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lunes, 5 de mayo de 2025

El Comité de Gobierno Municipal: Una iniciativa adelantada a su tiempo en Santiago de las Vegas

2 ¡TOME LA PALABRA!

Autor: Ing. Arsenio J. Alemán

Antecedentes que deben ser conocidos

Corre el año 1940. Año de elecciones en Cuba. Acaba de ser aprobada una nueva Constitución. El ambiente político está en su apogeo.

En Santiago de las Vegas deben celebrarse elecciones para ocupar el cargo de Alcalde y también deben elegirse los nuevos concejales. Hay varios candidatos y múltiples partidos involucrados en el proceso.  La campaña electoral es intensa. Los candidatos con más posibilidades fueron el representante del PRC(A), Benjamín “Mino” Rodríguez Camero y el representante de Acción Republicana, Dionisio Manuel Martínez. Resultó electo “Mino”.

jueves, 19 de octubre de 2023

Ferrari y Rizzo: Dos familias italianas en Santiago de las Vegas

2 ¡TOME LA PALABRA!

Ferrari y Rizzo: Dos familias de emigrantes italianos en Cuba. Con ese título ha sido anunciada la aparición de un nuevo libro de Juan Ferrari Rizzo en formato eBook. 

Aunque el título menciona a Cuba en general, en realidad la unión de estas dos familias se radicó, a los pocos años de llegar a la isla, en Santiago de las Vegas. Después de una complicada saga de emigraciones Italia-Cuba-Italia-Cuba, la familia se radica en Santiago de las Vegas. Dice el autor de sus padres (a la derecha):

"Francisco Ferrari, el italiano, o Chicho, como muchos lo conocieron, fue herrero, con su taller en la calle 10 esquina a 11 (hoy no existe la edificación de otrora). Con Teresa, su esposa, mi madre, ama de casa, se radicaron definitivamente en la calle 6 entre 3 y 5 y allí desarrollaron su vida. El libro cuenta aspectos de la vida en esa ciudad, encuentros de las familias, las tradiciones italianas, los almuerzos de los fines de semana, su día a día y la asimilación de las nuevas costumbres, las nuevas migraciones... La historia, que comienza en Italia, termina 100 años después en Santiago de las Vegas, mi ciudad eterna". 

martes, 6 de diciembre de 2016

La brujería en Santiago de las Vegas

2 ¡TOME LA PALABRA!

 Por Leonardo Gravier | Coral Gables, FL

Mi amigo Carlos Valiente Romero a menudo nos relata anécdotas o nos deleita con música extraída del baúl de sus recuerdos”. Yo tengo dos baúles: el baúl de los buenos recuerdos y el baúl de los recuerdos malos.

El relato que hago a continuación fue extraído del baúl de los recuerdos malos; y fue malo porque causó una  gran preocupación a mis padres, y dejó en mí una fijación que me persiguió toda mi vida — aunque por mi corta edad no me percatara de la peligrosidad en aquel momento—.

Estudiaba yo mis primeros grados en la Escuela #2, a cuadra y media de mi casa y que dirigía desde hacía poco tiempo el Dr. Eduardo González. Mi maestra era la inolvidable Isabel Bancells.

Un día apareció en la rejilla del postigo de una de las puertas de la calle de mi casa, un anónimo; estaba escrito con  letra cursiva y a lápiz en papel de estraza. El contenido era muy preocupante —aunque en estos tiempos parezca una broma—. Advertía a mis padres que unos “negros brujos” habían acordado secuestrar al más pequeño de sus hijos para utilizar sus entrañas en prácticas de su religión. Yo, como era el más pequeño —tendría seis años—, sería el blanco de aquella fechoría. Mis padres se horrorizaron. De inmediato, mi padre llevó el anónimo al juez municipal y se tomaron medidas con la Guardia Rural y la Policía local. Hubo varios guardias, vestidos de paisanos, colocados en las esquinas de mi cuadra. Mi hermano, mayor que yo, fue advertido de su rol como el protector más cercano a mí. Yo estaba ajeno a lo que acontecía, pero sabía que algo estaba pasando. Mi padre me llamó una noche, me sentó en la sala de mi casa y me contó todo; insistió en el peligro que yo corría y la razón por la que me debía cuidar de conocidos y desconocidos, evitar salir a la calle sin compañía y sin ambages me detalló los casos reales que habían ocurrido en Cuba y el final que tuvieron los niños víctimas de aquellas prácticas atávicas. Estos casos habían sido publicados en detalle en todos los periódicos de Cuba y en libros de estudiosos de la criminología. El efecto de aquella conversación fue terrorífico para mí. Mis días fueron pasando con mucha vigilancia por parte de mis familiares y hasta del Director de la Escuela Dr. Eduardo González. Yo vivía muy asustado.
     
Dos semanas después, a pesar de la vigilancia en los alrededores de mi casa, apareció un segundo anónimo colocado (tal vez de madrugada) en la misma rejilla del postigo. Esta vez el anónimo revelaba la identidad del supuesto raptor. El hombre fue detenido y llevado al Cuartel de la Guardia; dos días estuvo bajo intenso interrogatorio. Se concluyó que el hombre no tenía ninguna relación con el plan, si es que alguna vez hubo un plan. Había tres posibilidades: o bien el autor del anónimo quería por algún motivo causar una gran preocupación a mis padres; o quería crearle al supuesto raptor un problema por motivos desconocidos; o la menos probable, hubo un plan que no se pudo llevar a cabo y se dio por terminado. No obstante, el hombre se fue de Santiago y no regresó hasta pasado varios años. Yo ya de joven lo conocí.
     
Pasado aquel mal rato por parte de todos, nunca más volvimos a recibir anónimos o a tener sospechas de alguna otra persona, blanca o de color.
     
Antes de continuar este artículo es importante aclarar ciertos conceptos discutidos, para evitar malas interpretaciones de mis ideas.

El más importante de los conceptos es el concepto de “religión”. El mismo ha sido interpretado conceptual y etimológicamente de distintas maneras desde tiempos de la antigua Roma o en los teólogos posteriores. Lo importante del término es aclarar que en mi opinión, religión es la comunión o relación entre la razón y el espíritu  del hombre y su Creador. Esa interpretación que el ser pensante tiene del ser único “per se”, de aquel cuya esencia es la existencia misma, lo que nunca empieza ni termina, es lo que constituye una religión. La idea de Dios es inmanente en el hombre, pero la tendencia ha sido la de aceptar la forma de creer basado en meditaciones, revelaciones o conclusiones de los antecesores. Por tanto, la idea se funde en las organizaciones dedicadas al estudio y práctica de la doctrina que se formó. Esa institucionalización crea las distintas confesiones—monoteístas, politeístas, panteístas, etc.
     
La religión es diferente a las creencias no relacionadas con Dios.  Aunque yo creo que cada persona tiene su propia religión, los antropólogos y los teólogos solo consideran una religión, las creencias compartidas.
     
La santería es definida por la Real Academia Española de la Lengua (RAE) como un sistema de cultos que tiene como elemento esencial la adoración de deidades surgidas del sincretismo entre creencias africanas y la religión católica. Es originaria de Cuba.

