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martes, 2 de septiembre de 2025

SEPARATA. ANEXO 2. Apuntes sobre la historia de la logia “Los Templarios” (1886-1895); segunda logia masónica en la ciudad y Término Municipal de Santiago de las Vegas.

0 ¡TOME LA PALABRA!

 

Autor: Ing. Yosvani Guerra Silva, MSc.

 

ANEXO 2. Listado por orden alfabético y fichas de los miembros de la logia “Los Templarios”

1.      

Alonso Sánchez, Vicente: Nombre simbólico Pelayo. Natural de Oviedo, Asturias, España, aprox. 1849. Vecino de Santiago de las Vegas, de oficio tabaquero y casado (por el año 1883). Según carta de retiro (8/5/1880) es Aprendiz Masón procedente de la logia “Constancia No.21” de la Habana. Afiliado el 28/5/1880 en la logia “Unión de Santiago”, siendo ascendido (/9/1880) y exaltado (desconocido). Aparece en el cuadro de miembros de 30/11/1883 con el grado de Maestro Masón. Ocupa los cargos de Primer Diacono (para los años 1883 y 1884), miembro de la comisión de Beneficencia (para el año 1884). Es dado de baja en enero/1886. Es afiliado por segunda vez en diciembre de 1888 en la logia “Unión de Santiago” y ocupa el cargo Limosnero y miembro de la comisión de Beneficencia (para el año 1889). Está presente en la última sesión (julio/1889) en que se acuerda la disolución de la logia “Unión de Santiago”. Se afilia el 23/12/1891 en la logia “Los Templarios”, procedente de la disuelta logia “Unión de Santiago”, siendo viudo. Aparece en el cuadro de miembros de 29/12/1893 de la logia “Los Templarios”. Ocupa el cargo de Maestro de Ceremonias (para el año 1892, 1894 y 1895), y miembro de la comisión de Instrucción (para el año 1892). Fallece entre 1895 y 1898.

2.      

Alonso Espina, Ramón: natural de Villada, Palencia, España, aprox. 1860. Vecino de Santiago de las Vegas (calle Refugio), soltero, de oficio barbero. Es desconocido como ingresa a la logia “Los Templarios”, pero es ascendido (1/10/1893), y debió ser exaltado (desconocido). Aparece en el cuadro de miembros de 29/12/1893. Ocupa el cargo de Segundo Diacono (para el año 1894 y 1895).

martes, 8 de julio de 2025

SEPARATA. ANEXO 2. Apuntes sobre la historia de la primera logia masónica en la ciudad y Término Municipal de Santiago de las Vegas: “Unión de Santiago” (1880-1889)

0 ¡TOME LA PALABRA!

Autor: Ing. Yosvani Guerra Silva, MSc.


ANEXO 2:  Logia “Unión de Santiago”. Listado y ficha de sus miembros,  por orden alfabético, 

1.      

Alemán Rodríguez, José: Natural de Guanabacoa, aprox. 1846. De oficio músico, y casado (por el año 1883). Es desconocido por cual vía ingresa a la logia “Unión de Santiago”. Aparece en el cuadro de miembros de 30/11/ 1883 con el grado de Aprendiz Masón, y debió haber sido ascendido (desconocido) y exaltado (desconocido). Ocupa el cargo de Experto (para el año 1887). No existen indicios posteriores de su permanencia en la logia “Unión de Santiago”.

2.      

Alfonso Palomino, Nicasio: Natural de Güines, aprox. 1843. Vecino de Santiago de las Vegas, de oficio telegrafista y casado (por el año 1883). Es Iniciado (15/9/1880), ascendido (desconocido), y exaltado (desconocido) en la logia “Unión de Santiago”. Siendo Maestro Masón ocupa los cargos de miembro de la comisión de Beneficencia (para el año 1884) y miembro de la comisión de Justicia (para el año 1887). No existen indicios posteriores de su permanencia en la logia “Unión de Santiago”.

martes, 24 de junio de 2025

La historia de la primera logia masónica en Santiago de las Vegas: “Unión de Santiago” (1880-1889)

0 ¡TOME LA PALABRA!

Autor: Ing. Yosvani Guerra Silva, MSc.

La masonería en Cuba antes del año 1880.
Una información necesaria:

En el año 1859 se constituye la Gran Logia de Colón en Cuba, cuerpo masónico regular, el cual hasta 1868 creció paulatinamente en número de logias, teniendo solo como contrincante el controvertido e irregular Gran Oriente de Cuba y las Antillas (GOCA) presidido por Vicente Antonio de Castro. En el año 1868 con el estallido de la Guerra Grande el GOCA deja de existir, pues la mayor parte de sus logias se disolvieron con la incorporación de sus miembros al ejército libertador. Y aunque la Gran Logia de Colón se mantuvo activa, el 5 de octubre de 1869 se decreta la Orden de clausura de la masonería por el gobierno colonial español.

jueves, 24 de junio de 2021

Recuerdos olvidados: Los espejos de los abuelos

1 ¡TOME LA PALABRA!

por José Alberto Balido | Madrid, España

Memphis CVB
Últimamente estoy recordando mucho a mi querida Abuela Nana (Altagracia Pérez Álvarez, 1905-1999) y los cuentos de su niñez. Hoy poniéndome la mascarilla contra la COVID frente al espejo de la entrada, siento su voz diciéndome que en casa de sus abuelos, cuando alguien fallecía, tapaban todos los espejos. ¿Por qué? No sabía decirme. Alguna costumbre cuyos orígenes se remontaban a la época de los ancestros.

Pero, ¿qué ancestros? Recordaba haber leído alguna vez que los judíos, al fallecer un familiar, velaban los espejos durante el período de shiva, o luto, hasta el entierro, presuntamente para desalentar la vanidad en ese momento de duelo y permitir que los sobrevivientes concentrasen su dolor en el difunto.

¿Seríamos criptojudíos en mi familia? 

viernes, 3 de mayo de 2019

La Cruz Verde

6 ¡TOME LA PALABRA!

Por Ing. Arsenio J. Alemán Agusti | Santiago de las Vegas

Hay un rincón en nuestro pueblo, conocido por todos los que nacimos en Santiago de las Vegas y hemos vivido aquí, por todos los que echamos raíces en y queremos a Santiago, por los que nos hemos apropiado a través de los años de las enseñanzas de nuestros padres y abuelos, de sus tradiciones, leyendas y valores.

Me refiero a la Cruz Verde, ese pedacito del terruño enclavado en las calle Cero y 13, de nuestro Santiago y por donde cruzan a diario hoy centenares de personas que se dirigen a la diversidad de repartos y comunidades construidas en los últimos 50 años entre Santiago de las Vegas - Managua - Cuatro Caminos, y que de manera indiferente miran al monumento que allí se levanta sin siquiera detenerse a intentar averiguar de que trata el mismo.

Quizás también mucho de nuestros hijos y nietos, vivan o no en Santiago de las Vegas, tampoco conozcan de la Cruz Verde, por lo que vamos a brindar  información sobre dicho monumento.

