Compilación y redacción: Ing. Arsenio J. Alemán A.
Hijo del matrimonio
constituido por José Marrero y Mercedes Rodríguez, nació el 17 de diciembre de 1859 en la finca "La Unión", ubicada en el barrio de
Doña María en la ciudad de Santiago de las Vegas, un varón que recibió por nombre José Lázaro Martín, pero fue siempre conocido
por el último de sus tres nombres: Martín.
Aprendió las primeras letras en
la casa de Don José Álvarez, que había contratado al maestro Antonio María
Valdés, para que fuera a su finca a dar clases a sus hijos y a los de otros
vecinos del lugar.
Transcurre su infancia en aquel ambiente campesino hasta que, vencida la enseñanza primaria, pasa en 1873 a la Escuela Municipal en Santiago de las Vegas, bajo la dirección de Don Antonio José de Tagle, con quién comenzó a estudiar el bachillerato y allí terminó el primer año. Interrumpe sus estudios y se traslada con su tío Pedro Marrero a San Nicolás de Bari a aprender a Maestro de Azúcar en el ingenio "Recurso" y terminada la zafra regresa a Santiago.
Don Carlos Hernández Mederos,
pariente de Marrero, viendo la afición al estudio de Martín habla con su padre,
Don José Hernández quién había fundado en La Habana el colegio "Educación en Familia" en la calle
Monte No. 3 con el concurso de los presbíteros Arteaga, España y Fuentes,
facilitándole a Martín que continuara sus estudios de bachillerato en dicho
colegio sin costo alguno para la familia.
Allí termina Martín el segundo
año, pero venciendo el tercero fueron deportados a España los padres Arteaga y
Fuentes, quedando el colegio a cargo de Don Antonio Riera y Martín tiene que
abandonarlo, regresando a Santiago.
Riera revisó su expediente y viendo que Martín tenía excelentes notas,
escribe al padre de este, para que continuara sus estudios, en premio a su
conducta y aplicación, en igual forma procedieron los doctores Eduardo Plá y
Pedro Ragés, que más tarde se hicieron cargo del colegio, logrando terminar
allí el bachillerato en 1880.
Regresa
Martín a Santiago y su padre que era buen amigo del Dr. José Fina Mauri, que
por entonces gozaba de una muy buena reputación como médico, le habla para ver cómo
podía continuar Martín sus estudios y el Dr. Fina lo envía a la farmacia de su
hermano Ricardo, establecida en la calle Ánimas No. 37. Ingresa en la Universidad de La Habana
comenzando sus estudios de medicina, compartiendo su tiempo entre el trabajo y
el estudio. Desde sus días de estudiante de medicina
en la Universidad, se había vinculado con las ideas independentistas poniéndose
en contacto con varios patriotas. Desde
entonces ─ inquieto, soñador, rebelde ─ se manifestó abiertamente en contra del
régimen colonial.
Se gradúa
de Doctor en Medicina en 1887 y pasa a ejercer su profesión en Santiago de las
Vegas. En 1890 se traslada a Jagüey Grande, en la provincia de Matanzas, donde
se asienta y establece su consultorio. Desde allí comienza a laborar
intensamente por la libertad de Cuba. Por
sus actividades revolucionarias es vigilado y perseguido en Jagüey Grande y
reconocido como un amante fervoroso de la libertad.
En agosto de 1892 el comandante de la Guerra de los Diez
Años Gerardo Castellanos Lleonart, fue enviado por José Martí con carácter de
Comisionado Especial del Partido Revolucionario Cubano a entrevistarse, a través
de toda la Isla, con las personas más significativas como posibles futuros jefes
de la Revolución y preparar el alzamiento en todo el país. En Jagüey Grande, lo
hizo con el Dr. Martín Marrero.
José, hermano de Martín, era integrante del grupo de
emigrados revolucionarios que habían llegado al sur de la Florida procedentes
de Santiago de las Vegas, a principios de la década del 90 del siglo XIX. José tenía
el oficio de tabaquero, trabajaba en el taller de Eduardo Hidalgo Gato y
aprovechando una de las visitas a Cayo Hueso de su hermano menor Martín, hacia
1893, pudo acercarse a José Martí con el propósito de que conociera a este, interesado
en prestar a la Patria los servicios que fueran necesarios.
