miércoles, 23 de junio de 2010

El Chacolo prehelénico


por Leonardo Gravier / Coral Gables, Florida

El artículo de Rafael Solís, “Chacolo y la Acrópolis de Santiago de las Vegas”, me hace recordar viejos amigos. Amigos que aparté del camino de mi vida hace más de cincuenta años. Por eso, por lo bien redactado, por lo detallado y por haber sido inspirado al contacto espiritual con la antigua grandeza ateniense que yo tanto venero, lo he leído varias veces.

En el caso de Chacolo, me encuentro con éste más añejado, pero con una cultura más ancha, fija y contagiosa. Sin embargo, es el mismo Chacolo cuya envoltura física no correspondía a la sensible e ingeniosa alma que encerraba.

Aunque por aquella época Chacolo vivía en la calle 1 entre 2 y 4 (en la esquina de su cuadra había una valla de gallos),venía hasta el Parque Viejo a conversar con un pequeño grupo de amigos. Su vestimenta favorita era un pulóver blanco, pantalón vaquero y borceguíes. No recuerdo si estudiaba o trabajaba; para el caso es igual la inactividad. Decía Víctor Hugo en “Los Miserables”: «El hombre no está desocupado cuando se extasía. Existe el trabajo visible y el trabajo invisible. Tales permaneció inmóvil durante cuarenta años. Él fundó la filosofía».

Jorge Brito, aunque nunca participó de aquellas reuniones, fue siempre uno de mis mejores amigos. Fuimos juntos, desde los primeros grados, a la escuela pública. Desarrollamos una amistad tan cercana como la que habían tenido su madre (Gloria) y mi madre. Era un idealista, amante de la humanidad y la libertad del hombre. Siempre se distinguió en la escuela por su inteligencia y su buena conducta.

En el Parque Viejo, Gustavito Galainena, Cuqui Fina, Jorge Garrigó y el autor, simulando un ataque contra Rolando Hernández (Nené el Gordo, al centro)

Muchas veces nos reuníamos en el Parque Viejo, Chacolo, Gustavito Galainena, Cuqui Fina, Ramoncito y Jorge Garrigó, Julito Gallardo, Rolando Hernández (conocido como Nené el Gordo), Mario Arias y otros pocos. Chacolo no tenía muchos amigos puesto que era selectivo en ese aspecto. No obstante, sin pretenderlo, nos hacía reír con sus ocurrencias y las narraciones de sus aventuras, No sé cuánta cultura había acumulado por esa época. Sí recuerdo su forma peculiar de expresarse, intercalando palabras rimbombantes, poco usuales pero apropiadas, en nuestras conversaciones de temas baladíes. Lo recuerdo escondido detrás de la línea del tren que pasaba junto a Rancho Grande, lanzando piedras al estilo del loco del “Guzmán de Alfarache” (dé donde diere) y espetándole a los residentes de aquel barrio marginal: “Rufianes, defiendan sus covachas”. Vocabulario poco coherente con una actuación tan intrépida.

Con Chacolo y Nené conocimos y bajamos muchas cuevas de la zona, las que ellos conocían a pesar de lo intrincado del follaje. Un día, Gustavito Galainena y yo acordamos con Chacolo, Nené y otros, encontrarnos en el “Claro” del Monte Quintero para bajar una cueva (conocida por ellos por estar la entrada frente a una yagruma). Gustavito y yo iríamos más temprano para almorzar en el monte. Llevábamos perros calientes, pan, kétchup, papitas y dulce de guayaba. También llevábamos café y bastante agua. Íbamos preparados para cocinar los perros calientes y hacer el café en una hoguera improvisada. Aunque llevamos suficientes fósforos, nos faltó una cosa muy importante: No sabíamos encender la hoguera. Nos tuvimos que comer los perros calientes sin cocinar. Tan pronto llegó Chacolo con el resto del grupo, prendió la hoguera, hizo el café en un santiamén y nos fuimos a bajar la cueva.

