lunes, 14 de junio de 2021

Santiagueros connotados: Ángel María Teófilo Velasco y Zubizarreta

Compilación y redacción: Ing. Arsenio J. Alemán Agusti. Enero, 2021.

Ángel María Velasco Zubizarreta
Foto de estudio, 1936
Cortesía de la familia Velasco

Entre los elementos de valía de Santiago de las Vegas, uno de ellos, lo fue Ángel María Teófilo Velasco y Zubizarreta (Stgo. de las Vegas, 1878 - La Habana, 1948), periodista de positivos méritos, ciudadano ejemplar, sostén y guía de una responsable familia santiaguera y baluarte indiscutible de la cubanísima institución Centro de Instrucción y Recreo (C.I.R.), de la que fue Presidente de Honor.

Nació en Santiago de las Vegas el día 3 de noviembre de 1878. Fueron sus padres Ángel Velasco Balbi y María de la Luz Zubizarreta, ambos naturales de Santiago de las Vegas.

Su infancia transcurrió entre la búsqueda de sabrosos mangos y aguacates, entre las correrías de solares yermos, ofreciéndose como pelotero, no sin que deje de contar a su haber la ruptura de alguno de los faroles del pueblo. 

Se educó en la escuela de Sirita Lima, pasando más tarde a la Escuela Municipal y de aquí a la Escuela Laica del C.I.R. 

Y luego, a la tabaquería donde formó parte del ejército del menudeo, en la cigarrería de Don Gumersindo García, donde aprendió el oficio de tabaquero. 

Veterano de la dura, azarosa y cruenta época del bloqueo. Ahí aprendió él a luchar a brazo partido, rumiaron sus muelas en el viejo tiempo aquel, contra la adversidad. Las galletas—adoquines que los platicos de harina que diariamente devoraba con alguno que otro plátano salcochado de vez en vez; la costumbre de volar un turno y a veces dos al día, en aquella jornada asustadiza de los tiroteos con balas a medianoche; las idas y vueltas a pie que daba diariamente a Bejucal, exponiéndose a ser ahorcado en la carretera, sólo por ir a torcer unos menudeos en la fábrica de tabacos de Suárez Murias; las raciones cortas de guiso de maíz que se embalaba en la fonda bejucaleña del  Catalán; sus dietas de cabitos de cigarro cuando el trabajo se le acababa; los encarcelamientos que sufrió en la iglesia por orden del fiero Comandante Segurado, en el calabozo situado en el campanario, etc., etc., fueron golpes terribles que lo curtieron, blindaron su corazón y los transformaron en hombre crudo dispuesto a enfrentarse con las situaciones por tremendamente adversas que se le presentasen.

Ángel María fue un elemento modesto, humilde de procedencia, con su cultura más o menos regular, pues solamente tuvo como Universidad: talleres de distintos oficios, pero que en la asignatura Dignidad que es la que más se exige, tuvo siempre nota de sobresaliente.  

Y aconsejado por el viejo Chávez, su tío abuelo, dejó la fábrica, se hizo agente de negocios y fomentó una clínica en colaboración con el Dr. Bernardo Gallol, de la cual fue su Administrador. 

Contrajo matrimonio el 9 de febrero de 1911 con Cecilia María Agusti Hernández, conocida por Celia, natural de Santiago de las Vegas, con quien creó familia, teniendo dos hijos: un varón al que puso por nombre Ángel María y una hembra a la que llamaron Ida.

Ingresó en la oficina de la Junta Municipal Electoral, donde laboró por 23 años, ascendiendo hasta ocupar el cargo de Secretario de dicha Junta.  

De espaldas anchas, cara de facciones bastante agradables, usaba espejuelos de oro. Moralmente fue un hombre probo. Simpático de nacimiento siempre tenía un chiste oportuno para las cosas mas serias y a pesar de ser un hombre serio con él había que reír siempre, pues para él no habían épocas malas.  Escritor de altos vuelos, redactaba en un segundo un artículo periodístico que hacía época siempre. 

Sus amigos lo llevan, con el voto unánime a la presidencia del C.I.R., en cuya institución lucha, trabaja, prestigia y engrandece la casa social de los santiagueros. Eso fue en 1921.

Con una brillante hoja de servicios prestados al C.I.R., que recorre desde la terminación de la Guerra de Independencia, donde fue de los primeros en volcarse a la tarea de reconstruir el edificio para poder reintegrarlo a la actividad social y cultural que desarrollaba el C.I.R. para la comunidad.  Logrado ese objetivo con el concurso de muchos buenos santiagueros, el próximo paso fue, bajo la capitanía de Ángel Mikleff poder adquirir la propiedad del edificio a favor del C.I.R.  En esa batalla estuvo Ángel María en la primera línea. Pero no era suficiente el dinero y se convirtió en actor cómico para hacer reír al público a cambio de algún dinero para contribuir al empeño de tener el C.I.R., casa propia........y cuando ya ese propósito había sido alcanzado, entonces, el ciclón del 26 derrumba el edificio y sobreviene una nueva e ingente tarea: la reconstrucción de la sede.

Y un grupo de buenos centristas —él incluido— se enrolaron en la aventura de crear una compañía de cómicos, y hoy aquí y mañana allí, recogieron dinero para reparar el edificio.  

En este período de su gobierno vio la luz la Revista del C.I.R., de la que él fue uno de sus Directores.

