domingo, 10 de mayo de 2026

EL DÍA DE LAS MADRES - PUBLICACIONES DE SANTIAGO DE LAS VEGAS

 

PUBLICACIONES DE SANTIAGO DE LAS VEGAS

 

 

TÍTULO:              EL DÍA DE LAS MADRES

 

AUTOR:               DR. GABRIEL GRAVIER DELGADO

DIMENSIONES:                    15.5 cm x 23 cm

 

NÚMERO DE PÁGINAS:       36

 

AÑO DE EDICIÓN:                1953

 

PUBLICADO POR:                Grupo Selección

                                               Santiago de las Vegas, 

                                               La Habana, Cuba.

IMPRENTA:                            “ARQUIMBAU”

                                                 Obispo 253, La Habana.

Esta publicación recoge el discurso que, con motivo del Día de las Madres, leyó el Dr. Gabriel Gravier Delgado en el acto de inauguración del monumento a las madres en el parque José Martí, de Santiago de las Vegas, el segundo domingo de mayo de 1953.

El prólogo de esta publicación fue suscrito por Julián Grillo Aycardo, Luminar y por Francisco Simón Valdés, Presidente de la Comisión de Cultura de la Respetable Logia “Luz y Verdad” No. 12 de la Orden Caballeros de la Luz en la República de Cuba y en él se expresa que “cuando se penetra en obras como la que nos presenta el Dr. Gravier en la conferencia que contiene este volumen sobre ·El Día de las Madres”, y se contempla como se desborda sobre el estudioso compilador de anécdotas y circunstancias determinantes el catador de imágenes, el rastreador de escondidos senderos de inéditas bellezas , entonces se llegará a la conclusión, a confirmar la conclusión, por sobre toda duda, que la juventud está en el alma, y cuando se pone el alma en la obra, lo que perdura con ella, es la más bella imagen del artista”.

El Dr. Gravier expone la compleja situación que se presenta en la sociedad de aquel tiempo, relacionada con el respeto y admiración hacia las madres y manifiesta que hay que oponer, con insoslayable intención de salvadora acción educativa, el valor elemental de un sentimiento instintivo que modele sobre la materia maleable que es el hombre, la condición buena que se precisa para la integración de una sociedad en que el amor defina, adjetive, rija y magnifique la empresa de existir; si queremos para la paz general y el sosiego íntimo, que la personalidad curse sus engendros maravillosos para oponerlos de resistencia al materialismo en que naufraga el espíritu; y que la vida sea cambio acreditado de esperanza y ensueño; que el sujeto de la acción vital sea el principio y esencia de solidaridad, y no fuerza centrífuga de desintegración en el irremediable precipitado sin excusa del odio y de la incomprensión.

Se refiere a la Asociación Internacional del Día de las Madres, al periodista Víctor Muñoz quién en el periódico El Mundo, puso en duda la capacidad del pueblo cubano de honrar a las madres, y ratifica la magnífica idea promovida por aquel grupo que la malidicencia envidiosa motejaba de “los melancólicos” en el Centro de Instrucción y Recreo, donde surgió el Día de las Madres y surgió bajo la paradójica resonancia del artículo publicado por Víctor Muñoz.

Y es bueno aprovechar y recordar aquí a “los melancólicos”, tal como los define Gravier en el texto que nos ocupa:

«Teodoro Cabrera con anatomía goethiana, que cruzó por la diagonal de la vida filosofando y versando sobre una pena de amor que le hizo ver más clara la agonía de los desheredados y el dolor de los niños sin amparo.

Panchito Montoto, el de las inquietudes que lo mismo sabia escribir sobre un concepto severo como jugaba con su prosa saltarina de buen humor a formar ambiente de amable jocundidad.

Pancho Simón, fecundo y cardinal, escritor de súbitos amarres conceptuosos, que, desde las estribaciones de su temperamento agudo y avisado, esparce alientos de cultura como un marino en alta mar maniobra seguro de su valor ante las olas cambiantes del océano.

Guillermo Gener, atenaceado por ambiciones literarias de cuido esmerado que fueron engullidas por los atosigamientos que impone la tarea de triunfar donde Eca de Queiros expresó que era calcinante la ilusión del triunfo.

Mario Figueredo, muchachón que tenía para que espigara en sus manos un manojo de rosas y las cambió por el arcaj del noticiador de grandes rotativos capitalinos.

Pedro N. Aguiar que crujía sensible antes las más sencillas impresiones y hacía sus versos como quien remueve el agua del arroyo para darle rizo y onda a su transparencia ingenua.

José Manuel Sánchez, maestro de escuela, lo que reclamaba como un timbre de sus esencias, siempre atento a su función vocativa.

Manuel Fernández Chaqueto, que aún hilvana sus sonetos y asonanta sus romances con los polvos de oro que lima en la mina inagotable de su facundia vibrátil como las alas de un colibrí.

Luis de la Torre, pintor.

Armando Cremata, devoto de Talía.

Dr. Rafael de Castro, poeta.

Y yo, tan reflexivo como los otros, tan impresionable y emotivo como el que más, tan triste como todos y tan alegre como muchos, tan vigoroso para el ensueño como tensa el alma para la emoción estética, siempre fecundando pensamientos y con el ánimo invencible de crear ambiente propicio para lo que hay en mi de sentimental, sensible y sensitivo.»

Relata Gravier, desde la Sociología la importancia de la madre y entrelaza su narrativa con la obra arquitectónica que se inaugura en la ocasión, para homenajear permanentemente a las madres en el parque José Martí.

La reseña no debe extenderse, pero puede considerarse que el discurso resultó una pieza magistral, «porque se habla del poder de la maternidad, y lo que es, visto a la luz de todas las teogonías, ese inefable misterio de la concepción y la vida».

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