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jueves 31 de diciembre de 2009

Nochebuena, Año Nuevo y Reyes en Santiago

2 ¡TOME LA PALABRA!

por Mario A. García Romero / Miami, Florida

De mis recuerdos en las Nochebuenas cubanas del ayer, recuerdo la cantidad de comida que se preparaba, todas las golosinas, incluyendo los higos (que es una comida árabe), nueces y avellanas, las ensaladas a base de rábanos, lechuga, tomate maduro y más. En muchas casas se presentaba en la mesa puerco asado y guineo criollo en fricasé, al igual que el guanajo (que en Estados Unidos se conoce por “turkey” o pavo) también en fricasé, los tradicionales frijoles negros, arroz blanco, plátanos a puñetazos y maduros, y la yuca hervida con mucho mojo criollo. Además, aparte de la tradicional cerveza de cualquier marca, estaban los tragos duros de ron y el aguinaldo que muchos bodegueros le regalaban a todos sus marchantes de todo el año: vino de fruta bomba y algún otro vino nacional, y los turrones cubanos de maní y los boniatillos de Santiago (fabricados al doblar de mi casa por el ilustre Florentino Díaz, o sea en calle 15 entre 6 y 8, por la misma acera de la Cámara de Comercio).

Para amenizar musicalmente, en casi todas las casas ponían la radio en las principales estaciones de La Habana, donde se oía constantemente la maravillosa "Voz del Danzón" (nuestro baile nacional), "Barbarito” Diez (que el pasado 9 de diciembre hubiera cumplido 100 años) cantando el popurrí de Eliseo Grenet "La Mora", que el montuno o estribillo dice: "¿Cuándo volverá la Nochebuena, cuándo volverá?”, sin contar tantas otras que los mayores que yo recuerden mejor. Por supuesto que los “jingles” o villancicos no faltaban, incluyendo el bello "Noche de Paz", “Arbolito”, y tantos otros que interpretaban las orquestas que estaban en boga en aquel entonces.

Hay una cosa muy cierta: los cubanos éramos muy hospitalarios. Nos gustaba que los vecinos y amigos hicieran un brindis con nuestra familia y picaran algo de lo que ya estaba preparado para sentarse a la mesa ya entrada la noche, lo más cercano posible a las 12 de la noche, cuando ya era Navidad. Muchos cuando terminaban de cenar asistían a la iglesia a la Misa del Gallo, en este caso los católicos; las demás denominaciones hacían lo mismo.

En Nochebuena Santiago era una ciudad se puede decir muerta, de recogimiento familiar, pues la festividad más importante ese día estaba en "Las Charangas de Bejucal", que vieron la luz en 1840, y al decir de mi fallecido amigo Helio Orovio Díaz (“Kico”, gran investigador de la música cubana y de nuestro pueblo y sus tradiciones en particular), hubo un pacto de honor entre los dos pueblos, para no opacarle la fiesta el uno al otro.

Sin fecha: El Centro de Instrucción y Recreo de Santiago de las Vegas en una noche de Parrandas. Amenizaban el baile Belisario López, Antonio Romeu y la Sonora Matancera.

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Ya en los siguientes días empezaban los preparativos para esperar el Nuevo Año, donde se engalanaba la calle 11, pues en las dos sociedades C.I.R. y C.A.S. (Centro de Instrucción y Recreo y Club Atlético Santiago, respectivamente) se celebraba un baile multitudinario, donde se cerraban las entrecalles 4 y 6 y se permitía el libre acceso a las dos sociedades, para que los bailadores disfrutaran de las orquestas que indistintamente amenizaban en tandas diferentes. También la sociedad "La Gloria" (sociedad de los negros santiagueros y la primera que se fundó en nuestro pueblo) celebraba un baile por el fin de año, y en ocasiones las mismas orquestas tocaban en los diferentes salones sociales, pues "La Gloria" se encontraba en la calle 6 entre 9 y 11 , en la acera opuesta a la bodega de Lizardo, casi frente a la carbonería que en aquel entonces existía en aquel lugar. El baile terminaba a las 4 de la madrugada, dándole paso a las carrozas, que eran una de las muestras de "Las Parrandas Santiagueras", acompañadas musicalmente por las congas santiagueras encabezadas por “Piro” Tuero (después la tradición la siguieron Tato el hijo de Piro y Manolito Tuero, hijo del primero, desgraciadamente todos fallecidos), que se paseaban por nuestras calles casi amaneciendo, en medio de fuegos artificiales y voladores (de fabricación santiaguera en el taller de Sixto “el pirotécnico” de la calle 9 esquina a 8), que los hombres iban encendiendo con un cigarrillo que llevaban en la mano previamente.

A los pocos días de despedir el Año Viejo, en las principales arterias comerciales (calles 4, 11, 13, y otros lugares) se ponían las tarimas de ventas de juguetes, anunciando el 6 de enero, día de los Reyes Magos, que según nuestra tradición católica, apostólica y romana era el día en que los Tres Reyes agasajaban al recién nacido Jesucristo. Previamente, en nuestras casas y escuelas, se nos pedía hiciéramos nuestras carticas a los Reyes Magos para hacer las peticiones que deseáramos. Ese día no había escuela, pero al otro día casi siempre comenzaba la escuela nuevamente.

En forma muy apretada he tratado de hacer un viaje al pasado de la celebración de estas fiestas tradicionales en nuestro querido Santiago, sin dudar que haya algún otro santiaguero que pudiera ahondar mucho más en estos lejanos recuerdos de infancia. Sería muy encomiable que alguien escriba más sobre este tópico tan sensible para nuestra comunidad santiaguera, donde quiera ésta se halle.

¡Feliz Año Nuevo a todos!

viernes 25 de diciembre de 2009

Villancicos de Santiago de las Vegas

4 ¡TOME LA PALABRA!

Cinco bellas historias navideñas hemos disfrutado en las últimas cinco noches gracias a Giraldo Raymond, José Ramón Garrigó, Leonardo Gravier, Roger Balbi y Carlos Valiente, y cada una iluminó una faceta diferente de las alegres celebraciones que caracterizaban a Santiago de las Vegas en esta época del año. Hoy, día de Navidad, le ofrecemos una más: un popurrí de algunos de los villancicos que se cantaban en nuestro Santiago.

Empezamos con el clásico "Noche de Paz", compuesto originalmente en alemán por el sacerdote austríaco Joseph Mohr y el músico Franz Xaver Gruber e interpretado aquí por el reconocido cantante y actor santiaguero Chamaco García, quien nos deleita hoy como siempre con su armoniosa voz.

Otro villancico que muchos recordamos de la niñez, y aún cantamos, es "Arbolito de Navidad", cuya sinuosa melodía nos invita a acompañar a los Reyes Magos en su travesía por los desiertos de Judea buscando al Niño Rey. Aquí, la moderna interpretación de la popularísima Gloria Estefan:

En su relato "Navidad familiar en Santiago de las Vegas", José Ramón Garrigó recuerda que en la Misa del Gallo el coro del colegio de las Hermanas Salesianas cantaba "Adeste Fideles" en latín; pocos lo entendían, pero muchos tarareaban la bella melodía. Esta versión la canta el Coro Ars Nova en su concierto de Navidad 2008 en la Iglesia de la Asunción en Murcia, España:

Para concluir, le ofrecemos un villancico catalán que se cantaba en casa de los abuelos catalanes de José Ramón: "Fum, fum, fum", que relata el nacimiento del Niño Jesús "blanquito y rosado" en un establo, mientras en la montaña los pastores bien abrigados comen huevos y butifarra. Aquí, canta el Orfeó Valencià en la Església de El Patriarca de València:

¿Qué otros villancicos cantábamos en Santiago de las Vegas en su añorada época de oro? Si recuerda otros que no hemos mencionado, avísenos y con gusto los incorporaremos al artículo de hoy.

A todos los santiagueros y sus familias, ¡Feliz Navidad!

jueves 24 de diciembre de 2009

La casa de Abuela Eduvigis y el Gran Día de Nochebuena

1 ¡TOME LA PALABRA!

Por Carlos Valiente Romero / Tampa, Florida

De todos los pensamientos que vienen a nuestra mente en los meses finales de cada año, es diciembre el que guarda los recuerdos más queridos de una época llena de festejos y tradiciones que nunca quizás jamás volverán.

Nuestra familia, al igual que muchas otras de nuestro querido Santiago de las Vegas, desde los comienzos del mes esperaba con gran entusiasmo y alegría el devenir de los días hasta llegar a la fecha cumbre del 24 de diciembre, "El Gran Día de Nochebuena".

1948:El comedor de la familia Valiente-Montes de Oca en Nochebuena. El autor, Carlos Valiente Romero, aparece al final sentado al pie de la mesa, alzando su vaso en celebración del primer lugar que se ganó ese día el Club Habana en el campeonato de béisbol de Cuba. La abuela Eduvigis aparece de pie hacia el fondo a la izquierda. Así mismo colgando del techo se observan las largas cadenetas decorativas a que se refiere el artículo. Por último tambien al fondo aparece la vista de uno de los dormitorios con su cama típica de la época.

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Semanas antes de esta cristiana celebración, en nuestro Municipio, oficialmente llamado "Altar de la Patria", comenzaba el mes con la conmemoración del 7 de diciembre, Día de Duelo Nacional, jornada que a pesar de ser de recogimiento era algo que en Santiago siempre se tomaba con un ambiente de romería, refiriéndonos a la tradicional peregrinación de muchos de nuestros jóvenes y pueblo en general hasta el Panteón del Cacahual, tumba del Titán de Bronce, Gral. Antonio Maceo y su ayudante Panchito Gómez Toro.

Pasada ya esta conmemoración, comenzaban en realidad los preparativos finales que nos llevaban a celebrar la gran fiesta familiar de "El Gran Día del Lechón".

Al frente de estos preparativos en nuestra familia estaba la sempiterna figura de nuestra inolvidable abuela, Eduvigis Montes de Oca Díaz (1879-1966), matriarca de la familia Valiente Montes de Oca. Persona de una gran cultura, abuela siempre se distinguió por su carácter afable pero firme. Perfeccionista hasta el más mínimo detalle, planificadamente llevaba notas de todos los preparativos para el día de la gran cena.

Circa 1955: La abuela Eduvigis Montes de Oca con su hijo Belarmino Valiente, sentados en el portal de la casa de su yerno el Sr. Rafael (Felillo) Oliva en la calzada de Managua entre 2 y Doble Vía al Cacahual, Santiago de las Vegas.
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Así pues y con la debida anticipación alrededor del 10 de diciembre se comenzaba la decoración con los tradicionales adornos navideños de la gran casona familiar de la calle 2 esquina a 11 (antiguamente su dirección de correos era calle 2 No. 107).

