Autor: Osvaldo Jiménez Vázquez, Arqueólogo.
Uno de los rasgos que distingue a la toponimia cubana es el predominio de términos de origen aruaco, cientos de ellos han sido recopilados por varios autores (Pichardo, 1862; Zayas, 1931; Pérez Beato, 1942). Estos topónimos han sido tomados comúnmente como indicadores de la presencia de comunidades aborígenes precolombinas en determinadas áreas geográficas de Cuba. Sin embargo, entre ellos se han introducido algunos cuyas raíces lingüísticas no corresponden al aruaco insular, la lengua que hablaban nuestros aborígenes (Valdés, 1991). Aquí analizaremos los topónimos Cacahual y Tirabeque, asignados a puntos geográficos dentro del territorio de Santiago de las Vegas, ciudad localizada en el extremo meridional de la provincia de La Habana. Según los historiadores locales Francisco Montoto (1938), F. Fina (1954), N. Campos, A. Estrada y E. Bernal (1988), dichos topónimos son voces indígenas autóctonas de Cuba, pero, para esclarecer este asunto, entremos en materia.
Cacahual
Este apelativo se aplica actualmente a las alturas cársicas localizadas al sur de Santiago de las Vegas, y que como dorsal orográfica corren de este a oeste sirviendo de limite a los municipios de Boyeros, correspondiente a la provincia de La Habana, y al de Bejucal, en la provincia de Mayabeque. Dicha área es conocida internacionalmente debido a que, en su punto más alto, a 163 m sobre el nivel del mar, se encuentra emplazado el Mausoleo que guarda los restos del Mayor General Antonio Maceo y Grajales, y de su ayudante, el Capitán Francisco (Panchito) Gómez Toro, héroes de nuestras guerras de independencia.
La referencia histórica más antigua acerca de la presencia de dicho topónimo en el territorio investigado data de inicios del siglo XVIII, y se encuentra en un documento sobre la imposición de nueve censos efectuada el día 14 de diciembre de 1715 por el obispo fray Gerónimo Valdés, quien poseía estos a favor de la Casa de Expósitos o Casa Cuna, institución de beneficencia para niños situada entonces en la calle Oficios esquina a Muralla, en La Habana. Entre estos censos, se encontraba uno que por valor de 1 200 pesos atribuyó a su favor, en 1ro de septiembre de 1711, el capitán Juan Núñez del Castillo,(1) gentil hombre de la cámara de S. M., ante el alférez Gaspar Fuentes, escribano público, sobre tierras, sitio, esclavos, fábrica y frutal que produjesen el cacahual que “estaba abriendo en tierras de San Felipe y Santiago, antiguo San Juan de Bejucal (distante aproximadamente seis leguas de La Habana)” (Torres, 2013). Este dato indica que posiblemente se cultivó cacao (Theobroma cacao) en la época citada y que a este hecho se debe el topónimo Cacahual. Esta palabra es de origen mexicano, de raíz náhuatl, y significa cacao o grano de cacao.(2)
La plantación de cacao debió estar emplazada, a todas luces, en las alturas hoy conocidas con el nombre de Cacahual, pues en la primera mitad del siglo XVIII las tierras de La Habana dedicadas al cultivo de rozas de cacao estaban localizadas en los bosques más densos (Marrero, 1975). Este dato histórico demuestra que, aunque los cacaotales se localizaban principalmente al este de la ciudad de La Habana, a lo largo del litoral norte (Le Riverend, 1960), también se cultivó el cacao en otros lugares de la provincia. El propósito de cultivar esta planta obedecía a que su fruto era un producto muy cotizado, hasta que en el siglo XIX su subproducto fundamental, el chocolate, fue sustituido por el café en el gusto de las familias cubanas, quedando como testimonio histórico de aquel pasado, el topónimo Cacahual, registrado también en otros lugares de la provincia de La Habana y de Cuba (Núñez y González, 2005).
Además de la citada localidad montañosa, la voz Cacahual se asignó, asimismo, a calles de Santiago de las Vegas y Bejucal. En Actas Capitulares del Ayuntamiento de Bejucal, se hace mención en 1771 a un lugar donde se encontraba la “aguada del Cacagual” (sic) y a un camino rural que unía el ingenio azucarero Santa Ana de Aguiar con el Cacahual (Lunar, 2005). En cartas y planos del siglo XIX (Rodríguez, 1841; Pichardo, 1856), también se observa el topónimo Cacahual, referido a las alturas cársicas citadas, al “pozo del Cacaoal” (sic), situado al pie de la ladera occidental de las alturas, y a una calle de Santiago de las Vegas que corre de norte a sur (hoy calle 14), nombrada desde 1777 como Cacaguar (sic) debido a que esta se prolongaba en un camino rural que conducía a las alturas aludidas hasta alcanzar la población de Bejucal, en ruta a Batabanó.
