por Jorge Marrero
Si mal no recuerdo, sólo había dos Kindergartens en Santiago de las Vegas. El más conocido y popular era el que radicaba en la Escuela Pública No. 1 (de hembras), en la calle 4 al lado del Casino Chung Wah , la sociedad de los chinos nacionalistas. Desafortunadamente, no recuerdo los nombres de las profesoras y su auxiliar.
En ese entonces mi padre tenía un pequeño puesto de viandas y frutas en la calle 4 esquina 9, al frente del despalillo de la Cuban Land y al lado de la casa de Elvira Suárez, la hermana del Padre Jenaro Suárez. Después venía la barbería de Sosa, y después lo que llamaban La Tabernita, donde vivía la famila Placeres. Buen recuerdo, ¿no? ¡Ah!, y en la esquina, yendo para la escuela no. 1, la bodega de Julián el chino, compañero de Sian.
Yo solo tenía que atravesar la calle 9 de la mano de Pastorita Placeres, quien me llevaba hasta la puerta del mismo Kindergarten. En ese entonces coincidimos la flor y nata de mi generación: uno de los Balbi, uno de los Bello, los de la calle 4 entre 3 y 5, el hijo de Santiaguito Trujillo, el dependiente muy bajito de la bodega de Elisardo, Enriquito Hernández, el Gallego, primo de Enriquito, que vivía con José el Gallego, el del carrito de las fritas de la calle 7 frente a los Ferras, una hija del Dr. Lelo Rodriguez, y otros más.
Pero para mí la Reina-Emperatriz más linda de la niñas era Felicita, la hija de Berardito Álvarez, el del kiosquito del parque. Era rubiecita con unos rizos que eran un primor. Fue para mí, mi primer amor a primera vista. Quedé prendido como nunca había estado enamorado, en mis primeros 5 añitos.
En los primeros días de clases, tanta vuelta di en la disposición de las sillitas en forma circular, que quedé sentado al lado de Felicita. Allí compartimos, como compañeritos del Kinder, un curso. Compartíamos los jueguitos que había que hacer de dos, o de parejas.
También por casualidad coincidíamos en la clase de primarios, en la escuela dominical de la iglesia metodista. A mí me llevaba Pastorita Placeres, y a ella la llevaba la Dra. Nieves Amores, que era vecina de la familia de Berardito Álvarez. Allí la seguía viendo como mi Reina-Emperatriz; siempre la tuve como tal, hasta la noche de su boda.
Un día en uno de los jueguitos del Kinder, al parecer me distraje con lo que decía la profesora, y Felicita comenzó a jugar con otro niño. Cuando se volvió a sentar a mi lado, le fui arriba como la frase de un personaje de Santiago, "con la furia indomable de un King Kong” y le mordí su hombrito. Recuerdo que mi Reina-Emperatriz lloró desconsoladamente, y a mí me castigaron sentándome de frente a una de las paredes del aula. Pero al día siguiente ya éramos amiguitos nuevamente.
Al poco tiempo mi pequeña familia (éramos tres) nos mudamos para Bauta, donde mi padre estableció otro pequeño puesto de viandas y frutas, y allí creo que terminé el curso en el Kinder que estaba en las edificaciones de la casona del Centro de Instrucción de Bauta, al cual se accedía por la calle Martí. Allí tuve otro amor de Kindergarten, la niña ¿Pupi? Godínez, cuyo tío era el alcalde en ese entonces. No la mordí como a Felicita, pero esta “Pupi”, como otras muchas, me “dio calabaza”.
Cuando Felicita salió para el exilio, me enteré muy tarde y no me pude despedir de ella. Unos años después supe que había muerto mi Reina-Emperatriz.
Donde quiera que esté en el cielo, que descanse en paz a la vera de Dios, como ambos lo conocimos de pequeñines.