De esos días recuerdo nuestros viajes, junto con mi querida tía Zoila, a la imprenta de Ramoncito Balbi, donde se compraban docenas de láminas de papel de diferentes colores, con los que mi abuela y tías cortaban tiras de papel que, unidas con goma de pegar (hecha en casa con harina de pan), se convertían en largas "cadenetas" que se juntaban entre sí a grandes y decorativas coronas de papel.

Un bien cuidado árbol de araucaria que abuela mantenía durante todo el año en una gran maceta servía de árbol de navidad. Acompañados casi siempre de música navideña que se dejaba escuchar a través de un viejo radio Grunow (como el que aparece a la izquierda), la decoración de la "mata de Christmas" era otra de las tradicionales ceremonias donde todos los nietos nos disputábamos el ser el principal ayudante de nuestras tías y abuela.

La compra del tradicional lechón se hacía alrededor del 18 al 20 de diciembre en un terreno directamente aledaño con la casa de abuela - lado este de la calle 2 esquina a 11 - donde se instalaba un corral provisional por los hermanos Ramón y Antonio García, hijos de Don Sabino García, respetable y laborioso propietario de la cercana "Finca La Unión" en la carretera de Santiago a Managua.

Conjuntamente con la compra del habitual lechón, nuestra familia adquiría en el mismo sitio el tradicional guanajo y los escurridizos guineos, aves indispensables en el gran menú de la Nochebuena cubana.

El resto de los víveres necesarios para la Gran Cena (arroz, frijoles, aceites, turrones y vinos), se adquirían en la bodega de nuestro primo Artagnán Hernández Valiente, localizada en la calle 15 esquina a 2, donde despues se estableció a finales de la década de los 1950 el famoso "Bar Blue-Sky".

Ya en la víspera de "El Gran Día de Nochebuena" el punto principal de ese día era el acto de dar muerte al condenado puerquito... quien después de ejecutado era hábilmente adobado y condimentado por las manos expertas de nuestros tíos políticos Pedro Balmori y Rafael (Felillo) Oliva, quienes posteriormente lo entregaban para ser asado a la conocida panadería de Méndez, radicada en la Cruz Verde y calle 2 detrás del muy popular "Bar Royalty".

Por otra parte nuestra tía María Paula tenía asignada la responsable e importante tarea de preparar los deliciosos y tradicionales buñuelos, de lo cual era una probada experta tanto en la elaboración de su masa así como en su posterior fritura. Finalmente y lista para ser saboreada esa muy cubana golosina se tenía a mano el muy criollo melado de caña, que siempre complementaba el disfrute de su exquisitez.

Llegado ya el muy esperado 24 de diciembre y habiendo cenado opíparamente toda la familia, abuela Eduvigis, con su habitual intelecto, tenía la costumbre de dedicarnos un versito de su inspiración a cada miembro de la familia. Muchas veces estos versos, como era de esperar, reflejaban en sí el carácter de la persona de una manera bien chistosa que fácilmente movía sin malicia a la risa de todos los presentes.

Ya tarde en la noche, recogida la gran mesa, la familia se dividía en grupos mientras que algunos se quedaban charlando en el comedor y los más jóvenes pasaban a la gran sala a conversar y bailar escuchando los tradicionales "Bailables de Nochebuena" con los que las más populares estaciones de radio de entonces, como la CMQ, RHC-Cadena Azul, Radio Progreso, entre otras, se disputaban la atención de la audiencia en aquellos años que precedían a los 1950, cuando aún no existían en Cuba los grandes cambios que en las relaciones humanas traería el nuevo mundo de la televisión.

Y asi llegábamos al cierre ya en la medianoche de "El Gran Día de la Nochebuena", el 24 de diciembre, víspera del dia de Navidad, donde todo el énfasis de nuestras más puras historias y tradiciones de entonces era centrado en el disfrute de una sana y vigorizante vida basada en la felicidad, unión y amor de nuestra ya fuera grande... o pequeña familia.

Hasta aquí mis recuerdos de aquella época de oro que para muchos de nosotros, quizás, nunca más volverá.

miércoles 23 de diciembre de 2009

Nochebuena y Navidad

1 ¡TOME LA PALABRA!

por Roger Balbi Barceló / Miami, Florida

En estos días, a nuestra mente vienen recuerdos del ayer, cuando en nuestro pueblo se preparaban tanto los religiosos como los ateos para la celebración de las tradicionales fiestas navideñas. Digo los "ateos" porque éstos, aunque no asistían a las iglesias, pues no creían en estas tradiciones, se sumaban a ellas en una forma de diversión.

La iglesia metodista de Santiago de las Vegas.

En lo que me toca a mí, por ser mi familia miembros de la Iglesia Metodista, debo relatar cómo se llevaban a cabo los preparativos para lo que sería la "Velada de la Navidad".

Desde principios del mes de diciembre comenzaban los planes para este acontecimiento. La dirección del programa estaba a cargo de la profesora Dra. Nieves Amores de Fina (a la derecha, con el Rvdo. Shafer). Contaba con la asistencia de jóvenes pertenecientes a la sección "Jóvenes Metodistas", de los cuales recuerdo a los cuatro hermanos Millares: Virgilio, Secundino, Tomasito y Eulalia; Reynaldo Viñas, Reynaldo González, Valladares, Miguel Ángel de la Fuente, Luís Crespo, Evelio Delgado, Roberto Balbi, Jorge Marrero, Moraima Carrera, Felisa Doctú y otros tantos.

Durante estos años debo recordar a los distintos pastores que sirvieron a nuestra iglesia: Rvdo. Carrión, Rvdo. Edmundo Morgado, Rvdo. Ernesto Vasseur, Rvdo. Manuel Salabarría, Rvdo. Carrazana, Rvdo. Shafer (arriba, a la derecha), y sus respectivas esposas. También el señor Justo González, que fungía como diácono. Como pianistas, Manolo Ruíz, medio hermano del Rvdo. Morgado, y Felisa Doctú.

El día escogido para este acontecimiento era el día sábado antes de Nochebuena. Esa tarde siendo las siete de la noche, se abrían las puertas de la iglesia para dejar entrar, tanto a sus miembros como a los vecinos y demás personas, que por curiosidad, acudían a presenciar este acontecimiento, que año tras año se realizaba.

Los jóvenes, después de días de ensayos y preparativos, siguiendo el programa, realizaban una actuación como la hecha por un actor profesional, con trajes típicos de la época, el pesebre, personalización de José y María, los pastores y los Reyes Magos.

Era una noche donde todos disfrutábamos de esa "cristiana fecha". Al terminar, todos alegres, los actores, sus directores, los familiares-miembros y los invitados, se felicitaban unos a otros; para la iglesia metodista de Santiago de las Vegas éste era un gran acontecimiento anual.

Después de 1959 estas celebraciones dejaron de hacerse como todos saben, pero las enseñanzas cristianas que recibimos, las llevamos en nuestro corazón y en nuestra mente.

Dios bendiga a cuantos nos alegraron con estas tradiciones navideñas.

Esta es una más de mis contribuciones para engrandecer el "Álbum de los Recuerdos" de SantiagodelasVegas.org, creado por la familia Balido.

Muchas gracias por su lectura, la cual espero sea de gratos recuerdos.

Dios los bendiga.
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Nota del editor: Hoy nos complace informarle que Roger Balbi Barceló se une al equipo editorial de Santiago de las Vegas en Línea. ¡Bienvenido, Roger!


martes 22 de diciembre de 2009

Una Nochebuena Guajira

0 ¡TOME LA PALABRA!

por Leonardo Gravier / Coral Gables, Florida

[Nota del autor: Este cuento escrito por mí para las Navidades del 2008 fue animado por mi gran amigo de Santiago de Cuba, Ramón Barzana. Éste me sugirió que situara la trama en la zona de Oriente (la que nunca conocí). Me pidió que dejara por escrito lo que mejor yo recordara de una Nochebuena criolla, para la posteridad de los cubanos que nunca la conocieron. Mi amigo Ramón Barzana, de quien utilizando los mejores elogios de la lengua española sería muy parco en la descripción, falleció unos meses después.]

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Vivían en una de las zonas más ricas y fértiles de Cuba dos personajes muy interesantes, muy similares a pesar de la diferencia de edad, y protagonistas de este cuento.

Era una época en que los fertilizantes para la agricultura eran orgánicos; engrandecían la naturaleza en vez de contaminarla. De ahí que el gran río Cauto, donde vivían y trabajaban los protagonistas, corriera límpido y caudaloso hasta terminar su recorrido en el Golfo de Guacanayabo. Ambos habían poseído fincas en las inmediaciones de Mayarí, muy próximas a minas ricas en minerales de la región oriental de Cuba, aunque también ideal para la ganadería y siembras de todo tipo.

Por los años treinta, el Banco de los Colonos abrió una sucursal en Mafo, poblado pequeño pero prometedor para sus planes, entre Contramaestre y Bayamo. El propósito era ayudar a los campesinos durante el año con préstamos que después pagarían con el producto de las cosechas, sustituyendo así a los almacenes privados que hacían esta misma contratación de refacción pero en menor escala.

Una noche el banco invitó a todos los campesinos involucrados para que se conocieran entre ellos; eso creaba una mejor relación entre ellos y el banco. Así se inicio la amistad y relación de negocios entre nuestros protagonistas.

Agripina y Manuel, que así se llamaban, eran terratenientes con gran vocación por el trabajo y por la repartición de la riqueza, anticipándose a lo que más adelante se introdujo por ley en la industria azucarera. Ambos alegres y compasivos, eran conocedores de lo que se podía esperar de la tierra y los que la trabajaban.

Agripina y su esposo, y los padres de Manuel, se habían enriquecido con la ayuda y consejos financieros del banco y además habían vendido a precios astronómicos unas tierras situadas en ambas márgenes del rio Cauto.

Después, como tenían el incentivo de la inversión bien remunerada y el rendimiento de la riqueza de la zona, buscaron otros terrenos para reinvertir las utilidades. Encontraron unas magníficas y extensas tierras, propiedad de un campesino que acababa de fallecer y cuyos herederos no querían explotar, sino más bien disfrutar de la herencia una vez liquidada. Como el terreno era extremadamente grande, dividieron la compra entre tres compradores.

Pasaron los años.

Agripina había enviudado y tenía cerca de sesenta años o un poco más. Curtida por el sol, fumadora de tabacos, era muy adicta a las peleas de gallos. Andaba siempre lista para montar a caballo, con botas y machete al cinto. Ayudaba a sus empleados guajiros y a sus familiares, ya económicamente cuando se presentaba la ocasión o como curandera o médica primitiva, ya que tenía amplios conocimientos de las propiedades curativas de la botánica local. Era muy querida y respetada por todos, aunque demandara de sus empleados el máximo esfuerzo.