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Carta de Pichardo (1856), en el círculo amarillo a la izquierda “Pozo del Cacahual”, en el círculo amarillo, a la derecha, el potrero “Tirabeque”. |
Tirabeque
Este nombre se asigna a un área localizada unos 2 km al sureste del centro de la ciudad de Santiago de las Vegas, en las estribaciones de las Alturas del Cacahual. Como supuesta voz de origen indocubano solo aparece citada por el historiador Francisco Fina (1954). Sin embargo, etimológicamente no tiene relación alguna con las lenguas indocubanas. Según María Moliner (2002) la palabra tirabeque proviene del catalán tirabec, y significa:
“cierta variedad de guisante (Pisum sativum) que tiene la vaina muy tierna y sabrosa y se come cocido cuando todavía no se han desarrollado los granos, metiéndolos en la boca y tirando del rabillo, tras el cual salen los hilos de las suturas”.
Por su parte, el Diccionario de la Real Academia Española,(3) dice al respecto:
“horquilla con mango, a los extremos de la cual se sujetan dos gomas unidas por una badana, en la que se ponen piedrecillas o perdigones”.
Este topónimo aparece asignado al área citada desde el siglo XIX. En los Libros de Registro de la Propiedad conservados en el Museo municipal de Bejucal, en la provincia de Mayabeque, se hace alusión a Tirabeque en un documento fechado el 19 de diciembre de 1859 (Legajo 55, folio 115) el cual trata la adjudicación de bienes al fallecimiento del marqués de San Felipe y Santiago, a favor de su hija doña María Francisca del Castillo, condesa de O´Reilly y del Castillo, marquesa de San Felipe y Santiago. Dice el legajo:
“La excelentísima Sra Condesa de O´Reilly tomó las treinta y cinco caballerías de tierra en que estuvo el ingenio San Ignacio alias La Pita situado en el Partido de Santiago Jurisdicción del Bejucal. Un sitio titulado Tirabeque inmediato al antes dicho ingenio, compuesto de dos caballerías”.
Otro documento, del 24 de septiembre de 1875 (Legajo 55, folio 115), habla del embargo realizado en la persona del Sr. Conde de O´Reilly por el potrero titulado Pita, alias Tirabeque, con un tejar anexo y con 30 esclavos de dotación y animales en el Cuartón de Santa María,(3) jurisdicción de Santiago de las Vegas, compuesto de 32 caballerías de tierra pertenecientes a dicho Conde don Manuel O´Reilly, doña María Francisca del Castillo, Condesa de O´Reilly. Como expresan los documentos citados, y se observa también en la Carta de Pichardo (1856), las tierras de Tirabeque tenían una extensión de 32 caballerías y estaban situadas muy próximas al ingenio San Ignacio de Pita, propiedad de los marqueses de San Felipe y Santiago, emplazado unos 2 km al sur del área que hoy ocupa el barrio conocido como Sierra Maestra, en la actual carretera que conduce de Santiago de las Vegas al poblado de Managua. A todas luces, los extensos límites del antiguo potrero Tirabeque alcanzaban el ángulo suroeste de Santiago de las Vegas, en un área muy reducida que conservó como nombre el citado topónimo de origen catalán.
Comentarios
Aunque los topónimos Cacahual y Tirabeque no tengan un origen indocubano, y por tanto, no constituyan prueba fidedigna de la presencia aborigen en nuestro territorio, las investigaciones arqueológicas si han arrojado resultados positivos al respecto. En las Alturas del Cacahual y sus proximidades, se descubrieron entre los años 1991 y 2023 tres sitios arqueológicos afiliados cultural y económicamente a grupos de aborígenes recolectores cazadores con agricultura complementaria, conocidos en el ámbito científico como siboneyes protoagricultores (Alonso et al., 2015). En dichos sitios, nombrados “Solapa del Sílex”, “Solapa de La Antena” y “Santa Rita”, se colectaron numerosas evidencias materiales. En el sitio Solapa del Sílex, en particular, se obtuvo un fechado radiocarbónico (C14) obtenido sobre hueso humano que arrojó una antigüedad de 2987 ±37 años antes del presente.