─ Buenos días, señor Martí, ─ fueron las primeras palabras
de Martín Marrero Rodríguez, un hombre de carácter enérgico; pero justo,
honrado y sin dobleces cobardes o interesados, frente a aquel hombre de tez pálida,
bigote espeso y frente de pronunciadas entradas, todo vestido de negro. Martí
contestó ese saludo de sumo respeto y admiración y aquellos dos hombres se
enfrascaron en conversaciones sobre la causa de la libertad de la patria.
Martí le expone su concepción para el trabajo de conspiración
en Cuba. Le dice:
"Los médicos
son los más apropiados, y, por lo tanto, serán los mejores delegados. Sus pasos
en ninguna hora, ni en ninguna parte llaman la atención: siempre son bien
recibidos. Todos les deben algo: unos la vida, otros dinero. El médico es quien
mejor conoce los secretos de todos: por eso, esta será la revolución de los médicos".
No fue esa la única vez que José Martí y Martín Marrero
se entrevistaron en territorio de EE.UU. En su Diario de Operaciones el Dr.
Marrero asegura haber recibido instrucciones verbales de Martí, en 1893, sobre
el bandolerismo, quien le habría dicho que:
“En cuanto a
los bandoleros, es necesario tener presente que, al estallar la guerra, todos
aquellos que estén fuera de la ley no puedan permanecer neutrales y, por lo tanto,
tienen que caer al lado o del lado de nosotros. Estando ellos de nuestro lado,
esto resultaría beneficioso para todos (...) De otro modo, ellos al lado de los
enemigos, resultarían todo lo contrario, pues toda maldad, seria estimulada y aumentada,
empleada en perjuicio nuestro...”
Martí también le habla de otros revolucionarios en la
provincia de Matanzas. Le menciona a Pedro Betancourt, Julio Sanguily, Juan
Gualberto Gómez y Antonio López Coloma. A partir de entonces quedó el Dr. Martín
Marrero muy ligado al Partido Revolucionario Cubano y a su Delegado. Martí consideró
incorporado a Marrero al ejército de conspiradores que actuaban dentro de la
Isla. Designado de palabra por José Martí, como Delegado del Partido
Revolucionario Cubano en Jagüey Grande.
José Martí escribe a Martín Marrero en el mes de mayo de
1893 lo siguiente:
Mayo, 1893
Sr. Martín Marrero
Querido compatriota:
Convencido de su patriotismo y aptitudes me dirijo a Ud.
Tenemos que salvar la Patria y para ello es necesario buscar, recoger y
organizar este movimiento separatista, que en Cuba desordenadamente brota, para
afrontar una revolución que será tanto menos duradera y dolorosa, cuanto mayor
y unánime sea el esfuerzo empleado: armar a los decididos, convencer a los
indecisos y avisar a todos los buenos, para que no sean sorprendidos; esa es la
misión que a Ud. le queda encomendada.
Estos trabajos se harán aisladamente y para ello en cada
Término Municipal habrá un delegado, el que se concretara única y
exclusivamente a su Término, sin conocer ni relacionarse con los trabajos de
otros. No obstante eso, llegado el momento, el movimiento será unánime,
simultáneo en toda la Isla y esto se hace con el fin de que por si por cualquier causa es sorprendido uno, el gobierno no tome el hilo de la conspiración.
Para la
dirección y vigilancia de estos trabajos, habrá un Delegado General para toda
la Isla, con poderes para resolver en todos los casos, el que transmitirá las
órdenes por conducto de los Delegados Provinciales, con el que cada de Uds. se entenderá
directamente. Y para facilitar su cometido, queda Ud. autorizado para hacer recolectas,
y utilizar todos los medios hábiles que estén a su alcance.
Saludo a
Ud. y en Ud. a todos los buenos cubanos de su Término.
José Martí
El nombramiento oficial como Delegado lo recibió en 1893, estando en Santiago, a través de su hermano José Marrero y de su amigo y coterráneo Ramón Rivera.
Al año siguiente (1894) regresó a Cayo Hueso para contraer matrimonio con
la señorita Carmen Caraballo, miembro de una distinguida familia de patriotas
de Santiago de las Vegas.
El Dr. Marrero organiza la conspiración en Jagüey Grande
apoyándose en los hermanos Rodríguez. Los hijos de Agustín Rodríguez, viejo mambí
de la guerra grande, nunca renunciaron a los ideales independentistas inculcados
por su padre. Martín Marrero y José Agustín Rodríguez habían estudiado juntos
en el colegio “Educación de Familia” de
La Habana, y desde entonces contaba su amistad.
