martes, 14 de mayo de 2024

Adolfo Cortada Hernández (1880-1943): Santiagueros connotados

 Compilación y Redacción:  Ing. Arsenio Alemán A.  |  Santiago de las Vegas

Foto tomada de la Revista del C.I.R.

Adolfo Cortada Hernández, maestro de instrucción pública, actor, escritor, periodista, músico y poeta, nació en Santiago de las Vegas en 1882.


 

Fueron sus padres Sebastián Victoriano de Jesús Cortada, natural de Barcelona, Cataluña, España y la cubana Regla Hernández, natural de Santiago de las Vegas.

Tuvo la desdicha de quedarse huérfano de padre a temprana edad, y  por  lo tanto, necesitado de hacer frente a la vida para resolver el arduo  problema de su subsistencia y la de su amante madre y hermanos  menores (Alberto, Asteria, Laura y “Chano”).

Por eso fue que aprendió a ser envolvedor de cigarros o petaquero, oficio éste que en aquellas épocas era de lo más solicitado por lo fácil de su aprendizaje y lo rápido de sus prácticos resultados.

Nadie hubiera sospechado entonces que aquel imberbe joven que por medio de tan modesta ocupación desenvolvía penosamente su estado económico y el de sus familiares, pudiera más tarde llegar a ser uno de los buenos maestros de Instruc-ción Pública de la República, dada su clara inteligencia, perfectamente cultivada. 

A los 20 años ingresó al magisterio. Estuvo en la primera camada de santiagueros, junto a María Luisa Herrera, Sacramento Campos, Ángela Mikleff, Ascanio Fonseca, entre otros, que en 1900, fueron nombrados como maestros de instrucción pública al amparo de la Orden Militar No. 226 del Gobierno Interventor y que recibieron el apoyo de los Comisionados de Escuelas Públicas de dicho Gobierno, los Sres. Alexis Everet Frye  y Matew E. Hanna, para transformar la arcaica y desacreditada escuela colonial que existía en Cuba en aquel tiempo y convertirla en lo que luego fue la Escuela Cubana: moderna, laica, gratuita y obligatoria, saturada con las corrientes progresivas que fluían constantemente de Suecia, Suiza, Francia y de los Estados Unidos. 

Comenzó su magisterio en Santiago de las Vegas el 8 de enero de 1900 en una casa empleada como escuela, situada en las calles 13 y 4, donde posteriormente se instalaría la Ferretería Garrigó, siendo el director de la misma el Sr. José Trujillo y Marín.   Por aula tuvo una habitación pequeña donde sobre 8 bancos sin respaldo se encontró hacinados a ochenta niños de diferentes edades. Para trabajar le entregaron una tiza, una añosa pizarra y una vieja cartilla. Ese fue su bautismo como pedagogo. 

Ejerció en Santiago por 15 años consecutivos, teniendo por ello un brillante y honroso expediente, en el que constaba su admirable y provechosa labor educativa y patriótica.

Tuvo la oportunidad y el privilegio de ser uno de los que se formó como educador en los Estados Unidos, en Hyannis, un pueblo situado al sureste del estado de Massachusetts situado en la zona centro-sur de Cabo Cod, donde aún existe una placa rememorando a aquellos pedagogos cubanos que allí estudiaron hace ya más de 120 años. 

Sus resultados fueron tan destacados que, con el deseo de mejorar su bienestar, obtuvo, en reñida oposición, uno de los primeros puestos en el escalafón de aspirantes a la consecución de aulas en colegios de La Habana, logrando su traslado al distrito escolar de La Habana. 

En la Capital como maestro se desempeñó otros 15 años. Fue profesor de idioma español de la Academia Jovellanos del Centro Asturiano (al menos lo fue por 8 años), ejercicio simultáneo con su trabajo como maestro.

Contrajo matrimonio con Adolfina Pertierra, vecina que era de la Cruz Verde en Santiago de las Vegas.  De esa unión tuvieron cuatro hijos: una hembra llamada Amina y tres varones: Arístides, Rubén Darío y Helio. 

Como autor, dejó escritas innumerables obras, entre las que figuran, y de la que se publicaron varias ediciones Teatro Infantil Cubano, recopilación valiosísima y útil de juguetes cómicos e instructivos; las revistas cómico-líricas El Reinado de Alá, Del Trono al Olimpo y un extenso repertorio de comedias y monólogos. También Cuentos Escolares Cubanos y Lecciones Prácticas de Lenguaje.  Colaboró en varias revistas profesionales, entre ellas El Maestro Público, La Voz del Maestro, Cuba Pedagógica, y Rumbos Nuevos.

