domingo, 3 de mayo de 2026

MIGUEL MACÍAS CABRERA. SANTIAGUERO CONNOTADO.

Fundador y primer Regidor Alguacil Mayor de Santiago de las Vegas. Apuntes biográficos.

Autor:  Osvaldo Jiménez Vázquez (1)

"Isleños, dejaron sus islas en pos de un sueño 

Aquí, trabajaron, amaron, parieron hijos,

Hicieron patria; aquí, reposan sus huesos” 

INTRODUCCIÓN

La historia de Cuba es la historia de las diásporas. Siglos atrás arribaron desde Sudamérica los aborígenes, a partir de 1492, llegaron europeos, africanos, chinos, y otros pueblos en menor medida. Entre los emigrantes españoles que arribaron a Cuba desde la conquista, el mayor número procedía de Canarias (Hernández, 1966;1977). Las razones que motivaban la emigración canaria eran, fundamentalmente, las geográficas, influyendo no sólo su posición sino factores como los vientos alisios, que aparecen como una constante en las relaciones Canarias-América; y económicas-sociales, desde las que tienen que ver con el subdesarrollo de las islas hasta otras puramente tradicionales, las cuales hacen que la emigración represente un factor de primer orden para la superación socio-económica tanto a niveles individuales como colectivos (Tornero, 1980). Santiago de las Vegas, ciudad localizada unos 30 km al sur de La Habana, fue fundada por emigrantes canarios en el siglo XVIII, quienes se dedicaron fundamentalmente al cultivo de vegas de tabaco. Uno de aquellos “isleños” fue Miguel Macías Cabrera, quien fue su fundador principal y primer Regidor Alguacil Mayor. En el presente texto aportamos datos inéditos a la biografía de Miguel Macías y se esclarecen imprecisiones contenidas en la historiografía local de Santiago de las Vegas.

DESARROLLO

Origen de Miguel Macías

La historiografía local expone que Miguel Macías Cabrera nació en Teide, isla de Tenerife. (Montoto,1938; Fina,1954; Estrada y Campos, 2003). Consecuentemente, consta Teide como su lugar de origen en una tarja de mármol blanco colocada en 1931 en la calle 8 esquina a 13; la cual rebautizó la octava calle de Santiago de las Vegas como calle Macías (fig. 1). 

Fig. 1  Tarja de mármol blanco, 1931.

En sendos legajos fechados en el año 1756 consta que procedía de la isla de Gran Canaria (Tornero, 1980).(2) Si exploramos la geografía de esa isla, encontraremos que existe una ciudad situada al Este con el nombre de Telde. El error al citar a Teide como tierra natal de Miguel procede, probablemente, de su documento de defunción, transcrito por Francisco Montoto en 1938, donde, dada la grafía de la escritura del siglo XVIII, dicho historiador confundió la letra L con la I.

Las raíces de Miguel Macías Cabrera hay que buscarlas en Gran Canaria, isla donde el apellido Macías abunda más que en las otras, como nos manifestó en 2015 el señor Carmelo González Acosta (†), entonces presidente de la Asociación Canaria de Cuba “Leonor Pérez Cabrera. En dicha entrevista, Carmelo corroboró nuestra sospecha de que Miguel procedía de Telde, en particular, del poblado de Valsequillo. Acudimos, vía web, en Las Palmas de Gran Canaria al doctor en Historia Moderna y Demografía Histórica Jesús E. Rodríguez Calleja, quien había investigado los registros de la parroquia de San Juan de Telde (Acosta y Rodríguez, 1999).

Miguel Macías Cabrera procedía del matrimonio formado por Juan Macías y Ana de la Trinidad Hernández (también nombrada Ana Cabrera de León), domiciliados en el lugar de El Colmenal (sic), en Valsequillo, y que tuvieron a los siguientes hijos: Isabel (nacida el 22-2-1671), Francisca (27-6-1672), Ángela (10-9-1674), Pedro (3-5-1676), Isabel (3-4-1678) y Miguel. En la partida bautismal consta que Miguel nació el 7 de julio de 1680, y fue bautizado cinco días después, siendo su padrino Bartolomé Rodríguez, e imponiendo el sacramento bautismal el beneficiado de San Juan Bautista de Telde Lorenzo Finollo y Venegas (Libro IX de Bautismos, fol. 116, r1). El matrimonio de los padres de Miguel Macías consta en el archivo de la parroquia de San Sebastián de Agüimes (Libro II de matrimonios, folio 55, v1), localidad situada a unos 12 km de Valsequillo.

Al año de nacer Miguel Macías muere su padre, siendo sepultado en la capilla de Nuestra Señora del Rosario, de la iglesia parroquial de San Juan Bautista.

Juan Macías poseía propiedades, como se indica en extractos de documentación protocolaria del archivo parroquial de San Juan Bautista de Telde (Libro I de Protocolos, 1712), donde obra un tributo de 900 reales de principal, al tres por ciento anual, que Andrés Caravallo otorgó a favor de Juan Macías, y que ya en 1712 cobraban sus herederos, los esposos Manuel Suárez y Francisca de la Trinidad, vecinos de El Colmenal (sic). Para seguridad del cobro quedaron hipotecadas las siguientes propiedades:  

- Una casa terrera y media fanega de tierra, plantada de viña, en El  Colmenal (sic). Con indicación de linderos.

- Otra fanegada, dentro de otras seis, situada en El Cercado de Izquierdo.

- Dos fanegadas de tierra en Valsequillo.

- Una fanegada de viña y tierra en El Colmenal (sic).

- Cinco fanegadas y dos almudes de tierra, en donde hay media fanegada de viña.

Este documento se fechó el 8 de junio de 1712 ante el escribano Hernando de la Cruz Alarcón; él mismo se redactó su testamento.