Los aborígenes asentados en estos tres sitios practicaron actividades cotidianas como caza, recolección, elaboración y consumo de alimentos, preparación de herramientas de sílex (roca muy dura), pintura corporal y enterramientos humanos. Las evidencias óseas humanas estuvieron integradas por fragmentos craneales, mandibulares, dientes y huesos de las extremidades; a 79 ascendió la cifra de piezas dentarias, permitiendo definir que en el sitio se sepultaron 22 individuos con edades comprendidas entre los seis meses y más de treinta años. La fauna consumida como dieta estuvo compuesta por moluscos marinos, crustáceos de río, reptiles, aves y mamíferos. Las carnes de mamíferos fueron el alimento preferido, sobre todo roedores como las ratas espinosas (actualmente extinguidas) y las jutías, en especial la jutía conga (Capromys pilorides), el mayor de nuestros mamíferos terrestres autóctonos. También se colectaron dos cuentas para collares fabricadas en conchas marinas y tres pendientes, uno elaborado en un canino humano y dos en huesos largos de aves (Córdoba et al., 1996; Crespo et al., 2004; Jiménez y Sánchez, 2026). Según estudios sedimentológicos basados en los suelos, en el sitio “Santa Rita” hubo una laguna, donde los aborígenes obtenían agua durante la época de las lluvias, y este dato permite conocer que los tres sitios citados fueron habitados en la época de primavera-verano.
A diferencia de algunas regiones de las provincias de La Habana (La Habana Vieja, Guanabacoa), de Holguín (Jiguaní, Los Zaldívar) y de Guantánamo (Yateras, Imías), donde la presencia del indio(4) autóctono alcanzó la época colonial, y aún hoy se aprecian sus rasgos fenotípicos y étnicos en numerosa población (Rivero, 1978; Rodríguez, 2002; Roura y Hernández, 2007; García, 2007; Valcárcel, 2016), en Santiago de las Vegas no aparecen referencias a esos indios, identificados en los documentos antiguos como “naturales”. Sin embargo, en los libros conservados en la Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol, de nuestra localidad, obran referencias del siglo XVIII vinculadas a indios procedentes de la Península de la Florida, en Estados Unidos y de Nueva España (México). Los indios de Nueva España procedían de Yucatán y Sonora, y algunos de ellos habían sido traídos como “forzados del rey”, término que se aplicaba a indios rebeldes al dominio hispano, apresados, y traídos a Cuba como mano de obra esclava para trabajar en las construcciones militares. De indios de Florida solo hemos hallado una referencia, se trata de Santiago de Talavera, casado el 31 de marzo de 1720 con la parda libre Simona Navía u Ordóñez, de cuyo enlace resultaron dos hijos, Manuel y Santiago.(5) Santiago de Talavera murió tres años más tarde, el 4 de febrero de 1723, siendo sepultado en el camposanto ubicado al interior de la Iglesia Parroquial.(6)
Notas:
1- Juan Núñez del Castillo y Piñero (Granada, 1660-La Habana, 1725), nombrado en 1713 marqués de San Felipe y Santiago de Bejucal, siendo el primero que ostento tal título nobiliario. Fundó en 1714 la población de San Felipe y Santiago de Bejucal, situada hoy en el extremo septentrional de la provincia de Mayabeque, en la llanura que desciende del borde sur de las Alturas del Cacahual (Santa Cruz, 1942).
2- Gran Diccionario Náhuatl [en línea]-Universidad nacional Autónoma de México [Ciudad Universitaria, México D. F.]: 2012 [ref del 24-06-2026]. Disponible en la Web http://www.gdn.unam.mx
3- Biblioteca de Consulta Microsoft® Encarta® 2005. © 1993-2004 Microsoft Corp.
4- La voz “indio” es una construcción socio-cultural, y se aplica actualmente a los aborígenes americanos de la época colonial; en cambio, a los amerindios precolombinos se les identifica como aborígenes.
5- Libro 1ro de Barajas, folio 92 r, no. 619; folio 152, no. 154.
6- Libro 2do de entierros de pardos y morenos, de junio de 1723 a junio de 1775, no. 4, folio 1.