La llaman santería porque utiliza las ideas traídas de África con las imágenes y vida de los santos católicos. Por tanto, la santería—término que tuvo una intención despectiva—, es una religión con el mismo estatus que las más reconocidas y numerosas en países no-africanos.
     
Fue traída a América por los negros bozales esclavos, pero se ha extendido a todos los países de habla hispana y el resto de Europa. Es una continuación de la religión yoruba de Nigeria. Nunca ha practicado sacrificios humanos, pero sí de animales o partes sin vida de seres humanos (huesos o fetos)

La santería cree en un dios universal y en los orichas, que son deidades dedicadas a distintas actividades y con distinto ámbito. Ha sido practicada en Cuba desde que los esclavos burlaron la prohibición de la religión yoruba, haciéndoles creer a los amos que creían en los santos cristianos y sus imágenes. Sus creyentes abarcan desde los más humildes hasta los más encumbrados (profesionales, hombres de negocios, artistas, deportistas y hasta jefes de Estado).Practican un bautismo propio, además del bautismo cristiano. Creer en la santería es incompatible con ser católico. Es una religión politeísta como lo fue la de la antigua Grecia—que tenía a Zeus a la cabeza rodeado de múltiples dioses—. El sacerdote de la comunidad de creyentes es el babalao.
     
El ñañiguismo o Sociedad Secreta Abakuá es una fraternidad secreta de hombres que se afincó en Cuba a principios del Siglo XIX. Sus primeros miembros, eran negros de Calabar en África (carabalíes); creció como protección de aquellos esclavos contra los abusos y las barbaries de sus amos españoles. Se esparció entre los negros nativos de Cuba, esclavos o no, los mulatos y unos pocos blancos. No constituía una religión.

El abakuá sólo admite hombres que hayan demostrado virtudes muy encomiables. No obstante, en la práctica sus miembros incurrieron en un alto índice de criminalidad. Ha habido mucha desinformación con respecto al ñañiguismo  debido al secreto que de su organización siempre han mantenido. En los Código Penales de la República de Cuba nunca ser ñáñigo fue un delito, ni un agravante oficial, aunque en los tribunales de justicia ser ñáñigo tenía una connotación negativa. Sus miembros son blancos, negros, humildes o potentados y el ser ñáñigo no es incompatible con ser miembro de la religión católica.
     
La brujería es definida por la RAE como “el conjunto de prácticas mágicas o supersticiosas que ejercen los brujos y las brujas”. La brujería no es una religión y según las creencias de los africanos que la practican se basa en una fuerza mágica espiritual transmitida por almas de personas ya fallecidas o manes de antepasados. Se puede usar para hacer el bien (magia blanca) o para hacer el mal (magia negra). Está formada por un conjunto de prácticas esotéricas tendientes a causar un resultado usualmente perjudicial a otra persona para demostrar poder o sabiduría profética. En términos generales, la brujería es maligna, es independiente de las razas o nacionalidades y gran parte de las veces utilizan como motor principal el sacrificio o muerte de un ser humano o un animal. Como magia negra o hechicería es repudiada por la Biblia y por el Corán.

A diferencia de la santería o el ñañiguismo, ambos de origen africano, la brujería abunda más fuera del continente africano.

Desde tiempos remotos la brujería o hechicería existe en Grecia y Roma (Circe, Medea, la Estirge, etc); el aquelarre de las brujas en Walpurgis; las “brujas de Salem” las “brujas de Zagarramurdi”, y tantos más. La brujería se ha practicado en Asia y Latinoamérica, y en todos ha sido repudiada y perseguida— como el “Malleus Maleficarum” de Alemania o la Demonomanía de Bodino en Francia—.

La brujería que se practicaba en Cuba provenía de África y se concentraba en el infanticidio. Aunque había brujos de la raza blanca, la gran mayoría de los brujos eran negros. Este infanticidio tenía fundamentos de prácticas y rituales demoníacos o diabólicos; aunque tuviera el mismo efecto que el infanticidio por motivos de “eugenesia” —filosofía que defiende la mejora de los rasgos raciales usando métodos selectivos  o repulsivos—. La eugenesia era parte de las leyes del sabio legislador Licurgo y se llevaba a cabo abandonando o despeñando a los niños deformes desde el monte Taigeto.

En África creen que los órganos de los niños tienen poderes curativos y los sacrifican para curar a otras personas. No son sacrificios de índole religiosa. En Tanzania son perseguidos y asesinados los niños albinos, porque utilizan las partes de su cuerpo en rituales y pociones. Se cree que los huesos de estos niños tienen poderes mágicos.
     
Por último, en Cuba no se practicó el homicidio por primera vez con la llegada del hampa africana. Ya en la etapa precolombina, el agresivo pueblo caribe, navegaba los mares antillanos practicando, según dicen los estudiosos, antropofagia o canibalismo con los pacíficos taínos y siboneyes.

En Santiago de las Vegas nunca hubo casos de sacrificios humanos, aunque cuando jugábamos en el Parque Viejo viéramos restos de sacrificios de animales, con “kilos prietos” en la forma que requería la creencia de los brujos. Los muchachos se alertaban unos a otros advirtiendo no tocar aquello puesto que era “brujería”. Algunos más arriesgados tomaban las monedas “con la mano izquierda”. Yo que recorría el pueblo y era amigo de blancos y negros, cristianos, judíos  y santeros, fui invitado a varios “toques bembé”. Iba con toda la curiosidad y respeto que la ocasión requería en los días señalados por su creencia sincretista; allá nunca vi tambores batá sino tumbadoras e imágenes de la Virgen de Regla, San Lázaro o Santa Bárbara. Bebí junto con ellos el ron o aguardiente que se pasaban unos a otros y vi mujeres con el “santo” o trance donde se hablaba palabras en castellano mezcladas con un argot o jerga desconocida. Todo terminaba tarde en la noche como termina una celebración entre amigos.

En aquella época —años 1954 y 1955, —yo no pensaba que, a pesar del incidente de los anónimos a mis padres, en Cuba hubiese casos de brujos homicidas; pensaba que mi caso había sido una broma malvada y una precaución extrema de mi padre. ¡Qué gran sorpresa me llevé al comenzar a estudiar Derecho y al informarme!

En mis dos primeros años en la Escuela de Derecho de la Universidad de La Habana, puse mucho interés en las asignaturas de Antropología Jurídica y de Política Criminal; leí libros y artículos sobre la criminalidad de los brujos en Cuba y visité varias veces el Museo Montané en la Escuela de Ciencias. Me interesaron mucho los libros  escritos por los sabios cubanos doctores Fernando Ortiz e Israel Castellanos, en especial el tratado de Ortiz (con preámbulo del gran maestro positivista de criminología el italiano Cesare Lombroso): Hampa Afro-Cubana. Los negros brujos.  La cátedra de Antropología Jurídica estaba muy influida por el positivismo; en el laboratorio de Antropología Jurídica teníamos que hacer, mediciones craneométricas y aprender los rasgos fisiognómicos de los “criminales  natos”. Los tres grandes del positivismo (Lombroso, Enrico Ferri y Raffaele Garofalo) eran ampliamente revisados. Se concentraban en el castigo al delincuente más que en las prevenciones a la sociedad. Se estudiaban los rasgos  físicos porque se pensaba que esos rasgos revelaban una predisposición para el delito por su conformación biológica. Los convictos delincuentes afro-cubanos eran detenidamente estudiados. El Museo Montané tenía suficiente material para llevarse una impresión de la relación del delito con la raza, la nacionalidad o la religión.
     