Vida en Cuba

En algún momento, entre fines del siglo XVII y albores del XVIII, Miguel Macías abandona Gran Canaria. Su salida debió obedecer a razones de pobreza, teniendo en cuenta los escasos recursos de la tierra, sometida a sequías, plagas y hambrunas y a una constante subdivisión de la propiedad, que en el caso de Miguel se vio acrecentada por los diversos matrimonios de sus progenitores, además de quedar muy pronto huérfano de padre. Es posible que emigrara a una temprana edad, y de manera clandestina, quizás en compañía de algún otro familiar o convecino, quizás para reunirse con familiares ya radicados en Cuba.

Miguel Macías contrajo matrimonio con Isabel de Castro Sánchez (también nombrada Isabel de Castro Valcasares o Malcasares), natural de Gran Canaria. En los libros de la Parroquia de Santiago Apóstol, en Santiago de las Vegas, no aparece el matrimonio de Miguel Macías e Isabel de Castro, lo cual pudiera significar que hayan contraído matrimonio en otra parroquia.

De esa unión resultaron 7 hijos, como indican los documentos de defunción de ambos cónyuges. Sin embargo, en esos documentos los nombres difieren. En la partida de Miguel se nombra a María, Catharina, Gregorio, Aurora, Miguel, Juan Antonio y Petrona Marcela, y en la de Isabel a María, Catharina, Gregorio, Anna, Miguel, Juan Antonio y Ángela. Un documento citado por Tornero (1980, cuadro I) indica 9 hijos. Indagando en el archivo de la Parroquia de Santiago Apóstol de Santiago de las Vegas, hemos localizado cinco partidas de bautismo de hijos de Miguel Macías e Isabel de Castro (Libros II y III de Bautismos de Españoles, 5 de mayo de 1722 a 31 de diciembre de 1769). Estos son: Miguel Silvestre, Juan Antonio, Pedro José, Catalina Gregoria y Manuela Petronila. Tanto en el archivo parroquial como en el padrón de 1766-67, encontramos información adicional sobre los hijos de Miguel e Isabel.

Miguel Macías Cabrera y su esposa otorgaron testamento en 1759 ante Cristóbal Vianes de Salas, notario público y de cabildo. Los documentos de Vianes pasaron posteriormente a la escribanía de Junco, cuyos papeles obran en el Archivo Nacional de Cuba, en La Habana, sin embargo, comprobamos que allí no existe nada referente a Miguel, si bien localizamos documentos sobre sus hijos Juan Antonio y Miguel Macías de Castro en las escribanías de Cabello-Oseguera (1797-1801, orden 20, legajo 97) y De Varios (no. 3354, legajo 226, 1795).

El fallecimiento de Miguel Macías Cabrera se produjo el 6 de octubre de 1762, a los 82 años de edad, en pleno período de dominación inglesa de La Habana (Fina, 1941). Buscamos infructuosamente su partida mortuoria en el archivo parroquial, la cual se hallaba en el Libro II de Enterramientos de Españoles, de 28 de agosto de 1722 a 23 de mayo de 1785. Afortunadamente, el historiador Francisco Montoto la reprodujo en su libro inédito de 1938. En la misma se dice:

En esta Santa Iglesia Parroquial del Pueblo de Santiago en siete de octubre de mil setecientos sesenta y dos años se enterró D. Miguel Masías Rexidor Alguacil Maior de este dicho pueblo natural del Lugar de Teide [Telde] en la Isla de Canaria hijo lexítimo de D. Juan Masías y de Dña Anna Cabrera de León y marido lexítimo de Dña Isabel de Castro Malcasares de cuyo matrimonio deja por sus hijos legítimos a Dña María= Dña Catarina= D. Gregorio= Dña Aurora= D. Miguel= D. Juan Antonio= y Dña Petrona Marcela Masías. Otorgó testamento por ante D. Cristóbal Vianes de Zalas numerario de la Ciudad de La Havana a los quatro de Maio del año pasado de setecientos cincuenta y nuebe por el qual dispone y manda q. su cuerpo sea amortajado con el hábito de San Francisco y q. se le diese sepultura en la Iglesia Parroquial de este Pueblo delante del altar del Santísimo San Antonio de Padua y las demás disposiciones de su entierro y funeral la dejó a sus albaseas q. se le dijesen las tres misas del alma y trese más resadas y una más resada al Arcángel San Miguel(3) y q. se den de limosna dos reales a cada una de las mandas forsosas inclusive la de San Lázaro nombra por sus Albaceas thenedores de bienes a la dicha Dña Isabel de Castro y por mñas Albaceas a D. Juan Antonio Masías a D. Gregorio Masías y a D. Miguel Masías sus hijos e instituie por su herederos a los referidos sus hijos ya nominados, recibió los Santos Sacramentos y lo firmé.

Salvador Santiago Pérez [Rúbrica]

Miguel Macías y la fundación de Santiago

El período fundacional de la población fue recogido en detalles por Montoto (1938),(4) dejemos, pues, que sea él quien nos cuente esta crónica, aunque con modificaciones nuestras:

“Entre los vecinos más destacados se contaba Miguel Macías, natural de Telde, en la isla de Gran Canaria. Miguel Macías es quien representa a los vecinos ante el gobierno, puesto que en él se aúnan, en útil consorcio, el honor, los arrestos, los entusiasmos todos para empresa tan ardua como lo era, sin duda, la fundación del nuevo pueblo.

Con anterioridad, todos los pueblos fundados lo habían sido por condes y marqueses, por adelantados y conquistadores. ¿Cómo pensar que un grupo de vegueros sin instrucción y sin representación pudiera llegar a realizar una empresa reservada a nobles y personas de alta alcurnia? La empresa resultaba difícil, puesto que todas las circunstancias les eran adversas, pero esto no influye en los impulsos de aquellos guajiros llenos de fe y entusiasmo.