Francisco Montoto, expone como resultado de sus investigaciones lo siguiente:

«Hace muchos años, Adolfo Cortada publicaba una leyenda sobre la Cruz Verde, atribuyéndola a un romance de amor desgraciado y tanto, que tuvo como resultado la muerte violenta del galán en manos del padre de la damisela en el mismo lugar donde se encuentra enclavada la cruz, colocada allí, según la leyenda de Cortada, para perpetuar la memoria del galán que pagó en moneda de vida su sincero amor.

»Bonita leyenda.....pero leyenda al fin.

»La historia es otra. En el lugar que ocupa la iglesia existía, antes de construirse ésta, una ermita donde se adoraba la Santa Cruz, bajo cuya advocación estuvo el pueblo incipiente hasta muchos años después.

»Cuando comenzó la construcción de la iglesia, cuya primera piedra se colocó el 18 de febrero de 1694, el pesar y el júbilo se apoderaron de los vecinos que constituían la pequeña masa de población.

»Pesar, porque necesariamente habría que destruir la pequeña ermita que sirvió, para desde ella, elevar sus plegarias a Dios y júbilo, porque iban a ver ampliadas las naves acogedoras de sus ansias espirituales para orgullo de sus corazones y regocijo de sus almas devotas.

»La Cruz Verde se encuentra en el lugar que hoy ocupa desde mucho antes de la fundación del pueblo, que como se sabe ya, quedó constituido el día 3 de Mayo de 1749, día precisamente de la Santa Cruz.

»Al avanzar las obras de construcción de la iglesia hubo que destruir la ermita antes mencionada, pero los vecinos del Barrio del Este, que lo constituían los vecinos que habitaban las casas que hoy forman las manzanas comprendidas por las calle 15, 0, Cruz Verde y 2 y la comprendida por las calles Cruz Verde y 2 en el tramo que se prolonga hasta la carretera de Managua y que en aquella época era bohíos, pocas de tabla y teja y alguna de adobe, los vecinos de ese Barrio, decimos, fervorosos adoradores de la Santa Cruz,se la llevaron con ellos para adorarla y reverenciarla, ya que estimaban al parecer, que la Cruz era más de ellos que de la  misma iglesia.  Es de entonces que data el emplazamiento de la Cruz Verde en aquel lugar.

»Podemos decir, pues, que la Cruz Verde ocupa tal sitio desde principios del siglo XVIII ………»

Hasta aquí lo que nos interesa resaltar del trabajo del historiador Montoto, sin dejar de mencionar que asegura que los datos que informan de este tema fueron tomados de los archivos de nuestro Ayuntamiento y del Archivo de nuestra Iglesia Parroquial por él mismo.

Esta cruz, cuenta la tradición de viejos vecinos, fue originalmente de madera; al transcurrir los años, casi a fines del siglo XIX, fue sustituida en el culto por una de hierro, la misma que llegó hasta 1956, bajo la custodia, por un período de casi medio siglo, de esa piadosa mujer que se llama Manuela Izquierdo Arteaga, después de haber estado durante varios años al abrigo del hogar de los esposos D. Benito Rodríguez y Dña. Gertrudis Gómez, viejos vecinos de la Cruz Verde[1], al ser arrancada de su sitial en los días que precedieron a la independencia política de Cuba de la influencia de España.

Según cuentan fueron manos españolas que construían trincheras para repeler el avance de los mambises que operaban en los alrededores, las que la arrancaron, pero también fueron manos españolas las que del suelo la recogieron, para entregarla al cuidado de los esposos Rodríguez-Gómez, con la intervención de Doña Josefa Amestoy; fueron las manos de D. Manuel García González, las que recogieron  la Cruz y la entregaron a D. Benito Rodríguez, para su custodia, bajo la cual estuvo, hasta que por la propia señora Amestoy fuera entregada a Manuela Izquierdo, quien con amor, veneración y fervor la conservó hasta 1956, tanto cuando estuvo emplazada sobre su gradería de piedra antes de la parcelación del Reparto "Lídice", como después guardándola en su domicilio.

El monumento actual fue construido en 1956 por la iniciativa, tenacidad sin desmayos y el dinámico entusiasmo de los miembros de la Unión No. 75 de los Caballeros Católicos de Cuba, radicados en la parroquia de Stgo. de las Vegas y que tuvieron en Ignacio Díaz y Enrique Garbalosa sus mas pujantes propulsores.

Consiste en una Cruz modelada en granito color verde y emplazada entre cuatro columnas que sostienen a modo de dosel una placa monolítica en forma también de cruz. Una tarja de bronce expresa lo que ocurrió en ese lugar.

La cruz de hierro quedó depositada en el Museo Histórico Local de la Asociación "Más Luz" al ser sustituida en el monumento levantado por la de granito. Hoy se conserva en el Museo Municipal de Historia.

La erección del monumento en la Cruz Verde, recoge y perpetúa una añeja tradición en la historicidad cristiana de nuestro pueblo.

“Los pueblos que no erigen monumentos públicos, para rendir tributo a sus mártires, a sus héroes o sus tradiciones, son pueblos ausentes de espiritualidad, mudos antes su propia historia, que semejan un campo desolado y estéril, donde no se empina un árbol ni florece un rosal”, apuntaba Rubén Pérez Chávez.

El monumento de la Cruz Verde fue posible por el aporte de todos, mediante suscripción pública y con la cooperación de la Alcaldía, dando una prueba del alto sentido de cooperación latente en la comunidad santiaguera, para todo lo que significara grandeza material y espiritual, en marcha hacia el progreso y enaltecimiento de sus valores.

Se inauguró el 3 de mayo de 1956, en ocasión del 257 aniversario de la constitución de nuestro cabildo.

La Revista Antorcha refleja así la ceremonia de inauguración:

«Comenzaron los festejos con una peregrinación, que partiendo de la Casa Consistorial, se dirigió primero al lugar donde naciera el fundador de nuestro pueblo, Sr. Miguel Macias y en la placa erigida allí se colocó una ofrenda floral; despues hasta la Iglesia Parroquial, de donde partiera la procesión con Nuestra Sra. del Rosario (la misma imagen que adornara el altar de la primera iglesia de nuestro pueblo), hasta el lugar donde se inaugurara el monumento erigido.


»La Cruz Verde fue develada por el Padre Vicente Jovaní y bendecida por el mismo.  En este lugar hicieron uso de la palabra el Alcalde Municipal Sr. Gerardo Castro Martínez y la Sra. Manuela Izquierdo Arteaga, la que por un Diploma concedido por nuestro Ayuntamiento fue nombrada Celadora y Guardián de la mencionada cruz.

»Los actos terminaron con una misa de campaña oficiada por el Padre Vicente Jovaní, junto al monumento.  El Padre Jovaní pronunció un brillante y sentido sermón, exponiendo ante todos los presentes un relicario que contenía un fragmento de la cruz divina y santa, donde expirara nuestro Señor Jesucristo y que fuera traída por él, desde los Santos Lugares que visitó en su último viaje.»