Más me atraían las teorías del Marqués de Beccaria (Del delito y de la pena) que abogaba por el principio de la proporcionalidad —debe existir una proporción entre delito y pena, las penas no deben de ser arbitrarias o exageradas —; él era contrario a la pena de muerte— yo también siempre lo he sido — y se interesaba más por la prevención del delito mediante la educación y persuasión. Sí creía que el criminal incorregible debía ser excluido de la sociedad para siempre (cadena perpetua sin derecho a amnistía o indulto). Fue muy influenciado por enciclopedistas como Montesquieu, Voltaire, Rousseau y Locke. Muchos códigos penales europeos tomaron como fundamento las ideas de Cesare Beccaria.
     
Las primeras grandes rebeliones contra la corona española que tuvieron lugar en Cuba con éxito fue la de los negros bozales (nativos de África y esclavizados en la América). Estos esclavos rebelados contra el abuso de sus amos, se escapaban —con más éxito del que habían tenido los aborígenes de la isla, que fueron exterminados—, se convertían en cimarrones y formaban colonias de prófugos llamadas por los españoles “palenques” (le llamaban “quilombos” en Brasil ). En estos palenques podían practicar libremente sus costumbres y ritos religiosos hasta ser capturados por los  “rancheadores” (cazadores de negros cimarrones). En la medida que abusaban los blancos españoles de Cuba de aquellos sufridos africanos, aumentaron los cimarrones, se unieron a ellos los esclavos nacidos en Cuba de padres africanos, creció la población de esclavos y se afincaron y multiplicaron las costumbres y creencias. Como parte de estas creencias venía la brujería, muy propia de África, con el ejercicio de todos sus ritos.
     
Ya en el siglo XIX, el gobierno español había prohibido el ejercicio de la brujería y del ñañiguismo —a pesar de que en 1863 se les permitió a los blancos pertenecer a los cabildos de ñáñigos—. No obstante, al independizarse Cuba, las costumbres de los africanos y de algunos hijos de africanos se hicieron más fáciles de practicar. Estas prácticas africanas fueron identificadas como satánicas o diabólicas ya que en África era notoria, la costumbre de realizar sacrificios humanos. La brujería fue considerada como equivalente a la temida hechicería o magia negra. El Gobierno Interventor, por Orden Militar, creó la oficina de identificación de criminales con objeto de tener más control sobre estos grupos.
     
La verdadera criminalización de estas sectas comienza en los primeros años del siglo XX cuando aún quedaban africanos que no habían podido liberarse de sus prácticas originales. Siempre las víctimas eran niños, ya que los brujos africanos los consideran más puros y dúctiles. En nuestros días en la República del Congo, los niños aterrorizados no quieren salir a las calles por la cantidad de infanticidios para prácticas de los brujos congoleños. Ver también: Las creencias como factor criminógeno. Muti: El infanticidio ritual en África (Archivo del crimen).
     
En 1904 comienzan los homicidios con la violación y muerte en julio, de la Niña Celia de 10 años.
     
En el mismo año, en Güira de Melena, asesinan y extraen los órganos de la Niña Zoila.
     
La Niña Luisa es asesinada y sus vísceras arrancadas en 1918 en Alacranes, Matanzas.
     
También en Matanzas son asesinados o sacrificados los niños Onelio García (1915) y Marcelino López (1919).
     
En 1923 es asesinada la Niña Cuca y en la Provincia de Matanzas, 17 niños son asesinados en distintos lugares y fechas.
     
A partir de esta fecha se detienen los asesinatos de niños; tal vez porque los brujos africanos ya habían muerto por vejez o enfermedad y los cubanos de padres africanos que no estaban en total acuerdo con la sociedad  o con los sacrificios humanos se habían unido al ñañiguismo. Ya los brujos buscaban para sus ritos, cadáveres o parte de personas recién enterradas en los cementerios o animales (preferiblemente las aves o chivos).
     
The Miami Herald publicó el 23 de marzo de 2012 la noticia de que unos agentes de aduanas en el Aeropuerto de Miami, habían encontrado varios fetos humanos en el equipaje de dos mujeres que retornaban de La Habana, Cuba. Los fetos debían ser entregados a personas en Miami que se dedicaban a prácticas de brujería. Los fetos, varón y hembra, fueron detectados cuando los Rayos X los descubrieron en un pomo sellado. Los médicos determinaron que ambos fetos eran de 20 semanas y que ninguno era viable (no podían vivir y fueron abortados). Las mujeres confesaron haber recibido el pomo con los fetos de un babalao en La Habana. No fueron instruidas de cargos por el Fiscal del Estado; ningún nombre fue revelado.
     
Según los artículos publicados en los infanticidios cometidos en Cuba a principios del Siglo XX  y muchos incluidos en el tratado de Fernando Ortiz, los asesinos o cómplices de estos hechos eran todos africanos o afro-cubanos.
      
El más famoso por haber sido discutido por Fernando Ortiz en sus libros y por haber recibido gran publicidad de la prensa, fue el de la Niña Zoila. Sólo comentaremos este caso por haber ocurrido cerca de Santiago y para no hacer muy extenso este escrito. Los otros casos aparecen en distintos sitios web en internet ampliamente comentados.
     

El 11 de noviembre de 1904, la Niña Zoila de 22 meses de edad, desapareció de la finca de sus padres en Güira de Melena. Se dijo que había sido secuestrada por unos negros brujos del Cabildo Congo Real en El Gabriel; que la habían matado para usar su sangre y su corazón para curar a Juana Tabares. Las autoridades basándose en información del Alcalde de Güira y otras evidencias arrestaron a Taita Bocú (Domingo Bocourt, arriba), a Julián Amaro y a José Cárdenas. Junto al anciano lucumí Bocú arrestaron en aquel aquelarre de brujos africanos a Ruperto Ponce, Adela Luis, Pilar Hernández Padrón, Jacobo Arenal y Modesta Chiles, todos africanos. También apresaron a los afro-cubanos  Victor Molína, Pablo Tabares, Dámaso Amaro, la ya mencionada Juana Tabares, Laureano Díaz y Francisca Pedroso.

Bocú designó a Molina para seleccionar la víctima y cometer el asesinato. Molina obtuvo la ayuda del antiguo esclavo Ruperto Ponce. Mataron a Zoila y extrajeron la sangre, el corazón y las entrañas que Bocú, con el sobrante se puso a procesar y vender como amuletos y remedios. José Cárdenas escondió los restos de Zoila cerca de un aserradero. Sólo Bocú y Molina fueron condenados y ejecutados como brujos; los demás fueron condenados a penas de cárcel o absueltos. Muchos dijeron que “el asesinato de la niña blanca Zoila era para curar a las niñas negras, Adela y Juana”.

En 1906 la pena de muerte fue abolida en Cuba; por tanto, Bocú y Molina fueron los únicos brujos ejecutados por este asesinato. En los demás casos, muchos murieron víctimas de suicidio o fueron encarcelados por muchos años.
     
