martes, 6 de julio de 2021

¿Por qué Pelayo?

por  Ing. Arsenio J. Alemán Agusti. Junio, 2021

A raíz de la aparición de Un personaje inolvidable: Pelayo que fuera publicado en este sitio en fecha 29 de mayo de 2021, el estimado amigo José Alberto Balido me preguntó si tenía yo alguna referencia del por qué el Sr. José Luís Domínguez Pérez era conocido por toda la población de Santiago de las Vegas, con el sobrenombre de Pelayo. 

Y realmente la pregunta me sorprendió porque nunca antes había reparado en el origen del sobrenombre. La curiosidad me picó y a los pocos días envié un mensaje a Balido que aproximadamente decía:

            «Ya tengo una pista. La próxima semana te dejaré saber.» 

Lo de la pista era totalmente cierto, pero no imaginé que explicarlo resultara trabajoso y lento. La “próxima semana” ha llevado cuasi cuatro, pero al fin puedo proponer una hipótesis del origen del sobrenombre.

Para ello estoy obligado a volver sobre el material publicado y extraer algunas consideraciones expuestas por sus autores y por el propio Pelayo, que nos servirán de punto de partida en esta original investigación.

Mezclando lo expuesto por los autores de los artículos podemos presentar el siguiente perfil de Pelayo

Exteriormente no es más que un pobre diablo, un indigente; muchos lo creen loco, inadaptado a los cánones sociales por el cual nos regimos, llevando casi una vida bohemia, arrastrando su vencida humanidad por las calles del pueblo dando la sensación de un orate, en esos ojos que miran sin mirar, en esa mente que divaga por la regiones de lo irreal. ¿Quien sabe que complicada tragedia se desata en el seno de su alma?  ¿Quien sabe que lucha en él se realiza por su propia superación y la tristeza de los medios inadecuados?  El podrá tener divagaciones como las tenemos todos; ciertos ensimismamientos que le hacían creer que sólo el mundo que él se creaba era el verdadero derrotero a seguir. Es de suponer que la filosofía de los clásicos se transformaba en su cerebro como de la misma rareza con que el Caballero de la Triste Figura asimilaba las aventuras de la Caballería Andante.

Ya era desordenado en el vestir y en el aseo personal y el concepto de las cosas tenía para él un valor nimio. Viste casi de harapos, porque en sus ratos de lucidez sabe otear el horizonte y reconocer que solo le aguarda una miserable tumba como punto y meta final a su existencia.  Como consecuencia de ese deambular solitario y sin freno, sin un método uniforme de vida, nuestro personaje, se fue hundiendo más y más en las tinieblas. 

Veamos como se autodefine Pelayo en las respuestas a los artículos publicados:

En medio del mar de la vida, andan muchos náufragos como yo…. y poniéndome de manifiesto que iluso, equivocado o como quiera tomárseme… en el intrincado laberinto de mis añoranzas y ambiciones y comprender que derrotado, pero no vencido, lucho y persevero en espera de la hora del éxito.    Y en ese mundo que yo me he creado con la fantasía de mi imaginación no tengo a más nadie que mi desgracia y ya me acostumbré a ella. Causo al mundo la impresión de ser un Diógenes moderno.

Y aquí es necesario recordar que:

Diógenes, filósofo griego, se sumió en una vida de austeridad y mortificación, vistiendo ropas toscas, comía alimentos sencillos y dormía en las calles o en los portales y caminó a través de Atenas a plena luz del día llevando consigo una lámpara encendida, afirmando que buscaba un hombre honesto

Entonces, ya disponemos de todos los elementos que nos permiten proponer una hipótesis que justifique la adopción por el Sr. José Luís Domínguez  del sobrenombre de Pelayo.

Cuenta la tradición que a principios del siglo IX (D.C.), un ermitaño llamado Pelayo (o Paio o Pelagio), vivía en un lugar conocido por el nombre de Solovio, exactamente donde hoy está la iglesia de San Félix de Solovio en lo que hoy es la ciudad de Santiago de Compostela.