Me apropio de las palabras de Rubén Pérez Chávez:

«La Cruz Verde debe salvarse y perpetuarse, porque para nosotros tiene un doble simbolismo: el de la historia y el de la tradición.

»Como símbolo histórico nos señala el lugar donde años atrás se congregara un grupo de seres humanos para fundar una comunidad y dar carácter de permanencia a un sentimiento gregario de solidaridad que se basaba en la esperanza de alcanzar una vida tranquila, laboriosa y progresista.

»Como símbolo de tradición nos recuerda que a través de los años nuestros antepasados, nuestros abuelos y nuestros padres, hicieron de la Cruz Verde un punto de conjunción donde las familias se reunían para estrechar lazos de vecindad que consolidaban entre ellos aquellas inquietudes y aquellos afanes que tanto propendieron al progreso de la ciudad y que hoy parecen estar en crisis entre nosotros.

»Por encima de creencias religiosas, de doctrinas sociales y de prejuicios infecundos y desalentadores, todos los vecinos deben cooperar al éxito de esta bella iniciativa que no será solamente el triunfo de los Caballeros Católicos, sino la victoria del amor a una tradición que es orgullo y honra de Santiago de las Vegas, porque no nos recuerda episodios aciagos de nuestra historia, ni fija un lugar que traiga a la mente el recuerdo de hechos que debiéramos olvidar, sino que señala a propios y extraños aquel rincón donde un día seres animados de nobles ideas y anhelos de progreso, se reunieron junto a una cruz, viendo en ella el símbolo de la redención, del amor y de la paz entre todos los seres humanos, para rogar por el progreso de la nueva comunidad y por la felicidad de todos.»

Termino con las palabras de Jesús Ángel Puig:

«Madera, hierro, granito; ha sido en la historia distinta la materia constitutiva del sagrado símbolo, pero la esencia espiritual ha sido, es y será solo una, la esencia de la devoción de un pueblo por un sagrado símbolo de amor, de bondad y de justicia: el símbolo de la Cruz. 

»Símbolo que amaban los fundadores de nuestra ciudad y que veneraban devotamente, como amaban y veneraban a la sagrada imagen de Nuestra Señora del Rosario, con la misma unción y el mismo respeto con que nosotros hoy, en medio de la rudeza del mundo actual, veneramos a nuestros Santos Patronos Santiago Apóstol y Nuestra Señora de las Mercedes.»

Es el propio Puig, intelectual y poeta santiaguero el que dedica el siguiente soneto a la Cruz Verde:

               CRUZ VERDE

Viejo arrabal de mi ciudad querida
en ti pasé mis años sin dolores,
desengaños arteros y traidores
no habían clavado en mí su cruel mordida.

Viejo arrabal, la aurora de mi vida
levantó en ti su sol, sembró sus flores,
el iris de la fe dio sus colores
y el ala surcó el aire sin herida.

Y en este laberinto que hoy me encierra
tu recuerdo de entonces no se pierde,
preciosa callecita siempre amada....

Surge la perspectiva de la sierra,
la humilde bodeguita y la Cruz Verde
por altos eucaliptus sombreada.

____________________________________  

[1] A la cuadra comprendida en calle 13 entre calle 2 y Cero, se le conoce como cuadra de la Cruz Verde, lo que fue ratificado por un acuerdo de la Cámara Municipal, en 1956.

Fuentes consultadas:

  1. Fina García, Francisco. La Cruz Verde. En Revista Antorcha, Año XI, No. 5, Marzo 30 de 1956.
  2. Inauguración del monumento erigido en la Cruz Verde. Revista Antorcha. Año XI, No. 7, Mayo 30 de 1956.
  3. Montoto, Francisco. La Cruz Verde. En Revista del CIR. Año III, No. 10.  Marzo 15, 1937.
  4. Pérez Chávez, Rubén. La Cruz Verde. En Revista Antorcha, Año X, No. 10 Agosto 30 de 1955.
  5. Puig, Jesús Ángel. Devoción Cristiana. En Revista Antorcha,  Año XI, No. 9, julio 30 de 1956.
  6. Puig, Jesús Ángel. "Cruz Verde" en poemario Mis Versos, Santiago de las Vegas, 1965.

domingo, 1 de abril de 2018

Resurrexit: Recuerdos de la imagen del Cristo Resucitado de la Iglesia de Santiago de las Vegas

2 ¡TOME LA PALABRA!

por Leonardo Gravier | Coral Gables, Florida

Estamos en tiempos de Cuaresma, en pocos días celebramos la fiesta central del cristianismo: la Semana Mayor o Semana Santa. Al final de la Semana  Santa cerramos con el más jubiloso de los días del año:el Domingo de Pascua Florida, Domingo de Gloria o como mejor lo conocemos, el Domingo de Resurrección. Yo nunca puedo olvidarme de ese día, porque nací un Domingo de Resurrección y mis familiares me felicitaban ese día, aún cuando la fecha de mi cumpleaños no coincidiera con esa fiesta. También nuestro Estado de la Florida nació a la Historia ese día, Domingo de Pascua Florida; descubierta por Juan Ponce de León un 27 de Marzo de 1513, se le nombró “Florida” —a diferencia de lo que creen muchos —no por las flores que encontraron, sino en honor
del día del descubrimiento: Pascua Florida.

Domingo de Resurrección en Santiago, década del 50. El autor a la izquierda.
Los primeros cristianos celebraban la Pascua de Resurrección al igual que la Pascua Judía. Pero como era una fiesta de carácter móvil, el Concilio de Nicea (Año 325) decidió celebrar las fechas cristianas independientemente de las fiestas judías, aunque siguió el mismo carácter móvil. Es en el año 525 cuando el monje Dionisio El Exiguo creó el Anno Domini que fue la regla que se utiliza para calcular la Resurrección. Ésta caería en el domingo inmediatamente siguiente al plenilunio después del equinoccio de marzo. Por tanto, la Pascua Florida siempre se celebrará no antes del 22 de marzo y no después del 25 de abril. El Papa confirma el día que es basado en el cálculo astronómico.

Santiago de las Vegas tenía unas imágenes de santos muy bonitas. No sé cuando se adquirieron; tal vez talladas en España muchos años atrás. Sólo recuerdo cuando el Padre Jovaní adquirió  la Virgen Yacente en una urna o la del Cristo que estaba al frente del edificio de la iglesia. Pero la imagen más significativa y bella para mí era la del Cristo Resucitado.

Como la procesión del Domingo de Resurrección pasaba por mi casa, yo de niño oía la banda de música, me levantaba corriendo con la ropa que  encontrara y me iba a la esquina de 8 y 11 para ver el encuentro frente a la Dominica. Ya de mayor, iba temprano a la iglesia para participar de dicha procesión llevando en andas al Cristo, a la Santísima Virgen o a San Juan. Era difícil conseguir que alguien cediera su puesto en una de las barras de la angarilla. De todas las bellas imágenes (incluyendo la Dolorosa o el Patrón Santiago), mi imagen más admirada era el Cristo Resucitado.