Debe señalarse que actualmente, Cuba está entre los sietes primeros países con más brujos del mundo; lista que encabeza la República Democrática del Congo, seguida por Haití.

sábado, 2 de abril de 2016

Los pulgares de mi abuela

12 ¡TOME LA PALABRA!

por José Alberto Balido | Miami, Florida

Los pulgares de mi abuela. Insólito tema, sin lugar a dudas, pero hoy los recordé y sentí ese vacío tan particular que nos deja la pérdida de un ser querido, por mucho tiempo que haya pasado. Cerrando los ojos, la vi meciéndose en su sillón, con su mirada plácida que reflejaba quizás una profunda paz espiritual. O una profunda saudade, como dicen los gallegos de Galicia. Nunca lo sabremos. Y más abajo, en su amplio regazo, sus dedos entrelazados. Piel de cebolla, un anillo de amatista de su madre que alguien trajo de Cuba... y sus pulgares girando, siempre girando en torno a un eje imaginario en una carrera sin fin hacia el próximo momento, al son del crujir de la madera sobre las baldosas.

Altagracia Pérez Álvarez
(1905-1999)
¿Por qué lo hacía? Esas manos que sintieron, que quisieron, que criaron y acariciaron y consolaron y cocinaron y plancharon, infinitos movimientos que tejieron en el aire de Santiago de las Vegas y de Miami la historia de su vida; esas manos reducidas a esto, a ese inexplicable e interminable girar. A los niños nos hacía gracia; una manía boba de viejos. Y hoy, a pocos años de la edad que tenía mi querida abuela Nana cuando yo llegué al mundo, entiendo que esos movimientos eran quizás el único escape de la energía embotellada de toda una vida de recuerdos. Una ansiedad sedentaria, por decirlo así.

¿Sería la suya la última generación que disfrutó de ese ocio, de esa vida más lenta que hacía posible su gracioso girar? Los pulgares de las generaciones posteriores no tendrán tiempo, adictos al embrujo de las tabletas y los smartphones. Nadie recordará que hubo una vez un mundo donde la comunicación era de cara a cara y las personas se visitaban, y había tiempo suficiente para placeres tan simples como el hipnotizante girar de los pulgares; y así perderemos para siempre, si no hemos perdido ya, esta costumbre. Nadie recordará.

Pero yo sí recuerdo, como recuerdo una noche que me llamó a su habitación, ya en el crepúsculo de su larga vida, presintiendo el fin que se acercaba, sólo para preguntarme: "¿Tú no me vas a olvidar?" Por eso he escrito este insólito "recuerdo olvidado", mi querida abuela Nana: porque no te vamos a olvidar. Ni a ti ni a tus dulces dedos, ni a tu mundo que ya no volverá.

domingo, 11 de octubre de 2015

¡Estás gordísimo!

1 ¡TOME LA PALABRA!

por José Alberto Balido | Miami, Florida

"¡Estás gordísimo!"

Estas palabras, que hoy en día pueden provocar una crisis existencial en cualquier hombre o mujer que valore su salud o apariencia, en aquel Santiago de las Vegas del ayer fue un cumplido que se ofrecía con las mejores intenciones. Era una forma de decir que te veías bien, fuerte, saludable, hermoso... a diferencia de aquellas pobres personas a quienes la vida había deparado el cruel destino de ser "flacos".

¡Cuántas veces escuché la dulce voz de mi Abuela Nana pronunciar estas palabras sobre algún feliz coterráneo o coterránea! Este "recuerdo olvidado", provocado por este viejo anuncio encontrado entre la papelería de Santiago de las Vegas en línea, no es difícil de entender: en su mundo ya lejano, no todos disponían de los medios para alimentarse adecuadamente, y la delgadez era fácil de asociar con temibles enfermedades que consumían el cuerpo. Estar "rellenito" era, por lo tanto, señal de salud, prosperidad y belleza, y ¿quién no querría todo eso para sí y sus seres queridos?

No es un fenómeno puramente cubano, por supuesto; en sociedades como la china, donde la miseria y la hambruna existieron desde los tiempos del Emperador Amarillo, aún hoy, en medio de la prosperidad que ha florecido en ese país, persiste la costumbre de preguntar, al encontrarte con un amigo, Ni ch'ih pau lo ma? — ¿Ya has comido?

Por suerte (para el fabricante), los santiagueros de entonces disponían de tónicos y jarabes como el Carnol para combatir la preocupante delgadez, en aquellos casos en que la sabrosa comida cubana no era suficiente para producir los diámetros deseados. Este producto, al parecer de origen canadiense, se vendía en otros mercados para combatir resfriados, lo cual nos hace dudar seriamente de su eficacia; lo que no dudamos es que no fueron pocos los cubanos que en su momento confiaron en él para intentar aumentar su peso.

¿Recuerda o tomó usted alguna vez el Carnol? ¿Cómo era? ¿A qué sabía? Y lo más importante de todo: ¿funcionó?

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Los Tres Villalobos y Santiago de las Vegas

10 ¡TOME LA PALABRA!

por Raúl Ariel Rodríguez Vega

Transcurrían los años 40 del pasado siglo, cuando la RHC Cadena Azul, de la que era propietario el magnate de la industria cigarrera cubana Amado Trinidad Velásco (1893-1955),  comenzó a transmitir a las 12 del mediodía los que llegarían a ser los famosos episodios de “Los tres Villalobos”, cuyos capítulos eran escritos por el gran autor radial cubano Armando Couto (1918-1995).  En los mismos no aparecía representado ningún país determinado, pero los personajes principales vivían imaginariamente en el valle del Ayatimbo. Ésta era la historia de una familia compuesta por el padre y cuatro hermanos, pacíficos agricultores hasta que el malvado juez Alvareda obligó a tres de ellos a tomar la justicia por sus manos, después que este perverso funcionario asesinara al mayor de los hermanos.

Como sabrán, los Villalobos fueron idolatrados de diferentes maneras en toda nuestra Cuba y por ende también en nuestro querido pueblo de Santiago de las Vegas.

Los personajes y actores fueron los siguientes: Rodolfo, el hermano mayor, interpretado por el popular galán de las radionovelas Ernesto Galindo; al segundo, Miguelón, le dio vida el cantante y actor Rolando Leyva; y a Machito, el más pequeño e inmaduro de los hermanos, lo interpretaba el polifacético actor Jesús Alvariño.
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Cada mediodía de lunes a viernes, aquéllos que en esa época no tenían radio escuchaban los episodios de distintas maneras; entre ellas, un grupo de comercios de víveres ofrecían su audición, sintonizando para complacer y de esa forma obtener las compras de estos oyentes y a la vez clientes. De estos comerciantes  los más recordados eran los siguientes:
  • La bodega de Esteban Aguilar, conocido por Estebita en calle 7 esquina 6
  • La de Felo Llerandi, en 15 y 0, cerca de la Cruz Verde
  • La Ferrolana de Arsenio Pazos en 13 y 16
  • La Complaciente de Lisardo Fernández en 6 y 11
  • La gran bodega “El Recreo” de Artagnán Hernández Valiente en 15 y 2, la cual más tarde en los años 1950 se transformaría en el Bar “Blue Sky”, que para entonces regenteaba su yerno el Sr. Armando López

Por otro lado, los actores que personificaban a “Los tres Villalobos” en dos ocasiones, que sepamos, visitaron Santiago.  La primera, sin aviso previo, aparecieron en 11 y 8 un domingo al mediodía.  Iban de botas, pantalón de montar, camisa de cuadros y sombrero alón. En esa oportunidad se trasladaron a pie por la calle 11 doblando por 4 hasta 5, lugar donde vivía el señor Alvariño, padre de Jesús. Los santiagueros, al reconocerlos, los coreaban al verlos pasar y en la calle 5 frente a la casa del padre del actor el espectáculo fue apoteósico.

