martes, 25 de agosto de 2026

PARTE 3. LA CAÍDA DEL TITÁN

 

CONSIDERACIONES Y ANÁLISIS DE CARÁCTER HISTÓRICO, SOBRE LA FIGURA DEL CORONEL JUAN DELGADO GONZÁLEZ, JEFE DEL REGIMIENTO DE CABALLERÍA "SANTIAGO DE LAS VEGAS" DEL E.L. 

PARTE III 

ENCONOS Y RENCILLAS 

Existen aún otros factores no menos influyentes en la génesis del fenómeno que analizamos, referidos a los criterios adversos a Juan Delgado.  Estos factores son, quizás, aún más deplorables.  Nos referimos a los antagonismos personales. 

Como hemos comentado antes, el Coronel Silverio Sánchez, al mando en comisión de la Brigada Sur de La Habana a principios de diciembre de 1896, se consideraba con méritos suficientes para sustituir al General Aguirre en sus funciones como jefe de la División. Movido por esta ambición, tan pronto se produce la burla de la Trocha por Maceo y sus acompañantes, se acerca a Miró, con quien tenía relaciones de amistad, para pintarle un cuadro desastroso de la situación de la guerra en la provincia de La Habana, achacando tal estado de cosas a insuficiencias de Aguirre.  En esta oportunidad, también se expresó peyorativamente de jefes como Baldomero Acosta y Juan Delgado (6) 

En el caso específico de Delgado, no debe desconocerse que en Silverio Sánchez existía un resentimiento por el grave altercado tenido con el joven Coronel habanero durante la acción de Montes de Oca, el 4 de diciembre de 1896, a tres días de San Pedro.  Basta leer el "Diario de Campaña" atribuido a Sánchez Figueras, reproducido en varios números sucesivos del periódico "La Discusión", durante el mes de diciembre de 1915 en la sección "Efemérides de la Revolución" a cargo de Enrique Ubieta, para apreciar el grado de encono con que se refiere Sánchez Figueras no sólo  a Juan Delgado, sino a todo el Regimiento "Santiago de las Vegas", a quienes llega a acusar de uno de los estigmas más denigrantes que podían ser aplicados a un luchador por la independencia: el de comportamiento  cobarde en combate (7) 

Jamás nadie con anterioridad, ni después, había acusado a Juan Delgado y a sus fuerzas de cobardía.  Al contrario, de boca de hombres de probada valentía-- que serían incapaces de atenuar esta falta en caso de haber existido -- como Dionisio Arencibia, Fermín Otero o Enrique Loynaz del Castillo, entre otros, sólo escuchamos frases laudatorias en extremo, respecto al valor que en todo momento demostró Juan Delgado; un valor por encima de la media de

heroísmo, que cotidianamente se hacía presente en los campos de batalla, un valor que ellos, héroes también, juzgaban superior al propio.  Y cuando esto decían, con los ojos llameantes de admiración, nosotros comprendíamos que no se trataba de modestia personal, o las frases diplomáticas que se reservan a un Jefe muerto en acción de guerra para poder llegar a la verdad. 

No es nuestro afán destruir ninguna de las figuras que, de uno u otro modo, a veces con las debilidades propias de los hombres, coincidieron en la noble tarea de luchar por la independencia de la Patria; pero sí queremos sacar en claro cuál fue el verdadero comportamiento de Juan Delgado, antes, durante y después de la acción de San Pedro, y para ello no nos queda otra alternativa que remover estos rescoldos que, a veces, nos queman las manos, pero que hay que apartar para poder llegar a la verdad. 

Sobre los acontecimientos de Montes de Oca existen otras versiones bien distintas a las de Silverio Sánchez.  Cotéjese lo dicho en las páginas del diario "La Discusión", atribuido a Sánchez Figueras, con la versión ofrecida por los entonces sobrevivientes del Regimiento "Santiago de las Vegas", participantes también en aquel combate.  En síntesis, tal versión plantea lo siguiente: 

En Montes de Oca, zona norte del municipio Bauta, también se produjo una sorpresa a las fuerzas mambisas allí concentradas en espera de Maceo.  Como es frecuente que ocurra en tales casos, aún en los ejércitos más experimentados del mundo, se produjo un desconcierto y desorganización inicial.  Juan Delgado, como era usual, reaccionó vigorosamente y acudió a un procedimiento extremo para salvar la situación: machete en mano comenzó a propinar planazos a diestra y siniestro a los soldados cubanos que se retiraban, único modo de conjurar el pánico y reorganizar las fuerzas.  También ordenó a sus oficiales subalternos que impidieran, incluso por la fuerza, la retirada de sus tropas. Estas acciones afectaron no solo a los hombres de Delgado, sino también a los de Sánchez Figueras y aún a la persona de ese propio Coronel, quien vio, interrumpida su retirada por impedírselo un oficial del Regimiento "Santiago de las Vegas".  Silverio Sánchez se molestó por esto y posteriormente pidió a Juan Delgado que castigara al oficial que había desconocido su persona y grados.  Juan Delgado lamentó el incidente, pero se negó a cumplimentar lo solicitado por Sánchez Figueras, alegando que, en su opinión era el único modo de proceder, dadas las circunstancias.  Los ánimos se caldearon y tuvo que intervenir el Coronel Alberto Rodríguez, quién se llevó aparte a Juan Delgado para evitar males mayores.  Los veteranos del Regimiento "Santiago de las Vegas", plantean que, a partir de ese momento, Rodríguez y Delgado no se separaron más, tanto por el afán de Rodríguez de que el incidente quedara zanjado, como por la mutua simpatía que experimentaron estos dos valientes.  Los autores del artículo donde se recoge esta versión, estimaron que "en este incidente está el origen, aunque no de las intrigas contra el General Aguirre, si de los informes que predispusieron a Miró" (8) 

NOTAS: 

(6) Según Cadalso, en la extensa cita que Miguel Varona hace en su libro "La Guerra de Independencia de Cuba", Silverio Sánchez fue inclusive sometido a Consejo de Guerra por el General Aguirre, a fin de que respondiera por sus actos.  Varona, Ob. cit. T.II, pág. 1148.

(7) Ver principalmente los números del periódico "La Discusión" que corresponden a los días 6 y 8 de diciembre de 1915.

(8)  Ver "Aclaraciones sobre el Combate de San Pedro", por un grupo de veteranos del Regimiento "Santiago de las Vegas", participantes en las acciones de Montes de Oca y San Pedro.  Revista Bohemia, 19 febrero de 1950.

Fin de la tercera parte.

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