En la casa de Miguel Macías se reúnen los vegueros, exponiendo sus proyectos. Convergen en la necesidad de reunirse en un cuerpo de República, lo cual traería ventajas incalculables, y si al Marqués de San Felipe y Santiago se le han cedido un número grande de caballerías de tierra e igual se ha hecho con el Conde de Casa Bayona ¿Qué de extraño tendría que ellos solicitaran igual merced y colectivamente disfrutaran de las ventajas concedidas a condes y marqueses? A los nobles se les ha concedido esas tierras para que las usufructúen en beneficio personal ¿por qué, pues, no ha de ser disfrutado el territorio de Santiago por la colectividad?

Los labradores toman el acuerdo de visitar al Gobernador Francisco de Güemes y Horcasitas para imponerle del propósito de enviar a España a Miguel Macías para que se entreviste con Su Majestad y le comunique personalmente la aspiración de los vecinos de Santiago. Para ello solicitarán como credencial ante el Rey un informe del Gobernador favorable a sus propósitos.

Miguel Macías y Gerónimo de Cuadra son los encargados de hacer las gestiones ante el Gobernador Güemes, quien les recibe, y luego de escucharles con atención, les hace saber su disposición a informar favorablemente sobre la materia.

Conseguido el propósito, se acuerda reunir entre los vecinos el dinero necesario para sufragar los gastos que ocasionará el viaje a la Villa y Real Corte. Miguel Macías, designado para llevar a cabo la empresa, lleva una cantidad a la que cada vecino ha aportado treinta pesos. Se separa Macías, por primera vez, de su esposa e hijos, y en el primer barco que sale de La Habana hacia España parte a cumplir su cometido.

Enterado el Marqués de San Felipe y Santiago de los empeños que impulsaban a los vecinos de nuestro territorio, embarcó un mes antes para la Real Corte, a fin de oponerse a que el Rey concediera la autorización para fundar el nuevo pueblo. Ya antes había intentado valerse de los buenos oficios de Güemes y Horcasitas, pero sin éxito.

Fracasó Juan Núñez del Castillo, Marqués de San Felipe y Santiago, hijo del fundador de Bejucal, en sus empeños de impedir la fundación de Santiago ante el Gobernador Güemes y Horcasitas. El 18 de septiembre de 1744 presentaron nuestros labradores una instancia en este sentido al Gobernador, hombre de vasta cultura, emprendedor y amante de la justicia, el cual le dio traslado inmediatamente a S. M. el Rey, el cual, a mediados del siguiente año de 1745, impartió su aprobación a los deseos de los vegueros.(5)

Entre las razones expuestas por nuestros antecesores a Su Majestad, se contaba que estaban diseminados siendo su intención reunirse en población demarcada. Firmaban la solicitud más de quinientos vecinos, de los cuales, probablemente, cincuenta sabrían escribir.

Los primeros o principales pobladores fueron: Antonio Lorenzo de Córdova, Pedro Álvarez, Miguel Macías (el más amoroso, eficaz y digno vecino de aquella época; hombre que tuvo durante toda su vida la obsesión de la grandeza moral y material de Santiago), Lucas de Castro Perdomo, Ángel Díaz Amador, Francisco Machín, Rafael de Rodríguez, Fernando de Acosta, Rafael de la Cruz, José González, Francisco Rodríguez, Vicente Fernández Corvo, Juan Domínguez, Juan Padrón Quintero, Domingo Lorenzo de Córdova, Manuel Rodríguez Herrera, Manuel Rodríguez Machado, y otros hasta el número de treintaiuno. Se escogieron entre los primeros pobladores, por recomendación del Rey, a los vecinos más beneméritos, hábiles y de buena conducta, casados, nativos, pilongos de Santiago y, además, con prole. Estos señores tuvieron que abonar treinta pesos y cuatro reales cada uno por el usufructo del privilegio y terreno adquirido, dinero que pasó a la Hacienda Pública como pasaba todo el aquí recaudado por no existir Cabildo o Ayuntamiento entonces.

La oposición del Marqués de San Felipe y Santiago a la fundación de nuestro pueblo estaba justificada debido al perjuicio que esto causaba a sus intereses materiales. Uno de los motivos que alegaba el Marqués ante el Rey era que:

“cuando se necesitan fuerzas para defender la Isla de los ataques de los enemigos son los vecinos de Bejucal y los habaneros quienes se disponen siempre a ello y nunca los vecinos de Santiago”.

En las tres guerras anteriores a la autorización real para la fundación de Santiago, libradas por España contra Inglaterra (1702-1713), Holanda, Inglaterra y Francia (1719-1727) e Inglaterra (1739-1749), el Marqués mantuvo, efectivamente, su ofrecimiento de fuerzas, algunas de las cuales participaban en la defensa del estratégico puerto de Batabanó. Pero el Rey sabía, también, que en Santiago había desde 1714 una Compañía de Milicias, y que los vecinos habían construido por cuenta propia, en 1725, un Cuartel de Milicias a la vera del Camino Real que va de La Habana al puerto de Batabanó, manifestando su disposición de defender la patria. Suponemos que esto lo tuviera en cuenta el Rey al autorizar la creación del pueblo de Santiago.

Hacemos un alto en la narración de Francisco Montoto para decir que hubo quien creyó en que “las bondades del buen Marqués” permitieron la fundación de Santiago. Tal fue el caso de Jacobo de la Pezuela y Lobo (1871), quien expuso que:

Por inspiración del obispo Compostela formó D. Juan Castilla á [cinco] leguas de la capital…[el pueblo] de Santiago de las Vegas, repartiendo solares á muchos labradores.

Continuamos el curso de la narración.

La autorización para la fundación fue impulsada también por el conocimiento que tuvo el Rey del lugar en que se aspiraba a levantar la nueva población como punto ventajoso para su Real Servicio. Santiago se halla situado a cinco leguas de La Habana y nueve de Batabanó, puesto ideal para el servicio mercantil y guerrero.