El edificio de RHC Cadena Azul.
Para la segunda visita, fueron invitados por el chino Vicente y su hermano Chan para una presentación única en su bodega de 10 y 13, donde le prepararon algo parecido a una tribuna, todo ello para competir con el bar y bodega de enfrente, recién nombrado “Los Villalobos”. Esta presentación obtuvo muy buena asistencia de público, que vieron a sus artistas favoritos gratis esa noche.

También por esa época algunos establecimientos comenzaron a nombrarse “Villalobos”. Uno de ellos fue el antes mencionado bar y bodega de 10 y 13, que aún hoy y después de tantos años sigue llamándose así.

Otra referencia del nombre de los Villalobos lo encontrábamos en el bar Gladys de 10 y 15, propiedad de Luis Pérez, donde tres de sus dependientes, oriundos de una familia del barrio de Rincón, todos ellos popularmente conocidos por el sobrenombre de “Los muchos”, al ingresar al establecimiento se autotitularon  “Los Villalobos” y como tales respondían.

No sé cuánto tiempo duró la transmisión de estos gustados episodios, pero seguramente de esa época aun viven santiagueros que fueron bautizados entonces con los célebres nombres de Rodolfo, Miguelón, o Machito.

Finalmente concluímos este nostálgico artículo de “Los tres Villalobos” con el famoso estribillo de su popular tema musical con el cual cada día, de lunes a viernes, era el cierre de estos inolvidables episodios radiales:

“Tres eran tres los tres Villalobos,
Tres eran tres y ninguno era bobo”.

Cooperación con la historia de Carlos Valiente Romero.

martes, 30 de julio de 2013

Las quincallas santiagueras

10 ¡TOME LA PALABRA!

por Raúl Ariel Rodríguez Vega

quincalla
(Del fr. quincaille).
1. f. Conjunto de objetos de metal, generalmente de escaso valor, como tijeras, dedales, imitaciones de joyas, etc.
—Real Academia Española

En nuestro Santiago de mediados del siglo pasado, existían unos pequeños negocios conocidos por nuestro pueblo como quincallas. En dichos establecimientos se vendía un gran número de articulos, muchos de ellos de escaso valor. Todos estos pequeños comercios mayormente estaban localizados en lugares no muy céntricos del pueblo un poco distantes de la zona comercial de la calle 13, salvo raras excepciones. Como su mercadería en general consistía en cintas, pinturas de uñas, botones y hasta ropa interior, no llegaban al noble estatus de tienda. En los fines de año se abastecían de artículos navideños y juguetes baratos por la cercanía de la festividad de los Reyes Magos. Seguidamente nos referimos a los mas representativos o famosos de aquellos pequeños negocios.

En la calle 9 había dos muy recordados: La de los Lima en 9 entre 4 y 6, donde el profesor y matemático Pedrito Lima y su mamá, Dulce María Bustamante, atendían el negocio aparentemente próspero, el cual estaba casi al lado de la conocida Botica de Mino. En la misma 9 pero entre 10 y 12 había otro regenteado por Zoraida y que estaba localizado después de la consulta del conocido dentista Dr. Leopoldo Bayés.

En la calle 12 también había dos de esa categoría: la quincalla de Gloria Duarte, que estaba en 12 entre 7 y 9 y donde trabajaba su hermana Toña, y la del Marinero que estaba en la misma cuadra, haciendo esquina. Se le llamaba así, "la del Marinero", porque su propietario había pertenecido a la Marina de Guerra.

También estaba la famosa quincalla de Ricardito Álvarez San Jorge de 8 entre 3 y 5, donde éste trabajaba junto a su esposa. En 6 entre 7 y 9, María Álvarez tenía otro muy conocido y popular comercio que operaba con la ayuda de sus asociadas Laurina y la joven empleada Daisy Pérez Martín-Carrera (hoy conocida como Daisy Valiente).

Por muchos años en 13 y 8 estuvo la quincalla de Suitberto Ortega Álvarez, popularmente conocido por el Bolo. En la esquina de 13 y 12 Miguel y María trataron de mantener diferentes negocios sin muy buenos resultados, entre ellos una quincalla.

La Baratija estaba en la esquina de 11 y 8. No tenía categoría de tienda pero sí era una de las más surtidas. Ésta era operada por un señor y varios hijos.

Finalizamos la relación con dos comercios que aunque no eran quincallas fueron muy representativos y únicos en nuestro pueblo. La retacería de Nazario en 15 entre 4 y 6, y la jugueteria de Narciso Rodríguez en 13 entre 4 y 6, local donde más tarde estuvo establecida la popular tienda “El Dandy”, propiedad del conocido comerciante José M. del Amo (Maño).

Nota del autor:

La presentación de este trabajo es y ha sido para recordar a aquellos pequeños comerciantes que con su noble esfuerzo, entusiasmo y dedicación, aportaron mucho al progreso de Santiago de las Vegas; entre ellos, a la que fue mi abuela materna, Aleida Valladares, propietaria de la quincalla de la calle 4 entre 7 y 9, donde eran sus principales clientes las humildes trabajadoras del despalillo de la Cuban Land. Finalmente llegue por este medio nuestro respetuoso recuerdo para todos aquéllos que fueron los conocidos “quincalleros” de aquél nuestro Santiago de ayer en su época de oro.

Colaboración: Carlos Valiente Romero.

jueves, 23 de mayo de 2013

Detalles del recuerdo

8 ¡TOME LA PALABRA!

por Ela María Díaz Gravier | Miami, Florida

Hace muchísimos años, cuando era una niña chiquita, cuatro o cinco años, me fascinaban las burbujas de jabón, las cuales yo llamaba "globitos" y es así como se les llaman. Todavía a estas alturas de mi vida me gustan, se las hago a mi nietecito y éste se alborota queriéndolas hacer él.

Siempre que mi mamá iba a las tiendas de la Habana, yo le pedía que me trajera un pomo de estas burbujitas, las cuales vendían en una tienda llamada El Ten Cent.

Los hermanos Díaz Gravier: Herminia, Ela y José Ignacio en Santiago de las Vegas.
Al llegar mi mamá con mi tesoro, me arrebataba y comenzaba mi juego: me hacían feliz aquellas burbujas de jabón, unas grandes, otras chiquitas, me fascinaba su transparencia y me preguntaba ¿por qué se explotarían? ¡Eran tan lindas! Así pasaban dos o tres días con mi pomo de globitos, observándolos, hasta que el pomo de espuma se acababa.