En Santiago había una simbiosis muy curiosa entre la diversión o entretenimiento insignificante (tales como ir a una finca a buscar frutas o a atrapar pajaritos en jaulitas de varillas de coco), y las sesiones de polémicas improvisadas sobre temas tan variados como la meteorología, los deportes, o la política. La política fue siempre el tema que fascinaba al cubano (criticaba a cualquier candidato o al gobierno de turno). No importaba el grado escolar que se hubiese alcanzado, el santiaguero o el cubano en general, improvisaba discusiones en los parques, en los clubes, en las barberías o hasta sentado en el borde de la acera de una calle. La vehemencia de la conversación subía de tono dependiendo de lo controvertido del asunto. Al santiaguero le gustaba saber y se enfocaba mucho en la cultura; no obstante, había algunos que no se esforzaban pero hacían el paripé, llevando siempre un libro (casi siempre el mismo) debajo del brazo. Era tanto el deseo de saber que a veces empezaba un debate de opiniones entre dos amigos, y los que iban pasando se paraban a escuchar (sin participar); en poco tiempo ya se formaba un grupo de espectadores atentos a la discusión original. Diríase que lo que en apariencia era una “falta de educación”, era en realidad una manera más de educarse. Las tertulias de temas filosóficos eran menos comunes y más selectas. Pequeños grupos la componían pero manejaban temas de gran profundidad y de filósofos de cualquier escuela o cualquier época: Platón, Kant, Kierkegaard, Ortega, Unamuno…La fuente de información era los libros que compraban los que podían o los que sacaban de la Biblioteca Más Luz o les prestaban algunos amigos. El punto más común de reunión al que yo iba, era la Biblioteca Más Luz. Allí estaba Juan Pazos compartiendo su cultura como Aristóteles en el Liceo. Tenía un índice bibliográfico en la memoria. Cuando yo quería leer sobre algún tema le pedía a Pazos la recomendación; me citaba varios autores con todo y título de las obras que debía leer. También estaba Yuyo Lanza, brillante y ávido lector de la más profunda ontología, pero más reservado; me enseñó que en la compra de un libro, no se debe escatimar, como aquel poeta que aconsejaba: «Harás lo que debas aunque debas ». Había otros más, todos muy entusiastas y verdaderos filósofos, puesto que más que lo que sabían, era lo que querían saber. En ciertas noches teníamos la visita de un señor de más edad, y por ello más sabio; venía de la Habana y era muy amigo de José Lezama Lima. En una ocasión unos miembros del grupo se propusieron leer y analizar la Biblia; lo hicieron de Génesis a Apocalipsis en varias semanas.

Según Solís aquellos muchachos, que no volví a ver, no desperdiciaron sus talentos; engrandecieron sus conocimientos y les inculcaron a las generaciones que les seguían el hábito de estudiar y la necesidad de indagar.

7 comentarios:

  1. Hola Leonardo
    Soy la hija de Juan Pazos, me ha encantado que hablarás de mi padre, el se pasó la vida discutiendo, como buen Santiaguero, era lo que mas le gustaba,y era totalmente capaz de un día discutír "si", y el otro "no",!! y yo le decía, pero si ayer decías lo contratrio... y el me contestaba, "Lo divertido es discutir! Así que en casa, a la hora de la cena todos discutiamos las noticias del día....!! Y así sigo discutiendolo todo!!! Además lo de leer, Juan Pazos era capaz de leerse todos los períodicos de Miami dirariamente, incluyendo los pequeños períodiquitos y siempre tenía uno o dos libros entre manos... Le encantaba la música clásica, y recuerdo mucho, cuando nos levantaba los sábados, ya en Miami, con música Gregoriana. Cuando era así, nos daba la mañana a todas en casa, porque teníamos música Sacra para disfrutar por lo menos hasta la tarde!!! Pero era una buena persona, y creo que era uno de los donadores de libros a Mas Luz...!!!

    Lanza esta en Miami, y hace poco hice una pregunta en su nombre, pues no tiene Internet. Siempre me esta pidiendo le consiga algún libro, o escrito.... pues el sigue aumentando su cultura!