Los hermanos Rodríguez, laboran junto a Marrero sumando
simpatizantes a la causa de la revolución y en la finca “La Sirena” propiedad de los Rodríguez se entrevistaron con Pedro
Betancourt.
En la residencia de Marrero, en Jagüey Grande, también
sostienen entrevistas con otros revolucionarios, incluido el propio Betancourt,
quien llegó a ser a fines de 1894 Jefe de la Revolución en Matanzas.
Sus trajines conspirativos
y enrolamiento de nuevos elementos se extienden en la provincia de Matanzas no
sólo a Jagüey Grande, también en Manguito, Colón y otras poblaciones.
Este proceso conspirativo concluye con la reunión
clandestina celebrada la noche del 23 de enero de 1895 en la casa de la familia
de Antonio López Coloma (a quien conoció Martín Marrero en ese momento) sita en
Trocadero No. 72½ en La Habana, en la que además participaron Pedro Betancourt,
Joaquín Pedroso y Juan Gualberto Gómez, entre otros. Este último había sido designado
por José Martí, Jefe del Partido Revolucionario Cubano en la isla. Allí se informó
el recibo de la orden de alzamiento.
En dicha reunión Juan Gualberto
Gómez pregunta con cuántos hombres cuenta Marrero y éste le contesta que 50,
objetando algunos, que eran pocos.
Marrero respondió: "me haré
sentir de todas maneras, aunque fuese yo sólo".
En cumplimiento de la orden recibida, el Dr. Martín
Marrero, acompañado por los hermanos Rodríguez y otros 38 hombres salieron de Jagüey
el día 23 de febrero de 1895, hacia la finca “La Sirena”, en
un ojo de agua denominado La Cienaguita, reconociéndose al Dr. Marrero como Jefe. El día 24
se levantaron en armas, permaneciendo ese día en la finca y el 25 decidieron unirse
a los otros grupos que debieron haberse alzado el propio día 24.
Sobre las 8 de la mañana del día 26 chocaron con las
fuerzas enemigas. Estas se componían aproximadamente de 300 hombres mientras
que los cubanos eran solo 41. En este pasaje de la historia se ponen en evidencia sus
dotes como estratega militar. Su pequeña
tropa contaba con 10 tercerolas (arma larga de fuego muy usada en la guerra de
Cuba en el siglo XIX, que fue usada por los españoles como arma de caballería)
y algunas escopetas de caza, pero todos sí tenían en el cinto el
imprescindible, glorioso y temido machete mambí. Con este reducido grupo pudo
organizar y librar un desproporcionado combate, logrando que el enemigo se retirara, causándole dos bajas. Esto sucedió
en un lugar conocido como Palmar Bonito y se registra como el primer combate en
la zona occidental del país.
El día 27 el Dr. Marrero acampó en la Finca “San Isidro” y decidió internarse en la Ciénaga
en espera de órdenes que no llegaron. Por causas diversas, los alzamientos
programados en otros sitios, fueron fracasando. Para el día 28 el Dr. Marrero solo
estaba acompañado de 11 hombres.
Enterado de los acontecimientos (fracaso de la insurrección)
y del Bando de Indulto del Capitán General, aconsejó a los que le seguían todavía
que retornaran a sus hogares y se acogieran al indulto ofrecido. El día 3 solo
estaba acompañado de José Agustín y Aurelio Rodríguez y decidieron capitular.
José Agustín Rodríguez explicó: "No desertábamos de ninguna fuerza, no existía jefatura superior a
nosotros, por lo que dimos por finalizado nuestro primer esfuerzo para esperar
la oportunidad para reanudarlo"
El Dr. Marrero fue conducido a Colón en la provincia de Matanzas y de ahí a La Habana, donde fue presentado ante el General Callejas, quien lo invitó a dar su palabra de honor de no volver a levantarse en armas contra España, a lo que se negó rotundamente. El día 10 de marzo de 1895 salió deportado a España, en el vapor “Reina María Cristina” con destino a la ciudad de Pravia, en Asturias.
Unas semanas nada más habría de permanecer en aquella ciudad asturiana. El 1º de julio sale de Fuenterrabía en un bote, cruzando el Bidasoa para arribar a Hendaya. Una semana más tarde ya estaba en París presentándose al Dr. Emeterio Betances que lo embarca para Nueva York, adonde llega el 18 de ese mismo mes.