En el Cuartel de Milicias de Santiago hacían parada las tropas que de La Habana se dirigían al otro puerto y al Castillo de Jagua. Aquí pernoctaban más o menos tiempo y seguían la marcha. Igual ocurría con las tropas que desembarcaban por el sur y que se destinaban a La Habana.

El 25 de agosto de 1745 expidió el Rey la Real Cédula autorizando la fundación de Santiago. Esta Real Cédula comienza con una serie de reparos y termina haciendo concesiones en abundancia. Se habla de tierras realengas y de escasez de fondos en el Real Erario y termina concediendo tierras para que no se embarace la creación del nuevo pueblo, tomándolas a particulares si son litigiosas. En este documento se traduce la influencia de los señores Marqués de San Felipe y Santiago y Teniente Coronel Dionisio de Berroa. Al primero se le complace en lo de que nunca se le concederá al nuevo pueblo el título de villa ni ciudad, puesto que el Marqués aspira a tener, con el tiempo, jurisdicción sobre Santiago, y el segundo por ser usufructuario de tierras vastas en el territorio, sin título legítimo para ello, como sucede con ciertas tierras del Ojo de Agua [Aguada del Cura].

El Marqués también disfrutaba de tierras que no le pertenecían y de otras que, aun perteneciéndole, no podía justificar su dominio.

A mayor abundamiento el Marqués expuso ante Su Majestad, en la visita que le hiciera en 1744, que los terrenos que pedían los vecinos del Partido de Santiago en parte eran de su pertenencia y que Dionisio de Berroa era el dueño del corral Sacalohondo (Wajay), en que estaban estacionados algunos vecinos de Santiago, y que el Realengo Ursulica (entre Govea y el Hato Ariguanabo), que estaba estacionado en posesión, por sentencia de la Real Audiencia de Santo Domingo, por gestiones llevadas a cabo por el Gobernador de la Isla y por el Capitán de Infantería Lope Antonio Solloso, albacea de Francisco Chacón, a quien decía que pertenecía Ursulica.(6)

Los usufructuarios de las tierras no querían la fundación del pueblo que por mandato del Rey Fernando VI se levantaba en el Realengo comprendido entre los corrales de La Chorrera, al norte; Bejucal, al sur; Managuana (Managua), al este y Sacalohondo (Wajay), al oeste.

El corral Sacalohondo [Wajay] era propiedad de Esteban de Berroa, quien tenía cuatro hijos, dos de ellos nombrados Dionisio y María del Carmen. María del Carmen era un espíritu místico y por ello profesó como monja en el Convento de Santa Catalina de Sena. A ella le correspondió, como legítimo, el corral Sacalohondo (Wajay), como a sus hermanos les correspondieron otras tierras, casas de La Habana, ingenios y vegas. Al profesar María del Carmen, en 1695, legó al Convento de Santa Catalina de Sena la mitad del corral Sacalohondo (Wajay), otorgando la otra mitad a sus hermanos.

Era también propiedad de la familia Berroa el ingenio Santo Domingo, situado en el Ojo de Agua [Aguada del Cura], con 40 caballerías de tierra, una casa de molienda de tejas con dos trapiches, uno armado de gargantas, la casa con tres colgadizos en los tendales y cercados de tablas de cedro y sus divisiones; esta servía de casa de vivienda, cocina y ostentaba dos aposentos, dos canoas grandes, una de sabicú para meladura y otra de cedro para recibir. Igualmente poseía una casa de pailas con cubierta de tejas sobre horcones.

Usufructuaban las tierras del Realengo, aparte de las propias, Dionisio de Berroa, el Monasterio de Santa Catalina, María y Juana González Guerra, Margarita Álvarez, Juana de Medina, el Monasterio de Santa Teresa y el Marqués de San Felipe y Santiago. El Monasterio de Santa Catalina usufructuaba veinte y dos caballerías en este territorio y entre ellas las cuatro que se tomaron para levantar el nuevo pueblo. Fue, por tanto, en tierras de dicho Monasterio que se alzó la Iglesia Parroquial.

Conocida la Real Cédula que autorizaba la fundación de Santiago, el Procurador del Monasterio de Santa Catalina de Sena expone que los terrenos cedidos por el Rey para fomento de la población pertenecen a dicho Monasterio desde el año 1575, no pudiendo presentar por el momento más que los documentos informales escritos en la época.

Tales fueron los alegatos del Procurador del Monasterio, luego, si en 1575 ya tenían propiedad sobre estas tierras algunos vecinos de La Habana, también es posible que en tal fecha estuviera habitado este territorio, primero por aserradores de árboles y después, o al mismo tiempo, por vegueros. Este documento, que se encuentra en el Archivo Nacional de Cuba, prueba la existencia de vecinos en este lugar 56 años después de la fundación de La Habana. Y si este vecino de La Habana, Dimas Espinoza, murió de edad avanzada, y es de suponerlo así por cuanto el Procurador del Monasterio lo cataloga como uno de los primeros pobladores de la Isla, no es aventurado suponer que Santiago fuera poblado desde años antes de 1575.

También a Berroa se le tomaron veinte caballerías para el territorio del nuevo pueblo, así como algunas a las demás personas que usufructuaban parte de la zona. Al Marqués de San Felipe y Santiago se le tomaron 119 y por ello su oposición a la fundación de Santiago de las Vegas.

Dada la autorización real para la fundación de Santiago, existe entre los primeros pobladores la seguridad de que han de vivir en tierras propias, sin pagar renta alguna y con representación y personalidad. El gobernador Francisco Cagigal y de la Vega dicta el 17 de febrero de 1749 un auto donde ordena la fundación del pueblo, concediendo:

“la gracia, a los labradores del partido de Santiago de las Vegas cinco leguas al Sur de esta plaza para la fundación y establecimiento del nuevo pueblo en dicho partido pretendido por los mismos labradores baxo cuya conformidad se dieron por este Superior Gobierno y Capitanía General los más eficaces y prontos expedientes a fin de su puntual cumplimiento y observancia”.

