martes, 22 de marzo de 2011

Consuelito la aviadora

por José Alberto Balido / Miami, Florida

Hay cuentos que nos hacen nuestros abuelos que por algún motivo se quedan con nosotros, y que un día, cuando menos lo esperamos, se desempolvan y salen a la luz. Así me pasó el otro día cuando, leyendo un artículo sobre Charles Lindbergh, oí una vez más la dulce voz de mi abuela Nana haciéndome el cuento de Consuelito “la aviadora”. Cualquiera diría, a juzgar por el apelativo, que se trataba de una Amelia Earhart santiaguera, una atrevida jovenzuela que desafiaba las nubes con su bufanda y sus gafas de aviadora.

Pues no: la gracia del cuento era que Consuelito, de cuyo apellido jamás me enteré, era una santiaguera común y corriente a quien se le presentó una oportunidad única para la época: un buen día, calculo yo circa 1930, alguien trajo a nuestro pueblo un monoplano y ofreció un paseo a quien lo deseara. Según contaba mi abuela, muy pocos se atrevieron, ya que la aviación comercial aún no existía y muchos le tenían respeto, por no decir pánico, al extraño aparato volador. Pero Consuelito, a quien mi abuela calificó de “farolera”, no tardó en subirse al avión y pasear por los cielos de Santiago, ganándose al bajar del mismo el sobrenombre de “la aviadora” por todos los tiempos.

Circa 1930: Vista aérea de Santiago de las Vegas.
La finca en primer plano es "La Caridad".
Carlos Valiente, nuestro querido amigo y jefe de redacción, es muy joven para recordar a aquella intrépida santiaguera, pero sí pudo aportar interesantes detalles a esta simpática historia. Según Carlos, el dueño del monoplano sin duda alguna era Juan López, uno de los pioneros de la mecánica de aviación en Cuba, quien usaba un terraplén de la antigua finca “La Caridad”, propiedad del Dr. Juan Evelio Pou, como pista de aterrizaje. Esta finca colindaba con los patios de las casas de la acera este de la calle 2. Fue en una de estas casas, propiedad de mi bisabuela Emilia Cobo Casals, que nació mi padre (quien recordó con gran dulzura esta finca en un artículo del 2008), por lo cual es lógico que mi abuela hubiese presenciado el inolvidable vuelo de Consuelito “la aviadora”, ya que fue prácticamente en el patio de su casa.

Juan López, quien llegó a tener junto con sus hijos un taller de mecánica general en la calle 7, era reconocido en Santiago de las Vegas como piloto-amateur y mecánico, junto con pioneros de la aviación cubana como Agustín Parlá y Domingo Rossilló, quién realizó el primer vuelo internacional de las Américas entre La Habana y Cayo Hueso en 1913.

Como nota final, es posible que la antigua imagen aérea de Santiago de las Vegas que adorna la cabecera de este sitio y que reproducimos en su totalidad más arriba, haya sido captada por el mismo Juan López o uno de sus pasajeros, ya que la finca que se divisa en primer plano y debajo del avión es la misma "Caridad". ¿Sería la "farolera" Consuelito también aficionada a la fotografía?

1 comentario:

  1. Me encantó la historia de Consuelito "La Aviadora".

    Ella se arriesgó a volar, cuando otros tuvieron miedo. Eso le permitió vivir una aventura maravillosa y ver su pueblo desde una perspectiva diferente. No sé quién sería esta joven "farolera", pero me recuerda que para vivir la vida, hay que hacerlo con entusiasmo, curiosidad y dejando atrás el miedo.

    En nombre de la intrépida Consuelito (¡como me hubiera gustado conocerla!), quiero compartir uno de mis poemas favoritos, de Guillaume Appolinaire.

    "Vengan al borde".

    "¡No! Tenemos miedo!".

    "Acérquense...".

    "¡No! ¡Es muy alto y nos da miedo!".

    "No teman, vengan..."

    "¡No! Nos empujarás y nos caeremos!".

    "¡Vengan!"

    Y fueron.

    Y los empujó.

    Y volaron.


    Gracias, Consuelito, por la inspiración.

    Giselle

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