Cuando el notó, que ya le salían raíces en la jefatura de la citada institución,  renunció. Eso fue en 1928 (estuvo 8 años consecutivos como Presidente del C.I.R.).  Fue durante 24 años consecutivos miembro de la Junta Directiva del C.I.R. Alcanzó los títulos de Asociado de Honor y de Mérito.  Por acuerdo de la Junta General de asociados, fue designado Presidente de Honor en justa recompensa a sus méritos indiscutibles en pro de la institución.  Más tarde, bajo la capitanía de Arturo Rodríguez de la Cerda, fue Ángel María uno de los subalternos más eficaces en la tarea de la apertura del nuevo local social.

Y se le ocurre a Ángel María dotar al Teatro Popular de un estupendo Vitaphone R.C.A. modelo de 1931, lo último del cine-parlante, con lo cual ponía a  nuestro teatro a la altura de los capitalinos Fausto, Trianón y El Encanto.

Con esa hoja de servicios, los socios del C.I.R. por votación unánime lo llevan a partir de 1937 a ocupar de nuevo la Presidencia de la institución.

Masón distinguido, fue fundador de la Logia Optimismo No. 10, donde dejó las huellas de su talento y amor a la Fraternidad.  También fue Presidente del Grupo denominado “El Brazo Fuerte” (del Café) que integraron los más valiosos elementos en el orden social y cultural de la localidad y que surgió a la vida con el propósito de contribuir a apaciguar los ánimos exaltados por efecto de la enconada campaña política de 1908 entre Liberales y Conservadores, desarrollando encuentros nocturnos celebrados cada noche en la casa de un asociado diferentes, haciendo reaccionar a la familia santiaguera dividida entonces por la antes mencionada campaña política que siguió a la llamada revolución de Agosto.

Entre sus aficiones más queridas se encontraba el béisbol, que practicó en su infancia y adolescencia. Alentó y patrocinó a la novena del C.I.R. y en su adultez cooperó y fue el primer Secretario que tuvo la Liga de Béisbol Juvenil del Municipio de Santiago de las Vegas.

En sus últimos años se había consagrado a la crónica y la semblanza, sobresaliendo en sus producciones un amplio espíritu constructivo y se mantuvo como guía indispensable de la reconocida institución santiaguera.

Falleció a los 69 años de edad el día 6 de mayo de 1948 en el Hospital Reina Mercedes, en La Habana. Acumulaba 49 años consecutivos como asociado del C.I.R. 

Las honras fúnebres se llevaron a cabo en Santiago de las Vegas. Su cadáver fue expuesto en los salones del C.I.R. Allí se le rindieron honores y adonde el pueblo todo acudió a testimoniar su pesar. Su entierro constituyó una sentida y nutrida manifestación de duelo popular.

El Dr. Melvin J. Noroña Rivero, tuvo a su cargo la despedida de duelo. Dijo:

“Ángel María Velasco pertenece a esa selecta categoría de hombres que aún después de muertos siguen siendo útiles.  Sus extraordinarias virtudes como padre de familia; sus excelentes dotes como ciudadano ejemplar y sus valiosos quilates como infatigable paladín del Centro de Instrucción y Recreo, quedan como ejemplos fecundos que ofrecerán saludables enseñanzas a nuestras generaciones futuras”

Fuentes:

1. Caras y Caritas. Ángel María. Periódico El Ideal, Año II, No. 59, Santiago de las Vegas, Miércoles 6 de agosto de 1930.

2. Cortada, Adolfo.  Con mi Kodak – Ángel María, en Revista del C.I.R.,  Época II, año II, No.6, julio 31 de 1929.

3. Cortada, Adolfo. (bajo el seudónimo de Hernán de Cortadaz). Don Ángel María. En Revista del C.I.R., Época II, Año III, No. 9, Santiago de las Vegas, enero 31 de 1931. 

4. Díaz, Alfredo. Ángel María Velasco. Revista “Antorcha”, Año 3, No. 7, Santiago de las Vegas, mayo 30 de 1948.

5. En la Muerte de Ángel M. Velasco. Expresiones Sinceras de Compañeros y Amigos. Revista “Antorcha”, Año 3, No. 7, Santiago de las Vegas, mayo 30 de 1948.

6. García Rizo, Gilberto. Ángel María Velasco no ha muerto para los viejos “Centristas”. Revista “Antorcha”, Año 5, No. 6, Santiago de las Vegas, abril 30 de 1950.

7. León Trujillo, Armando. Síntesis Biográficas de Algunos Centristas Distinguidos Desaparecidos: Ángel M. Velasco Zubizarreta. Revista del C.I.R., Número Extraordinario, Santiago de las Vegas, diciembre de 1953.

8. Muñoz, Félix. Ángel María Velasco. Acotaciones. Periódico La Voz del Estudiante, Año I, No. 9, Santiago de las Vegas, 13 de diciembre de 1928.

9. Perera, Manuel. Crónica sobre las honras fúnebres a Ángel María Velasco. Revista “Antorcha”, Año 3, No. 7, Santiago de las Vegas, mayo 30 de 1948.

10. Rodríguez de la Cerda, Arturo. Valores Positivos.  Periódico La Voz del Estudiante, Año I, No. 5, noviembre 3 de 1928.

11. Trazos. Ángel María Velasco. Periódico La Opinión, Año I, No. 19, Santiago de las Vegas, septiembre 10 de 1926. 

1 comentario:

  1. Magnifico y muy informativo el trabajo de Arsenio. Conocía, en parte, la trayectoria de este compatriota por oír como mi padre y otros amigos lo recordaban, pero ignoraba los detalles tan completos que nos proporciona Arsenio. Gracias amigo por tu artículo.
    Leonardo Gravier

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