Constituido el Escribano Miguel de Ayala en el domicilio de Urrutia Matos, que era, además de Alcalde ordinario de la Ciudad de La Habana, Abogado de la Real Audiencia de Santo Domingo, fue informado por el mismo de la imposibilidad de asistir al acto por encontrarse sumamente embarazado en los oficios de su empleo. En virtud de ello, el Gobernador dispuso que fuera el Escribano Ayala quien diera posesión a los nuevos funcionarios. Se trasladó, pues, el Escribano a Santiago de las Vegas, el 3 de mayo de 1749, dando posesión: “en una casa inmediata a la casa Parroquial mayor diputada”, a los vecinos designados por el Gobernador para ocupar los cargos.(7)

Así, en forma solemne y emotiva, quedó constituido el primer Cabildo de Santiago de las Vegas, el 3 de mayo de 1749, día de la Santa Cruz, bajo cuya advocación precisamente habían estado los primitivos pobladores. Habíamos nacido a la vida jurídica de los pueblos, aunque en forma primaria, con muy pocas atribuciones y con grandes responsabilidades. Pero estas no eran obstáculo a los funcionarios que desde aquel instante debían legislar y administrar en beneficio común. Los nuevos funcionarios no ignoraban la responsabilidad que pesaba sobre sus hombros, pero confiaban en la rectitud de sus caracteres y la honradez de sus procedimientos para lograr salir adelante en la delicada misión de organizar un pueblo incipiente.

El primer alcalde de Santiago de las Vegas se nombró con el aditamento de Pedáneo, recayendo dicho nombramiento en la persona del teniente Rafael de la Cruz, hombre de suma bondad, recto en sus procederes y honrado, aunque de carácter violento. Para desempeñar igual cargo fue designado José González, usando ambos las insignias correspondientes. Se llamaba alcalde pedáneo a los de un lugar o aldea, los que solo podían entender en negocios de poca cuantía, castigar faltas leves y auxiliar en las faltas graves al juez letrado.

Para Regidor Alguacil Mayor se nombró a Miguel Macías, eje de la fundación del pueblo, hombre de combate, recto, honorable, de trato afable, incapaz a la vez de sentir temor ante ningún problema como veremos más adelante cuando, comisionado por el Cabildo para ir a España a dilucidar un pleito ante el Rey con el Marqués de San Felipe y Santiago, hace morder a éste el polvo del fracaso. El cargo de Alguacil Mayor era una responsabilidad honorífica otorgada en las ciudades y villas del reino. Era ministro inferior de justicia. Llevaba como insignia una vara delgada de junco por lo regular y ejecutaba las órdenes de los juzgados y tribunales, como autos de prisión y arrestos, mandamientos de ejecución, embargos y otros cargos judiciales.

El cargo de Fiel Ejecutor, para el cual fue nominado el Alférez Ángel Díaz Amador, tenía la atribución de asistir al repeso, gozando de las mismas prerrogativas que el Alguacil Mayor y tenía voz y voto en las diputaciones.

El Procurador General del Común, cargo para el cual fue investido Vicente Fernández Corvo, recibía los honores, excepciones, regalías, privilegios y libertades otorgadas por el Rey. Solamente tenía voz, representando todo lo que fuera favorable al servicio de S.M. y este pueblo como propio y facultativo del mismo.

Los regidores, Cayetano Rodríguez y Francisco Machín, tenían voz, voto y turno en las diputaciones.

Constituido el Cabildo, no se pudo entregar las tierras, puesto que se acordó entre los pobladores que la entrega se hiciese a todos y no a algunos, sin embargo, se entregaron los solares de los vecinos en el “caxón” demarcado por las cuatro caballerías que se tomaron para fabricar el nuevo pueblo. Como eran muchos los pobladores, se confió a la suerte quienes debían ser los primeros que obtuvieran dichos solares y con ello el título de pobladores principales.  No hubo influencias ni padrinazgos. Un sorteo determinó quiénes debían ostentar el título, que llevaba implícito la regalía de una caballería de tierra y un solar para el fomento de la población, libre de todo gravamen.

Así se hizo y fueron designados por sorteos treinta vecinos como principales pobladores. El 15 de julio de 1751 les fueron entregados los solares. Para legalizar la entrega vino a Santiago el Escribano Ayala, y acompañado por el Regidor Alguacil Mayor Miguel Macías procedió a prevenirles de algunas obligaciones antes de la entrega:

“que el tiempo de comenzar sus fábricas den aviso para que las calles se saquen a regla y cordel y para que no se embarazen unos con otros, pena de la demolición y de cuatro ducados al que faltare”.

Agregó Ayala que:

“se halla publicada la mencionada providencia a vos e pregonero como por ella se previene en día feriado y en la plasa publica; Y así mismo este aclarada la medida de dichos solares por el mencionado Agrimensor y que en estos Términos se halla en corriente el proceder a la posesión mandada dar desde luego para ella nombrava su merced en virtud de la facultad que por la citada comizión le es conferida por Rexidor que le acompaña del Alguacil Mayor D. Miguel Macias”.

Con anterioridad se habían marcado los puntos donde habría de levantarse el nuevo pueblo,(8) teniendo especial cuidado en que las calles quedaran “a cordel” de norte a sur y de este a oeste.

Los solares que se repartieron estaban situados cerca de la Iglesia, núcleo alrededor del cual se habría de desarrollar, con el tiempo, el pueblo. La religiosidad de la época así lo imponía. Alrededor de las Iglesias es que fueron fomentándose casi todos los pueblos de Cuba. El espíritu religioso sentía necesidad de estar cerca de la casa de Dios y por esto nuestros primeros pobladores escogieron los solares a la vera del templo. La Iglesia era el centro, y de allí se comenzaría a fabricar buscando la periferia.