Ya en Nueva York comienza su odisea para llegar a Cuba. Primero se embarca en la expedición del “Lauraca”. Es arrestado con los demás expedicionarios y sometido a juicio en Willmington. Defendido por el senador Gray y el abogado Horacio Rubens regresa a Nueva York para embarcarse, el 20 de octubre, en un nuevo intento expedicionario del general Carrillo.
El barco que los conducía debería encontrar a otro que llevaba la expedición del comandante Enrique Collazo, en Cabo Hateras. La combinación fracasa y los expedicionarios de Carrillo prosiguen su viaje hasta Inagua, donde desembarcan para esperar que el barco, que sigue a Haití, retorne a recogerlos. Una intriga del consulado español hace que las autoridades inglesas los arresten conduciéndolos a Nassau donde son sometidos a un largo proceso que dura más de dos meses, al cabo de los cuales regresan a Nueva York.
Un tercer intento se produce el 24 de febrero de 1896 cuando intenta embarcarse en la expedición del “Bermuda” que deberá conducir a Cuba el mayor general Calixto García. A la salida, en el puerto de Nueva York, son arrestados y sometidos a nuevo juicio. Al fin el 15 de marzo de ese mismo año logran embarcarse en Atlantic City para desembarcar en la Ensenada de Maraví, en la zona de Baracoa, entre el 23 y el 24 de marzo. Se incorpora al Ejército Libertador que le reconoce el grado de capitán.
Sale inmediatamente para el cuartel general del mayor general Máximo Gómez quien con fecha 26 de mayo le asciende a comandante, adscribiéndolo a su Estado Mayor. Una de sus peticiones al general Gómez fue la de servir en la línea como soldado, renunciando a todo grado, pero el general en jefe, apreciando sus condiciones, lo deja a sus órdenes.
El 11 de junio toma parte en el combate de Saratoga, que el propio Gómez consideraba una batalla tan importante como Las Guásimas en la Guerra de los Diez Años. Primero pasa a operar en el Regimiento “González” que mandaba el coronel Calunga; después a la Brigada de Caballería que mandaba el coronel Braulio Peña como jefe de su Estado Mayor.
El 4 de octubre toma parte en el combate ventilado por el coronel Peña en el camino real de Cuba que cruza de Sibanicú a Cascorro. Dos días más tarde toma parte en la acción de Jacinto. El 10 de diciembre se reincorpora al Estado Mayor del general Gómez saliendo una semana más tarde con ciento treinta y seis hombres a buscar armas y parque para pasar la trocha de Júcaro a Morón.
El 21 de diciembre se encuentra acampado en Cacahual cuando el general Gómez le entrega el mando de las fuerzas que marcharán a vanguardia con plenas instrucciones de forzar el paso de la trocha a todo trance. El 26 de diciembre pudo cruzar la línea fortificada que custodiaba el enemigo, siendo felicitado por el general Gómez, con quien acampa en Santa Teresa.
El 3 de enero de 1897 el mayor general Máximo Gómez designa al general de división Avelino Rosas para que asuma el mando de la Primera División del Quinto Cuerpo. El general Rosas pidió que se le permitiera designar al comandante Martín Marrero para el cargo de Jefe del Estado Mayor, a lo que accedió el general Gómez.
El 8 de enero el general Rosas y el comandante Marrero emprenden marcha hacia su nuevo destino. El 12 llegan a Quemado Grande.
Con el general Rosas comienza a operar en la provincia de Matanzas. El 31 de enero es propuesto el comandante Marrero para ascenso a teniente coronel y el 1 de junio se propone su ascenso a coronel.
Pasó después al Estado Mayor de la Brigada de Colón que mandaba el general Francisco Pérez Garoz. Cuando este jefe fue llamado al cuartel general del general Gómez, Martín Marrero hubo de acompañarle, siendo destinado entonces a la jefatura del Estado Mayor del Cuarto Cuerpo, a las inmediatas órdenes del mayor general Francisco Carrillo. Con este jefe operó por el centro de la región villareña, concluyendo la guerra en ese mando.
El 27 de junio de 1898 el Consejo de Gobierno, presidido por el mayor general Bartolomé Masó, aprueba la propuesta de ascenso a teniente coronel del comandante Martín Marrero, reconociéndole la antigüedad de 31 de enero de 1897.