Al principio desconocía los símbolos que resaltaban en aquel Cristo Resucitado; después fui comprendiendo que cada detalle tenía una transcendencia religiosa que era requerida en las demás imágenes del Resucitado en otros países.

Siempre me imaginé que estos símbolos o atributos eran privativos del Cristo Resucitado, puesto que otras imágines de Cristo no los tenían, pero desconocía su significado; aún indagando con muchos sacerdotes no podía llegar al fondo de la representación. No obstante, con el tiempo fui aprendiendo lo que representaban cada uno de ellos.

Domingo de Resurrección, 1957.
Lo que más me intrigó fueron los tres rayos que salían de la cabeza de la imagen: Las potencias. La explicación la encontré en las cofradías católicas y sus publicaciones. Esos son los rayos de luz que se colocan en la cabeza de la imagen del Cristo Resucitado para dignificarlo y mostrar su divinidad, distintas a las demás imágines de santos que van representados con aureolas. Muchos dicen que representan la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo; otros aluden al simbolismo de ser “Luz del Mundo”. No obstante, los que profundizan el significado, se remontan a las potencias de las que hablaba Aristóteles. Decía el sabio griego que los seres humanos poseemos distintos géneros de potencias en el alma, siendo las más importantes las intelectivas: memoria, entendimiento y voluntad. Con el tiempo la filosofía aristotélico-tomista fue adaptando a Cristo estas potencias, que como Hijo de Dios las tenía desarrolladas en su grado máximo. Por tanto convirtieron estos atributos en su condición de Rey, Profeta y Sacerdote.

Algunas cofradías reservan las potencias sólo a las imágines de los Cristos vivos, por tanto quedan excluidas las potencias de las imágenes del Cristo muerto. Es una opinión que no se sigue. Además, no todas las imágenes del Cristo vivo tienen las tres potencias. El Cristo crucificado que tengo en la cabecera de mi cama, las tiene. No obstante, la bellísima imagen del Cristo de Limpias que trajo mi padre al venir de Cuba, no las tiene. Cada potencia está compuesta de dos partes, saliendo de la cabeza de la imagen: el núcleo, donde se pone la ornamentación que suele llevar las letras del monograma de Cristo: JHS. La  otra parte son los rayos o resplandores, que pueden ser lisos, plegados, ondeantes o biselados.

En resumen, solamente en las imágenes de Cristo se ven rayos saliendo de la cabeza de la imagen.

El brazo del Cristo Resucitado dando la bendición, en la imagen de Santiago era el derecho con la mano abierta. En otras imágenes el escultor ha puesto la imagen con la mano izquierda y con dos dedos solamente. La estatua del Sagrado Corazón de Jesús de nuestra iglesia instalado en 1948  en el vértice del frontispicio triangular entre los dos campanarios, está dando la bendición con su brazo derecho y con dos dedos (dedo anular y dedo del medio o corazón).

Domingo de Resurrección, 1953.
En su mano izquierda, nuestra imagen de Cristo llevaba la bandera de la Salvación. Era la bandera con la cruz roja sobre fondo blanco. Esta bandera fue también el emblema llevado por los cruzados y llamada “bandera de San Jorge”. El Cristo Resucitado la lleva como símbolo de Victoria para confirmar que Cristo trae la salvación y la vida eterna; como triunfo sobre la muerte, o como la llevaría Dios como “Señor de los Ejércitos”. La bandera de nuestra imagen del Resucitado era un banderín con el diseño de la bandera de San Jorge. Iba en un asta en forma de una pértiga larga que terminaba en otra horizontal más pequeña formando una cruz. En la antigüedad ponían la bandera blanca delante de una bandera negra con la cruz roja que representaba la “bandera de sangre” —usada en el Oficio de las Tinieblas los Miércoles Santos— para representar que la bandera de la Salvación había tomado el lugar de la bandera de la muerte. Más adelante se eliminó en las procesiones del Cristo Resucitado la bandera de sangre.

La vestidura de la imagen de Cristo Resucitado era toda blanca, de lino sin ningún adorno, excepto los botones de rosas o claveles que le ponían.

Consistían en una enagüilla o calzón ceñido a la cintura con un cinto blanco y una túnica que le cubría parte del costado y le llegaba al hombro derecho; dejaba el pecho al descubierto. En muchas imágenes del Cristo Resucitado, la túnica le cubre todo el cuerpo, en otras está doblada alrededor de la cintura; pero en todas la túnica es blanca —que es la que llevaban los sacerdotes hebreos debajo del manto—. El Cristo resucitado llevaba las heridas abiertas en las manos y la lanzada del costado así como las marcas de las torturas sufridas antes de la crucifixión. El rostro y la expresión no eran de dolor, más bien de alegría y triunfo.

Martín Lutero dijo que “las imágenes son el Evangelio de los pobres”. Esa reacción ante una imagen, de devoción y ruego, la observamos sobre todo cuando vemos una procesión entre el pueblo llano de Latinoamérica o Europa. En Cuba, la veíamos entre los fieles que iban a la iglesia de San Lázaro en Rincón. También una imagen religiosa puede inspirar otra bella obra de arte, como inspiró al poeta José María Pemán a crear su bello poema “Ante el Cristo de la Buena Muerte”.

El “pathos” o emoción que despierta una obra de arte en quien la contempla, puede llegar a tres niveles. El idólatra, que adora imágines o ídolos como si fueran dioses animados; esto es un pecado condenado por las Sagradas Escrituras —es contrario a uno de los mandamientos—. El
Iconódulo o iconófilo es aquel que venera las imágenes, es decir, respeta en sumo grado la santidad, dignidad o virtud de la persona representada por la imagen. Esto es equivalente a venerar una imagen de la Santísima Virgen María, de San Francisco de Asís o de José Martí —al que se le coloca inclusive coronas de flores por dignatarios extranjeros para congraciarse con los cubanos—. Y por último está el iconólogo, que es aquel que admira, compara y clasifica por su antigüedad o estilo, las imágenes; este es el caso del que admira el “Perseo con la cabeza de Medusa” de Antonio Cánova, la Pietà de Miguel Ángel, o el “Extasis de Santa Teresa”  de Gian Lorenzo Bernini.

Domingo de Resurrección en Santiago de las Vegas, 1928.
No hablo de los iconoclastas, los que destruyen o aborrecen imágenes, porque esos son unos incivilizados, fanáticos e incultos, tales como los Talibanes que dinamitaron las famosas estatuas del Buda de Bamiyan.

Yo admiro las imágines en cuanto a obras de artes y respeto la santidad, dignidad o virtud de la persona.

La procesión del domingo ha sido muy bien relatada con anterioridad en este sitio así como la ruta que tomaba hasta el encuentro. Había salido de la casa de Luis y Carmelina Sans, donde le habían adornado de flores y jarrones las andas. Ellos vivían cerca de la iglesia, al lado de Rogelio Díaz (padre), de donde también salía parte de la procesión.