Yo veía muchos muñequitos en aquella epoca; no existía el televisor a colores, éstos eran antiguos, pero me gustaban mucho, sobre todo éste, del cual voy a contarles uno en particular..

Recuerdo muy bien el munequito del viejo campesino, de gran barba blanca, calvo y cantor. En su granja este pobre siempre acababa sufriendo las maldades que le hacían sus propios animalitos.

Recuerdo uno muy especial, el viejo campesino cogió una escalera y se subió al techo de su casa y con una cachimba y un recipiente de espuma hizo un globo gigantesco. El viejo contentísimo se sube arriba del globo y empieza a viajar en él, qué lindo se veía todo, pues el globo subía y subía, pero como es natural, éste al cabo de un ratico explota y el viejo cae al suelo viendo las estrellas. Naturalmente en los muñequitos todo el mundo se curaba en un abrir y cerrar de ojos.

Yo me decía, si pudiera montarme en una burbuja de las que yo hago que bueno sería, en fin pensamientos y deseos de una niña chiquita.

Ygnacio Iglesias Díaz haciendo "globitos".
Recuerdo tener trece años y en ese tiempo estuvimos sin escuela varios meses, fue cuando Playa Girón. Yo me pasaba el día asustada, oyendo comentarios que me hacían sufrir mucho, a pesar de mis cortos años. Entonces se me ocurrió una idea, la cual me podía distraer para no pensar en cosas desagradables y matar mi ansiedad y tristeza.

Busqué tres pomos grandecitos y los llené de agua, les eché un polvo de lavar que se llamaba Ace o Fab, los revolví y enseguida hicieron espuma, quise hacer un experimento. A un pomo le eché mercurocromo, al otro azul de metileno y al último violeta gensiana. Busqué un alambre fino en las herramientas de mi abuelo, quien siempre tenía de todo, e hice los palitos y al final de éstos los doblé para hacerle un hueco bien grande, quería ver si los globitos me salían..

Para mi asombro los globitos me salían chiquitos, pero rojos, azules y morados, sin perder su transparencia. Casi me pasaba el día entero en ese proceso, hasta coger práctica, y me empezaron a salir gigantescos, preciosos con sus tres colores.

Me gusta pensar mucho y recuerdo muchas cosas desde que era chiquita y he llegado a esta conclusión, hace años que llegué a ella y es la siguiente:

Pienso que las almas del cielo que son santas han de ser tan transparentes como mis preciosas burbujas de jabón, hermosas a los ojos de su creador pero diferentes a mis globitos, ya que a pesar de su aparente fragilidad son fuertes y eternas como hubiera querido yo que mis globitos fueran.

—Mayo 5 del 2013

sábado, 27 de abril de 2013

Santiago elegante... por sólo un peso

1 ¡TOME LA PALABRA!

por Raúl Ariel Rodríguez Vega / con Carlos Valiente Romero

En nuestro entrañable pueblo de Santiago de las Vegas podemos decir que casi desde mucho antes de la importante década de los años 1950,  para vestir siempre elegante, además de las tiendas, peleterías y otros reconocidos establecimientos de la localidad... y, como es de entender, mucho pero mucho antes de la existencia y comodidad de las actuales tarjetas de crédito, había personas, pudiéramos mejor decir “agentes-negociantes” que ofrecían, sin muchos o ningún requisito, facilidades de pago en casi o todos los casos por una buena extensión de tiempo. Estos individuos no tenían locales propios: "resolvían" los problemas de los siempre presumidos santiagueros mediante “vales” que podían utilizarse en diferentes comercios de la capital.

Entre ellos recordamos las populares tiendas habaneras: “Los Precios Fijos”, “La Época”, “Fin de Siglo”, “Peletería El Mundo”, “Almacenes Ultra”, entre otros.

Así pues eran algunos cuantos los que en nuestro Santiago se dedicaban por este medio a la venta a plazos, cobrando en muchas instancias un peso semanal y como es natural un conveniente porciento de interés.

Gracias a ellos muchos jóvenes y otros no tan adolescentes paseaban con sus mejores galas principalmente como una tradición durante nuestras habituales fiestas patronales, las celebraciones de la Semana Santa (Sábado de Gloria y Domingo de Resurrección), y las carnavalescas parrandas santiagueras de fin de año.

A continuación, hablaremos de tres de los más representativos de aquellos negociantes santiagueros que en su momento fueron los más solicitados por los elegantes coterráneos de no muchos recursos.

Por todo lo anterior, ¿quién no recuerda al popular santiaguero Ñico Martínez? Era, pudiéramos decir, el llamado“decano” de aquellos negociantes. Con sus vales se podían comprar los codiciados zapatos Amadeos en la peletería de esa marca en Belascoain muy cerca de Carlos III. De querer más variedad tenías la opción de ir a la peletería "El Mundo" de Reina y Galiano, donde encontrabas zapatos de todos los estilos y colores que la moda de entonces marcaba. Don Ñico vivía en la calle 10 frente al popular Parque Martí, más conocido como el “Parque Viejo”.  Con mucha frecuencia se veía a Ñico por el Club Atlético Santiago. Siempre andaba de muy buen carácter, aún cuando cada lunes recorría las casas de sus clientes para cobrar el peso.

1929: Anuncio de los trajes Palm Beach en el Saturday Evening Post.

Luis Sanz Tamames, destacado técnico agropecuario que llegara a ser presidente del C.A.S.,  vivía en la calle 4 entre 15 y 17 y proporcionaba vales para adquirir trajes a la medida en la sastrería "Atlantic City" en  Belascoain entre Zanja y San José. Los trajes más demandados entonces eran los de la marca “Palm Beach”, en el cual venían dos pantalones con cada saco . También se podían comprar  otros artículos de gran calidad para salir muy bien vestido del lugar.

Mario de Armas Sosa, el bien recordado "Quivicán", cuyo gentilicio se debía al lugar donde Mario vio la luz primera: el vecino pueblo de Quivicán de nuestra provincia habanera.
1954: Anuncio (en inglés) de las camisas McGregor.

Del trío que mencionamos Mario era el único que no comerciaba con vales. En su bien cuidado automóvil tenía las cajas y maletas con su mercancía de reconocida calidad, entre ellas las camisas McGregor. "Lo que el cliente quería el Quivi lo conseguía"... ése era su lema. Este obrero textilero de la Ribbon Fabric en la popular esquina de las calles 12 y 13 (edificio habitualmente conocido como "El Capitolio"), que se desempeñaba como revisador de productos terminados, tenía muchos clientes. Antes de salir del país vivía con su esposa y dos hijos en la calle 1 del Reparto Villanueva entre Doble Vía y A.

Finalmente concluimos este nuestro nostálgico artículo preguntándoles a nuestros lectores: ¿cuántos humildes coterráneos cumplieron sus sueños de boda en la notaría del recordado abogado santiaguero Dr. José Ramón Sánchez García, el popular procurador Jesús Romero García, o nuestro querido párroco Rev. Vicente Jovaní Mas, con los modernos trajes de Luis, los zapatos de Ñico y otras prendas de calidad de Mario? No los olvidemos, pues ellos también fueron parte, como otros muchos, de aquel nuestro querido Santiago de las Vegas a mediados del siglo pasado.

domingo, 31 de marzo de 2013

¡Feliz Pascua!