Nunca permitió que le llamaran doña o señora Agripina. Sólo quería que le llamaran Agripina. En pique con Agripina siempre estaba Manuel. Era éste un joven y apuesto campesino, hijo de gallegos (ya fallecidos), soltero pero amante de la diversión cuando era posible, bebedor del buen brandy y también muy aficionado a la cría y pelea de gallos. Al igual que Agripina, trataba a sus empleados con las mismas reglas compasivas, sólo que cuando lo necesitaban, los enviaba a la finca de su rival y vecina para que les recomendara o aplicara los remedios caseros para dolencias o enfermedades benignas. Agripina se sentía orgullosa de ello.

La rivalidad entre Agripina y Manuel era muy sana y divertida. Competían en todo lo relacionado al negocio: qué productos eran de mejor calidad o más abundantes, qué caballos más veloces o de más alzada, quién más apreciado como colono del central azucarero al que ambos vendían la caña, y quién de los dos podía vanagloriarse de haber servido con favores más a menudo al otro. Sobre todo, Agripina todos los años se encargaba de la finca de Manuel por una semana del mes de julio, cuando éste como buen oriental y descendiente de gallegos iba para Santiago de Cuba para los festejos del Patrón Santiago el 25 de julio.

Unos de los incidentes más simpáticos y curiosos era cuando en las vallas de peleas de gallos, se enfrentaban los de Agripina con los de Manuel. En esos lances casi siempre llevaba Manuel la ventaja puesto que tenía mejores contactos que Agripina para conseguir mejores animales. No obstante, Agripina era tan emotiva que juraba que estaba dispuesta a apostar su vida a la pata de cualesquiera de sus gallos.

Así vivían y competían Agripina y Manuel; siempre voluntariosos pero amistosos, siempre rivales pero listos para ayudarse el uno al otro; siempre dedicados a los negocios pero listos para participar y alentar a los vecinos y empleados a celebrar los guateques típicos del campesino criollo cuando la ocasión lo mereciera.

El mayor de los festejos y el que más esfuerzo merecía, por la importancia de la fecha, era la Navidad (que celebraban desde Nochebuena hasta el Día de Reyes). En estos festejos no había cuartel, no escatimaban gastos, no se informaban recíprocamente lo que tenían preparado para que su aporte a la celebración fuera más lucido que el del rival. Era una competencia olímpica todos los años por esta época.

Aunque Agripina y Manuel competían en todo lo relacionado a aquellos festejos, había dos cosas en que aunaban esfuerzos para hacer más lucida la celebración: una era las competencias de carrera de caballos y la carrera de cintas. La otra lo era el utilizar ambos la ayuda del negro Honorio en cocinar el lechón. La sazón y la preparación era un secreto de cada uno que no compartía con el otro. Sí se sabía que el puerco, criado con palmiche y guayaba, no muy gordo, se preparaba con mucha sal, naranja agria, ajo, comino, orégano y tal vez alguno que otro ingrediente que hacía la diferencia.

Todo era originario de aquella fértil zona del valle del Cauto engrandecida por la labor del campesino cubano, consciente de que a mayor esfuerzo, mayor sería la recompensa de su trabajo.

El negro Honorio trabajaba en otra finca colindante con las de Agripina y Manuel. Le decían “el negro Honorio” para distinguirlo de “Honorio el blanco”, capataz o encargado de la finca de un Magistrado de la Audiencia de Santiago de Cuba, y a quien le correspondía juzgar cuál de los banquetes era el más sabroso, si el de Agripina o el de Manuel.

La finca del Magistrado Don Carlos Galán era de recreo y más pequeña que las de Agripina y Manuel por varias caballerías de terreno. Entre las tres formaban un triángulo, separadas por cercas de piedras muy bien colocadas (sin necesidad de arena y cemento) y de dos pies de espesor por cuatro pies de altura.

Don Carlos vivía en Santiago pero pasaba temporadas breves en su finca, distante de la capital de Oriente casi “al cantío de un gallo”. Tenía fama de justo, conocedor de las leyes y sobre todo de tener un gran sentido del humor. Venía de Santiago de las Vegas, provincia de la Habana, donde había sido Juez Correccional.

Contaba el negro Honorio que una vez trajeron al juzgado a un manco acusado de robar una caja de latas de leche condensada. El reo era manco de ambos brazos, los ñocos le empezaban en los hombros y terminaban en los codos, es decir, le faltaban los antebrazos y las manos. El manco se defendió como pudo, negando los cargos puesto que según decía con lo que le quedaba de brazos el no podía cargar la pesada caja. El juez Don Carlos comprendió el argumento, reprendió a los acusadores y le dio una satisfacción al manco por la injusticia que estuvo a punto de cometer. Para resarcir al manco del mal rato y la vergüenza, le dijo el juez que podía quedarse con la caja de latas de leche. El manco, muy contento le dio las gracias al justo juez, fue para la mesa donde estaba la caja, y agarrándola con los dos ñocos salió para la calle cargando la caja. El juez lo detuvo y ante la risa del público presente, lo condenó a quince días de prisión en el prescinto del pueblo.

El oriente de Cuba era famoso por el lechón relleno, aunque en otras partes de la isla se cocinara al espicho con palos de yaya. En la finca de Don Carlos abundaban los árboles de guayaba. El negro Honorio cortaba varias ramas del guayabo y hacía un enrejado con dichas varas. El enrejado quedaba en forma de cuadrado; de cada esquina se ataba una soga, y estas cuatro sogas se amarraban a la rama de un árbol para que el enrejado quedara suspendido y así poder columpiarlo. Debajo del enrejado se abría un hoyo, no muy profundo, donde se encendía la hoguera para cocinar el puerco. El enrejado quedaba como a dos pies por encima de la tierra.

La candela se hacía con carbón y palos de guayabo (para mejor sabor). Para evitar que se quemara, el enrejado se columpiaba constantemente encima del fuego o se bajaba o alzaba según se necesitara.


El lechón se cubría con hojas de plátano para que absorbiera más el calor. Este método de cocinar el lechón no era muy popular por lo poco práctico y por el tiempo que tomaba; prácticamente un día entero. Pero ese día no se desperdiciaba en el aburrimiento de la espera. Mientras el negro Honorio iba de una finca a la otra vigilando el proceso de cada lechón, entre ambas fincas se celebraban las competencias y demás festejos de aquellos alegres guajiros, más alegres mientras más ron y aguardiente bebían.

Los participantes en los festejos venían de las tres fincas y hasta de las fincas cercanas; algunas tan distantes que tenían que pernoctar en los bohíos donde vivían los guajiros que trabajaban en una u otra finca. El entusiasmo por las competencias y el banquete era grande.

Las competencias empezaban temprano con las carreras de caballos. Los jinetes montaban “en pelo” para aligerar la carga del caballo; recorrían una distancia de una cuadra larga o ciento cincuenta metros. El terreno era propicio puesto que era plano, sin hierba u otro obstáculo. Usualmente se corrían de dos en dos; los perdedores se iban eliminando hasta la carrera final de los últimos dos en la que uno solo sería el ganador.

Las carreras de cintas se hacían en el mismo lugar. Al final de la explanada por donde se corría se amarraba una soga por los extremos que la atravesaba de un lado al otro. De la soga se colgaba un anillo como de dos pulgadas de diámetro y no tan bien sujeto que no pudiera ser arrancado sin soltar la soga. La soga estaba a un pie de la cabeza del jinete, de suerte que este tenía que alzar el brazo para alcanzarla. El jinete se lanzaba al galope desde el otro extremo de la explanada y trataba de ensartar el anillo con una púa amarrada a una cinta con su color correspondiente. En las carreras de cintas, los jinetes no montaban “en pelo”, usaban una montura que los cubanos llamaban “manclera”, más ligeras que las monturas criollas y sin el pico al frente. Es posible que la manclera se introdujera en Cuba en tiempos de la Intervención americana y que fuera similar a la inventada por un jefe de caballería llamado George McClellan.

La última competencia se hacía después del banquete; se brindaba por la Nochebuena y la Navidad, el juez hacía el brindis y daba su veredicto final. Ya ganara Agripina o ganara Manuel, el juez siempre aclaraba que al final ganaban todos los comensales por lo que se habían divertido, por la camaradería y por disfrutar de tan sabrosa cena. El día estaba por terminar a no ser por la última competencia: la controversia de los improvisadores. Los acompañaban los músicos con guitarra, laúd, bandurria, tiple y clave. ¡Qué ingenio el de aquellos improvisadores! Poetas de ocasión, habían aprendido el arte desde pequeños, oyendo a otros improvisadores y aprendiendo la virtud de decir y recibir sanos insultos con gracia y alegría.

No escuché a Don Carlos anunciar al ganador del banquete. Todavía a la hora del veredicto, comía mis buñuelos de yuca, boniato y malanga amarilla con melado; éstos me gustaron más que los de catibía (de yuca solamente). Había disfrutado de todo un poco: congrí, moros, guinea asada, yuca con mojo exquisito, plátanos fritos (verdes y maduros), ensalada de lechuga con rabanitos y por fin probé de los dos lechones la masa blanca y el sabroso “cuerito”. Solo bebí ron bautizado (ron ligado con agua). Terminé con un humeante y delicioso café caracolillo, típico de las lomas orientales (aunque no el de mejor calidad según los expertos). Me disponía a encender mi tabaco, que había traído Don Carlos de Vuelta Abajo, cuando se hizo un silencio absoluto.

Don Carlos pedía silencio pues iba a leer unas palabras. Él, que era un gran orador, no se atrevía a improvisar, leería su mensaje. Tal vez quería evitar que la emoción del que improvisa algo muy sentimental, le rajara la voz como raja el rayo a la palma real desde el copito hasta la misma raíz.

Anunció que se retiraba, que esta sería su última Nochebuena en la Galana (que así se llamaba su fínca), que se marchaba definitivamente de regreso a Santiago de las Vegas, puesto que su hijo médico se había alistado en el ejército de Estados Unidos que hacía pocos días había declarado la guerra al Eje, después de Pearl Harbor. No obstante, dijo que la finca sería vendida pero que quedaba en buenas manos; cambiaría de nombre, sería llamada en lo adelante “Los Honorios”. Seria vendida a Honorio el blanco y al negro Honorio. La venta seria a plazos, a pagar como pudieran de acuerdo con el rendimiento anual y sin interés. Él, en broma, dijo que tal vez volviera a “Los Honorios” en una futura Nochebuena si era invitado, mas aclaró que el costo del pasaje de él y su esposa correría por su propia cuenta.

