por Ismael Balido / Miami, Florida
Como se dice vulgarmente, hoy tengo insubordinada la nostalgia por mi Santiago. Por eso me fuí al baúl donde tengo guardados tantos recuerdos y me tropecé con uno, que sólo pueden recordarlo aquellos que como yo tienen tantos años que, si cada uno de ellos pesara sólo una libra, no pudieran llevarlos sobre los hombros.
Por aquellos años (década del 1930) yo vivía en la calle 2 No. 95, esto es, en la acera del este. Recuerdo que en ese entonces la finca "La Caridad", de la cual era propietario en esa época el Dr. Juan Evelio Pou y encargado de la misma José Curbelo, se extendía desde la acera norte de la calzada de Managua hasta por frente a la Estación Experimental Agronómica, esto es, hasta un poco más adelante de la actual entrada al pueblo por donde está el Monumento a los Tabaqueros. Los patios de todas las casas que estaban en ese lado de la calle colindaban con dicha finca, ya que en ese entonces no existían los actuales repartos, ni existía la Doble Vía al Cacahual. Ésta se empezó a construir durante el gobierno del Dr. Ramón Grau San Martín, (1944-48) y no se terminó porque dicho gobierno no pagó por los terrenos que para ello utilizó, que en ese entonces eran propiedad del Sr. Juan Castro, quien llevó al gobierno a los tribunales y les ganó el caso, procediendo a cerrar esa Avenida, desde su entrada a la altura del Monumento a los Tabaqueros (que no existía en esa época) hasta la Calzada de Managua la que, por cierto, en ese entonces no estaba asfaltada y era una calle de piedra hasta más o menos la finca de Guadalupe Quintero desde donde comenzaba un callejón de tierra hasta Managua. Pues bien, esa avenida estuvo cerrada hasta que Fulgencio Batista, que había dado un golpe de estado el 10 de marzo de 1952 y asumido el poder, pagó por los terrenos y terminó la Doble Via hasta el Cacahual. También y casi al mismo tiempo, pavimentó la Calzada de Managua hasta dicho pueblo. Como antes digo, en esa época no habían repartos en Santiago y la cabecera del término estaba comprendida entre la calle 1 hasta la 17 y desde la calle 2 hasta la 16. En dicha época también empezaron a asentarse familias de escasos recursos al oeste de la línea del ferrocarril y como en esa época se exhibían muchas peliculas mexicanas en Santiago, se le llamó a ese asentamiento Rancho Grande (por aquella ranchera que decía: "allá en el Rancho Grande, allá donde vivía, había una rancherita que alegre me decía, que alegre me decía, te voy a hacer los calzones, como los que usa Don Pancho, te los comienzo de lana y te los termino de cuero" y volvía el estribillo de "allá en el Rancho Grande".) Ese asentamiento fué creciendo y llegó a crecer tanto, que trazaron una linea divisoria imaginaria y de ahí en adelante le llamaron "Jalisco", también por una película mejicana titulada "Ay, Jalisco no te rajes ".
Volviendo a lo que narraba, recuerdo que el primer reparto que se construyó en Santiago, fué el reparto "Lídice" durante los años de la II Guerra Mundial. Le dieron ese nombre en homenaje a un pueblo checoslovaco que fué arrasado por los nazis en represalia por unos actos de sabotaje y mataron a todos los habitantes del pueblo y le dieron candela al mismo. Hubo una reacción mundial de rechazo y desprecio hacia los nazis y en solidaridad con el pueblo checo, en casi todo el mundo se hicieron manifestaciones y actos de repudio denunciando la barbarie nazi, pero Santiago, siempre adelante, fué un poco más allá e inauguró un reparto con el nombre de la población aniquilada. Después vinieron todos los demás repartos, que no nombro por ser muchos y sé que no voy a recordarlos todos y no quiero dejar ninguno fuera.
En esta fotografía aérea de Santiago de la época en cuestión, se aprecia en el margen inferior parte del terreno de la finca "La Caridad", que daba al patio de las casas de la calle 2. Ésta es precisamente la cuadra de Ismael Balido, entre las calles 9 y 11; a la izquierda, la casona blanca es el chalet de Ramón Marrero, y a la izquierda de ésta, la calzada de Managua marca el límite sur de la finca.Volviendo para atrás, cuando contaba que los patios de las casas colindaban con la finca "La Caridad", recuerdo que en gran parte era un platanal y yo brincaba la pequeña cerca que separaba nuestro patio de la finca y allí jugábamos a los cow boys, a los escondidos, a policías y ladrones, en fin, muchísimos juegos para los que no se necesitaban juguetes. También recuerdo que yo tuve una yegüita que me regaló un amigo de mi padre y yo pedí permiso en la finca para que me dejaran tenerla allí, a lo cual accedieron y nosotros abrimos nuestra cerca para tener entrada y salida para la yegüita.
En la esquina de Calzada de Managua y 11, en la acera del este, la primera casa era el chalet de Ramón Marrero, que todavía hoy se encuentra allí; después venía un callejón de tierra, como de 12 a 15 pies de ancho, que era una entrada a la finca "La Caridad". Después venía "Villa Rosa", la casa de la Sra. Rosa de la Campa, que ocupaba un lote de terreno grande y allí ella sembraba flores que vendía (los muchachos le comprábamos claveles a un centavo, los días de las madres). Ella también sembraba y vendía otros tipos de flores, así como criaba pollos para la venta y huevos que le producían las gallinas. Nosotros le comprábamos los huevos a ella, ya que eran siempre frescos y los pollos que consumíamos, también se los comprábamos a ella. El esposo de ella, a quien le decían Chichí, tenía una máquina de alquiler en el pueblo y después se consiguió un permiso para chofer de alquiler en el aeropuerto de Rancho Boyeros.
Después de la casa de Rosa de la Campa venían tres casas que eran propiedad de mi abuela Emilia Cobo Casals, hermana de Arturo Cobo. En una de esas casas es que vivíamos nosotros. Estas casas tenían unos patios muy grandes y ahí yo sembraba mis huertos de lechugas, rábanos, coles, tomates y ajíes, y salía a venderlos por las calles. Yo tenía sembrados allí muchos árboles frutales y también empecé a criar pollos; recuerdo que en una época tuve 42 gallinas, 3 gallos y más de cien pollitos. Siempre lamenté que mi abuela hubiera vendido esa casa y aún hoy la añoro.