8 ¡TOME LA PALABRA!

¡Feliz Pascua! a todos los santiagueros y santiagueras en todas partes del mundo, de parte del equipo editorial de Santiago de las Vegas en línea. Hoy para celebrar tan importante ocasión compartimos tres fotografías inéditas de Domingos de Pascua ya lejanos, de las cuales dos cumplen exactamente 60 años. A los que tuvieron la dicha de vivir la época de oro de Santiago de las Vegas, los invitamos a dejarse transportar por la magia de estas imágenes a aquel tiempo... y a compartir con nosotros — y con la posteridad — sus recuerdos de cómo se celebraba la Resurrección de Cristo en nuestro querido pueblo.

1953: Domingo de Resurrección. El Cristo resucitado sale por las calles de Santiago de las Vegas en la Procesión del Encuentro.
1953: La Dolorosa por la calle 2 de Santiago de las Vegas, pasando frente al portal de la Ferretería Garrigó como parte de la Procesión del Encuentro. Al fondo se divisa el Blue Sky Bar en la esquina de 2 y 15.
1959, abril: Domingo de Resurrección. Al centro, el Padre Vicente Jovaní Mas. ¿Reconoce usted a las monjas y señoras que lo acompañan? Imagen de la colección de Irán Plata Fabregat.
* * *
Como hemos hecho en ocasiones anteriores, para conservar la memoria de cómo se celebraba la Semana Santa en nuestro Santiago, le ofrecemos un popurrí de recuerdos escritos por nuestros mejores historiadores: ustedes, nuestros fieles lectores.

* * *
La Semana Santa en Cuba era siempre recordada con gran solemnidad y muchos pueblos eran famosos por sus celebraciones y éstas en Santiago eran bastante populares. Yo recuerdo al padre Vicente Jovaní, un estricto cumplidor de los ritos católicos, y recuerdo también que el pueblo asistía en masa a las misas y procesiones que se celebraban en esos días. 

El Domingo de Ramos comenzaban los ritos y todos asistíamos a la misa a recoger nuestro guano bendito, el miércoles la procesión del Via Crucis, el viernes el Santo Entierro y después la Soledad que todos acompañábamos, así como velábamos a nuestro Señor en la casa de Rogerio Díaz en 4 y 15. En aquellos viejos tiempos se celebraba el Sábado de Gloria, y a las 10 de la mañana empezaban a repicar las campanas y los vecinos a tocar latas y otros artefactos celebrando la resurrección. Por la noche el tradicional Baile del Sábado de Gloria en el C.I.R., y al salir del mismo nos quedábamos esperando el Santo Encuentro en la calle frente a la Dominica. Recuerdo los domingos por la mañana cuando asistían a la misa las muchachitas y los jovencitos (hoy viejitos) esperaban en el Parque Nuevo el final de la misa para acompañarlas, piropearlas o solamente admirarlas. ¡Qué tiempos aquéllos! 

—Gerardo Buría Prieto

* * *
Las muy tradicionales procesiones que conmemoraban la Semana Santa se iniciaban el Lunes Santo con el Via Crucis; continuaban con la de Jesús Nazareno, la Virgen María y San Juan el Miércoles Santo y continuaban con las muy solemnes procesiones del viernes, con las muy tristes del Santo Entierro primero y la de la "Soledad" que después, bien tarde en la noche, recorría nuestro pueblo con las imágenes de la Santísima Virgen María y San Juan (siempre guiando con "su dedo" el camino). A todos estos desfiles procesionales le seguía como gran colofón de la Semana Mayor la procesión llamada por nuestro pueblo como la del "Encuentro", cuya principal ceremonia ocurría tradicionalmente al amanecer del Domingo de Resurrección en la calle 11 entre 6 y 8 frente a la Cafetería y Dulcería "La Dominica".

Para los santiagueros que vivimos esa época y para los que no, recordamos que terminando la procesión del Santo Entierro la imagen yacente de Cristo, en su preciosa urna funeral, no regresaba al templo si no que su "entierro" se escenificaba depositando la urna al cuidado de la familia del Sr. Rogerio Díaz (padre), cuyo hogar de la calle 15 esquina 4 era adyacente a la Iglesia. De allí, al amanecer del Domingo de Resurrección salía la procesión del Cristo Resucitado, recorriendo toda la calle 15 hasta la 10 y de allí a la calle 11 entre 8 y 6, donde ocurría la ceremonia de "El Encuentro" con el saludo flexionado entre Cristo Resucitado y las imágenes de la Virgen Dolorosa y el Apóstol San Juan, procedentes de la Iglesia. 

—Carlos Valiente Romero

* * *
En las procesiones Carlitos Valiente, Pepín Garaña, Gustavito Galainena, Quique Rueda, Jorgito Mora y otros [monaguillos] nos fajábamos para ver quien llevaba los ciriales y quien llevaba la cruz, especialmente en las procesiones de Semana Santa (inolvidables la del Santo Entierro y el Encuentro del Domingo de Resurrección).


—José Ramón Garrigó

* * *
Recuerdo que el día Viernes Santo no se podía poner el radio ni el televisor en memoria de que Dios estaba muerto. Era un día de recogimiento total y los muchachos debían de portarse mejor que nunca, porque no estábamos protegidos en ese día por la muerte de Nuestro Señor. Cosa que todos cumplíamos al pie de la letra, de verdad que era una época bonita y sana.


—Anónimo

* * *
Recuerdo en Semana Santa que los niños se portaban bien y no se suponía que se hiciera ruido, pues nos decían, "Dios está muerto y el Diablo está suelto." Así es que esa semana los niños éramos ejemplares. Aunque no éramoscatólicos practicantes, íbamos a todas las procesiones de Semana Santa. El Sábado de Gloria, en que resucitaba Cristo, repicaban las campanas y así era el aviso de que podíamos volver a jugar y retozar.


Recuerdo que ese día venía mi prima Angelina Hernández y nos decía que había que espantar al Diablo, que se había colado en la casa mientras Dios estaba muerto, y todos los muchachos cogíamos tapas de cazuelas, cucharones y espumaderas, e íbamos así por toda la casa espantándolo con la bulla que hacíamos. No sé si otros niños en el pueblo lo hacían también, pero ¡para nosotros era algo tan divertido! Fue una época de mi vida tan bonita, tan inocente, que no la cambiaría por nada.

—Consuelo Hernández Basabe

domingo, 24 de marzo de 2013

Masantín el santiaguero... el que no fue torero

3 ¡TOME LA PALABRA!

Por Raúl Ariel Rodríguez Vega

Entre muchas de las frases que el cubano ha hecho famosas está aquélla que muchas veces escuchábamos a nuestra madre decir: "Esto no lo arregla ni Masantín el torero”, o aquella otra que constantemente nos repetía: "¿pero qué es lo que tú te crees... que eres Masantín el torero?"

Pues hoy, estimado lector, desde el fondo del viejo baúl de nuestros recuerdos nos llega la historia de Masantín el santiaguero... el que no fue torero. La siguiente narración es sobre el  único de nuestros coterráneos que, aunque apodado “Masantin” en la no muy conocida historia de Santiago de las Vegas, fué propietario de un famoso y renombrado burdel.