Para terminar, aquel jurista de inmensa cultura histórica, alabó la competencia amistosa entre Agripina y Manuel, sus generosidades, la alegría de vivir, y el ser ambos tan civilizados. Cerró citando un dialogo entre Alejandro Magno y el Rey Ambi de la India:

Dijo Ambi: -Si yo tengo más oro y plata y otras riquezas y fuera más rico que tu, estoy dispuesto a ofrecerte una parte. Si yo tengo menos que tú, no tengo objeción en compartir contigo tú riqueza.-

Alejandro contestó: -Si tú crees que con esas palabras tan civilizadas vas a escapar sin guerra, te engañas. Pelearé contigo hasta el final; pero ha de ser en favores y halagos, puesto que no me derrotarás en generosidades.-

Nunca olvidaré aquellas palabras de Don Carlos ni la anécdota de Alejandro Magno. Pensé erróneamente que aquellos guajiros no habían comprendido la analogía entre la anécdota y la rivalidad de Agripina y Manuel. Pero todos los allí reunidos se desbordaron en aplausos, sollozos y se abrazaron los unos a los otros con el aspaviento de un eterno jolgorio.

¡Qué bella forma de saludar la llegada de una Navidad!

Nota de duelo: Enrique Rueda Gallol

3 ¡TOME LA PALABRA!

Con sincero pesar informamos a todos los integrantes de nuestra comunidad del fallecimiento, después de una larga y penosa enfermedad, del Rvdo. Padre Enrique (Quique) Rueda Gallol, miembro de una muy antigua y prestigiosa familia santiaguera residente por muchos años de la calle 4 entre 11 y 13, frente al Centro Obrero.

Ministro ordenado de la Iglesia Católica Romana, por dispensa desde hacía años se encontraba inactivo de su labor sacerdotal. Al fallecer era retirado de la empresa Kodak.

"Quique" Rueda, como afectuosamente le llamábamos aquéllos que fuimos sus amigos, era hijo del Ing. Luís Rueda Pérez, por muchos años catedrático de la bicentenaria Universidad de La Habana y de su esposa, la bondadosa y altruista dama Ada Gallol Torres, y por su medio nieto por línea materna del ilustre y eminente médico santiaguero Dr. Bernardo Gallol y Campos, que en las primeras décadas del pasado siglo XX fuera gran benefactor de las más necesitadas familias de nuestro pueblo.

Asimismo recordamos en estos momentos de dolor a sus hermanos Luisito (el mayor), Merceditas (fallecida en Puerto Rico, circa 1965), y Guillermito (Guille), el menor.

Descanse en paz nuestro querido amigo Quique, y al mismo tiempo reciban todos sus familiares y amigos nuestras más sinceras condolencias.

lunes 21 de diciembre de 2009

Navidad familiar en Santiago de las Vegas

0 ¡TOME LA PALABRA!

por José Ramón Garrigó / Coral Gables, Florida

La época de Navidad, o Natividad del Señor, es muy especial para los cristianos. En esos días se celebra el nacimiento de Jesús, el Niño Dios, hace dos milenios en Belén de Judea. Para nosotros la celebración navideña era algo especial y reunía por dos días a todos los miembros de la familia Garrigó, presidida por mis abuelos José y Anita. Los festejos comenzaban el día de Nochebuena pero ello implicaba varios días de preparación de los manjares que se iban a servir esa noche. Distintos miembros de la familia se encargaban de asar el tradicional lechón al igual que de preparar el fricasé de guineos, arroz, frijoles negros, yuca con su consabido mojo, ensaladas y postres, entre los cuales resaltaban los buñuelos y los turrones.

Todo había comenzado un par de semanas antes cuando mi madre, Esther Pita, montaba un monumental Nacimiento, o Pesebre, en la sala de nuestra casa. Mamá se pasaba tres o cuatro días haciendo el Nacimiento con papel almidonado, pintado y moldeado en forma de valles y montañas donde colocaba las figuritas del Niño Jesús, María, y José rodeados de pastores y animalitos. Todas las tardes mi madre avanzaba los tres Reyes Magos unos pasos por el camino que ella había simulado desde los bordes del Nacimiento, hasta que el Día de Reyes los colocaba postrados en adoración del Niño Dios. Al costado del Nacimiento estaba el arbolito de Navidad, un arbolito artificial si mal no recuerdo, decorado con bellas lucecitas y adornos, de los que en esa temporada se conseguían en algunas tiendas en Santiago. Todos esos días las ventanas de la sala quedaban abiertas y muchas personas se detenían para admirar el Nacimiento, algunas de las cuales pedían permiso para entrar y verlo de cerca. Mi madre sentía un merecido orgullo por lo que hacía.

Algunos años la cena de Nochebuena se celebraba en la vieja casona de mi Tío Paco, conocida como la Quinta Gallol, al frente de la Escuela Primaria Superior. La casa tenía patio y jardín al fondo, donde la muchachada se divertía mientras los mayores terminaban de poner la mesa y servir el vino, usualmente un tinto español. Otras veces la familia se reunía en la Finca Santa Lucía, en la carretera a San Antonio de los Baños. Era otro lugar favorito de los muchachos, donde alternábamos travesuras y correrías con cantos de villancicos.

Al terminar la cena todos íbamos a la iglesia (a la izquierda, en 1951) para la Misa del Gallo ofrecida por el inolvidable Padre Vicente Jovaní, párroco de Santiago (más abajo a la derecha, supervisando la instalación del Cristo en el gablete de la iglesia). Un alegre repicar de campanas le anunciaba al pueblo la celebración religiosa. La iglesia estaba decorada de acuerdo con la estación, con cintas, guirnaldas y coloridas flores además del Nacimiento que un grupo de Caballeros Católicos hacía frente al presbiterio. El coro del colegio de las Hermanas Salesianas entonaba lindos villancicos. Entre ellos recuerdo el popular Adeste Fideles, que se cantaba en latín; pocos lo entendían, pero muchos tarareaban la bella melodía.

El día de Navidad mi familia se reunía de nuevo para lo que llamábamos “La Montería”. Era un almuerzo en el cual se comía todo lo que había sobrado de la Nochebuena. Y las consabidas diferencias de opiniones de cuál de los dos días los frijoles sabían mejor. Los villancicos amenizaban el evento. A los muchachos “más mayorcitos”, igual que la noche anterior, se les permitía beber una copa de vino con la comida. Al final todos brindábamos con sidra asturiana. Al final de ambos eventos venía la repartición de besos y abrazos con el tradicional “Feliz Navidad”.

Recuerdo también que unos días antes de Navidad mis padres nos pedían una pequeña donación (con los ahorritos de nuestra escasa alcancía) para dársela a la iglesia para los niños pobres cuyas familias no podían tener una cena como la nuestra. El Padre Jovaní, si no me equivoco, repartía esas donaciones entre las familias de la capilla de Rancho Grande.

Los regalos los recibíamos el día 6 de enero, fiesta de la Epifanía, cuando se conmemora la entrega de las ofrendas (oro, incienso y mirra) de los Reyes Magos al Niño Jesús. Me recuerdo las mesas con juguetes y otros regalos y adornos navideños que los comerciantes ponían en la acera de la calle 13, al igual que en los portales de la Ferretería Garrigó, tratando de convencer a los que pasaban para que compraran.

Bellos recuerdos de un pasado en que todos en nuestro pueblo convivíamos en paz con alegría y amistad. Cuando, a pesar de nuestras normales diferencias de opiniones, todo terminaba sin rencores, con un abrazo y un apretón de manos.

domingo 20 de diciembre de 2009

Luces y colores

1 ¡TOME LA PALABRA!

Por Giraldo Raymond de Con / Gijón, Asturias, España

Un recuerdo tenue de luces y colores llega a nosotros mezclado con la voz susurrante de la abuela, contándonos al oído cómo eran sus Navidades en el viejo Santiago.

Haciendo uso del más clásico estilo de cuentos infantiles, donde los príncipes, hadas y enanitos hacían de las suyas, comenzaba el cuento de nuestras Navidades:

“Había una vez un lugar muy lejano, donde las familias se unían a la mesa y disfrutaban con alegría de los manjares del Señor, mientras el gallo esperaba a la puerta de la iglesia por la misa, por el cura y por los feligreses de Dios…”

Allí sobre aquella larga mesa descansaba nuestro pavo, que nunca fue ave y sí lechón asado. Las guirnaldas con sus diminutas luces hacían acto de presencia y escuchaban con atención el estampido de las sidras y el roer de los turrones.

La Navidad es tiempo de amar, soñar, perdonar y recordar. En esa mezcla agridulce que es condición humana innata, nos embriaga la nostalgia y la alegría sólo es palpable en la comisura de los labios, cuando pedimos que el tiempo por venir sea mejor para todos. No puedo continuar escribiendo, éstos no son días para ello. Allá en el viejo Santiago, en el pueblo de todos, las luces y colores seguirán estando tenues.

Con estas Navidades se cierra un año muy difícil para muchas familias santiagueras. En el respeto al recuerdo de todos los que no están con nosotros, me permito evocar a la persona de nuestro amigo Ismael Balido, fundador de este sitio, quien disfrutaba de estos momentos con el amor y devoción que él solo sabía trasmitir.

Para ti, Ismael, y para todos, aquí estaremos siempre para que Santiago, vuestro Santiago, viva en nosotros.

Gracias y una Feliz Navidad para todos.

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Nota del Editor: Esta noche, fría en Miami como en Santiago de las Vegas, le ofrecemos la primera de cinco colaboraciones navideñas escritas por nuestra junta editorial. Esperamos que sean de su agrado, y que se motive usted también a escribir sus propios recuerdos de Navidades santiagueras de antaño, así como de las Parrandas Santiagueras y las celebraciones de Año Nuevo y del Día de los Reyes Magos.

viernes 18 de diciembre de 2009

Nota de duelo: Dolores Coronal

2 ¡TOME LA PALABRA!

El miércoles 16 de diciembre de 2009 entregó su alma en Santiago de las Vegas Dolores Coronal a la edad de 90 años. Esta buena y humilde santiaguera, que jamás aprendió a leer o escribir pero sí a rezarle a Dios, nació el 11 de abril de 1919 y vivió gran parte de su vida en un apartamento junto al "chalet" de la calle 2 y 11 de la familia Marrero, quien en su juventud acogió a la desventurada joven, dándole techo, comida y trabajo. En sus últimos años, estando ya muy enferma, Dolores fue atendida con esmero y abnegación por Concepción Díaz Marrero (Conchita). Confiando en que Dios tenga un rincón especial de la Gloria para esta sencilla e inocente santiaguera, expresamos a Conchita y a su familia nuestras más sinceras condolencias.

sábado 12 de diciembre de 2009

Viejos recuerdos de Santiago de las Vegas, No. 2

3 ¡TOME LA PALABRA!

por Gerardo Buría Prieto

El Club Atlético Santiago (abajo, en una noche de baile) es fundado en el año 1932 por una mayoría de jóvenes centristas (del Centro de Instrucción y Recreo), debido a una crisis surgida en la institución. Así es que en realidad el Club es un hijo del Centro de Instrucción y Recreo.