Bibliografía
1. Alonso Alonso, E. M., G. Izquierdo Díaz, U. M. González Herrera, G. Hernández Ramírez, R. Valcárcel Rojas, M. Pino Rodríguez y E. Blanco Castillo. 2015. Las comunidades aborígenes en la historia de Cuba. La Fuente Viva, no. 42, Fundación Fernando Ortiz, La Habana.
2. Campos Orovio, A. N., A. Estrada Rodríguez y E. M. Bernal Alonso. 1988. Síntesis histórica del municipio Boyeros. Combinado de revistas y otros medios de propaganda Federico Engels, La Habana.
3. Córdoba Medina, A. P., R. Crespo Díaz y O. Jiménez Vázquez. 1996. Importancia arqueológica y zoológica del sitio Solapa del Sílex. El Caribe Arqueológico, 2, 78-83.
4. Crespo Díaz, R. y O. Jiménez Vázquez. 2004. Arqueología precolombina del municipio Boyeros, Ciudad de La Habana, Cuba. Gabinete de Arqueología, 3(3), 67-74.
5. Fina García, F. 1954. Historia de Santiago de las Vegas. Editorial Antena, Santiago de las Vegas.
6. García Molina, J. A. 2007. La herencia indígena en el barrio Los Zaldívar del municipio Fray Benito, Holguín, Cuba. El Caribe Arqueológico, 10, 173-184.
7. Jiménez Vázquez, O. y O. Sánchez Arencibia. 2026. Informe de dos nuevos sitios arqueológicos precolombinos localizados en el municipio Bejucal, provincia Mayabeque. Presentado al Consejo Nacional de Patrimonio Cultural.
8. Le Riverend Brusone, J. 1960. La Habana, biografía de una provincia. [ s/ed.], La Habana.
9. Lunar Jiménez, D. 2005. Algunas consideraciones sobre el desarrollo urbano de Bejucal en el siglo XVIII. Gabinete de Arqueología, 44(4), 146.
10. Marrero, L. 1975. Cuba: economía y sociedad. Tomo III, Editorial Playor, S. A., Madrid.
11. Moliner, M. 2002. Diccionario de Uso del Español. 2da edn., Editorial Gredos, Barcelona.
12. Montoto García, F. 1938. Historia de Santiago de las Vegas. Inédito.
13. Núñez, N. y E. González. 2005. El cacao y el chocolate en Cuba. Editorial Academia, La Habana.
14. Pérez Beato, M. 1942. La falacia del idioma indígena. Ensayo lexicográfico. Ediciones del Archivo Histórico, Habana.
15. Pichardo y Tapia, E. 1856. Carta geo-coro-hidrotopográfica del departamento occidental. Impresa en La Habana.
16. Pichardo y Tapia, E.1862.Diccionario provincial casi-razonado de vozes cubanas.Imprenta El Trabajo de León F. Dediot, Amistad no. 100, Habana.
17. Rivero de la Calle, M. 1978. Supervivencia de descendientes de indoamericanos en la zona de Yateras, Oriente. Cuba Arqueológica, 1, 149-176.
18. Rodríguez, R. 1841. Plano de la Ciudad de Santiago de las Vegas. En Atlas Cubano, Litografía de la Real Sociedad Patriótica y Litografía de la calle O´Reilly, no. 10, Habana.
19. Rodríguez Villamil, M. A. 2002. Indios al este de La Habana. Ediciones Extramuros, La Habana.
20. Roura Alvarez, L. y I. Hernández Mora. 2007. Aborígenes en San Cristóbal de La Habana. El Caribe Arqueológico, 10, 151-158.
21. Santa Cruz y Mallen, F. X. 1942. Historia de familias cubanas. T. 3, Editorial Hércules, La Habana.
22. Torres Pico, J. M. 2013. Los expósitos y la sociedad colonial. La Casa Cuna de La Habana, 1710-1832. Editora Historia, La Habana.
23. Zayas y Alfonso, A. 1931. Lexicografía antillana. Imprenta El Siglo XX, de A. Miranda, Teniente-Rey 27, Habana.
24. Valdés Bernal, S. 1991. Las lenguas indígenas de América y el español de Cuba. Editorial Academia, La Habana.
25. Valcárcel Rojas, R. 2016. Cuba. Indios después de Colón. Presencia, legado y estudio. En Indígenas e indios en el Caribe (J. Ulloa Hung, R. Valcárcel Rojas, eds.), Instituto Tecnológico de Santo Domingo, 7-47.

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