Este ermitaño dijo haber visto resplandores misteriosos y extraños en cierto lugar inmediato a San Fiz y al pie del monte llamado Libredón. Altamente impresionado por los resplandores, decidió presentarse ante Teodomiro, en ese entonces obispo de Iria Flavia, para comunicarle los hechos. Este reunió un pequeño séquito y se dirigió al lugar. Allí, guiado por una estrella halló el 25 de julio[1] de 812 o 813 entre la densa vegetación, una cueva donde reposaban tres cuerpos que serían identificados como el Apóstol Santiago[2] y sus dos discípulos, Teodoro y Atanasio.

El obispo reconoció este hecho como un milagro e informó al rey Alfonso II de Asturias y Galicia; el rey ordenó la construcción de una capilla en el lugar, que se convirtió gradualmente en un importante lugar de peregrinaje y le donó los terrenos inmediatos que pronto se convirtieron en una ciudad: Santiago de Compostela[3]. Esta capilla fue seguida por una primera iglesia el año 829 y posteriormente por una iglesia prerrománica el 899, construida por orden del rey Alfonso III y finalmente se inició en 1075 bajo el reinado de Alfonso VI la construcción de la Catedral de Santiago de Compostela.

Surge así el Camino de Santiago, que fue testigo del paso de todo tipo de peregrinos, quienes, procedentes de cualquier comarca cristiana de Europa, acudían a Santiago movidos por diversos intereses, tanto religiosos como económicos.

Pero el Camino de Santiago no fue sólo una vía de peregrinación religiosa. La ruta permitió la vinculación entre los reinos cristianos de la península Ibérica y los países europeos. Gracias a él llegaron a tierras hispanas numerosas corrientes de pensamiento, elementos literarios y artísticos, así como diferentes hábitos de comportamiento. La comunicación se dio también a la inversa y la Europa cristiana conoció por medio de la ruta el legado cultural hispano.

El Camino de Santiago fue declarado el primer itinerario cultural europeo por el Consejo de Europa en 1987, y Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1993. Asimismo, en 2004 fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia por su condición de “lugar de peregrinación y de encuentro entre personas y pueblos que, a través de los siglos, se ha convertido en símbolo de fraternidad y vertebrador de una conciencia europea”.

Hay aquí que hacer una construcción entre lo narrado y los elementos que tenemos de nuestro Pelayo.

 

Ermitaño Pelayo

Nuestro Pelayo

Observaciones

1

El Pelayo de la narrativa era un ermitaño —que se define como una persona que vive en soledad y profesa vida solitaria.

 

Exteriormente no es más que un pobre diablo, un indigente; inadaptado a los cánones sociales por el cual nos regimos, llevando casi una vida bohemia, arrastrando su vencida humanidad por las calles del pueblo dando la sensación de un orate, en esos ojos que miran sin mirar….

 

Ya era desordenado en el vestir y en el aseo personal,…. como consecuencia de ese deambular solitario y sin freno, sin un método uniforme de vida, nuestro personaje, se fue hundiendo más y más en las tinieblas.

a) Indigente: que carece de medios para alimentarse y vestirse.

 

b) Al considerarse Pelayo como un Diógenes moderno, él mismo se interpreta caminando a través de Santiago a plena luz del día llevando consigo una lámpara encendida, afirmando que buscaba un hombre honesto

2

Residía en Solivio, en Santiago de Compostela.

 

Residía en Santiago de Compostela….. de las Vegas

Nombre otorgado a nuestro pueblo por Real Cédula de 24 de junio de 1775 al concedérsele el título de Villa por el Rey de España.

3

Se dice que observó o vio resplandores extraños y misteriosos sobre un montículo del bosque.