¡Qué buen gusto tenía y qué atinado estuvo, quien adquirió esa preciosa imagen del Cristo Resucitado para nuestra iglesia de Santiago de las Vegas!

martes, 6 de diciembre de 2016

La brujería en Santiago de las Vegas

2 ¡TOME LA PALABRA!

 Por Leonardo Gravier | Coral Gables, FL

Mi amigo Carlos Valiente Romero a menudo nos relata anécdotas o nos deleita con música extraída del baúl de sus recuerdos”. Yo tengo dos baúles: el baúl de los buenos recuerdos y el baúl de los recuerdos malos.

El relato que hago a continuación fue extraído del baúl de los recuerdos malos; y fue malo porque causó una  gran preocupación a mis padres, y dejó en mí una fijación que me persiguió toda mi vida — aunque por mi corta edad no me percatara de la peligrosidad en aquel momento—.

Estudiaba yo mis primeros grados en la Escuela #2, a cuadra y media de mi casa y que dirigía desde hacía poco tiempo el Dr. Eduardo González. Mi maestra era la inolvidable Isabel Bancells.

Un día apareció en la rejilla del postigo de una de las puertas de la calle de mi casa, un anónimo; estaba escrito con  letra cursiva y a lápiz en papel de estraza. El contenido era muy preocupante —aunque en estos tiempos parezca una broma—. Advertía a mis padres que unos “negros brujos” habían acordado secuestrar al más pequeño de sus hijos para utilizar sus entrañas en prácticas de su religión. Yo, como era el más pequeño —tendría seis años—, sería el blanco de aquella fechoría. Mis padres se horrorizaron. De inmediato, mi padre llevó el anónimo al juez municipal y se tomaron medidas con la Guardia Rural y la Policía local. Hubo varios guardias, vestidos de paisanos, colocados en las esquinas de mi cuadra. Mi hermano, mayor que yo, fue advertido de su rol como el protector más cercano a mí. Yo estaba ajeno a lo que acontecía, pero sabía que algo estaba pasando. Mi padre me llamó una noche, me sentó en la sala de mi casa y me contó todo; insistió en el peligro que yo corría y la razón por la que me debía cuidar de conocidos y desconocidos, evitar salir a la calle sin compañía y sin ambages me detalló los casos reales que habían ocurrido en Cuba y el final que tuvieron los niños víctimas de aquellas prácticas atávicas. Estos casos habían sido publicados en detalle en todos los periódicos de Cuba y en libros de estudiosos de la criminología. El efecto de aquella conversación fue terrorífico para mí. Mis días fueron pasando con mucha vigilancia por parte de mis familiares y hasta del Director de la Escuela Dr. Eduardo González. Yo vivía muy asustado.
     
Dos semanas después, a pesar de la vigilancia en los alrededores de mi casa, apareció un segundo anónimo colocado (tal vez de madrugada) en la misma rejilla del postigo. Esta vez el anónimo revelaba la identidad del supuesto raptor. El hombre fue detenido y llevado al Cuartel de la Guardia; dos días estuvo bajo intenso interrogatorio. Se concluyó que el hombre no tenía ninguna relación con el plan, si es que alguna vez hubo un plan. Había tres posibilidades: o bien el autor del anónimo quería por algún motivo causar una gran preocupación a mis padres; o quería crearle al supuesto raptor un problema por motivos desconocidos; o la menos probable, hubo un plan que no se pudo llevar a cabo y se dio por terminado. No obstante, el hombre se fue de Santiago y no regresó hasta pasado varios años. Yo ya de joven lo conocí.
     
Pasado aquel mal rato por parte de todos, nunca más volvimos a recibir anónimos o a tener sospechas de alguna otra persona, blanca o de color.
     
Antes de continuar este artículo es importante aclarar ciertos conceptos discutidos, para evitar malas interpretaciones de mis ideas.

El más importante de los conceptos es el concepto de “religión”. El mismo ha sido interpretado conceptual y etimológicamente de distintas maneras desde tiempos de la antigua Roma o en los teólogos posteriores. Lo importante del término es aclarar que en mi opinión, religión es la comunión o relación entre la razón y el espíritu  del hombre y su Creador. Esa interpretación que el ser pensante tiene del ser único “per se”, de aquel cuya esencia es la existencia misma, lo que nunca empieza ni termina, es lo que constituye una religión. La idea de Dios es inmanente en el hombre, pero la tendencia ha sido la de aceptar la forma de creer basado en meditaciones, revelaciones o conclusiones de los antecesores. Por tanto, la idea se funde en las organizaciones dedicadas al estudio y práctica de la doctrina que se formó. Esa institucionalización crea las distintas confesiones—monoteístas, politeístas, panteístas, etc.
     
La religión es diferente a las creencias no relacionadas con Dios.  Aunque yo creo que cada persona tiene su propia religión, los antropólogos y los teólogos solo consideran una religión, las creencias compartidas.
     
La santería es definida por la Real Academia Española de la Lengua (RAE) como un sistema de cultos que tiene como elemento esencial la adoración de deidades surgidas del sincretismo entre creencias africanas y la religión católica. Es originaria de Cuba.

La llaman santería porque utiliza las ideas traídas de África con las imágenes y vida de los santos católicos. Por tanto, la santería—término que tuvo una intención despectiva—, es una religión con el mismo estatus que las más reconocidas y numerosas en países no-africanos.
     
Fue traída a América por los negros bozales esclavos, pero se ha extendido a todos los países de habla hispana y el resto de Europa. Es una continuación de la religión yoruba de Nigeria. Nunca ha practicado sacrificios humanos, pero sí de animales o partes sin vida de seres humanos (huesos o fetos)

La santería cree en un dios universal y en los orichas, que son deidades dedicadas a distintas actividades y con distinto ámbito. Ha sido practicada en Cuba desde que los esclavos burlaron la prohibición de la religión yoruba, haciéndoles creer a los amos que creían en los santos cristianos y sus imágenes. Sus creyentes abarcan desde los más humildes hasta los más encumbrados (profesionales, hombres de negocios, artistas, deportistas y hasta jefes de Estado).Practican un bautismo propio, además del bautismo cristiano. Creer en la santería es incompatible con ser católico. Es una religión politeísta como lo fue la de la antigua Grecia—que tenía a Zeus a la cabeza rodeado de múltiples dioses—. El sacerdote de la comunidad de creyentes es el babalao.
     
El ñañiguismo o Sociedad Secreta Abakuá es una fraternidad secreta de hombres que se afincó en Cuba a principios del Siglo XIX. Sus primeros miembros, eran negros de Calabar en África (carabalíes); creció como protección de aquellos esclavos contra los abusos y las barbaries de sus amos españoles. Se esparció entre los negros nativos de Cuba, esclavos o no, los mulatos y unos pocos blancos. No constituía una religión.