Componían el radio de acción de nuestro Cabildo cien caballerías de terrenos “montuosos, de pastos y pedregosos” que tributaban las cantidades correspondientes. A los principales pobladores se les cedía, aunque se demoró la entrega, una caballería per cápita, pero algunos tomaron mayor cantidad pagando como principal doscientos pesos por cada caballería extra. Las tierras se dedicaron al cultivo intensivo de frutos menores y se formaron boyadas que rendían notables ganancias. Esto trajo el engrosamiento de los ingresos en las arcas del Cabildo, que enviaba al tesoro de Cádiz la parte correspondiente.

El Cabildo se ocupaba de velar por la defensa económica de los pobladores, como se desprende de su actuación contra las ambiciones de lucro de varios dueños de tasajerías o casa de salazón, establecidas aquí por esa época, que, no conformes con sus altas ganancias, comenzaron a vender el tasajo hecho en el día, lo que trajo como consecuencia la protesta de los consumidores. El Cabildo trató el asunto y conminó a los pasajeros a que no vendieran el tasajo del día, pero estos hicieron oídos de mercader a dichas conminaciones. Elevada la queja al Gobernador, envió Cagigal un decreto ordenando a los regidores alcaldes del pueblo de Santiago que notificaran a los fabricantes de tasajo que:

“por ningún precio ni pretexto lo vendan el día mismo que lo salaxen y que haciéndole el siguiente y hasta el cuarto día haya de ser precisamente por el precio de doce reales arrova”.

El Alcalde Francisco Machín mandó hacer público el decreto del Gobernador en 29 de noviembre de 1750:

“Puse a un negro a hacer el oficio de pregonero e hice pregonar y publicar lo ordenado y mandado en el auto antecedente en la Plaza de la Iglesia”.

Otros tres viajes realizó Miguel Macías a España entre 1750 y 1755. Las tierras de Govea, que usufructuaba el Marqués de San Felipe y Santiago, fueron el motivo de esos viajes, además de lo relativo a la entrega oficial de las caballerías correspondientes a los pobladores. Las disposiciones reales determinaban que las tierras que habrían de entregarse a los labradores del nuevo pueblo fueran “unidas y seguidas”, y como esto no podía hacerse sin que ingresaran al territorio de Santiago las tierras de Govea, y éstas las reclamaba para sí el Marqués, volvió de nuevo la querella a surgir y, con esta, la necesidad de enviar cuantas veces fuera menester a Miguel Macías a la Real Villa y Corte.

Govea y el realengo Ursulica, próximos a San Antonio de los Baños, fueron el punto neurálgico durante cierto tiempo. El litigio referente a Ursulica llegó, incluso, hasta el siglo XIX, en que concluyó pasando a nuestro ayuntamiento.

Como que después de constituido el Cabildo no se habían entregado las tierras a los labradores, el Marqués de San Felipe y Santiago seguía cobrando las rentas que le producían las tierras de Govea.

Los pobladores estimaban que ya no pertenecían al Marqués, puesto que el Rey se las había cedido, a más de que, para la reclamación, era necesario haber presentado los documentos acreditativos del dominio dentro del plazo de quince o veinte días, según determinaba la Real Cedula de 26 de agosto de 1745, cosa que el Marqués no había cumplido.

Pero como la Jurisdicción Civil y Criminal fungía en La Habana, la influencia del Marqués lograba que se exigiera a los que ocupaban sus tierras el pago de los réditos sin ulterior recurso. Este procedimiento soliviantó los ánimos de los labradores, y puestos nuevamente de acuerdo enviaron a Miguel Macías a España en 1750.

En Aranjuez, Macías le comunica al Rey de la resistencia del Marqués a cumplir sus órdenes, por lo que el soberano expide otra Real Cédula, con fecha 17 de octubre, reproduciendo la anterior y ordenando al Gobernador de la Isla que diese cumplimiento a lo ordenado a la mayor brevedad. El Rey no solamente reconoció la conveniencia de agregar la estancia Govea a Santiago, sino que amplió las primitivas cien caballerías que debía entregarse a los pobladores a doscientas cuarenta y cuatro. En el escrito enviado por el Rey al Gobernador de la Isla le recomendaba que en el repartimiento de tierras se tuviera preferencia con Miguel Macías, adjudicándole, además de las tierras que le correspondían como uno de los principales pobladores, las que juzgue competentes para remunerar su trabajo y servicios.

Parece que el Marqués, estimando que su influencia podría más que la razón de la que estaba investido Miguel Macías, no prestó atención a lo ordenado, por lo que Macías tuvo que volver a España, quejándose de nuevo al Rey de que, aunque se había procedido en virtud de su Real Cédula adjudicándole las tierras a los pobladores, llegó a entenderse que los agrimensores estaban prevenidos para que no les señalaran caballería alguna en el territorio de Govea, contiguo a tierras de Sacalohondo (Wajay), sino en los sitios de Ursulica y Buenaventura, dimanando esto de que el Marqués de San Felipe y Santiago, que se decía poseedor de los terrenos, lo disfrutaba, aunque era realengo, sin título legítimo, privando a los pobladores de Santiago de tener sus terrenos unidos y contiguos.

En 1755 realiza su último viaje a España Miguel Macías, saliendo triunfador en sus empeños de obtener para los vegueros de Santiago el cumplimiento de lo mandado por el Rey, en contra de los intereses de los señores feudales de la época.