 

Muchos lo creen loco; en esa mente que divaga por las regiones de lo irreal. El podrá tener divagaciones, ciertos ensimismamientos que le hacían creer que sólo el mundo que él se creaba era el verdadero derrotero a seguir.

 

4

Informa al Obispo, acuden al lugar y descubren el sepulcro del Apóstol Santiago y sus discípulos.

Viste casi de harapos, porque en sus ratos de lucidez sabe otear el horizonte y reconocer que solo le aguarda una miserable tumba como punto y meta final a su existencia.

 

5

Con el descubrimiento del sepulcro comienzan las peregrinaciones hoy conocidas como El Camino de Santiago, para venerar las reliquias del apóstol Santiago el Mayor.

En medio del mar de la vida, andan muchos náufragos como yo…. y poniéndome de manifiesto que iluso, equivocado o como quiera tomárseme….. en ese mundo que yo me he creado con la fantasía de mi imaginación no tengo a más nadie que mi desgracia y ya me acostumbré a ella. Causo al mundo la impresión de ser un Diógenes moderno.  

a) Diógenes, filósofo griego,  se sumió en una vida de austeridad y mortificación, vistiendo ropas toscas, comía alimentos sencillos y dormía en las calles o en los portales.

 

b) Santiago el Mayor, es el Santo Patrono de nuestra ciudad. Dos efigies, una a caballo empuñando enérgicamente una espada y una de pie se pueden apreciar en la Iglesia Parroquial de Ascenso de Santiago de las Vegas.

6

Como resultado del descubrimiento, al cabo de los años, se llevó a cabo la construcción de la impresionante catedral de Santiago de Compostela.

…..en el intrincado laberinto de mis añoranzas y ambiciones y comprender que derrotado, pero no vencido, lucho y persevero en espera de la hora del éxito.

 

Así que asociando los elementos anteriores, bajo la inspiración de Pelayo El Ermitaño tal vez algún ilustre intelectual de nuestro pueblo pudo inducirlo ó convencido por terceros ó designado por sí mismo, José Luís Domínguez Pérez asumió el sobrenombre de Pelayo a partir de las coincidencias existentes entre la tradición descrita en España y las condiciones de vida, conducta, lugar donde vivía, valoraciones hechas sobre él y las suyas propias.

Y he aquí la hipótesis propuesta:

  1. José Luís Domínguez Pérez fue un ermitaño, al igual que Pelayo.
  2. Que también residía en Santiago de Compostela…… de las Vegas
  3. Que en su mente, la fantasía de su imaginación le hacía ver un mundo que no era el real y al igual que Pelayo él vio resplandores misteriosos y extraños.
  4. Que vistiendo casi de harapos, en su peregrinar por los caminos y calles de Santiago, trató de encontrar el verdadero derrotero a seguir y lo hizo  tal como lo definió el Fr. Jerónimo Gracián, «…. el peregrino cuando sale de su casa, para hacer la romería, moverse con intención santa, recta y perfecta, sin llevar fin malo, vano, ni impertinente»; casi como Diógenes, tratando de encontrar a plena luz del día personas honestas; que sintiéndose un naufrago, mal alimentado, en el intrincado laberinto de sus añoranzas y ambiciones, intentaba encontrar al fin la hora del éxito, que para él podría ser quizás no una tan miserable tumba como punto y meta final de su existencia, sino la de Santiago el Mayor, el Apóstol, que él tenía la posibilidad de contemplar en la Iglesia Parroquial de Ascenso en este pueblo en el que vivió, y que montado en un caballo blanco y empuñando enérgicamente una espada, le inspira el valor necesario para que aunque derrotado no se diera por vencido y luchara y perseverara.
  5. Y cómo epílogo, quizás no soñó o imaginó que se construyera una catedral en su Santiago, pero como buen peregrino que fue (en la vida mortal en paso para la eterna), su gran fe en Dios lo hizo todo un hombre, con un profundo filón espiritual, moral y sentimental. Dio pruebas de una recia voluntad que fundía la adversidad en suerte y obtenía recursos de elementos muertos. Leía, pensaba y meditaba. Formulaba juicios, tenía ideas propias y sabía recoger y reproducir con respeto las buenas ideas de otros. Ejemplo de honradez, decencia y caballerosidad.  Fue honrado porque nadie le pudo señalar con el dedo el haber burlado la ley; fue decente porque esa condición la trajo desde la cuna y fue un caballero, en toda la extensión de la palabra, de lo cual dieron fe los que  convivieron a su lado. A él había que apreciarlo en los esfuerzos que realizaba, en el trabajo que rindió, en las ideas que profesó, en el respeto que demostró para con sus semejantes, en la amorosa compenetración con que se acercaba a los niños, en sus aficiones espirituales. Su gran fe en Dios hizo que con su sonrisa sempiterna sellara el infinito desdén que tuvo para los que no lo supieron comprender o para los que le ofendían con sólo no apreciar el verdadero carácter de su "yo". Su gran fe en Dios le permitió volver a ser el hombre de siempre: sonriente, comunicativo y hasta humorista, cada vez que superaba una crisis. Quizás no soñó ni imaginó que su nombre y elementos de su paso por esta vida estuviesen recogidos hoy en una inusual investigación como ésta, pero como hombre bueno que fue, por insignificante que fuere, por raro que fuera, merece disfrutar del derecho que tiene a que también hoy se hable de él.