    Muchas gracias por recordar a mi padre, un Santiaguero hasta la muerte!! y un fuerte abrazo, Maria Elena

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  4. Estimada María Elena:

    No tienes que agradecerme el que recordara a tu padre Juan Pazos; en mi opinión, fue uno de los talentos más preclaros que he conocido. Su conocimiento abarcaba, increíblemente, todas las materias. Su memoria era prodigiosa y sus explicaciones precisas, amenas y siempre pulidas con ejemplos ocurrentes pero convincentes. De él yo podría decir lo que Dante Alighieri decía de su admirado Virgilio:

    "De tal manera me complacen tus explicaciones, que me agrada el dudar tanto como el saber."

    Aprendí a admirar a Juan cuando lo oía conversar en la ventana de mi casa con mi padre por largos ratos. Hablaban de cualquier tema: literatura, música, filosofía, política... Mi padre lo distinguía mucho por sus grandes cualidades. Juan llevó una vida de armonía entre su saber y búsqueda del saber, y la cotidiana relación con la familia y la sociedad. A eso llaman los filósofos una "vida socrática". Juan al igual que mi padre, ganaba la vida en la Habana, pero volvía diariamente a su querencia en Santiago de las Vegas.

    Yo nunca desperdicié un momento para conversar con él. Siempre que lo encontraba buscaba su conversación. Nunca polemizamos; así era de grande mi respeto y admiración por su talento. Siéntete orgullosa de tu padre, como yo me siento del mío, es el mejor tributo a la memoria de un buen padre.

    Un cariñoso saludo de tu amigo,

    Leonardo Gravier

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  5. Hola Leonardo

    Muchas gracias por tus bonitas palabras sobre mi padre.... no sabes cuanto me has hecho llorar!!!! No hay día que pase, sin recordar a mi padre, era Cubano y Santiaguero hasta la médula, y además extremadamente buena persona. Yo lo que más siento, es no haber tenido la oportunidad de vivir mi vida en Santiago, creo que era un pueblo estupendo, con gente fuera de serie. Con algunos, hemos podido mantener la amistad, pero con otros ha sido imposible.

    Mi padre siempre hablaba de Santiago, y sus gentes, y por eso te conozco, a ti y a tu padre,y a muchsisimos mas, por nombre.....!!! seguramente alguna vez te vi, pero no recuerdo. Te deseo muchas cosas buenas, pongo mi mail, por si quieres contactar alguna vez.

    Un fuerte abrazo,
    María Elena japdeprisa@hotmail.com

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  6. Hola Leonardo

    Hable con mi madre, y me dijo que ella pensaba que tu y Gabriel erais los hijos de Rina y Musiu.... (yo no sabía situarte) ahora ya se donde posicionarte.

    Mi padre me llevaba todos los sábados a visitar a los tuyos, y recuerdo los sillones de pajilla de tus padres, yo iba en pantalones cortes, y me pinchaban en las piernas, y me pasaba el rato, quejando de que me pinchaban las sillas, y tu padre se moria de risa conmigo, pues yo era un bicho de esos imparables.

    En mi casa siempre se habló mucho de tu Rina y Musiu, teniéndoles en gran estima, y fué mi padre el que me contó que el tuyo era un gran poeta, y me explico que fue el que le puso las letras a la canción "En el tronco de un árbol una niña...." A mi me encanta esa canción, y un día mi padre me lo comentó. No se me ha olvidado, y cuando la canto, siempre recuerdo a tu padre.

    Un abrazo,
    Maria Elena

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  7. Leonardo, yo trbaje con Gabrielito en el Banco de Boyeros , fui vecino y me crie en casa de Andito y Ofelia la gorda, oi tocar Violin a Musiu ,y segun recuerdo la letra que el le
    Hizo fue a Una Rosa de Francia, ya que el autor de la cancion y Musiu de jovenes eran
    "FARANDULEROS"

    Clemente Romero Martinez
    ( hijo de Nelida Martinez )

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