Ud. es viejo de verdad si recuerda que los acérrimos centristas no visitaban el Club ni iban al Teatro Minerva y reciprocando los clubsistas no iban al Centro ni al Teatro Popular. En 1949 siendo Presidente del Club y del Centro Leonides Cremata, se inician las gestiones de paz, las cuales culminan con la firma de un tratado al año siguiente siendo Presidentes Mario Simón del Club y Justo Rodríguez del Centro. De esa unión fraternal nace un ciclo de reuniones educacionales y fiestas bailables que fueron grandiosas.

¿Recuerda usted esas fiestas y disfrutó de ellas?

Ud. es viejo, pero viejo de verdad si empinó papalotes o jugó pelota en La Cuchilla, al fondo de La Conserva, o se deslizó en yaguas por la colina al costado de la línea ferroviaria. Desde allí en esos viejos tiempos, en el 1937, pudimos observar el comienzo de la construcción de las modestas casitas de lo que pudiéramos llamar los primeros repartos santiagueros, Rancho Grande, desde el Tejar hasta el puente de la calle 1 y Jalisco desde ahí hasta cerca del paradero de Diasera. Estos barrios fueron bautizados así debido a la popularidad lograda en aquellos tiempos por las películas mexicanas de esos nombres. Después siguió la expansión territorial de Santiago de las Vegas con los repartos Lídice, La Especial, Villanueva, Nuevo Santiago, Tessie, Guadalupe, La Catalina o 3 Minutos, La Aurora y Nueva Aurora. ¿Recuerda Ud. al Cabito Alejandro cuando nos perseguía en La Cuchilla por empinar papalotes con cuchillas en el rabo?

El Centro de Instrucción y Recreo comenzó en el 1950 el Día de los Enamorados, unas reuniones bailables en su terraza tituladas “Buscando mi corazón”, que eran completamente gratis. Desde el principio fueron un éxito y recuerdo que Belisario López y La Sonora Matancera iban a amenizarlas gratuitamente. Años después el 14 de febrero cayó sábado y entonces se organizó un baile normal en todos los salones, “Una noche con Cupido”, que se convirtió en tradicional por el éxito logrado.

Ud. es viejo si recuerda que se acostumbraba colocar sobres en distintos lugares del salón con el nombre de los muchos regalos que obsequiaban y que eran cortesía de distintas industrias cubanas. ¿Recuerda Ud. si consiguió alguno de esos premios o quizás encontró su amor en uno de esos bailes?

Igual que las Sociedades, los Teatros Popular y Minerva, más conocidos por el Centro y el Casino, mantenían una competencia que resultaba ruinosa para ambos, pues Santiago en esos tiempos no tenía suficientes habitantes para que dos teatros tuvieran funciones diarias. Eso dio lugar a que naciera el Circuito Teatral Santiago, trabajando unidos los dos teatros y regulando las funciones, alternándolas de lunes a viernes y funcionando los dos sábados y domingos. Al cesar el Circuito se siguió respetando por siempre esa forma de trabajar ambos teatros y que tanto éxito significó. En los dos Teatros los socios pagaban media entrada y gozaban de una función gratis mensual. Las matinées o tandas de los domingos eran las más populares. Por 5 centavos Ud. comenzaba a ver cine a la 1 de la tarde y terminaba a las 7 de la noche. En ese maratón de películas casi siempre nos brindaban 2 películas de acción, cowboys o pistoleros, 2 ó 3 cartones animados o “muñequitos”, comedias del Gordo y el Flaco, la Pandilla, los Hnos. Marx, noticieros, episodios semanales donde siempre el héroe terminaba en peligro hasta el próximo domingo, y las 2 películas principales. Recuerdo al vendedor de confituras pregonando “Africanitas, bombones, caramelos, pete y chiclets”, y si tenía dinero podía ir al café de Celestino a comerse un sabroso pastel de guayaba y un refresco. ¿Le era difícil conseguir los 5 centavos de entrada y más aún algunos kilos adicionales para comer algo?

¿Se acuerda Ud. cuando llovía mucho en Santiago las aguas corrían desde arriba del pueblo por las calles 6 y 10 y en mayor cantidad por la 8 para internarse en el callejón de la Estación hasta una pequeña laguna que se formaba cerca del apeadero de Diasera. Para los muchachos era una fiesta el bañarse en esas “purificadas” aguas que corrían hacia abajo después de limpiar el pueblo.


Yo recuerdo que en plena calle 8 jugué al tinguiriche con Panchón Herrera. La pelota que se usaba era hecha de papel y se forraba con cajetillas de cartón de las cajas de cigarros. Eras “out” si antes de llegar a la base te tocaban con la pelota, que era tirada por uno de los adversarios después de recuperarla al ser bateada con la mano.


También recuerdo cuando el Club Atlético Santiago derrotó al Matanzas 6x2 con Antonio Estrella (arriba, al centro) en la lomita frente a Sandalio Consuegra, siendo Genaro López el mejor bateador, así como Pedro Campos, Ciro Nueva y el propio Estrella. Ese mismo año 1943 Estrella derrotó a Julio Moreno y el Círculo de Artesanos 3x2, destacándose Ciro Nueva en el uso de la majagua.

Las croquetas de la Dominica (arriba, en la década del 1920) dieron con razón fama nacional a Santiago de las Vegas, eran sabrosas como ningunas. Sin embargo Ud. es viejo de verdad si recuerda con cariño las sabrosas y alimenticias fritas del Gallego de 4 y 11. Al salir del cine o de un baile era casi una obligación el comerse 1 ó 2 fritas del Gallego, después Caficola de Neno, un helado de Valiente o un batido de Enrique Bu, según fuera nuestra economía, y a dormir tranquilos.

Pero Ud. es viejo, pero viejo de verdad si recuerda cuando al Aeropuerto Internacional José Martí le llamaban La Curtiss y muchos de Uds. iban a sus alrededores para pasar el rato entretenidos mirando la entrada y salida de los aviones usados en aquellos tiempos.

El anuncio de hoy: El Telar, la tienda de los santiagueros elegantes. “Cuando tenga que regalar, no deje de ir por El Telar. Calle 13 y 6”.

¿Recuerda estas cosas? Entonces no se abochorne por la edad, Ud. es un santiaguero
viejo de verdad, como yo.

jueves 3 de diciembre de 2009

Notas de duelo: Esther Agustina Carral Salcido, Tertulina Rodríguez y Dr. Esteban González Blanco

4 ¡TOME LA PALABRA!

Con gran pesar informamos del fallecimiento de tres muy estimados miembros de nuestra familia santiaguera:

Según nos comunica el Sr. Roberto Fina (hijo) desde McAllen, Texas, el sábado 10 de octubre del presente año falleció en esa ciudad su madre la Sra. Esther Agustina Carral Salcido, que ejerció en nuestro pueblo como maestra normalista y que fuera esposa del Sr. Roberto Fina Díaz, figura muy reconocida en nuestra ciudad y que por mucho tiempo representara al Club Atlético Santiago en la administración del Teatro Minerva del Casino Español.

El matrimonio Fina-Carral junto con su hijo residían en la calle 7 entre 2 y 4 casi esquina 2.

Por nefasta casualidad ese mismo día, sábado 10 de octubre, fallecía en Miami la Sra. Tertulina Rodríguez Vda.de Fina, tía de Roberto. Maestra de música que por mucho tiempo ejerció su profesión en el Hospital de Dementes de Mazorra, la Sra. Rodríguez era la esposa del Sr. José Antonio Fina, reconocido y servicial enfermero ortopédico de aquel Santiago de ayer. Ambos residían en la calle 13 entre 10 y 12, frente al establecimiento conocido como la Panadería Ceres.

En otra nota de dolor lamentamos informar del fallecimiento en la ciudad de Hialeah, Florida, el lunes 23 de noviembre, a la edad de 85 años, del Dr. Esteban González Blanco, propietario que fuera de la "Óptica Santiago", reconocido y popular establecimiento que en la década de los 1950 estuviera localizado al lado de la tienda y sastrería "El Dandy" en la calle 13 entre 4 y 6, casi esquina 6.

Hombre de cultivada intelectualidad y gran decencia, el Dr. González Blanco disfrutó siempre de la lealtad y el reconocimiento de muchos de sus clientes e innumerables amigos. Junto a su esposa la Sra. Eneyda García fueron residentes del Barrio de Rincón, donde la familia de su suegro el Sr. Adelino García eran bien establecidos y prestigiosos comerciantes.

Por todos ellos hacemos votos por el eterno descanso de sus almas y expresamos nuestras más sentidas condolencias a todos sus familiares.

lunes 30 de noviembre de 2009

Arsenio J. Alemán Campos, nuestro compañero en la prensa

2 ¡TOME LA PALABRA!

por Arsenio J. Alemán Agusti / Santiago de las Vegas

Transcurriendo el año de 1926 un grupo de jóvenes en Santiago de las Vegas se dieron a la tarea de fundar un periódico y ponerlo en circulación. Todos ellos eran entonces estudiantes que cursaban la Escuela Normal para Maestros o aspiraban a hacerlo.

En ese grupo estuvo incluído mi padre, Arsenio J. Alemán Campos (Santiago de las Vegas, 1912-1978, a la derecha), quien por más de 30 años ejerciera la docencia en esa localidad y desarrollara una intensa vida profesional y social.

Arsenio J. Alemán Campos, nuestro compañero en la prensa, obra que no es completa ni perfecta, intenta recoger el camino de esos periódicos estudiantiles y sigue la trayectoria de Alemán Campos en el terreno del periodismo. Se presenta la compilación de sus trabajos escritos y publicados en los diferentes órganos que han podido localizarse en los fondos de la Biblioteca Pública Municipal Más Luz de Santiago de las Vegas y en su documentación personal. Dada la especial característica de un periodismo llevado a cabo por jóvenes estudiantes inexpertos, que después no lo fueron tanto, se recogen también los juicios que entonces se emitieron sobre esos periódicos que ellos publicaban y sobre sus hacedores. Logramos obtener datos e informaciones suficientes como para reflejar todo un ambiente de la época que les tocó vivir a mi padre y a sus compañeros y quedan rescatadas crónicas y artículos que ayudarán sin duda alguna a un mejor conocimiento de lo que fue Santiago de las Vegas.

(Adaptado de las "Palabras al Lector" del autor)
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Nota del Editor:
Esperamos que lea con esmero esta elocuente obra, en cuyas 107 páginas quedan plasmados no sólo la historia de uno de los más destacados santiagueros de la primera mitad del siglo XX o el entorno sociocultural de su época, sino también el profundo respeto, amor y admiración de un hijo hacia su padre. Nos atrevemos a opinar que
Arsenio J. Alemán Campos, nuestro compañero en la prensa quedará como una de las más importantes obras de la historiografía santiaguera.

jueves 26 de noviembre de 2009

¡Feliz Día de Acción de Gracias!