El 28 de diciembre de 1898 entran las fuerzas mambisas en la ciudad de Remedios, que los españoles, acababan de evacuar. Al mando de las tropas el mayor general Francisco Carrillo. Al frente de su Estado Mayor estaba el teniente coronel Martín Marrero que fue designado, inmediatamente, Comandante Militar de la Plaza.
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José Lázaro Martín Marrero y Rodríguez. (1898) |
Pasó entonces a Yaguajay. El 26 de noviembre de ese año forma parte del Comité del Partido Republicano de Yaguajay. Por recomendación del general Carrillo es designado Alcalde Municipal de ese Término, siendo la primera autoridad municipal cubana, después de la evacuación española que desempeñó ese cargo.
El 16 de junio de 1900 se celebran elecciones municipales en toda la Isla. El teniente coronel Martín Marrero resulta electo Alcalde de Yaguajay, siendo el primer Alcalde por elección de ese importante término municipal villareño.
Como el cargo era, en esa oportunidad, por un año, el 1 de junio de 1901 se presentó de nuevo como candidato a la Alcaldía de Yaguajay, que ganó sin dificultades. Tomó entonces una decisión: retirarse de la política definitivamente, reintegrándose a la vida militar.
Antes que terminara su mandato presentó la renuncia para aceptar el cargo de capitán médico del Cuerpo de Artillería, lo que equivalía a la jefatura incipiente del Cuerpo de Sanidad Militar. El 14 de enero de 1903 es designado para ese cargo que estaba vacante. Pasó entonces al Hospital de la Cabaña, comenzando a trabajar tesoneramente en el desarrollo del Cuerpo de Sanidad Militar.
En 1913, Martín Marrero, con el grado de Comandante, ocupó la Jefatura de Sanidad del ejército. En este período se promovió la reconstrucción del Hospital General del Ejército (antiguo Hospital de Columbia utilizado por el ejército norteamericano durante la segunda intervención). Fueron sustituidos los barracones de madera por otros de mampostería, modernos y confortables, para prestar atención médica al personal del ejército permanente, de la guardia rural y de la Marina de Guerra nacional.
En 1915, mientras ocupaba el cargo de jefe de Sanidad en el Estado Mayor General del ejército, participó activamente en la comisión encargada de elaborar el proyecto para la construcción del nuevo Hospital General del Ejército, (hoy Hospital Militar “Carlos J. Finlay”) que se construyó en Marianao entre 1915 y 1925.
Con su esfuerzo y con una participación protagónica en el proyecto de construcción, se logró concluir las obras y también la organización que a esos servicios hubo de dársele.
El 18 de mayo de 1919 pasó a ocupar la dirección del Hospital General del Ejército con el grado de coronel, período en que comenzó la docencia en esta institución.
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| Carnet de Identidad de la Secretaría de Guerra y Marina expedido a favor de Martín Marrero y Rodriguez |
Siendo director del Hospital General del Ejército y de la Sanidad Militar promovió la superación profesional de los médicos militares en esta institución. Se iniciaron los cursos de perfeccionamiento para oficiales médicos, en los que recibían instrucción teórica y práctica de las más recientes adquisiciones de las ciencias médicas; así como de higiene militar, leyes y reglamentos militares, táctica de campaña y otros temas militares. Se creó una biblioteca ambulante con literatura médica-militar actualizada y se logró un acuerdo para enviar a escuelas médico-militares del extranjero, especialmente a los Estados Unidos, a oficiales de la Sanidad Militar para cursar estudios médicos especializados, ampliar su preparación profesional y la eficiencia en la atención a las tropas. Por todo lo descrito anteriormente se le sitúa entre los precursores de la Medicina Militar y de la docencia médico militar en Cuba, en los inicios y primeras décadas de la República.
Se fundó la escuela de sanitarios para la instrucción como enfermeros militares de alistados seleccionados. Esta unidad docente se incorporó a la Escuela Libre de Enfermeros adscripta a la Universidad de La Habana. En 1920 se confeccionaron e imprimieron en los talleres del ejército los siguientes manuales: "El sanitario como enfermero militar", "Higiene militar", "Primeros auxilios" y el de "Instrucción para el Servicio de Sanidad". Estos fueron los primeros textos oficiales de la escuela de sanitarios radicada en este hospital. Por estas y otras acciones se le reconoce como uno de los fundadores de la Medicina Militar en Cuba.
Se retiró en 1926, decepcionado por la actuación represiva del ejército en algunos acontecimientos nacionales. Asentó su residencia en su pueblo natal donde ejerció la medicina y era considerado como una verdadera institución, con una familia y prestigio bien ganados.