En este punto hacemos un alto, pues documentos procedentes del Archivo General de Indias (AGI, contratación, 5501, N.1, R.45), en Sevilla, prueban que Miguel Macías efectuó un quinto viaje a España, arribando a la metrópoli el 30 de junio de 1757 a bordo del navío Nuestra Señora de la Asunción, de la Real Compañía de La Habana, y solicitó autorización en 22 de diciembre de 1758 para regresar a Cuba por el puerto de Cádiz. En dos de los documentos citados aparece la rúbrica de Miguel Macías, la cual, por su trazo inseguro, caracteriza una persona de avanzada edad (tenía 78 años en ese momento) y posiblemente de pocos estudios.Fig.2

Fig. 2. Rúbrica de Miguel Macías Cabrera, 1758.

Continúa Montoto:

Julián de Munilla, apoderado del Ayuntamiento de Madrid, acogió con calor desde el primer momento la defensa del nuevo pueblo y que muchas veces adelantó el dinero necesario para sufragar los serios gastos que ocasionaban las reclamaciones ante el Rey y su Consejo de Indias presentadas por nuestro Cabildo. Lo declara en carta enviada a los señores capitulares de Santiago.

Se admira el monarca de la reciedumbre de carácter de Miguel quien logra transmitirle el entusiasmo que informa su viaje, y S. M. sin dilación accede a lo que le solicita. ¡Que se funde Santiago! ¡Que se dé a sus pobladores la tierra necesaria para su fomento! ¡Que se restituya a los perjudicados en la forma debida, pero que nadie ose oponerse a lo ordenado!

Parece que los esfuerzos realizados, la tensión y lo impresionante de la corte real hacen mella en Miguel. Siente flaquear sus piernas, un sudor frío baña su rostro; tostado por el sol del trópico, la magnificencia de la corte lo conmueve. El viaje seguramente ha debilitado su organismo y le sobreviene un colapso. Al verlo en tal estado, el Rey ordena que se le atienda inmediatamente. Se tienen con él todos los cuidados y cuando la fatiga pasa su majestad ordena a su ayuda de cámara que le traiga a Miguel una taza de caldo: “del que tomo yo todos los días”, y le dice en tono de cariñosa consideración: “Aunque estuviera Ud. muerto, con ese caldo resucitaría”.

Cuando Macías vuelve de regreso a Cuba, ya el Rey ha enviado al Gobernador una nota:

“Hay que tratar con las mayores consideraciones a D. Miguel Macías. Estoy advertido de la entereza de su carácter y bondad de su corazón. Anciano y con numerosa familia llega en petición para fundar un cuerpo de República en el lugar designado de Santiago de las Vegas y así no tan solo accedo a lo por él suplicado, sino que concedo mayor número de caballerías de tierra para pastos y exidos(9) como premio al amor que demuestra a nuestra patria”.

El tesón de Miguel Macías recibía el premio merecido, pero no por el valor material de lo que pudo obtener, sino por el honor que significaba para él, y para el pueblo que representaba, la consideración Real y el respeto y admiración del soberano. Aunque no puede la historia atribuir mérito sólo a Macías. Participan de él todos los pobladores de este lugar que, impulsados por el mismo deseo e inspirados en igual fin, contribuyeron a sufragar los gastos que ocasionaban los viajes de su representante, y realizaron los mismos sacrificios colectivos.

A su llegada a Santiago, luego de su cuarto viaje, Macías fue recibido con el mayor entusiasmo por los vecinos. Poco después, la calle donde vivía tomó su nombre. Con el título de Fundador pasa a la historia, y su nombre es recordado con respeto. Es a Miguel Macías a quien se debe nuestra existencia como pueblo. Y si bien es verdad que otros pueblos, villas y ciudades se ufanan de “descender” de conquistadores, Adelantados, Condes y Marqueses, nosotros debemos de ufanarnos de “subir” de este humilde labrador.

En el año de 1759, y por acuerdo del Cabildo, se llevó a término el trazado definitivo de lo que sería con los años la ciudad de Santiago de las Vegas. Para ello se contrataron los servicios de Bartolomé Lorenzo de Flores, el mismo Agrimensor que midiera las tierras que se entregaron a los primitivos pobladoresg .Fig. 3

Fig. 3. Plano de las tierras repartidas a los pobladores del Pueblo de Santiago, Bartolomé Lorenzo de Flores, 1757.

Al único vecino a quien se le permitió, por recomendación del Rey, tener mayor cantidad de tierras, libre de gravamen, fue a Miguel Macías. Pero Macías no aceptó más que una caballería de tierra, pues ya había fabricado su casa donde le correspondía, dando cumplimiento con ello a sus obligaciones y ejemplarizando con tal hecho a los demás obligados.”

Concluye aquí el aporte de Francisco Montoto, nuestro primer historiador.

PALABRAS FINALES

Miguel Macías Cabrera fue un hombre de carácter recio, firme, y de voluntad inquebrantable. Ante las reiteradas crisis económicas (sequias, plagas de langostas) que vivía su ínsula natal, y el obligatorio envío de colonos a América, decidió abandonar Telde y expandir sus horizontes al otro lado del Atlántico, a Cuba, la isla que acogió como mater putativa a miles de isleños. Aquí halló su sitio, fundó familia, y contribuyó decisivamente a la creación de Santiago de las Vegas. Nunca se amilanó ante la oposición de los poderosos, y supo defender dignamente ante ellos sus derechos, así lo demuestran las reiteradas visitas al gobernador de La Habana y a la corte española. No por gusto dijo el monarca Fernando VI “El Prudente”:

“Hay que tratar con las mayores consideraciones a D. Miguel Macías. Estoy advertido de la entereza de su carácter y bondad de su corazón.

Es triste, ingrato, que pocos santiagueros de hoy conozcan quien fue Miguel Macías Cabrera, e incluso, que la tarja marmórea que se encuentra en la confluencia de las calles 8 y 13, destinada a perpetuar su memoria, esté descuidada, sucia. Sirvan estas breves líneas para paliar en algo ese olvido.

