domingo, 13 de marzo de 2011

Ras de mar: Una trágica historia de amor santiaguera

Viendo este fin de semana las horrorosas imágenes del terremoto y tsunami en Japón, recordamos un ras de mar que borró del mapa a un pueblo cubano hace casi 80 años. El 9 de noviembre de 1932 el mar entró en Santa Cruz del Sur, en la provincia de Camagüey, impulsado por un catastrófico ciclón que sólo en ese pueblo se llevó unas 3.000 vidas. Entre ellas se hallaba la novia de un joven de Santiago de las Vegas llamado Alfredo, cuñado del dentista Alfredo Marín, hermano de Rosa e hijo de Conchita, una señora inválida que pasaba sus días sentada a la ventana de su casa en la acera oeste de la calle 2 entre 9 y 11, saludando y alguna vez regalando una monedita a algún niño que pasaba, como recuerda Carlos Valiente Romero cuando iba camino a la escuela.

Santa Cruz del Sur (Camagüey) después del ciclón de 1932.
Faltando más o menos una semana para la boda, el temible meteoro se llevó a la bella prometida, a quien el joven enamorado encontró, según cuentan, desnuda y colgada de un poste eléctrico en medio de la devastación. Alfredo nunca se recuperó de este golpe, entregándose a la bebida como único alivio a su dolor. Ismael Balido q.e.p.d. contaba, si mal no recordamos, que alguna que otra vez alguien le pedía a Alfredo que cantara una canción a cambio de monedas que, sin duda alguna, el torturado hombre invertía en su adicción. Su enfermedad progresó a tal punto que llegó a consumir alcohol de reverbero, muriendo al fin de cirrosis hepática como capítulo final de su triste vida. Sirva este breve recuerdo de homenaje a esta trágica historia de amor santiaguera, esperando que en la próxima vida se hayan reunido los infelices amantes.

1 comentario:

  1. Qué historia tan triste...

    Sin duda que nuestro pueblo, aunque pequeño, estaba lleno de historias humanas y conmovedoras como esta.

    Qué bueno que este sitio recoge todas esas historias que, con el paso de las personas, quedarían en el olvido para siempre.

    Santiagodelasvegas.org es una historia viva, que va creciendo y haciéndose cada vez más fascinante.

    ¡Gracias a todos los que contribuyen!

    Giselle

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