1 ¡TOME LA PALABRA!

Hoy, último jueves del mes de noviembre, se celebra como cada año en Estados Unidos, donde residimos tantos santiagueros, "Thanksgiving", o el Día de Acción de Gracias. Esta fiesta conmemora la primera cosecha de los peregrinos de la colonia de Plymouth, Massachusetts, a principios del siglo XVII. También se celebraba en Santiago de las Vegas entre los fieles de la iglesia Metodista, y por lo tanto, a los que vivieron un "Thanksgiving" santiaguero, les invitamos hoy a que nos regalen sus recuerdos de cómo se celebraba esta fiesta de origen anglosajón en Santiago de las Vegas.

A todos, ¡felicidades!

martes 24 de noviembre de 2009

Nota de duelo: Consuelo Álvarez Pérez

7 ¡TOME LA PALABRA!

En la madrugada del día 20 de noviembre de 2009, falleció en Miami, Florida, la señora Consuelo Álvarez Pérez, esposa del Sr. Emilio Prieto Nardo y madre de Noel y Emilio Prieto Álvarez, todos ellos santiagueros radicados en Miami desde hace varios años.

Consuelo Álvarez vivió hasta su salida de Cuba en la calle 2 No. 261 entre 11 y 13 en Santiago de las Vegas.

Hacemos votos por el eterno descanso de su alma y expresamos a su compañero de la vida Sr. Emilio Prieto Nardo y a sus hijos Noel y Emilio nuestras más sentidas condolencias.

viernes 20 de noviembre de 2009

América y María, comadronas de Santiago

4 ¡TOME LA PALABRA!

por Raúl Rodríguez Vega

Antes del advenimiento del moderno y antiséptico hospital, las mujeres daban a luz en sus casas, asistidas comúnmente por la comadrona, figura que desde tiempo inmemorial viene desempeñando su vital papel en la historia humana.


En Santiago de las Vegas tampoco faltó la comadrona: allá por los años 30, 40 y 50 del siglo pasado contábamos con América y María, que entre las dos sin duda alguna tienen el promedio más alto de santiagueros recibidos al llegar a este mundo, ya que eran las únicas.

María tenía su casa-consulta en la calle 2 entre 3 y 5. No le conocimos hijos, pero contaba con varios sobrinos cuyo apellido era Catalá.

América vivía y consultaba en la calle 9 entre 6 y 8. Tenía 3 hijas, Berta, Juana, y la tercera, cuyo apelativo no recordamos, estaba casada con un español que en un tiempo fue conserje del Casino Español de 11 y 8; según memorizamos tenían un hijo.

Ambas María y América realizaban los partos a domicilio, o sea en las casas de las parturientas.

Cobraban módicos precios y cuando no había dinero realizaban igualmente su trabajo gratuitamente; debemos tener en cuenta que muchos de los partos que atendían eran de las personas más pobres.

¿Cuántas santiagueras se llamaran en honor a ellas América o María?

Sirva esta crónica para agradecer y recordar a estas abnegadas comadronas con que contó en una época Santiago de las Vegas.

jueves 12 de noviembre de 2009

Un Poema a Santiago de las Vegas

2 ¡TOME LA PALABRA!

por Evelio Carballo (Hijo) / Londres, Inglaterra

Santiago de las Vegas

Santiago es una ciudad,
no un pueblecillo oscuro,
donde habita la humildad
y un gran sentimiento puro.

Tiene una rica historia
de muy bellas tradiciones,
personajes de gran gloria,
principios y condiciones.

De alto espíritu, sencillos
festejos…¡inigualables!,
bailes, cultura, caudillos,
recuerdos inolvidables.

Hoy sus hijos con afán
buscan rescatarlo todo,
unificados, ya van,
marchando codo con codo.

La Fundación ‘Altagracia’,
los Balido y muchos más,
luchan por la idiosincrasia
de nuestra linda Ciudad.

Esa: “la Época Dorada”
que tuvo nuestro Santiago,
fue hermosa y destacada,
triunfal, sin malos rezagos.

Hoy en la era moderna
de tecnológica altura,
‘Santiago en Línea’ gobierna
de montañas a llanura.

Nos llena de remembranza
y de orgullo bien forjado.
Siempre con firme esperanza
de ver el sueño logrado.

Londres, a 11 de noviembre de 2009

miércoles 11 de noviembre de 2009

Las cosas de mi abuelo

1 ¡TOME LA PALABRA!

por Alberto Cortada Romero (Nene Cortada)

A mi abuelo (por parte materna) yo le decía RRR porque se llamaba Ramón Romero Riverón, aunque era conocido en nuestro pueblo como "Monguito Romero".

Hijo único, fue nieto de "isleños" emigrantes de las Islas Canarias, de los cuales heredó sus arraigadas cualidades de amor al trabajo y devota dedicación a su familia, condición innata de muchos de los humildes nativos de esa ultramarina provincia española.

Circa 1955: Ramón Romero Riverón ("Monguito", 1886-1968; en el centro, mirando a la cámara), haciendo sus compras en la bodega de víveres "La Cubanita", calle 2 y Cruz Verde (calle 13). En ese entonces la bodega era propiedad de los hermanos Ramón y Reynaldo Núñez, de los que Monguito junto con su familia eran habituales clientes.

Imagen de la colección de Carlos Valiente Romero.
Siendo aún joven aprendió a cantar y tocar la guitarra y a finales de los años 1920 fue parte del septeto "El Diablo Rojo", conjunto musical que organizara en Santiago de las Vegas el siempre entusiasta activista Sr. Piro Tuero y su esposa Teresa, que juntos con su numerosa familia eran muy activos en la organización de comparsas y parrandas con que se amenizaban muchas de las fiestas tradicionales de nuestro querido pueblo.

A finales de los 1940 y comienzos de 1950 abuelo Monguito fue por algún tiempo conserje del Club Atlético Santiago. Así pues durante el verano, en los domingos cuando jugaba baseball el equipo del CAS, en cuanto en el cielo aparecían nubes negras (amenazantes con lluvia), mi abuelo cogía cenizas de la casa de mi tía Irma, donde se cocinaba con carbón (las cocinas de gas todavía en esa época se consideraban un lujo), y corría al patio, donde hacía una cruz de cenizas para que no lloviera y por tal motivo no se suspendiera el juego.

El único que le creía era yo, que era el más pequeñito de la familia.

Otra costumbre "isleña" de mi abuelo era poner el menudo (monedas) en la punta del pañuelo y después por seguridad hacerle un tremendo nudo. Para pagar pues con el menudo tenía que zafar el nudo (pocas veces "nada fácil" y la mayoría de las ocasiones "bien difícil"), por lo que se convertía el hecho en una gran odisea que a nosotros nos hacía reir mientras esperábamos que el bueno de abuelo nos regalara su subvención semanal de "un real" (10 centavos), con el cual en las mayorías de las veces corríamos a "La Fritura de Bigote el Chino" en 4 y 11, donde nos comprábamos un helado de 3 centavos, una fritura de boniato y un paquetico de maní.

Como mi abuelo era de profesión tabaquero (de acuerdo con su propia demanda hacía sus propios tabacos, para lo cual guardaba debajo de su cama una caja con su chaveta y un buen suministro de picadura y capa), por tal motivo siempre tenía un tabaco en la boca y como era costumbre muy corriente tiraba el cabo que le quedaba donde quiera que estuviese.

Esta costumbre de tirar los cabos de tabaco era una cosa tan generalizada entre la mayoría de los fumadores de Cuba y eran tantos los que se tiraban en las calles, que en nuestro Municipio el Hospital de Dementes de Mazorra autorizaba a los enfermos más apacibles para ir por las calles recogiendo en sacos los cabos de tabacos, con los que luego hacían sus propias fumas. Con ese propósito recorrían grandes distancias con el pesado saco lleno de cabos de tabaco al hombro.

Hasta aquí los recuerdos de mi querido abuelo RRR (Monguito), persona de origen muy pobre y humilde que siempre demostró ser un buen hombre: noble, callado, sufrido, pero sobre todo fue un gran padre y un gran abuelo, cariñoso, dedicado y generoso... y eso es lo que más cuenta al hacer el resumen de su vida.

miércoles 4 de noviembre de 2009

La prodigiosa memoria de los elefantes

1 ¡TOME LA PALABRA!

por Raúl Rodriguez Vega

Cada año el Circo Montalvo pasaba una semana en nuestro pueblo, desplegando sus telones en terrenos del paradero del tren en el espacio de la calle 16 entre 11 y 13. Cada tarde salía una caravana por el pueblo para anunciar la función de la noche, compuesta por payasos, equilibristas, animales amaestrados (entre ellos la elefanta Tana), y los grandes tambores conocidos por "timbales", que los muchachos se disputaban por cargar, y como recompensa había entrada gratis a la función de la noche.

Una de las tardes, al llegar la tropa a 13 y 4 frente al kiosco de Berardo, uno de los clientes, un poco pasado de tragos, la emprendió a hielazos contra la elefanta, dando por resultado que la misma montara en cólera y saliera a atacar al imprudente. Si no hubiera sido por el cuidador que actuó rápidamente, se hubiera dado en el lugar una tragedia de proporciones... elefantinas.

Al año siguiente, al repetirse el recorrido del circo, en el mismo lugar se encontraba el beodo, y la elefanta con su prodigiosa memoria, enseguida lo atacó, lo tiró al suelo y lo golpeó con la trompa. Al pobre hombre lo salvó la rápida actuación del cuidador y de algunos curiosos que frecuentaban el lugar.

Por mucho tiempo en Santiago se comentó el caso, poniéndose de manifiesto la prodigiosa memoria de los paquidermos.

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Nota del editor: Si desea profundizar en el tema, en junio del 2009 Consuelo Hernández Basabe también escribió un artículo sobre el circo en Santiago de las Vegas.

domingo 1 de noviembre de 2009

Al Dr. Gabriel Gravier

2 ¡TOME LA PALABRA!

El Dr. Gabriel Gravier (1900-1974), uno de los más destacados intelectuales santiagueros de su generación, dejó profundas huellas en la historia y vida cultural de nuestra ciudad. A su fallecimiento en Miami en 1974, otro gran intelectual cubano, el escritor José Sánchez Boudy, le rinde tributo en el Diario Las Américas, cuyo texto le ofrecemos hoy por cortesía de Roger Balbi, quien conservó el recorte que reproducimos más abajo.