El abakuá sólo admite hombres que hayan demostrado virtudes muy encomiables. No obstante, en la práctica sus miembros incurrieron en un alto índice de criminalidad. Ha habido mucha desinformación con respecto al ñañiguismo  debido al secreto que de su organización siempre han mantenido. En los Código Penales de la República de Cuba nunca ser ñáñigo fue un delito, ni un agravante oficial, aunque en los tribunales de justicia ser ñáñigo tenía una connotación negativa. Sus miembros son blancos, negros, humildes o potentados y el ser ñáñigo no es incompatible con ser miembro de la religión católica.
     
La brujería es definida por la RAE como “el conjunto de prácticas mágicas o supersticiosas que ejercen los brujos y las brujas”. La brujería no es una religión y según las creencias de los africanos que la practican se basa en una fuerza mágica espiritual transmitida por almas de personas ya fallecidas o manes de antepasados. Se puede usar para hacer el bien (magia blanca) o para hacer el mal (magia negra). Está formada por un conjunto de prácticas esotéricas tendientes a causar un resultado usualmente perjudicial a otra persona para demostrar poder o sabiduría profética. En términos generales, la brujería es maligna, es independiente de las razas o nacionalidades y gran parte de las veces utilizan como motor principal el sacrificio o muerte de un ser humano o un animal. Como magia negra o hechicería es repudiada por la Biblia y por el Corán.

A diferencia de la santería o el ñañiguismo, ambos de origen africano, la brujería abunda más fuera del continente africano.

Desde tiempos remotos la brujería o hechicería existe en Grecia y Roma (Circe, Medea, la Estirge, etc); el aquelarre de las brujas en Walpurgis; las “brujas de Salem” las “brujas de Zagarramurdi”, y tantos más. La brujería se ha practicado en Asia y Latinoamérica, y en todos ha sido repudiada y perseguida— como el “Malleus Maleficarum” de Alemania o la Demonomanía de Bodino en Francia—.

La brujería que se practicaba en Cuba provenía de África y se concentraba en el infanticidio. Aunque había brujos de la raza blanca, la gran mayoría de los brujos eran negros. Este infanticidio tenía fundamentos de prácticas y rituales demoníacos o diabólicos; aunque tuviera el mismo efecto que el infanticidio por motivos de “eugenesia” —filosofía que defiende la mejora de los rasgos raciales usando métodos selectivos  o repulsivos—. La eugenesia era parte de las leyes del sabio legislador Licurgo y se llevaba a cabo abandonando o despeñando a los niños deformes desde el monte Taigeto.

En África creen que los órganos de los niños tienen poderes curativos y los sacrifican para curar a otras personas. No son sacrificios de índole religiosa. En Tanzania son perseguidos y asesinados los niños albinos, porque utilizan las partes de su cuerpo en rituales y pociones. Se cree que los huesos de estos niños tienen poderes mágicos.
     
Por último, en Cuba no se practicó el homicidio por primera vez con la llegada del hampa africana. Ya en la etapa precolombina, el agresivo pueblo caribe, navegaba los mares antillanos practicando, según dicen los estudiosos, antropofagia o canibalismo con los pacíficos taínos y siboneyes.

En Santiago de las Vegas nunca hubo casos de sacrificios humanos, aunque cuando jugábamos en el Parque Viejo viéramos restos de sacrificios de animales, con “kilos prietos” en la forma que requería la creencia de los brujos. Los muchachos se alertaban unos a otros advirtiendo no tocar aquello puesto que era “brujería”. Algunos más arriesgados tomaban las monedas “con la mano izquierda”. Yo que recorría el pueblo y era amigo de blancos y negros, cristianos, judíos  y santeros, fui invitado a varios “toques bembé”. Iba con toda la curiosidad y respeto que la ocasión requería en los días señalados por su creencia sincretista; allá nunca vi tambores batá sino tumbadoras e imágenes de la Virgen de Regla, San Lázaro o Santa Bárbara. Bebí junto con ellos el ron o aguardiente que se pasaban unos a otros y vi mujeres con el “santo” o trance donde se hablaba palabras en castellano mezcladas con un argot o jerga desconocida. Todo terminaba tarde en la noche como termina una celebración entre amigos.

En aquella época —años 1954 y 1955, —yo no pensaba que, a pesar del incidente de los anónimos a mis padres, en Cuba hubiese casos de brujos homicidas; pensaba que mi caso había sido una broma malvada y una precaución extrema de mi padre. ¡Qué gran sorpresa me llevé al comenzar a estudiar Derecho y al informarme!

En mis dos primeros años en la Escuela de Derecho de la Universidad de La Habana, puse mucho interés en las asignaturas de Antropología Jurídica y de Política Criminal; leí libros y artículos sobre la criminalidad de los brujos en Cuba y visité varias veces el Museo Montané en la Escuela de Ciencias. Me interesaron mucho los libros  escritos por los sabios cubanos doctores Fernando Ortiz e Israel Castellanos, en especial el tratado de Ortiz (con preámbulo del gran maestro positivista de criminología el italiano Cesare Lombroso): Hampa Afro-Cubana. Los negros brujos.  La cátedra de Antropología Jurídica estaba muy influida por el positivismo; en el laboratorio de Antropología Jurídica teníamos que hacer, mediciones craneométricas y aprender los rasgos fisiognómicos de los “criminales  natos”. Los tres grandes del positivismo (Lombroso, Enrico Ferri y Raffaele Garofalo) eran ampliamente revisados. Se concentraban en el castigo al delincuente más que en las prevenciones a la sociedad. Se estudiaban los rasgos  físicos porque se pensaba que esos rasgos revelaban una predisposición para el delito por su conformación biológica. Los convictos delincuentes afro-cubanos eran detenidamente estudiados. El Museo Montané tenía suficiente material para llevarse una impresión de la relación del delito con la raza, la nacionalidad o la religión.
     
Más me atraían las teorías del Marqués de Beccaria (Del delito y de la pena) que abogaba por el principio de la proporcionalidad —debe existir una proporción entre delito y pena, las penas no deben de ser arbitrarias o exageradas —; él era contrario a la pena de muerte— yo también siempre lo he sido — y se interesaba más por la prevención del delito mediante la educación y persuasión. Sí creía que el criminal incorregible debía ser excluido de la sociedad para siempre (cadena perpetua sin derecho a amnistía o indulto). Fue muy influenciado por enciclopedistas como Montesquieu, Voltaire, Rousseau y Locke. Muchos códigos penales europeos tomaron como fundamento las ideas de Cesare Beccaria.
     
Las primeras grandes rebeliones contra la corona española que tuvieron lugar en Cuba con éxito fue la de los negros bozales (nativos de África y esclavizados en la América). Estos esclavos rebelados contra el abuso de sus amos, se escapaban —con más éxito del que habían tenido los aborígenes de la isla, que fueron exterminados—, se convertían en cimarrones y formaban colonias de prófugos llamadas por los españoles “palenques” (le llamaban “quilombos” en Brasil ). En estos palenques podían practicar libremente sus costumbres y ritos religiosos hasta ser capturados por los  “rancheadores” (cazadores de negros cimarrones). En la medida que abusaban los blancos españoles de Cuba de aquellos sufridos africanos, aumentaron los cimarrones, se unieron a ellos los esclavos nacidos en Cuba de padres africanos, creció la población de esclavos y se afincaron y multiplicaron las costumbres y creencias. Como parte de estas creencias venía la brujería, muy propia de África, con el ejercicio de todos sus ritos.
     
