porque, si mal no recuerdo, en sus momentos de locura era tal su fuerza, que levantaría la cama y la estrellaría contra el muro. Creo, además, que el plato de comida se lo daban entre los barrotes de la puerta, porque ni la propia madre podía entrar. Cuál sería el capítulo final de esta pobre persona no lo sé, pero de seguro no fue feliz.

Ese socket solitario, mudo testigo de las noches atormentadas de la tía Caridad, fue lo único que quedó de su paso por la Tierra. De no ser por él, y la curiosidad que inspiró en un niño muchos años después, su misma existencia hubiera quedado en el olvido, y con ella, una historia de cómo se cuidaba a un enfermo mental en casa en esa época ya lejana; y — más importante quizás — la historia del amor de una madre que no quiso dejar a su hija en un sanatorio, lejos de su familia.

Esto, estimado lector, es lo que llamamos un "recuerdo olvidado", y lo invitamos a que comparta los suyos. No importa cuán corto o sencillo le pueda parecer: todos, al final, son una pincelada más en este gran lienzo santiaguero que entre todos, con tanto amor, estamos pintando. ¿Quién publicará el próximo?