Autor de varios volúmenes del "Diccionario de cubanismos más usuales" y uno de los más prolíficos ensayistas y novelistas de la diáspora cubana, "Pepito", como lo conocen sus amigos y admiradores, visitaba a su amigo Gravier cada vez que venía a Miami desde Carolina del Sur, donde era profesor universitario. En esta sentida elegía expresó con dulces palabras el respeto y profunda amistad que sentía por el autor de 26 cuadernos de poesías... y la inmortal canción "Una rosa de Francia".

Recuerde que debe pulsar sobre la imagen para ampliarla.

sábado 31 de octubre de 2009

Las panaderías de Santiago de las Vegas

6 ¡TOME LA PALABRA!

Por Raúl Rodríguez Vega

Entre los años 40 y 50 del pasado siglo, en nuestro pueblo existían nueve panaderías. Lo curioso es que todas estaban en calles con números impares, comenzando en la calle 5 y terminando en la 17, a saber:

En la calle 5 entre 4 y 6 estaba “La Lolita”, que repartía el pan por las bodegas en camión.

“La Santiaguera de Castañeda” en calle 7 entre 2 y 4, que también repartía el pan por las bodegas.

“La Criolla” de calle 9 entre 2 y 4, que repartía el pan en un carro de caballo.

La calle 11 contaba con “La Angelita”, de Manuel Carballo, entre las calles 14 y 16. La totalidad del pan lo repartían por las bodegas en un camión.

En la calle 13 había dos panaderías: la del español Méndez en 13 entre 0 y 2 con venta para las bodegas, y la panadería “Ceres” con venta de pan de pico y especial sólo en el mostrador. Su próspero propietario se nombraba Pedro.

La calle 15 tenía dos también: la de los Santos (entre 0 y 2), que repartían el pan en un carro de mano por las bodegas; y la del propietario nombrado Fomento (entre 12 y 14), que también repartía por las bodegas.

En la calle 17 entre 8 y 10 tenía José Fuentes su panadería.

Además de las nueve panaderías de Santiago, tambien repartían pan en Rancho Boyeros “La panadería de Capote”; en Rincón “Los Vega”; en Wajay “La Nivaria”; y en Calabazar, la de Manolo Simón y otra más, lo cual nos da un total de 14 entidades que luchaban por ofrecer el mejor pan a nuestra localidad.

lunes 26 de octubre de 2009

Cuando Yiyo se hizo barbero

6 ¡TOME LA PALABRA!

por Raúl Ariel Rodríguez Vega

Camilo Vasallo vivía en la calle 16 entre 15 y 17 con su esposa y dos hijos. Persona emprendedora, en la sala de su casa albergó distintos negocios: venta de frituras, helados y duro frío, papalotes, en fin, todo lo que pudiera ser comercializado.

El hijo pequeño de Camilo, conocido por Yiyo, es el protagonista de esta historia. El Yiyo era un gran limpiabotas ambulante. Un día, allá por los años 50 del siglo pasado, quiso cambiar de oficio y con la ayuda del padre, compró todo lo necesario para ser un gran barbero. Yiyo estimó que estaba listo para pelar, pues contaba con todos los utensilios: tijeras, peines, un reluciente maletín, y batas sanitarias como las que usaban Neneíto, Mario Simón, Belarmino Valiente y Joseíto Rey, y (según su decir) mejores que las de Sosa, Vigil, Macho Capote y Vicente, el único barbero oficial de los señores de color. Lo único que olvidó el Yiyo: aprender a pelar.

Un día, con la bata y el maletín, trató de conseguir el primer cliente, algo que no logró en Santiago pues la gente lo conocía y sabía que Yiyo era cualquier cosa menos barbero. En vista de lo anterior, Yiyo quiso probar fortuna en El Rincón. Fue proponiendo sus servicios por las casas hasta que llegó al reparto Melilla, a un costado del Lazareto. En ese lugar encontró a un vecino con cuatro pequeños hijos, a los cuales se les notaba que en muchos meses no pasaban por una barbería. El pobre hombre se encantó de que le pelaran los muchachos en casa y a muy buen precio.

Le prepararon al presunto Fígaro un espacio en el portal para que pelara a los cuatro niños y al padre. El barbero tendría un gran debut. Yiyo comenzó su tarea con el primer muchacho mientras el padre, confiado en el buen servicio, continuó en los trajines del hogar.

Cuando el padre de los muchachos estimó que Yiyo había tenido tiempo suficiente para terminar el primero, llegó al portal y... ¡cuál no sería su sorpresa al encontrarse una veintena de vecinos congregados frente a la improvisada barbería que no podían contener la risa ante las "cucarachas" y tijeretazos que lucía el hijo en la cabeza!

Ante la cólera del padre, Yiyo echó a correr por la línea del tren y no se sabe cómo pudo llegar sano y salvo a su casa en Santiago.

Éste fue el debut y despedida de Yiyo como barbero, por lo cual siguió con su oficio de limpiabotas, que ejerció tanto en Santiago como en el aeropuerto de Rancho Boyeros... donde un día por poco causa una catástrofe mayor que el pelado del niño cuando, según cuentan, se "coló" en la pista de aterrizaje y, haciéndose el parqueador de aviones, comenzó a dar señales.

Creemos que Yiyo falleció en Miami. Por estos recuerdos que hoy nos hacen sonreír damos las gracias, y esperamos que Dios lo tenga en la Gloria.

sábado 17 de octubre de 2009

Viejos recuerdos de Santiago de las Vegas

9 ¡TOME LA PALABRA!

por Gerardo Buría / Miami, Florida

(No, no se lo imagina, en realidad ésta es una malísima imitación de la famosa columna de Fausto Miranda)


¿Santiaguero o veguero? Si a mí me preguntaban contestaba, “santiaguero de Santiago de las Vegas”.


¿Qué decía usted?

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La peregrinación al Cacahual los 7 de diciembre era una de nuestras mayores tradiciones. Desde temprano en la mañana empezaba el desfile a pie de la mayoría de los santiagueros. Unos iban por la sinuosa carretera bordeando La Tabernita, otros cortaban camino atravesando la Finca Pajarito. Durante el camino disfrutábamos de los vendedores ambulantes variados, la mayoría prefería los de pan con lechón. De una de esas mesas nació el que fuera después el famoso “Rincón Criollo” de Sindito Acosta.


¿Cuántas veces hizo usted ese recorrido?


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Santiago de las Vegas era famoso por sus bailes; la Ciudad Alegre, le decían. Las mejores orquestas los amenizaban en los salones del Centro de Instrucción y Recreo (C.I.R.), el Club Atlético Santiago (C.A.S.), El Centro de Instrucción y Recreo La Gloria, y más atrás, el Casino Español. Los nombres de la Sonora Matancera, el Conjunto Casino, Jóvenes del Cayo, Benny Moré, Roberto Faz, Belisario López, Arcaño, Romeu, Duarte, Aragón, Sensación, Cheo Belén Puig, Chapoteen, Julio Cuevas, etc., eran comunes en ellos.


1948: Noche de baile en Santiago de las Vegas.

La culminación: los Bailes del Patrón y las Parrandas Santiagueras de fin de año. Se cerraba la calle 11 y unidos los salones del C.I.R. y el C.A.S. se celebraban los bailes más grandes de toda la provincia.


El Centro de Instrucción y Recreo, una noche de Parrandas Santiagueras.

¿Recuerda usted las veces que asistió a esos bailes y cómo se divirtió?


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Cuba era famosa por su magisterio, en ese aspecto Santiago de las Vegas no era segundo de nadie en toda la Isla.

Sus escuelas públicas y privadas y sus profesores eran un motivo de orgullo para nosotros.

1951-52: Estudiantes de bachillerato de primer año de la Academia Brito.

Entre las escuelas públicas podemos citar las 2 y 4 de varones, 1 y 3 de hembras, los centros escolares de Rincón, Calabazar, Boyeros y Mazorra. Entre las privadas, las academias Gacio, Brito, Richard, Amador, Carral, etc. Usted es viejo si recuerda la Escuela Primaria Superior fundada por el Centro de Instrucción y Recreo que brindaba gratuitamente sus servicios a sus alumnos, después la Escuela Primaria Superior Oficial, un orgullo nuestro.


1944: Claustro de Profesores de la Escuela Primaria Superior: De pie, de izquierda a derecha: Alfredo del Amo, Esther Pita, Mario León, Margocita Sánchez, Aurelio Roura Menéndez, Felipe Piñera, Amado Herrera León. Sentados de izquierda a derecha: Dra. Rina Cortada, Soledad Cobo, José Manuel Sánchez Luque, Dra. Nieves Amores y una profesora cuyo nombre no recordamos.

Mencionar nombres de maestros, es quizás caer en penosas omisiones. Para mí, José Manuel Sánchez Luque (sentado, al centro, en la fotografía) fue el Maestro de Maestros.


¿Recuerda usted a su maestro preferido y la escuela a la que asistió?


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El Parque Juan Delgado, nuestro Parque Nuevo (a la izquierda), fue el lugar romántico por excelencia de Santiago de las Vegas. Allí nacieron la gran mayoría de los amores que luego resultaban en matrimonio, asegurando la descendencia santiaguera. Las vueltas al parque, los jóvenes a la izquierda, las muchachas a la derecha, los piropos y las bromas al cruzarse. Si ligábamos cambiábamos el rumbo de nuestras vueltas acompañando a las muchachas.

Los domingos, la retreta de nuestra Banda Municipal, dirigida por el Profesor Eduardo Escalante.


¿Recuerda usted esos buenos tiempos?


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El Centro de Instrucción y Recreo celebraba el 5 de febrero su tradicional Velada Aniversario. Cooperaban en ella gratuitamente muchos famosos artistas nacionales y locales. Entre los nacionales, recordamos a Tito Hernández, Salmolledo, Américo Castellanos, Manolo Torrente, Zoraida Marrero, etc. Entre los locales, Esther Borja, Luis Beiro, Alfonso Pérez, Sinesia Rojas, etc. Los últimos años esta Velada era amenizada por la Banda de la Policía Nacional, dirigida por el Comandante Romaguera. Lograr asiento era dificilísimo.


¿Pudo conseguirlo usted?


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El baseball era el deporte preferido de los santiagueros. No recuerdo por no ser suficiente viejo el famoso Club del C.I.R., con Chilo Martínez, Rodolfo Denis (Platabella), Chacho y Armando Pozo, etc. Sí recuerdo el team del C.A.S. cuando jugaba en el terreno de los Bacallao en la calle 2, y nos subíamos en los frondosos árboles de la carretera para ver el juego gratuitamente. Antonio Estrella, Ciro Nueva, Yiqui de Souza, Bayito Dedric, Pedro Campos, Pomares, etc. Después cuando ganamos el Campeonato Nacional de Amateurs, ya en los nuevos terrenos de la Finca La Catalina. Esas gloriosas franelas fueron vestidas por Yuyo Rojas, Neneíto Temes, Idael de la Paz, Orlando Denis, Felo Sánchez, Vicente Echegarrúa, Rogelio Reyes, el guajiro José R. López, y otros que ahora no recuerdo.