AGRADECIMIENTOS

Al Dr. Jesús E. Rodríguez Calleja, experto en Historia Moderna y Demografía Histórica, reconocido investigador de los archivos parroquiales de Islas Canarias, sin cuya ayuda hubiera sido imposible la presente investigación. Al padre Roine Rodríguez Alpizar, cura de la Parroquia Santiago Apóstol de las Vegas, a las archiveras de la propia parroquia, María Isabel Vega Prieto (†) y María Margarita Sales Quesada. A Bernardo (Cuquito) Tuero Rodríguez (†), siempre en el recuerdo por sus enseñanzas y sincera amistad.

BIBLIOGRAFÍA:

1)    Acosta Brito, C. R. y J. E. Rodríguez Calleja. 1999. El archivo parroquial de San Juan Bautista de Telde. Cabildo de Gran Canaria.

2)    Estrada Rodríguez, A. y A. N. Campos Orovio. 2003. Historia de Boyeros. En, Ciudad de La Habana. La identidad de la provincia y sus municipios, CD.

3)    Fina García, F. 1941. Fichas Históricas de Santiago de las Vegas. Editorial Antena, Santiago de las Vegas, La Habana.

4)     ---------------------1954. Historia de Santiago de las Vegas. Tomo I, Editorial Antena, Santiago de las Vegas.

5)    Hernández Acosta, J. 1966. Notas para el estudio de la población canaria en Cuba. XXXVI. Congreso Internacional de Americanistas, España, 1964: Actas y Memorias, vol. IV (Sevilla 1966), 397-400.

6)    Hernández García, J. 1977. La emigración de las Islas Canarias en el siglo XIX. Las Palmas de Gran Canaria: Cabildo Insular de Gran Canaria, Comisión de Educación y Cultura. 629 pp. Geografía e historia; 3. Premio "Viera y Clavijo". ISBN 84-8562815-2.

7)    Montoto García, F. 1929. «Historia de Santiago de Compostela de las Vegas». Revista C.I.R., Sept. 30 de 1929, año II, época II, No. 8.

8)    ------------------------- 1938. Historia de Santiago de las Vegas. Inédito, 149 pp.

9)    Pezuela y Lobo, J. 1871. Crónica de Las Antillas. En, Crónica general de España, ó sea, historia ilustrada y descriptiva de sus provincias, sus poblaciones más importantes de la península y de ultramar (Rubio, Grilo y Vitturi, eds.), Imprenta a cargo de J. E. Morete, Beatas 12, Madrid.

10)  Tornero Tinajero, P. 1980. «Inmigrantes canarios en Cuba y cultivo tabacalero. La fundación de Santiago de las Vegas (1745-1771)». CAN IV: 1, 505-29, Las Palmas.

11)  Yanguas y Miranda, José. Diccionario de las palabras anticuadas que contienen los documentos existentes en los archivos de Navarra, y de su correspondencia con el lenguaje actual. En https://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/09/72/07yanguas.pdf, consultado el 16 de abril de 2026.

 

 ________________________

(1)  Arqueólogo. Natural de Santiago de las Vegas. Labora en el Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana. Miembro de la UNHIC.

(2) Padrón de los sujetos que se obligan a poblar el nuevo pueblo de Santiago de las Vegas, con expresión de sus hijos, dependientes, esclavos y caudales de cada uno, según se previno por la Junta hecha el día 20 Mayo (1756) en las Casas de la morada del Dr. Bernardo José de Urrutia y Mata, Catedrático de Prima en Sagrados Cánones, abogado de la Real Audiencia de Santo Domingo y personas destinadas para conferir sobre la población de dicho pueblo” A.G.I. Santo Domingo. 1575. Testimonio de las posesiones dadas a los pobladores del nuevo pueblo de Santiago de las Vegas, de las caballerías de tierra”. La Habana, 12 Octubre, 1756. A.G.I. Santo Domingo, 1576; este documento también constaba en Actas Capitulares del Cabildo de Santiago de las Vegas, tomo III, 1772-1774, fondos documentales del Museo Francisco Fina García, Municipio Boyeros, no. de inventario 0-267).

(3) La antigua ermita de Valsequillo, construida en la segunda mitad del siglo XVII, se nombraba San Miguel Arcángel, pues este santo es el patrón de dicha localidad. En la primitiva ermita había una escultura que representaba a San Miguel El Chico en forma de guerrero que triunfa sobre la figura del demonio que aparece bajo sus pies ejemplificado como un dragón.

(4) Montoto había publicado partes de este texto en la Revista CIR (Centro de Instrucción y Recreo) de Santiago de las Vegas, sept. 15 de 1928, año I, época II, no. 9; sept. 30 de 1928, año I, época II, no. 10; oct. 15 de 1928, año I, época II, no. 11; oct. 31 de 1928, año I, época II, no. 12.

(5) Real Cédula dada en San Ildefonso, a 26 Agosto 1745. A.G.I. Santo Domingo, 1575.

(6) Juan Francisco de Güemes y Horcasitas al Rey. La Habana, 18 Septiembre 1744. A.G.I. Santo Domingo 1575.

(7)  Actas Capitulares del Cabildo de Santiago de las Vegas, Libro I, 1749; Caxigal de la Vega al Rey, La Habana, 16 Julio, 1751. A.G. I. Santo Domingo, 1575.

 (8)En abril de 1982 se descubrió a la entrada del vivero La Begonia, sito en calle 17 esquina a 2, en Santiago de las Vegas, un hito de roca caliza de 1,83 m de longitud, el cual marcaba el ángulo sureste del cuadro original del pueblo. En la parte superior ostentaba la palabra VILLA. (Gómez, J. 1982. Valioso descubrimiento para la historia de Santiago de las Vegas, en diario Tribuna de La Habana, abril 5).

(9) En español moderno equivale a ejido. Significa: Campo común de un pueblo, lindante con él, que no se labra, y donde suelen reunirse los ganados o establecerse las eras, que son cuadros pequeños de tierra destinados al cultivo de flores u hortalizas.

 

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