Artista por temperamento, ingresó en la Sección de Declamación del Centro de Instrucción y Recreo (C.I.R.), prestando en ella múltiples servicios.  Fue tal su afición por el teatro que, no conforme con ser sólo actor, también ocupaba sus ratos de ocios en arreglar sainetes y zarzuelitas que impresionaban muy agradablemente al público; producciones éstas utilizadas en muchos casos, como así mismo su persona, para fines benéficos o patrióticos. 

Como actor también fue un distinguido; se informa en los documentos de la época que allá en los tiempos de las levitas largas y los pantaloncitos de pistolitas, no podía discutírsele como primer galán; hacía un "Tenorio" que no se lo mejoraba ni Arturo Rodríguez.

Fue fecundo y bueno como periodista, cuya difícil profesión también ejerció con talento, prestigio y sin "lija".  Usaba con especialidad y capacidad en la mayoría de sus escritos, el estilo irónico y humorístico, consiguiendo con ello que nunca le faltaran  "marchantes" para saborear con gusto todos sus exquisitos trabajos.  Su cooperación en nuestro periodismo local fue siempre solicitada con preferencia, como valiosísimo y necesario concurso para el mayor éxito de las publicaciones.

Fue uno de los fundadores y Director de aquella selecta publicación, órgano del magisterio de Santiago de las Vegas, que se denominó El Ideal.  En ella, publicando unas veces trabajos de tendencias educativas y otras predisponiendo el ánimo del lector a la más franca risa, con sus chistosos y celebrados cuentos, colaboró sin desmayos.  Prestó su valiosa cooperación literaria a periódicos como el Diario de la Marina, La Discusión y otros, y a revistas como Bohemia y otras de esa importancia.  

Como músico también se puede hablar de él, pues sus conciertos de violín, en colaboración con el maestro violinista Juan Tomás Alemán Parra, fueron recordados por muchos años, en la mente de los bailadores de Lanceros y Rigodones. 

Como poeta, también su nombre ha enriquecido y prestigiado el parnaso cubano. Mucha de su poesía fue publicada en la prensa de Santiago de las Vegas y en La Habana.

Fue por varios años Secretario del Centro de Instrucción y Recreo, institución a la cual, desde la edad en la que para él todo era risas e ilusiones y su vida de joven la pasaba en constantes charlas humorísticas en cuantos rincones existían en la vieja casona del Centro hasta el final de su vida, prestó su valiosísimo concurso personal, económico e intelectual para el desenvolvimiento creciente de la institución. Por tal razón el C.I.R. lo honró con el título de Asociado de Honor. El Centro, otorgando ese título a Cortada, se anotó el mejor uso de la frase del Maestro: "Honrar, honra". 

Adolfo Cortada Hernández falleció a consecuencia de una insuficiencia cardíaca en la ciudad de La Habana en 1943. 

Buen amigo y  excelente ciudadano; como padre de familia, un modelo insuperable. Su hogar, también modelo de virtudes y felicidades.

En este restringido sumario sobre su vida y obra no podemos reproducir con toda la precisión necesaria la superior capacidad como intelectual de Adolfo Cortada Hernández, pero sus contemporáneos afirmaron que tenía luz propia suficiente para brillar con autoridad y méritos indiscutibles en el cielo de la intelectualidad cubana.

Fuentes:

1.Colás, V., Adolfo Cortada Hernández, en Revista del CIR, Año V, No. 3, marzo de 1937.

2.Cortada Hernández, Adolfo. Teatro Infantil Cubano, La Habana, Ed. Cultural S.A., 1929.

3.del Valle, Rosalinda., ¡Treinta años! ¡Quién diría!, en Revista del CIR, Año II, Época II, No. 11 del 31 de diciembre de 1929.

4.Fina García, Francisco. “Historia de Santiago de las Vegas”. Tomo I. Editorial ANTENA, 1954.

5.Gravier Cortada, Leonardo. Comunicación Privada. 8 de marzo de 2019.

6.Muñoz, Félix.  La Escuela Cubana, Periódico El Ideal, Año I, No. 30, enero 15 de 1930.

7.Pino, José., Valores Santiagueros — Cortada, en Periódico El Ideal, Año I No. 17, 6 de noviembre de 1929.

8.Velasco, Ángel María., Cortada en Santiago, Cortada en mi casa, Cortada en el Centro, en Revista del C.I.R., Año I, Época II, No. 17, enero 15 de 1929.


 

1 comentario:

  1. Es muy interesante conocer de estos santiagueros que tanto aportaron a nuestro pueblo. Cada día me convenzo más de que aunque era un pueblo pequeño, estaba lleno de grandes personas, en todos los sentidos. Sobre todo, en el humano. Giselle

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