Ya en el siglo XIX, el gobierno español había prohibido el ejercicio de la brujería y del ñañiguismo —a pesar de que en 1863 se les permitió a los blancos pertenecer a los cabildos de ñáñigos—. No obstante, al independizarse Cuba, las costumbres de los africanos y de algunos hijos de africanos se hicieron más fáciles de practicar. Estas prácticas africanas fueron identificadas como satánicas o diabólicas ya que en África era notoria, la costumbre de realizar sacrificios humanos. La brujería fue considerada como equivalente a la temida hechicería o magia negra. El Gobierno Interventor, por Orden Militar, creó la oficina de identificación de criminales con objeto de tener más control sobre estos grupos.
     
La verdadera criminalización de estas sectas comienza en los primeros años del siglo XX cuando aún quedaban africanos que no habían podido liberarse de sus prácticas originales. Siempre las víctimas eran niños, ya que los brujos africanos los consideran más puros y dúctiles. En nuestros días en la República del Congo, los niños aterrorizados no quieren salir a las calles por la cantidad de infanticidios para prácticas de los brujos congoleños. Ver también: Las creencias como factor criminógeno. Muti: El infanticidio ritual en África (Archivo del crimen).
     
En 1904 comienzan los homicidios con la violación y muerte en julio, de la Niña Celia de 10 años.
     
En el mismo año, en Güira de Melena, asesinan y extraen los órganos de la Niña Zoila.
     
La Niña Luisa es asesinada y sus vísceras arrancadas en 1918 en Alacranes, Matanzas.
     
También en Matanzas son asesinados o sacrificados los niños Onelio García (1915) y Marcelino López (1919).
     
En 1923 es asesinada la Niña Cuca y en la Provincia de Matanzas, 17 niños son asesinados en distintos lugares y fechas.
     
A partir de esta fecha se detienen los asesinatos de niños; tal vez porque los brujos africanos ya habían muerto por vejez o enfermedad y los cubanos de padres africanos que no estaban en total acuerdo con la sociedad  o con los sacrificios humanos se habían unido al ñañiguismo. Ya los brujos buscaban para sus ritos, cadáveres o parte de personas recién enterradas en los cementerios o animales (preferiblemente las aves o chivos).
     
The Miami Herald publicó el 23 de marzo de 2012 la noticia de que unos agentes de aduanas en el Aeropuerto de Miami, habían encontrado varios fetos humanos en el equipaje de dos mujeres que retornaban de La Habana, Cuba. Los fetos debían ser entregados a personas en Miami que se dedicaban a prácticas de brujería. Los fetos, varón y hembra, fueron detectados cuando los Rayos X los descubrieron en un pomo sellado. Los médicos determinaron que ambos fetos eran de 20 semanas y que ninguno era viable (no podían vivir y fueron abortados). Las mujeres confesaron haber recibido el pomo con los fetos de un babalao en La Habana. No fueron instruidas de cargos por el Fiscal del Estado; ningún nombre fue revelado.
     
Según los artículos publicados en los infanticidios cometidos en Cuba a principios del Siglo XX  y muchos incluidos en el tratado de Fernando Ortiz, los asesinos o cómplices de estos hechos eran todos africanos o afro-cubanos.
      
El más famoso por haber sido discutido por Fernando Ortiz en sus libros y por haber recibido gran publicidad de la prensa, fue el de la Niña Zoila. Sólo comentaremos este caso por haber ocurrido cerca de Santiago y para no hacer muy extenso este escrito. Los otros casos aparecen en distintos sitios web en internet ampliamente comentados.
     

El 11 de noviembre de 1904, la Niña Zoila de 22 meses de edad, desapareció de la finca de sus padres en Güira de Melena. Se dijo que había sido secuestrada por unos negros brujos del Cabildo Congo Real en El Gabriel; que la habían matado para usar su sangre y su corazón para curar a Juana Tabares. Las autoridades basándose en información del Alcalde de Güira y otras evidencias arrestaron a Taita Bocú (Domingo Bocourt, arriba), a Julián Amaro y a José Cárdenas. Junto al anciano lucumí Bocú arrestaron en aquel aquelarre de brujos africanos a Ruperto Ponce, Adela Luis, Pilar Hernández Padrón, Jacobo Arenal y Modesta Chiles, todos africanos. También apresaron a los afro-cubanos  Victor Molína, Pablo Tabares, Dámaso Amaro, la ya mencionada Juana Tabares, Laureano Díaz y Francisca Pedroso.

Bocú designó a Molina para seleccionar la víctima y cometer el asesinato. Molina obtuvo la ayuda del antiguo esclavo Ruperto Ponce. Mataron a Zoila y extrajeron la sangre, el corazón y las entrañas que Bocú, con el sobrante se puso a procesar y vender como amuletos y remedios. José Cárdenas escondió los restos de Zoila cerca de un aserradero. Sólo Bocú y Molina fueron condenados y ejecutados como brujos; los demás fueron condenados a penas de cárcel o absueltos. Muchos dijeron que “el asesinato de la niña blanca Zoila era para curar a las niñas negras, Adela y Juana”.

En 1906 la pena de muerte fue abolida en Cuba; por tanto, Bocú y Molina fueron los únicos brujos ejecutados por este asesinato. En los demás casos, muchos murieron víctimas de suicidio o fueron encarcelados por muchos años.
     
Debe señalarse que actualmente, Cuba está entre los sietes primeros países con más brujos del mundo; lista que encabeza la República Democrática del Congo, seguida por Haití.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Ánimas vivientes

1 ¡TOME LA PALABRA!

por José Evidio García | Madrid, España

No soy persona dada a ver o creer en fantasmas, pues con los años he aprendido temer más a los vivos que a los muertos. En realidad muchas cosas aparentemente extrañas y sin explicación, que en alguna ocasión podamos haber visto u oído, la mayoría de las veces corresponden a fenómenos de origen natural, físico o químico. No obstante, en una ocasión siendo todavía niño tuve una experiencia paranormal que relato a continuación:

Corría el mes de agosto del año 1949 y mis vacaciones escolares las pasaba en una casona de la familia materna, situada en una céntrica calle de Santiago de Cuba, donde también vivía mi abuela. Una tarde me ocurrió algo insólito y sin explicación aparente, que se ha quedado grabado para siempre en mi memoria.

La casona en cuestión, que aún existe con algunos cambios estructurales, contaba con seis habitaciones, una a continuación de la otra, comunicadas todas interiormente por sus respectivas puertas, más otra exterior que permitía acceder a un patio bastante grande cubierto con piscualas rojas, flores cuyo aroma en las noches se esparcía por todos los rincones.