Al centro, el pitcher Antonio Estrella, quien fue una gloria del team del Club Atlético de Santiago de las Vegas.

¿Era usted fanático de ese baseball? ¿No recuerda ningún aguacero en el Stadium, o el rabo de nube que un domingo se llevó todos los zincs del techo?


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Las graduaciones de la Escuela Primaria Superior eran uno de nuestros grandes acontecimientos. Sus shows presentados por las profesoras de música Margot Sánchez, Edna Gravier, Solita Cobo y Piedad Gravier eran de una cualidad superior, teniendo en cuenta que eran interpretados por los alumnos de las escuelas, sin experiencia previa como artistas. Que recuerde, sobresalieron como estrellas de las mismas Amparito García (q.e.p.d.), Blanquita Enríquez y Leny González. Los asistentes eran tantos que los últimos años hubo de hacerse por invitación para que pudieran asistir los familiares de los alumnos y las autoridades escolares y oficiales.


Circa 1947: graduación de la Escuela Primaria Superior en el Teatro Popular del C.I.R.

¿Asistió usted a esas graduaciones?


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El anuncio de hoy: La Marquesita, calle 13 No. 31. La única tienda con portal. Perfumería, Camisería y Ropa Fina.

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Si usted recuerda todo esto, es un santiaguero o veguero de verdad. Si es viejo o muy viejo, depende de su ánimo, no de sus años.


¿Cómo lo tiene usted?

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Publicado con el permiso del autor.

martes 13 de octubre de 2009

Ramoncito el de la imprenta... o La imprenta de Ramoncito

5 ¡TOME LA PALABRA!

Por Carlos Valiente Romero / Tampa, Florida

Entre los muchos recuerdos imborrables que aún guardamos de nuestro pueblo, está la memoria de muchos de sus comerciantes cuyos nombres quedaron para siempre unidos a la identificación popular de sus negocios.

De ahí el hecho que aún hoy después de tantos años es fácil identificar en nuestros recuerdos sitios como: la nevería de Santos Lucio, la botica de Mora o la botica de Fina, el kiosco de Berardo, el carrito de fritas de José el Gallego o el de Jesús Chicharrita, la ferretería de Felito Romero o la de Garrigó con el banco de su nombre, la Caficola del Neno o el bar de Tata Carballo o el Bar de Gervasio, la heladería de Andrés Valiente o las bodegas de Enrique Bú o de Lisardo Fernández, etcétera.


De entre todos esos distinguidos comerciantes, destacamos hoy a Ramón Balbi López (1895-1961), persona íntegra e intachable por todos conocido como "Ramoncito el de la imprenta", negocio que operó por muchos años en la calle 4 entre 11 y 13, bajo el nombre de Talleres Tipográficos "Mikleff" (apellido del dueño original José Mikleff).

Son innumerables las anécdotas que pudieran contarse por muchos que como nosotros, por algunos años, éramos visita casi a diario de aquel hervidero de trabajo que era "la imprenta de Ramoncito", pues aparte de ser en nuestro pueblo un casi exclusivo centro de ventas de artículos de librería y papelería allí se editaban por años y años todas las necesidades de impresos de la mayoría de nuestros comerciantes e instituciones cívicas y religiosas, así como innumerables publicaciones como los programas diarios para los cines "Popular del Centro" y el "Minerva", las ediciones mensuales de la "Revista del C.I.R.", la quincenal de la revista "Antorcha" y también la de la revista "Serpentinas", ésta última publicada por algún tiempo por los hijos de Ramoncito, los jóvenes Roger y Robertico Balbi Barceló.

Entre muchas de las historias que recuerdo de mi trato con el bueno y desinteresado amigo Ramoncito era el hecho de que rendidos sus servicio de imprenta con plena satisfacción de sus clientes, pagarle a Ramoncito era un gran problema porque el buen hombre, aparte de ser modesto y generoso en el precio que te daba, permanecía tan ocupado por cumplir sus nuevos y demandantes compromisos de trabajo, que después de meses y meses no te presentaba las numerosas y pendientes cuentas a cobrar... documentación que guardaba en un buen número de cajas de cartón más conocidas como "cajas de zapatos".


Casado por muchos años con la Sra. María Luisa Barceló, fueron Ramoncito y su esposa miembros fundadores de la Iglesia Metodista de Santiago de las Vegas, lugar donde profesaron su fe con gran humildad y espiritu cristiano hasta el último día de sus vidas.

Hasta aquí mis recuerdos de nuestro gran amigo, Ramoncito Balbi, honrado y laborioso comerciante, que fue parte de muchos de aquellos hombres que, aún actuando de una manera humilde y anónima, siempre se destacaron en su cooperación desinteresada por lograr el progreso y bienestar de nuestro querido Santiago.

Imagen de la colección de Roger Balbi Barceló.

jueves 8 de octubre de 2009

Himno al Centro de Instrucción y Recreo

0 ¡TOME LA PALABRA!

El Centro de Instrucción y Recreo, aquella augusta y santiaguerísima institución que tanto bien hizo en nuestro querido pueblo, aún hoy provoca en los que lo conocieron un sinfín de recuerdos y anécdotas. En su época misma provocó también fuertes emociones, como lo demuestra el himno compuesto por la Escuela Primaria Superior No. 2 (de niñas) para el C.I.R., que hoy nos llega por cortesía de Marcos Ruiz Rubio y su gentil esposa Elsa.

Himno de la Escuela Superior de Niñas
al Centro de Instrucción y Recreo

Salve, salve, Institución, tan patriótica y tan digna,
que a los santiagueros brinda cultura, recreo, y honor.
Todos tus hijos te adoran, porque fuiste una madre
que en los tiempos memorables diste a ellos paz y amor.
Nuestra Escuela está orgullosa al brindar a ti este honor
porque fuiste la primera que nos dio abrigo y calor.
Junto a tu linda bandera entonamos este himno
que hoy te cantamos a coro, cual regalo merecido.
Gloria a Ti, Centro Cubano, que imitaste a Martí
al unir nuestros hermanos, haciendo a un pueblo feliz.
¿Recuerda usted este himno? ¿Sabe en qué época, y por qué se compuso? ¿Habrá sido con motivo de algún homenaje al Centro? ¡Avísenos, por favor!

martes 6 de octubre de 2009

Los vendedores ambulantes de mi niñez

3 ¡TOME LA PALABRA!

por Consuelo Hernández Basabe / Miami, Florida

[Nota del editor: Continuando con el tema de los personajes de Santiago, hoy tenemos el gusto de ofrecerle este artículo publicado en el sitio original de Santiago de las Vegas en el 2003].


Por las calles de Santiago deambulaban día y noche vendedores que surtían al pueblo de todo tipo de mercancías y alegraban el aire con la melodía de sus pregones. He aquí algunos de los que puedo recordar de los años 40 y 50.


El carbonero. Recuerdo el carretón del carbonero que recorría el pueblo y la mula que iba parando en cada casa que les compraba cinco o diez centavos de carbón, pues ya sabía bien quién era cliente y quién no. A veces Mima nos decía, "Dile que te echen un poco de cisco" (la boronilla del carbón desmenuzado, que se colocaba sobre periódicos y debajo de los carbones antes de rociarlos con alcohol para empezar el fuego con más rapidez). El sabor de los bistecs en la parrilla era exquisito, más nunca he sentido el olor cuando se estaban cocinando y el humito cuando caía en el fuego el jugo de la carne, adobada con limón o naranja agria, sal y ajo.

El galletero.
Recuerdo tarde en la noche que nos sentábamos en el quicio de la puerta y en el silencio oíamos, "¡GÁ - lle - te - RÓ!" Éste era un señor bajito él, llamado Blanco y precisamente se vestía de blanco y con 2 latas iba por el pueblo vendiendo galletas de sal, calientes y riquísimas.

El tamalero.
Estos señores vendían tamales hechos en casa y los traían en latas de fondo falso y carbón debajo que los mantenían calientes. El pregón era "¡Pican y no pican los tamales! ¡Tamalero!" Los que llevaban picante eran los "que pican," y los que no picaban eran igual de ricos.

El lechero. Los lecheros tenían fincas y venían al pueblo temprano en la mañana con sus caballos con las alforjas llenas de litros de leche. Ellos no pregonaban, pues servían una clientela fija. Esa leche, salvo algunos que le añadían agua para aumentarla y eso era un chiste en el pueblo, regularmente era una leche pura de la que se hacía mantequilla en la casa. También los lecheros hacían el queso blanco, que lo traían envuelto en hojas de plátano, también exquisito y fresquito acabado de hacer. Yo recuerdo el queso que hacía Ismael y después Armando Encinosa, los dos fallecidos. Ellos tenían su finca pero vivían en el pueblo frente a mi casa, unas personas muy queridas por todos y especialmente por nosotros, pues prácticamente nos críamos con ellos.

"Comida de bobos".
También venía al pueblo el guajiro con los racimos de mamoncillos que a nosotros nos encantaban. Pipo le llamaba comida de bobos, porque es más semilla que nada, pero aún así para los muchachos era algo especial.

El botellero.
Éste era un señor que cambiaba globos por botellas y ese era su pregón: "¡Cambio globos por botellas!" Cada vez que lo oíamos empezábamos a buscar cualquier pomo o botella para que nos diera globos.

El amolador de tijeras. Este señor era bajito y llevaba siempre una boina (dicen que era italiano). Él se anunciaba con una armónica y afilaba tijeras, cuchillos, machetes, y demás.

Novela a domicilio.
Yo recuerdo un señor que traía a la casa una vez a la semana una novela que era una serie que desde luego cada semana terminaba en un momento de drama o suspenso; creo que valía cinco centavos la hojita, y Mima me las daba para que yo se las leyera. Eran tremendos dramas con mucho llanto y niños perdidos y mujeres abandonadas y tal, ya podrán imaginar.

"¡Estiro bastidores!" Así era precisamente el pregón, pues las camas tenían unos bastidores de alambre que con el tiempo se estiraban y le parecía a uno que estaba en una hamaca, pues se hundían en el medio.

El limosnero. No sé si muchas personas recuerden un señor que venía pidiendo limosna con una Virgen de las Mercedes. Él era un señor de color muy alto y vestido todo de blanco. Era mudo (o eso decía la gente) y tocaba una campanita. Cuando yo era chiquita y oía la campanita me escondía pues le tenía miedo y él, el pobre, se paraba delante de cada casa y sonaba la campanita y yo dentro de la casa con el corazón saliéndoseme, pues me parecía que aún con la puerta cerrada iba a entrar.

Imagénes cortesía de Xiomara Vigoa.