Una comisión de políticos visitó en una oportunidad al
Coronel Martín Marrero, proponiéndole la postulación a la Alcaldía del Término
Municipal de Santiago de las Vegas, con la deliberada intención de aprovechar
su gran prestigio patriótico, su popularidad y sus sólidos valores morales.
Ante la propuesta de los visitantes, respondió con firmeza el Coronel Marrero: “Miren, les agradezco la atención; pero yo
no sirvo para la política y prefiero la tranquilidad de mi hogar; ya yo le
presté mis servicios a la patria en la guerra de independencia, ahora solo
aspiro a vivir en paz”.
La modestia de este patriota lo mantuvo marginado de la vida pública nacional, pasando los últimos años de su vida en el retiro familiar, rodeado del cariño y el respeto de todo el pueblo de Santiago de las Vegas. Por ello, su nombre es una bandera de honestidad que los vecinos de Santiago de las Vegas exhiben con justo y legítimo orgullo.
Anciano, enfermo, con sus viejos laureles de patriota, el Coronel Martín Marrero Rodríguez falleció en Santiago de las Vegas el día 15 de diciembre de 1943.
No fue de los que medraron a la sombra de la República que él había ayudado
con tantos esfuerzos a consolidarse; no fue de los que hicieron causa común con
los traidores de la patria, ni de los que amasaron fortunas olvidándose de
cumplir con su deber en los cargos que desempeñaron. No utilizó sus glorias y sus honores para
tomar la patria como pedestal para ambiciones políticas o enriquecimiento
personal. Tomó la patria como ara para sacrificarse ante ella, a diferencia de
muchos otros que la utilizaron para saciar sus apetitos de riqueza y poder.
Así fue el Coronel Martín Marrero, limpio de ambiciones,
recto de principios, ejemplo de ciudadano. Cambió su bisturí por el machete y
las píldoras por las balas. Se lanzó a la manigua a luchar por Cuba.
Por ello se le honra. Un retrato de él se encuentra situado
en el vestíbulo del edificio de la dirección del Hospital Militar “Carlos J.
Finlay”, en Marianao, de cuyo centro hospitalario fue él su primer Director.
El hospital de Yaguajay lleva el nombre de este ilustre médico
y patriota santiaguero. Jagüey Grande denomina su calle principal con el nombre
del Cor. Martín Marrero.
Santiago de las Vegas, su ciudad natal y donde residió una
gran parte de su vida, por acuerdo de la Cámara Municipal en sesión solemne, le
designó con el título de “Santiaguero Benemérito”, ofreciendo en su honor un
grandioso homenaje popular los días 17 y 18 de enero de 1943.
Martín Marrero Rodríguez, hijo de Santiago de las Vegas, médico, conspirador, patriota, mambí, oficial del Ejercito Libertador, combatió por la independencia de Cuba no con el “¡Grito de Baire”, no con el “Grito de Ibarra” ni tampoco con los de “Jagüey Grande”, “Los Charcones” o de “Oriente”, sino con un grito, con el único grito posible, el grito de ¡VIVA CUBA LIBRE!
Fuentes
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Coronel José Lázaro Martín Marrero y su nexo con la medicina militar cubana.
En Revista Cubana de Medicina Militar.
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Alemán Agusti, Arsenio. Martín Marrero Rodríguez— Un
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htpp://sdlv.blogspot.com , consultado en diciembre 8 de 2025.
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publicada en http://www.asociacioncaliope.org/Avellaneda.htm y consultada el
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año XIV, No. 4, Santiago de las Vegas, febrero 28 de 1959.
—————“Galería de
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Vidaillet-Rodríguez O, Carrasco-Blanco Y, Vidaillet-Carrasco A, Vidaillet-Carrasco OA. Dr. Lázaro Martín Marrero Rodríguez, médico y estratega militar. Disponible en: http://www.revmedicaelectronica.sld.cu/index.php/rme/article/view/4465/5447 publicado en 2022 Mar.-Abr. 44 (2) y consultado el 5 diciembre de 2025.
[i] Buena parte de su trabajo en la Guerra de Independencia puede leerse en el libro del teniente coronel Segundo R. Corvisión titulado “En la Guerra y en la Paz”, cuyo prólogo escribiera el propio coronel Dr. Martín Marrero.






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