Mazzantini, el que sí fue torero.
El hombre en cuestión se nombraba Salvador Martell, pero era más conocido por su alias de Masantín, la corrupción cubana del apellido italiano Mazzantini. El apodo lo tomó después de la muy popular visita a Cuba, en las primeras décadas del siglo pasado, del famoso y pintoresco torero español-italiano Luis Mazzantini (1856-1926). Fué así que, como resultado de este acontecimiento, con el tiempo muchos en el pueblo olvidaron que el buen señor se llamaba Salvador Martell.

Se puede revisar toda la historia de nuestro terruño y seguramente no aparecerá nada igual. El mentado Masantín y sus muchachitas de la vida alegre residían en la calle 17 entre 16 y la línea del ferrocarril, en una modesta casa de madera y tejas que hoy en día sigue en pie sin cambiar mucho el aspecto de antaño.

Vista aérea actual de la calle 17 entre 16 y la línea del ferrocarril. 
Al lugar acudían, escurridizos y no en gran número, señores mayores, solterones y viudos. Los jóvenes del pueblo no se encontraban entre sus asiduos visitantes.

Las damas que comerciaban sus caricias en su mayoría estaban lejos de ser atractivas. Vivían en el lugar mientras durara su popularidad en el más antiguo de los oficios. Masantín además le garantizaba a todas la alimentación. Cada mañana el modesto “chulo” santiaguero salía de compras con su inseparable jaba.

Las relaciones del dueño del prostíbulo con los vecinos eran aparentemente sosegadas.

Se puede garantizar que en la historia de nuestro querido Santiago de las Vegas no podemos localizar otro caso semejante, por lo que aquel fornido mulato amante de las alpargatas aún conserva en el recuerdo el oscuro récord  de ser el único pueblerino en haber tenido funcionando, por largo tiempo, tan singular lugar.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Viejos recuerdos de Santiago de las Vegas, No. 8

1 ¡TOME LA PALABRA!

por Gerardo Buría | Miami, Florida

“Los achaques que ahora padecemos, son el premio por llegar a viejos”.

Yo recuerdo siempre con cariño nuestra niñez y también nuestra juventud, los años de noviazgo y de matrimonio. Al casarnos adquirimos nuevos deberes y responsabilidades y en la mayoría de las casas (hay excepciones), todas las salidas semanales las hacíamos acompañados de nuestras esposas.


No hay que ser muy viejos para recordar que puestas así las cosas, acostumbrábamos a liberarnos los domingos por la mañana y reunidos varios amigos salíamos a tomarnos unos tragos, acompañados de sabrosos saladitos y en franca camaradería, comentábamos los últimos chismes y le arrancábamos las tiras del pellejo a otros, antes de irnos a la tanda del cine o la pelota.

Década 1950: En el Bar 000, Roselló, Amado Herrera (Maninito), Ismael Balido y Miguel A. Pozo (Miguín). 
El Rincón Criollo y otros restaurantes de la loma, La Dominica, La Central, Gervasio, El Royalty, los 3 Villalobos, el Blue Sky, Los Tres Ceros, el Paso, el Kioskito del parque, Manolo Narciandi, Luis Fey, Lizardo Fernández, y otras bodegas de los barrios, recibían la visita de esos grupos de amigos los domingos en la mañana. Otros preferían ir a la vecina Bejucal donde en muchísimos lugares se podía conseguir el lechón asado, los chicharrones, las masas de puerco, la jutía asada o en fricasé, el conejo y tantas cosas que se me hace la boca agua.

1947: El Bar Los Villalobos
Eran costumbres sanas de esos viejos tiempos y que quizás ahora parezcan ridículas, pero que nosotros recordamos siempre con la nostalgia de que ya nunca volverán. ¿No lo crees tú así?

* * *
Pelayo Domínguez
Y hay que ser viejo, pero viejo de verdad, para recordar a Pelayo Domínguez, que con una bocina de mano, usando la boca, sin amplificadores a pleno pulmón, anunciaba en las esquinas del pueblo los establecimientos que le pagaban por el mismo y que supongo no representaba mucho económicamente. Pelayo era muy querido por todos y representaba una de nuestras figuras más populares.

Ya menos viejos, podemos recordar a Cruz García, que con una habilidad tremenda para la propaganda, preparó un pisicorre con amplificadores y unas bocinas en el techo del mismo. Todo funcionaba eléctricamente y lo mismo anunciaba por las calles, que alquilaba sus equipos para toda clase de fiestas y bailes, mítines políticos, etc. Cruz García perfeccionó y modernizó ese tipo de propaganda en nuestro pueblo, pero a Pelayo lo recordaremos siempre como el precursor de la misma. ¿No lo crees así?

Ca. 1958: El famoso "pisicorre" de Cruz García.
***
¿Te acuerdas?

Amambrocha to, matarile, lire, lire,
amambrocha to, matarile, lire, lo.
¿Qué quería usted?, matarile, lire, lire,
¿qué quería usted?, matarile, lire, lo
Yo quería una de sus hijas, matarile, lire, lire,
yo quería una de sus hijas, matarile, lire, lo.

¿Lo recuerdas? Entonces mi hermano, tú eres viejo, pero viejo de verdad. 

[Nota del editor: ver artículo publicado sobre el origen de esta canción.]

***
"Deseo una docena de “posturas de gallina” y una libra de “carne triturada” para alimentar a mis gemelos". Eran unas de sus muy peculiares expresiones, y no hay que ser muy viejo para recordarlo; se trata de Francisco Simón Valdés (derecha), escritor, poeta y periodista, cariñosamente conocido como Panchito y que también editaba el periódico Géminis. ¿Lo recuerdas? Seguro que sí.

***
A - abanico, ala, araña, aro. E – espejo, estribo, estrella, erizo. I – imán, iglesia, ingenio, ídolo. O – ojo, oreja. U – una, urna, uvas.

Eran las primeras páginas del libro primero de lectura “El nuevo lector cubano” de Carlos de la Torre y Huerta, refiriéndose a las vocales de nuestro abecedario con unas ilustraciones indicando la disposición de la boca para la emisión de los sonidos. Este libro era oficial en nuestras escuelas públicas y seguramente con el mismo recibiste tú las primeras enseñanzas.

***
Chiyo, chisoy, chisan, chitia, chigue, chiro.

Esta es la jerigonza que usábamos cuando jovencitos y no queríamos que nuestras conversaciones fueran escuchadas por otras personas que la desconocían. Quizás tú la usaste muchas veces y para eso, mi amigo, tienes que ser viejo, pero viejo de verdad. ¿No lo crees así?

Ca. 1955: La iglesia de Santiago de las Vegas y el Parque Juan Delgado.
¿Conoces tú alguna iglesia con una puerta frontal y dos laterales que salen a la misma calle? Adivinaste, viejito, pues la pregunta es demasiado fácil para nosotros los santiagueros. Es la iglesia de nuestro pueblo, cuyas tres puertas principales salían a la calle 4, frente al Parque Alberro por la calle 15, otra frente al Parque Juan Delgado, y la otra frente a la Ferretería Garrigó y al lado de la Jefatura de Sanidad, siendo quizás la única que exista con esa peculiaridad. Interesante verdad.

¿Lo sabías tú?