Una tarde ya anocheciendo, cuando cruzaba por dentro de una de esas habitaciones casi a obscuras, sobre mi cabeza y muy pegado al techo apareció de pronto algo de color blanco fosforescente con forma de pañuelo, desplazándose con una rápida trayectoria en diagonal desde una esquina a la otra de la habitación para, finalmente, desaparecer por completo.

En un primer momento pensé en una paloma blanca volando dentro de la habitación, cosa poco probable, porque anteriormente nunca había visto ninguna rondando por el patio y mucho menos que fuera fosforescente. Sin pensarlo dos veces encendí la luz para ver qué había sido aquello, pero no encontré ni paloma, ni pañuelo, ni nada similar, a pesar que el único mobiliario existente eran dos camas. De haber caído algo al suelo desde el techo, seguramente lo habría encontrado.

Años después siendo ya un joven, relaté aquella rara experiencia a mi abuela, que a la sazón se había mudado a vivir con mi madre a Santiago de las Vegas, y también a algunos familiares que durante años habían vivido en la casona de Santiago de Cuba. Para mi asombro me contaron que, efectivamente, con frecuencia allí se producían hechos nada normales, a tal extremo que todos los que la vivieron antes que ellos, se volvían a mudar a las pocas semanas.

Mi familia fue la única en soportar estoicamente durante varios años la convivencia con fenómenos de variada especie, como oír un solo de piano sonar por la madrugada, cadenas arrastrándose por el piso, ver sillones balanceándose sin que siquiera el aire los moviera, o percibir visiones anormales, tanto dentro de la casona como en el patio.

Según también me contaron, antes de mudarse a vivir en esa casona alguna gente amiga les habían adelantado algo acerca de lo que allí sucedía. Más adelante supieron que en la época de la colonia ese lugar había funcionado como cuartel militar, donde seguramente torturaban y mataban a los presos opuestos al régimen español.

Según dicen los expertos en fenómenos paranormales, en aquellos lugares donde ha rondado la muerte, el dolor y el sufrimiento humano como, por ejemplo, cárceles y hospitales, sobre todo si están ya abandonados, entre sus paredes quedan lo que ellos denominan “impregnaciones” de los hechos allí ocurridos, como si fuera una grabación antigua o memoria extemporánea, que pueden percibir después, sobre todo, personas sensibles a captar ese tipo de manifestaciones.

Hoy en día, asombrosamente, esa casona la han transformado en un hotelito, por lo que no le arriendo las ganancias al actual administrador si algún huésped percibe los mismos fenómenos extraños que durante años acompañaron a mi familia.

En realidad existen diseminadas por todo el mundo infinidad de casas que ostentan o han ostentado en algún momento la sospecha de estar habitadas por fantasmas. Otra de esas casas que recuerdo bien, se encuentra situada en la calle 6, entre 5 y 7, en Santiago de las Vegas, muy cerca de la que viví durante los primeros años de mi infancia. Esa casa de por sí a los niños que jugábamos en la acera donde está situada, nos parecía estar envuelta en un halo de misterio, pues nunca tuvo inquilinos, ni sabíamos quién era su dueño, si es que lo tenía. Confieso, sin embargo, que en ningún momento vi allí ningún fantasma rondándola, a pesar que algunas noches solía observarla desde el interior del patio de la casa colindante en espera de, si por casualidad veía alguno, salir corriendo.

La segunda vez que viví otra experiencia rara también siendo niño, que alguien pudiera considerar paranormal, fue un 2 de noviembre como hoy en el cementerio de Santiago de las Vegas.

Ese día, como todos sabemos, se conmemora en Cuba el “Día de los Fieles Difuntos”, y muchos santiagueros acostumbraban a visitar las tumbas de los familiares. Una ocasión en esa fecha y ya avanzada la tarde acompañé a mi padre a llevar flores a la tumba de mis abuelos paternos. Poco tiempo después de llegar, nos sorprendió las 6 de la tarde, hora en la que estaba establecido el cierre.

Fuegos fatuos en el cementerio de Santiago de las Vegas (interpretación artística).
Las pocas personas que quedaban todavía se fueron marchando y minutos después nos quedábamos mi padre y yo solos, parados frente a la puerta de entrada del cementerio ya cerrada, con las primeras sombras de la noche cayéndonos encima y esperando que pasara la guagua que hacía viajes de Santiago a Wajay y viceversa, para regresar a la casa. De pronto e inesperadamente, del otro lado de la carretera comenzaron a aparecer en la cuneta unas lucecitas blancas y rosadas ascendiendo desde el suelo y volatilizándose a poca altura. No recuerdo bien si me quedé paralizado por el miedo, o si quise llegar corriendo hasta la entrada del pueblo, a unos 2 kilómetros de distancia, para alejarme lo más rápido posible del cementerio, creyendo que lo que había visto eran almas en pena que regresaban a su morada eterna y me iban a pasar por encima.

Tengo que reconocer que mi padre, sin ser ni mucho menos un erudito, ni haber podido estudiar tanto como hubiera deseado, gracias a sus deseos de adquirir conocimientos se había convertido en un ávido lector. Así que, por suerte para mí, y antes que pudiera emprender una desaforada carrera rumbo al pueblo, me explicó que aquello no eran fantasmas ni apariciones, sino “fuegos fatuos” producidos por gases que desprenden ciertos elementos orgánicos en descomposición, caracterizados por encenderse con una pequeña llama, elevarse a continuación a poca altura del suelo y, finalmente, desaparecer. Desde entonces aprendí que en la vida “todo no es lo que parece ser” y, que yo sepa, hasta ahora ningún fantasma ha matado a nadie, a no ser de un susto, como me pudo haber pasado aquel día a mí.

Curiosamente, cerca del propio cementerio existía una laguna conocida por todos los santiagueros como “de Pancho Real”, colindante con el barrio de Rancho Grande. Los vecinos de esa barriada comentaban que en algunas noches se podía divisar una luz blanca escalando el tronco de una palma seca enclavada en medio de la laguna, que atribuían al espíritu de alguien ahogado en ese lugar. Lo más probable es que esa visión nocturna, de ser cierta, correspondiera también a un fenómeno de fuegos fatuos.

Varios años después y siendo un poco mayor, en una de las tertulias que compartíamos habitualmente por las noches en los bancos del parque nuevo “Juan Delgado”, me vino a la mente el lejano recuerdo de la experiencia del cementerio. Uno de los tertulianos comenzó a contar que una noche, cuando regresaba a pie de una fiesta acompañado de unos amigos, a un lado del camino comenzaron a aparecer fuegos fatuos a los que alguien del grupo comenzó a manotear. De pronto uno de ellos, al que apodaban “el loco”, comenzó a gritar desaforadamente: “San Lázaro, San Lázaro, ánimas vivientes, ánimas vivientes… no las blasfemien, por Dios, no las blasfemien”, arrancando sonadas carcajadas de todos ellos.

Por suerte y gracias a Dios, nunca más en la vida he tenido ninguna otra experiencia paranormal, ni me he topado tampoco con ningún extraterrestre.

Madrid, octubre de 2011