domingo, 24 de marzo de 2013

Masantín el santiaguero... el que no fue torero

Por Raúl Ariel Rodríguez Vega

Entre muchas de las frases que el cubano ha hecho famosas está aquélla que muchas veces escuchábamos a nuestra madre decir: "Esto no lo arregla ni Masantín el torero”, o aquella otra que constantemente nos repetía: "¿pero qué es lo que tú te crees... que eres Masantín el torero?"

Pues hoy, estimado lector, desde el fondo del viejo baúl de nuestros recuerdos nos llega la historia de Masantín el santiaguero... el que no fue torero. La siguiente narración es sobre el  único de nuestros coterráneos que, aunque apodado “Masantin” en la no muy conocida historia de Santiago de las Vegas, fué propietario de un famoso y renombrado burdel.

Mazzantini, el que sí fue torero.
El hombre en cuestión se nombraba Salvador Martell, pero era más conocido por su alias de Masantín, la corrupción cubana del apellido italiano Mazzantini. El apodo lo tomó después de la muy popular visita a Cuba, en las primeras décadas del siglo pasado, del famoso y pintoresco torero español-italiano Luis Mazzantini (1856-1926). Fué así que, como resultado de este acontecimiento, con el tiempo muchos en el pueblo olvidaron que el buen señor se llamaba Salvador Martell.

Se puede revisar toda la historia de nuestro terruño y seguramente no aparecerá nada igual. El mentado Masantín y sus muchachitas de la vida alegre residían en la calle 17 entre 16 y la línea del ferrocarril, en una modesta casa de madera y tejas que hoy en día sigue en pie sin cambiar mucho el aspecto de antaño.

Vista aérea actual de la calle 17 entre 16 y la línea del ferrocarril. 
Al lugar acudían, escurridizos y no en gran número, señores mayores, solterones y viudos. Los jóvenes del pueblo no se encontraban entre sus asiduos visitantes.

Las damas que comerciaban sus caricias en su mayoría estaban lejos de ser atractivas. Vivían en el lugar mientras durara su popularidad en el más antiguo de los oficios. Masantín además le garantizaba a todas la alimentación. Cada mañana el modesto “chulo” santiaguero salía de compras con su inseparable jaba.

Las relaciones del dueño del prostíbulo con los vecinos eran aparentemente sosegadas.

Se puede garantizar que en la historia de nuestro querido Santiago de las Vegas no podemos localizar otro caso semejante, por lo que aquel fornido mulato amante de las alpargatas aún conserva en el recuerdo el oscuro récord  de ser el único pueblerino en haber tenido funcionando, por largo tiempo, tan singular lugar.

2 comentarios:

  1. Otra historia interesante de nuestro querido pueblo. No conocia a Mazzantini el no torero. Ni sabia como se deletreaba correctamente el nombre. Yo creia que era Masantin. Quiero confesarles que cada vez que algo sale mal o da problemas, siempre le hecho la culpa a Masantin el torero. Mi fraze no se puede escribir literalmente. Es algo asi
    "Me c--- en Masantin, el torero." Mis mil disculpas a todos los leyentes y sobre todo a Mazzantini el torero.


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