Este ejercicio propone solo una hipótesis, basada en las informaciones disponibles y  queda atrapada en la especulación formulada sobre la historia y los hechos descritos.  Será muy difícil, por no decir prácticamente imposible, convertir esta hipótesis en tesis ya que para ello se tendría que comprobar de forma fehaciente y concluyente que lo asumido en la propuesta es totalmente verídico, lo cual, a mi modo de ver, no resulta viable en la actualidad. Pero, creo que hoy podríamos estar un paso más cerca de la verdad.

Santiago de las Vegas, junio 25, 2021.    

Referencias:

  1. Aguirre Prado, Luís.  La ruta jacobea. Sobre el sepulcro una estrella. Madrid, Ediciones Cronos, 1965.
  2. Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano Tomo XVI, p.93; Tomo XIX, p. 652. Ed. W. M. Jackson, Inc.
  3. El Camino de Santiago. Enciclopedia Encarta 2009. Microsoft Corp.
  4. Ermitaño Pelayo, Wikipedia. Consultado el 1º  de junio de 2021.
  5. Ruiz Mateos, Aurora; Abad Rossi, Daniel. El camino de Santiago. Ed. AKAL, 1997.  ISBN 8446006332.  
  6. Saint James, The Great. Microsoft Bookshelf 2000. The Encarta Desk Encyclopedia, Microsoft Corp.
_____________________________________

[1] Según el santoral de la iglesia cristiana, el 25 de julio se conmemora la festividad de Santiago Apóstol.

[2] Santiago el Mayor o Santiago Apóstol como también se le conoce es el Santo Patrón de España.

[3] Según unos, el nombre de Santiago de Compostela proviene de Campus Stellae, por la estrella que guió a Teodomiro; según otros de Campus apostolí ó Campo del Apóstol.

1 comentario:

  1. Gracias a Arsenio Alemán por presentarme con vívidos detalles al José L Domínguez Pérez del “Pelayo” que yo creía conocer.
    Como bien había dicho Balido en el PERSONAJE INOLVIDABLE: “casi damos por seguro que ninguno de nosotros podríamos dar razón de quién fue ese señor”. Pero una cosa es saber de quién se está hablando y otra conocer los valores intelectuales y morales del personaje.
    Tanto Arsenio como Jose Alberto, rescatan del pasado santiaguero a un hombre de gran trascendencia espiritual y ciudadana. Los felicito.
    Leonardo Gravier

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